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Por Hernando Gómez Buendía

To legalize or not to legalize. That is the question! A propósito del documental Ilegal.co

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Pedro Adrian ZuluagaA diferencia del cine nacional que se queda en los efectos del narcotráfico en la sociedad, este documental va a la raíz del problema. Interesante y bien logrado, es sin embargo unilateral y reduccionista.

Pedro Adrián Zuluaga *

El cine de ficción: retrato de los efectos

Pese a que el narcotráfico ocupa un lugar central, casi obsesivo, en las agendas pública y privada de los colombianos, al cine “made in Colombia” le ha costado mucho “coger el toro por los cuernos” en el caso de este monstruo de mil cabezas. Y esto aunque el cine nacional se ha caracterizado por construir discursos apegados a la realidad.

El cine de ficción, casi siempre reacio a desplegar “la fuerza de los argumentos” — ya que lo suyo por supuesto son los relatos, el peso concreto de las acciones y de los hechos — ha preferido mostrar los efectos del narcotráfico mediante un corpus de películas que reitera tópicos como el gusto colombiano por los atajos y el dinero fácil, o las consecuencias de los flujos de capital sobre la cultura en su sentido más amplio, pero siempre ubicando estos asuntos en la deriva de sus personajes.

Pedro Zuluaga Maria llena Eres

Ejemplos de esta modalidad de exposición son películas como la lejana Colombia Connection (Gustavo Nieto Roa, 1979) o las más recientes El Rey (Antonio Dorado, 2004), Sumas y restas (Víctor Gaviria, 2004), María llena eres de gracia (Joshua Marston, 2004), El colombian dream (Felipe Aljure, 2006), El trato (Francisco Norden, 2006) y Sin tetas no hay paraíso (Gustavo Bolívar, 2010).

La lista está lejos de ser exhaustiva, pero en todos los títulos incluidos se insinúan conexiones de distinto orden entre lo público y lo privado, entre la macro–historia y los pequeños relatos con acento individual. Sin embargo permanece en la sombra la tras–escena del narcotráfico: el gran capital internacional, aunque se intuye y se muestran sus señales.

El cine documental: más allá de Pablo

Por su parte, el cine documental — con su vocación persuasiva y su agenda frecuentemente contra–informativa — tampoco tiene un corpus que permita aunar una reflexión más profunda sobre el narcotráfico a secas, como forma exacerbada y anómala del capitalismo.

Pedro Zuluaga hippos

El embelesamiento que produce la figura de Pablo Escobar ha generado una saga de documentales desde Los archivos privados de Pablo Escobar (Marc de Beaufort, 2004) hasta Los secretos de mi padre (Nicolás Entel, 2009), pasando por la aún no estrenada comercialmente Pablo’s Hippos (Antonio Von Hildebrand, 2010).

Cada uno de estos documentales se ocupa de una agenda particular y por lo tanto de un ángulo de visión sobre el capo. Y ojalá lleguen otros para ir reduciendo hasta la extinción ese cadáver insepulto y permitirle que descanse en paz. Aunque Escobar es un caso paradigmático, el narcotráfico después de su muerte ha mostrado su capacidad de camuflaje y de mutabilidad, por lo que esclarecer el modus operandi de este “empresario del crimen” no basta para entender el problema más global.

Siguiendo con la narrativa documental, Amapola, la flor maldita (1994-1998), de la incansable Marta Rodríguez, analiza el tema sugerido en el título desde sus resortes culturales y políticos y apunta a situarlo en el contexto más amplio de las luchas indígenas por su autodeterminación.

Documentales recientes sobre el conflicto social y armado en Colombia como Impunity (Juan José Lozano y Hollman Morris, 2010) o Meandros (Héctor Ulloque y Manuel Ruiz, 2010) dejan clara la ascendencia del narcotráfico sobre el berenjenal de las violencias colombianas. No obstante, el discurso rector de estos acercamientos es el periodismo, así sea un periodismo “a la enemiga”.

Un antecedente valioso: Legalización

Pero una aproximación con pretensiones académicas que construya pensamiento crítico desde lo audiovisual en torno al narcotráfico, es mucho más escasa. En Legalización (1998), un documental de Óscar Adrián Arango y Vivian Stella Unas, realizado por UV TV y la Escuela de Comunicación de la Universidad del Valle, hay un claro antecedente del tipo de abordaje que emprende Ilegal.co (Alessandro Angulo, 2012), la película que se estrenó el pasado viernes en un restringidísimo circuito de salas.

Legalización es un documental de tesis — en el sentido de que se compromete con una idea y trata de persuadirnos sobre ella con todo un arsenal retórico — que construye una analogía a partir de la hipotética ilegalización del colesterol (cuyo consumo produce más muertes que el uso de drogas) para demostrar palmariamente cómo la ilegalidad dispara los precios de una mercancía y favorece a unas pocas instancias del capital internacional a expensas de un reguero de sangre y de cuerpos.

