Ferias de arte y Salón de Artistas: ¿éxito comercial o especulación financiera?

(Tiempo estimado: 5 - 9 minutos)

El 44 Salón Nacional de Artistas, que se lleva a cabo en Pereira hasta el 14 de noviembre

Ricardo Arcos El mundo de las artes plásticas en Colombia parece ser cada vez más un espacio de transacciones económicas y no un santuario de la cultura. ¿Irán en la misma dirección eventos estatales como el Salón Nacional de Artistas?  

Ricardo Arcos-Palma*

De Venezuela a Colombia

En los años recientes todos los males se le han achacado a la República Bolivariana de Venezuela: impulsar el “castro chavismo”, albergar a las FARC y el ELN, ser un nido de narcotraficantes, empobrecer a la sufrida clase media que no puede vivir sin sus telenovelas y sus productos de primera necesidad…. En fin, solo nos falta culparla por el calentamiento global.  

Y sin embargo hay algo que Colombia sí debe agradecerle al hermano país: los mayores coleccionistas de arte, que en su mayoría viven ahora en Miami, ya no van donde esos “guaches castrochavistas” a comprar arte sino que decidieron mirar hacia Bogotá para comprar y vender arte.  Así, el mercado del arte regional se trasladó a la capital colombiana y desde hace algunos años brotaron en la ciudad como champiñones una gran cantidad de ferias que no tienen paragón en el mundo entero: ArtBo, La Otra, La Feria del Millón, Odeón, Barcú, ArtChicó. Y octubre se ha convertido en el mes del arte, pues es en esta época que estas ferias abren sus puertas al público.

El boom de las ferias

En el mundo entero se habla del boom colombiano de arte, y coleccionistas, curadores y artistas de otros países sueñan con venir a Bogotá y ver de cerca este fenómeno comercial.

Por eso la Cámara de Comercio de Bogotá lleva algunos años realizando ArtBo, tal vez la más importante feria de arte del continente. Incluso la Cámara de Comercio de Cali ya tiene su propia feria de arte que abrirá sus puertas en diciembre de este año y se rumora que Medellín no se quedará atrás.

¿Cuál es la razón para que estas ferias se hayan impuesto con tanto éxito? ¿En verdad hay tantos compradores de arte en el país? ¿El arte es tan buen negocio o simplemente es un lujo que sigue alimentando la vieja idea de estatus social?

Preguntas como estas debería responderlas el expresidente César Gaviria, quien además de ser el artífice de la implementación del neoliberalismo en Colombia en los años noventa es uno de los grandes coleccionistas de arte contemporáneo. Además, su hija, María Paz Gaviria, es la mayor impulsora y gestora de ArtBo. Si hoy existe una verdadera relación entre el arte y la política es en familias como esta donde se debe buscar, y no en los artistas políticamente correctos como Doris Salcedo.

El arte sigue siendo un bien suntuoso que no genera pago de impuestos.

Pero podemos intentar responder algunas de estas preguntas teniendo en cuenta asuntos tributarios. Por ejemplo, la DIAN lanzó hace poco una escalofriante norma que impone altos impuestos a los artistas y trabajadores culturales; y la reciente propuesta de reforma tributaria excluye a los grandes inversionistas y grandes capitales y amordaza a los pequeños contribuyentes.

En estas circunstancias, el arte sigue siendo un bien suntuoso que no genera pago de impuestos y por eso sigue siendo un buen negocio. Si yo soy millonario pago impuestos por mis bienes muebles e inmuebles; pero si invierto dinero en arte, estas propiedades escapan al fisco.

Además, el arte es un bien de engorde pues los actores culturales (críticos y curadores) hacemos el trabajo de aumentar el valor de la obra, que más tarde se revenderá a grandes precios. Al final, el más beneficiado de todo esto no es propiamente el artista: puede que llegue a vender, pero sigue siendo el último en esta cadena predadora y especulativa.

A esto se suma la gran cantidad de compañías que han creado una serie de fundaciones sin ánimo de lucro para apoyar la cultura pues saben que haciéndolo consiguen (también) que las eximan del pago de algunos impuestos.

De esta manera el arte y la cultura caen una vez más en manos de las industrias culturales (ahora industrias creativas: lo mismo pero con otro nombre) y se han convertido en el paraíso donde muchos pueden evadir impuestos de la manera más descarada.

Sin embargo, las ferias de arte no siempre son buen negocio o, más bien, son solo buen negocio para quienes las administran. En algunas ocasiones el ego de los galeristas y los artistas es tan grande que no se atreven a decir que fue un fracaso su participación en alguna feria. Por supuesto, tomaron champagne y estuvieron en las fotos sociales de cada feria, pero en ventas todo fue un fracaso.

