Pedro Lemebel y la escritura como una fuerza que trastoca la vida

(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

Pedro Lemebel.

Ana María FerreiraEsta obra multifacética pero insistente en denunciar la injusticia social y en defender el derecho a la diferencia, es un referente necesario y fértil para reflexionar sobre el presente y futuro de sociedades como la nuestra, signadas por la desigualdad y el daño al otro.

Ana María Ferreira*

El irreverente Lemebel

No es posible leer a Lemebel y evitar sentir que sus palabras tocan fibras íntimas y desconocidas para uno mismo.

Pedro Lemebel (1952-2015) nació y murió en Santiago de Chile y fue, además de un novelista prodigioso, cronista, artista plástico y activista. Casi todos sus biógrafos empiezan por señalar que era abiertamente homosexual, ya que esta inclinación tuvo un papel fundamental en su identidad y definió su obra plástica y escrita. Junto con sus preferencias sexuales, otro aspecto que está presente en toda su obra es una postura política opuesta a la dictadura chilena y, en general, en contra de la injusticia en sus muchas formas.

Lemebel es el apellido materno de Pedro Segundo Mardones Lemebel, quien decidió usar su segundo apellido debido, por una parte, al profundo amor y conexión que sintió por su madre y, por otra, como una forma de establecer lazos con su lado femenino y, finalmente, porque su padre tenía el mismo nombre.

En su cuento, “Porque el tiempo está cerca”, con el que ganó por primera vez un concurso literario en 1983, están presentes los temas que serán leitmotiv de su obra: la homosexualidad y la reflexión sobre la injusticia social. El protagonista de esta narración es un chico gay de clase alta, quien, después de ser rechazado por su padre, acaba prostituyéndose en los barrios bajos de Santiago.

Textos autobiográficos

Pedro Lemebel
Pedro Lemebel, una persona apasionadamente política
Foto: Flickr (libre para utilización de Sebastián Tapia)

Tal vez sus orígenes humildes y su vida de niño pobre en Santiago o ser poseedor de una sensibilidad especial frente a las injusticias o quizá por haber vivido tantos años bajo la terrible dictadura de Pinochet hicieron de Lemebel una persona apasionadamente política. Sin embargo no se identificaba con el comunismo, porque los comunistas no habían (¿o aún no lo han hecho?) pensado la revolución en términos de género, o tal vez sí, y se decidieron por una postura de tintes machistas y homofóbicos.

Discriminado desde muy joven por su identidad sexual, Lemebel habló y escribió en múltiples ocasiones y ante diversos públicos sobre la discriminación que sufría la población homosexual. Su discurso, sin embargo, nunca asumía una posición de “víctima”, sino que era enunciado desde el orgullo, la alegría y la fuerza de un hombre que sabía perfectamente quién era.

Asumir su identidad sexual, reconocer su origen humilde y estar completamente consciente del momento político e histórico que estaba viviendo Chile bajo la dictadura de Pinochet hacen parte central de sus crónicas y su novela. Lemebel decía que parte de su filosofía vital y de su obra venían de la rabia por padecer tantas injusticias. La pobreza y la homosexualidad, ambas situaciones que no se pueden escoger, son en Lemebel el lente a cuyo través ve el mundo, desde donde escribe y es precisamente el lugar donde los lectores pueden transportar y compartir tanto la rabia como la alegría de este genio de la literatura chilena.

En 1986, todavía bajo la dictadura, durante un acto político de la izquierda, el autor leyó delante de sus compañeros de lucha su Manifiesto. Este breve discurso, que es de lejos uno de mis textos favoritos de Lemebel, critica a la izquierda por su incapacidad para incluir en la lucha a la comunidad homosexual y advierte poéticamente sobre el sueño social de la izquierda, donde los gay tendrían que seguir luchando por sus derechos.

Su militancia de izquierda estuvo siempre supeditada a su identidad y activismo por los derechos de la población LGBTI, por lo que se distanció del Partido Comunista chileno, sin dejar nunca de enfrentarse a la dictadura.

Crónicas vertiginosas y la vida como arte

Pedro Lemebel pasó gran parte de su vida escribiendo crónicas. Después de publicar su primer libro de este género, La esquina es mi corazón (1995), donde recoge textos que había publicado en distintos diarios y revistas, creó “Cancionero”, un programa de radio que se volvió muy popular y en el que leía las crónicas que escribía.

Algunos de los libros que recogen sus crónicas son Loco afán: crónicas de sidario (1996), Adiós mariquita linda (2004), Poco hombre-Antología (2013) y la maravillosa colección póstuma Mi amiga Gladys (2016).

Las crónicas de Lemebel corren la cortina de la vida urbana de Santiago, nos llevan de la mano a los barrios pobres, a los prostíbulos, a los parques donde se encuentran los amantes en las noches. Son textos ágiles, casi vertiginosos, donde los protagonistas, generalmente anónimos, desnudan su vida y sus luchas cotidianas.