El valor de este documental como antecedente es el carácter minoritario que entonces tenían esas tesis, justo al final del gobierno de Ernesto Samper y pocos años antes de que el país acordara el Plan Colombia con Estados Unidos, punta de lanza de la lucha binacional contra las drogas.

Por ese entonces, apenas unos pocos intelectuales en Colombia, como Antonio Caballero –justamente referenciado en el documental – suscribían públicamente la tesis sobre la doble moral y la ineficacia de la prohibición.

Documental de tesis: ¿cuál tesis?

Ilegal.co, el nombre final de un proyecto que fue conocido durante mucho tiempo con el título de ¿Qué hay para la cabeza?, llega al debate en un escenario infinitamente menos hostil, aupado por la legitimidad de distintos poderes, sobre todo de procedencia académica y expresidencial: ambas formas de poder protegidas de la contaminación de la realpolitik.

Como ocurría con Legalización, no hay ninguna duda sobre la posición que subyace al documental. Tanto que los “dinosaurios” que aún se oponen al pensamiento políticamente correcto de la despenalización, son presentados en el documental con evidente desdén, entre ellos un expresidente de los colombianos.

El montaje y la selección de las fuentes en Ilegal.co acusan un franco desequilibrio, aunque por supuesto justificado por su intención persuasiva y la asertividad con que intenta convencernos de un error histórico:

  • De un lado, en la barrera de los iluminados, intelectuales como Milton Friedman, Noam Chomsky, Rodrigo Uprimny, Alfredo Rangel y Daniel Mejía.
  • Del otro lado, nadie. O bueno, una galería de tristes funcionarios atrapados en un discurso que no les pertenece.

Para alguien como yo, formado en las lides del periodismo, el debate intelectual supone confrontación y puesta a prueba de los argumentos, diversidad, “argumento va, argumento viene” como le gustaba decir a un pedagogo colombiano convertido en candidato presidencial.

Convengamos que Ilegal.co es un documental de tesis y que es transparente hasta la médula. Pero eso no justifica ciertas ligerezas, como por ejemplo hablar de los millones de víctimas del narcotráfico en Colombia (¿?), o que mientras el narrador explica que los tentáculos de la mafia mataron, por lo menos durante un período, a todos los políticos que se les opusieron, en las imágenes aparezca Carlos Pizarro.

Unidireccional y reduccionista

Ilegal.co, además de un documental de tesis, o quizá por ello mismo, es una pieza pedagógica. Quizá esa voluntad explique una particularidad del dispositivo retórico del filme, que en lo personal me molesta, aunque logro entenderlo como una solución de compromiso con el deseo de ser explícito, transparente en los enunciados, poco o nada ambiguo y contradictorio.

Pedro Zuluaga el rey

Me refiero a lo que percibo como un exceso de elementos para conducir el relato en una sola dirección: graficación, voz en off, cortinillas, bloques narrativos claramente diferenciados. No hay duda de que eso favorece la claridad del discurso argumentativo del documental, pero seguramente a costa de violentar la complejidad del problema expuesto.

Incluso el excepcional trabajo con el archivo visual, tanto de vieja data — películas educativas “gringas” de mediados del siglo pasado, por ejemplo, que permiten añorar una arqueología del origen del discurso prohibicionista — como reciente — imágenes de noticieros o en todo caso de origen televisivo — pierde peso porque en el montaje de estos materiales se privilegia el chascarrillo y la caricatura. Así, los espectadores se quedan sin la oportunidad de situar y entender la historicidad de los discursos.

Hay que verlo

Ilegal.co es un filme interesante y bien realizado, por encima de las diferencias personales respecto a ciertas decisiones narrativas, pero no es un documental perturbador ni que revele nada nuevo.

Llega justo cuando el tema de la legalización — o por lo menos de la despenalización gradual — está domesticado por los medios. Uno de los entrevistados expresa claramente cómo se naturalizan los discursos y las “conquistas sociales”, poniendo dos ejemplos concretos: el matrimonio homosexual, aceptado en muchos países en el corto lapso de apenas dos décadas, y la llegada a la presidencia de Estados Unidos de un presidente negro, utopía impensable hace poquísimos años. Sabemos por supuesto que ni lo uno ni lo otro nos ha conducido a un mundo mejor.

De todo el componente didáctico de Ilegal.co, me quedo con una idea, esa sí ambigua: “el problema de las drogas no es ni moral, ni de libre desarrollo de la personalidad: es económico”. El hecho de que no haya más remedio que aceptar que toda sociedad debe convivir con las drogas, bajo una u otra forma, parecería matizar la anterior afirmación.