A veces incluso las ferias solo llegan a tener una única edición, como pasó con ArtCartagena, que en su primera y única versión fue todo un fracaso comercial y ahuyentó a los galeristas.

Las ferias de arte seguirán siendo un buen negocio en Colombia, pero, como todo buen negocio, solo unos pocos sacarán las ganancias más gordas.

¿Una muerte anunciada?

Quinta Teresa, Cucutá. Obra de John Fredy Calderon. Rafael Prada Ascencio. Dientes
Quinta Teresa, Cucutá. Obra de John Fredy Calderon. Rafael Prada Ascencio. Dientes
Foto: salondeartistas.com

El Salón Nacional de Artistas, que fue creado en 1940 por Jorge Eliecer Gaitán cuando fue ministro de Educación, está hoy a punto de desaparecer.

El Salón ya no es lo que era, y algunos creemos que es mejor que desaparezca, pues se ha convertido en otro saco roto en el que se invierten grandes sumas de dinero que no producen nada. El Salón ya no le interesa ni siquiera al mundillo del arte. Solamente sirve para justificar el paupérrimo presupuesto asignado a la cultura.

Hace un par de años, el Salón se intentó salvar cuando se le puso el rotulo “internacional” y se realizó en Medellín. En esa ocasión se prendieron las alarmas pues se vio que en las fichas técnicas de las obras de los artistas invitados aparecía el nombre de la galería patrocinadora. Esto hizo que muchos se preguntaran si un evento estatal servía de plataforma para las galerías privadas y sus artistas.

Este año se anunció un modelo más discreto, y la reciente versión del Salón se realizó en Pereira. Sí señores: en Pereira. La ciudad natal de… el expresidente Gaviria. A primera vista esto no tiene nada de malo, pero, como dicen las malas lenguas (y a muchos nos gustan las malas lenguas): piensa mal y acertarás. Además, el pilar de las industrias creativas son los paisajes culturales y (¿una coincidencia?) ese fue el tema principal de esta versión del Salón “con aroma de café”.

Cuando Gaitán inauguró el primer Salón Nacional de Artistas no existía el divorcio que hay hoy entre educación y cultura. Hoy la educación privatizada es un buen negocio y parece que la cultura no se quiere quedar atrás.

Se sabe que desde la década de los noventa varios expertos han venido anunciando la muerte del Salón, incluyendo a José Roca y Jaime Cerón (hoy grandes consejeros y coequiperos de ArtBo). Yo mismo, que fui un gran defensor del Salón, me inclino ahora por su desaparición. El Salón Nacional de Artistas se convierte en feria o desaparecerá por completo.  

Creo que el Salón Nacional de Artistas debería desaparecer y todo el dinero que se gasta en él debería convertirse en becas, premios y bolsas de producción para los que de verdad las necesitan. Así se dejaría de alimentar a tanto parásito burocratizado que revolotea en torno al Ministerio de Cultura.

El arte y la cultura: buen negocio

El Expresidente César Gaviria Trujillo.
El Expresidente César Gaviria Trujillo.
Foto: World Economic Forum

Sin duda el arte y la cultura son un buen negocio y por lo tanto no escapan a las grandes maquinaciones especulativas de la economía. En estos campos se invierte poco y se gana mucho. Sin embargo los artistas son los últimos beneficiados de este boom comercial. Los que realmente salen ganando son los que manejan este negocio como lo hacen con los bienes mobiliarios, la industria o el comercio, es decir, la clase dominante del país.

Las ferias de arte seguirán siendo un buen negocio en Colombia.

Y ahora que se avecinan tiempos de paz hay un nuevo negocio que los empresarios del arte no dejarán pasar: el arte y la cultura del post-acuerdo. No será raro que en el futuro nos veamos inundados por arte ecológico, sobre la minería y, por supuesto, sobre las victimas.  

Ya no hay reyes o Iglesia que impongan a los artistas lo que tiene que hacer. Pero sí existen quienes se creen reyes y papas y seguirán pontificando sobre la dirección en la que deberán moverse el arte y la cultura. Y el nuevo credo del arte y la cultura parece ser “vender o vender”, así sea el alma al diablo.

 

* Crítico de arte y de la cultura. Docente Universidad Nacional de Colombia.

 

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Comentarios  

Leidy Carolina
+1 # ComentarioLeidy Carolina 07-11-2016 17:07
Seria excelente que algunos artistas en sus diferentes areas se unieran con la ciencia, para avanzar en el proceso de investigación cientifica en las nuevas generaciones colombianas ,enseñandoles a desear querer aprender ciencia y arte mas que en una institución educativa que esto se realizara de manera autonoma .Esto ayudaria a avanzar en el desarrollo del país .
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