A pesar de su trasfondo trágico, estas vidas se narran sin tristeza ni condescendencia; de hecho, los personajes son descritos de manera casi heroica, llenos de vitalidad y energía. Muchas de sus crónicas están también permeadas por elementos autobiográficos, de modo que no solo en su obra se diseccionan la ciudad y sus habitantes, sino que podemos ver en ella las entrañas del propio Lemebel.

Una historia de amor y revolución

Lemebel amor y revolución
Pedro Lemebel, una historia de amor y revolución
Foto: Wikimedia Commons

Si se considera que casi la totalidad de la obra de Lemebel pertenece al género de la crónica, se podría pensar que en él se encuentran sus mejores textos. Sin embargo, la joya de la corona es definitivamente Tengo miedo torero (2001), su única novela y uno de los textos fundamentales de la literatura contemporánea latinoamericana.

El arte y la literatura han abordado en múltiples ocasiones la dictadura de Pinochet. Narrar la violencia y la tortura puede ser, de muchos modos, una tarea imposible, puesto que las palabras nunca alcanzan a transmitir lo que las víctimas y sus familias sufren. Sin embargo, es esta una tarea obligatoria, ya que el arte debe narrar las historias de los muertos y desaparecidos para que nunca se olviden. Desafortunadamente los relatos sobre la violencia pueden volverse repetitivos o panfletarios. En cambio Tengo miedo torero es una obra narrada desde una perspectiva absolutamente original, de modo que es un libro innovador y fascinante.

La novela cuenta un hecho histórico real, el atentado contra Pinochet, perpetrado el 7 de septiembre de 1986, pero es narrado desde la perspectiva de uno de sus supuestos protagonistas, una mujer transgénero, de quien solo conocemos su apodo, la “Loca del Frente”. Además de la ficcionalización de un hecho histórico, Tengo miedo torero narra también una historia de amor entre la “Loca del Frente” y Carlos, un miembro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez -organización que planeó y llevó a cabo el fallido atentado contra el dictador-.

La “Loca del Frente”, heroína indiscutible de la novela, es un personaje dramático y bellísimo. Una mujer golpeada por la vida, que se levanta cada mañana cantando canciones de amor, porque ninguna violencia le ha podido arrebatar la alegría.

La belleza trágica de la Loca se superpone a la descripción de Pinochet. El dictador, normalmente descrito como un sanguinario sin corazón, es en la novela un hombre pequeño, inseguro y vulgar, “cagado” literalmente del susto, fastidiado por la verborrea incansable de su esposa y asediado cada noche por terribles pesadillas.

La descripción de este hombre como un ser despreciable es la venganza poética del autor y es una descripción que me produce, cada vez que leo la novela, un profundo placer. Tengo miedo torero fue publicada dos años antes de la muerte de Pinochet. Espero que los rumores de este éxito editorial hayan llegado a sus oídos.

El artista y la realidad

 

Lemebel dejó como legado una trascendental obra artística. Junto a Francisco Casas, conocido como “Pancha”, fundaron en 1988 “Las yeguas del Apocalipsis”, un colectivo con el que intervinieron en varios eventos oficiales y que todavía es un referente para la historia del performance chileno.

Después de separarse de “Pancha”, Lemebel se dedicó casi por completo a la escritura, aunque sus apariciones públicas con maquillaje, plumas, faldas y pañoletas siguieron siendo parte de su estilo.

Lemebel tuvo un gran éxito editorial al final de su vida, éxito que se debe en parte el espaldarazo que le dio Roberto Bolaño cuando volvió a Chile, ya convertido en un escritor reconocido. Bolaño, aparte de escribir muy positivamente sobre Lemebel, también llevó sus libros a España, donde fueron reeditados por Anagrama y Seix Barral.

Es una pena que la obra de Lemebel sea de difícil acceso en Colombia. Sin embargo, la Biblioteca Nacional de Chile tiene en su página algunos textos de y sobre Lemebel, que se pueden descargar, y hay varios blogs dedicados al autor, donde se pueden leer muchas de sus crónicas.

El legado de Lemebel, mucho más que sus palabras

Antes de morir por un devastador cáncer de laringe, Lemebel estaba escribiendo una nueva novela, El éxtasis de delinquir, que tal vez se publicará este año y seguramente será una hermosa sorpresa.

Las preguntas que se hizo Pedro Lemebel en torno a su país, su ciudad y su identidad sexual son cuestiones que nos involucran como lectores y además nos conciernen como miembros de una sociedad donde la pobreza y la discriminación son todavía una realidad palpable.

Leer a este gran autor chileno nos obliga a pensar en cómo construir una sociedad más incluyente y a cuestionar a un país como Colombia, donde mucha gente todavía piensa que existe algo tan extraño como la familia tradicional y que no entiende la sexualidad fuera del binarismo maniqueo de hombres de pelo corto y mujeres/madres con falda.

Vale la pena, hoy más que nunca, leer y releer a Pedro Lemebel, un autor que reescribió la historia para que nosotros podamos escribir un mejor presente.

* Doctora en Literatura y Estudios Culturales de la Universidad de Georgetown, profesora en la Universidad de Indianápolis, donde enseña e investiga sobre América Latina.

 

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