En mi opinión el problema de las drogas no puede descartar la mirada a otras capas menos evidentes, para quedarse en el puro economicismo. Considerarlo solo desde sus lógicas de producción y consumo, desde un punto de vista capitalista, es una reductio ad absurdum.

Si necesitamos las drogas para escapar de la realidad eso demuestra una carencia ontológica más honda. Pero los políticos – y muchos documentalistas – prefieren rehuir las discusiones existencialistas.

* Periodista y profesor universitario.

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Comentarios  

Rafael López
0 # Rafael López 16-04-2012 10:28
Muy buen texto, pero difiero cuando dice que ni el matrimonio igualitario ni el ascenso a la presidencia de Estados Unidos de una persona negra nos han conducido a un mundo mejor. Esta es evidentemente la perspectiva de un heterosexual blanco.
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Fer
0 # Fer 16-04-2012 12:29
Cito a Rafael López:
Muy buen texto, pero difiero cuando dice que ni el matrimonio igualitario ni el ascenso a la presidencia de Estados Unidos de una persona negra nos han conducido a un mundo mejor. Esta es evidentemente la perspectiva de un heterosexual blanco.


En cambio, a mí me parece una frase muy pertinente. La idea no es entrar a discutir este tema porque no hace parte del texto como tal, por lo que sólo quiero decir lo siguiente: el matrimonio ha conducido, en muy buena medida, a despolitizar la homosexualidad como posibilidad de repensar la sexualidad como tal. Sólo ha sido un reacomodamiento neoliberal que al final "acepta" y "tolera" que hombres y mujeres gay se casen, pero la misma idea de familia o las estructuras sociales que se soportan sobre ella permanezcan incólumes. De eso se ha dicho mucho desde lo queer. Y bueno, sobre Obama ni hablemos, que sólo sigue siendo un títere más de una estructura bipartidista a la que le da casi igual que la cabeza presidencial sea demócrata o republicana, mientras mantengan las mismas prácticas políticas imperailistas y guerrerristas de hace años.

Además, tildar al columnista de heterosexual blanco, como si eso fuera en sí una forma de deslegitimarlo, me parece un argumento vacío. Existen muchísimos hombres gay super conservadores y moralistas a morir, y muchos hombres blancos heterosexuales que tienen una mente mucho más crítica. Eso no importa en este caso.

Por otro lado, me parece que el tema de las drogas no es en absoluto solamente económico, como ud. bien apunta. Es una cuestión que va muchísimo más allá. Es social y cultural. No es más ver cómo en los sitios de rumba se consumen y cómo las drogas se convierten, en sí mismos, en formas de relacionarse con otras personas. Eso para no contar de su uso en universidades o entre hombres gay. Todos esos matices serían borrados en un estudio (académico, periodístico) si sólo lo vemos como desde lo económico. Por supuesto, eso es muy importante, pero está muy articulado a especificidades socioculturales , dependiendo incluso de contextos geográficos, etarios, de género y sexualidad particulares.

Sé que pueden haber vacíos en este tipo de documentales, pero si algo me trama de ellos es que ponen en discusión algunos puntos de vista que pasan desapercibidos -o son borrados intencionalment e- de los medios de comunicación habituales. Aunque es cierto: muchos de ellos son reduccionistas y usan técnicas narrativas efectistas. Eso también vale mucho la pena revisar. Ud. me hizo acordar de cómo muchos comentaristas en Enter.co se fueron lanza en ristre de un columnista que criticaba el video de Kony, en donde ponía en tela de juicio la manera como el video había sido realizado. El medio no tiene que justificar el fin.
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Pedro Adrián Zuluaga
0 # Pedro Adrián Zuluaga 16-04-2012 13:43
Todo lo contrario Rafael, es la perspectiva de un homosexual que sabe de que habla respecto a ese tema
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Pedro Adrián Zuluaga
0 # Pedro Adrián Zuluaga 16-04-2012 17:22
Hay algo adicional en lo cual el documental se queda corto -y que en general el debate sobre la legalización no ha asumido-. Cuando decimos drogas, ¿de qué drogas estamos hablando? Es muy claro que el consumo, específicamente entre los jóvenes de las clases medias y altas y de círculos concretos como homosexuales y universitarios, está pasando a las drogas sintéticas, de diseño o con altos componentes químicos(MDMA, ketamina, popper, ácidos, cristal y un larguísimo etcétera). Se trata de toda una subcultura con ritos de iniciación, redes de distribución, jerga específica.

No discutir eso abiertamente es un caso palmario de hipocresía. Y no se trata de escandalizarse sino de identificar unos comportamientos sociales. Lo mismo podría decirse del matrimonio homosexual o el avance en derechos para estas comunidades: qué bien que existan esos cambios, pero a esa discusión le falta mucha sinceridad.

Sobre lo anterior me gustaría citar a Zandra Pedraza, con un comentario que se podría aplicar tanto para la discusión sobre las drogas, como para la discusión sobre los homosexuales -para todo avance en libertades en general-: “entrar a una sociedad garante de derechos sin ser afianzado en el deber, es algo problemático. El sujeto moderno fue constituido al revés: primero se le dieron deberes y luego derechos. La pregunta es precisamente qué pasa cuando esto sucede”.

El debate dialéctico sobre la relación entre derechos y deberes es incómodo y poco popular, y sobre todo en discusiones cooptadas por académicos progresistas y políticos que siempre tienen algo que perder. Pero es de pura honestidad intelectual traerla al escenario.
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Fer
0 # Fer 17-04-2012 11:18
Me gustaría que pudiera expandirse un poco más en su opinión sobre la relación de derechos y deberes, porque al menos yo no veo muy bien el punto en este caso. Es decir, suena interesante, pero aún "no la agarro".

Sobre los debates respecto a las drogas, aún hoy no he visto uno solo acá en Colombia que realmente se meta de lleno a pensarlas desde un punto de vista cultural. Creo que ahí hay demasiado por decir. Desde estudios culturales vemos cómo uno debe acercarse a un "objeto"(muy discutible el término) de investigación desde sus propias lógicas, evitando juzgamientos a priori, casi siempre moralistas. Meterse de lleno a repensar estas cuestiones desde, como ud. bien dice, sus ritos, su jerga, la posición que tienen las drogas dentro de las relaciones entre quienes las consumen, mostrarían un panorama hasta ahora obviado y ocultado. Habría que empezar por responder estas preguntas: qué es tipificado como droga? A qué drogas nos estamos referiendo? En qué contextos?

Sin embargo, sería meterse en camisa de once varas. Esta sociedad está tan del lado de la criminalización y patologización del consumidor, que hablar de ellas desde una perspectiva culturalista sería echarse encima el mundo entero. Les ha sucedido a muchos académicos que defienden posturas radicales dentro de la homosexualidad, como quienes trabajamos sobre cruising, S/M y "otros placeres". No me imagino qué sería a quienes logren inmiscuirse en los aspectos socioculturales del consumo de drogas. Mínimo los tacharían de sus defensores acérrimos.

Por último, su texto me hizo recordar a John Berger con "Ways of Seeing", en donde señala lo problemático de analizar una imagen sin ver qué y quiénes están detrás de su elaboración. El encuadre, las luces, los ángulos, en fin, la manera como es presentada al espectador es cualquier cosa menos neutral. Sucede que en cuestiones de drogas se mantienen tonos moralistas en la manera como se transmiten las ideas (medio impreso, video, etc.), así el contenido busque ser objetivo. El asunto es que la objetividad per se no existe.
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Pedro Adrián Zuluaga
0 # Pedro Adrián Zuluaga 17-04-2012 12:03
Fer, me refiero a que cuando se suscribe una agenda liberal,las discusiones suelen ser abstractas y filosóficas, maximalistas, pasando por alto los hechos y las prácticas concretas. Respecto al uso de drogas y al matrimonio homosexual, que parecen estar en las antípodas -aunque no necesariamente, puesto que usar drogas también puede contribuir a un conformismo paralizante- no se puede uno quedar, pensaría yo, en la defensa a priori de las libertades, sino discutir los contextos específicos. Por ejemplo, si los homosexuales quieren adoptar bajo la lógica de una igualdad de derechos, ¿que están dispuestos a discutir sobre su sexualidad, sobre su intimidad? La discusión de Pedraza es de ese orden aunque en otro contexto: hay un reclamo un poco histérico de derechos sin relacionarlo con la asumpción de deberes, lo que genera unas asimetrías complejas. Para mí se trata de qué pido y qué estoy dispuesto a dar. Sin eso nos quedamos en la infantilización del sujeto. Salvo que uno crea en el don gratuito, pero eso parece más cosa de místicos y santos
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Oscar Arango
0 # Oscar Arango 30-11-2012 06:31
Hola profesor Pedro,

Gracias por el texto.
Algunos comentarios.
i. respecto de la frase que cierra su escrito "Si necesitamos las drogas para escapar de la realidad eso demuestra una carencia ontológica más honda", ¿no podría decirse que es precisamente por una búsqueda intelectual/fil osófica/psicolo gíca/espiritual que algunos habran optado por el uso de sustancias alteradoras de la consciencia para encontrar respuestas que de otro modo dejarían preguntas en silencio?

ii. ¿Conoce usted algún portal en el que ilegal.co pueda verse online? -vivo muy lejos de Colombia-

iii. Para la próxima, el video que Viviam y yo hicimos no se llama Legalización, se llama C27H46O.

Gracias
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