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Drogas: el confuso debate de la legalización

(Tiempo estimado: 4 - 7 minutos)

hernando gomez buendiaLa imprecisión del debate y la confusión entre tipos de drogas, etapas del proceso y formas de “legalizarlas”, pueden provocar efectos contrarios a los que buscan los progresistas: que la ortodoxia imperante se cierre a la banda y que crezca el mercado para bien de los capos. Falta estrategia y sobra ingenuidad.

Hernando Gómez Buendía

Una idea vaga

Pero “legalizar las drogas” es una idea tan vaga que no conduce a ninguna parte, y tan confusa que el tiro puede salirles por la culata a quienes piden el cambio de políticas. Por increíble que parezca, ni en las cumbres presidenciales ni en el debate que ha venido creciendo en estos días, se ha empezado por aclarar tres “detalles” esenciales.Que la prohibición solo ha servido para llenar de sangre y corrupción a los países productores. Que la guerra fracasó porque la gente sigue consumiendo drogas. Que el problema es de los gringos. Que cada quien puede hacer lo que quiera con su propio cuerpo… Son los argumentos progresistas, nacionalistas y bastante populares que en estos días se oyen en labios de presidentes, analistas y gente de la calle para pedir “la legalización de las drogas.”

Tres precisiones elementales

En primer lugar, de cuál o cuáles “drogas” estamos hablando. La lista de sustancias químicas que afectan la conducta, la percepción, el juicio o las emociones es bastante larga y bastante discutida. También lo es la lista de sustancias “narcóticas”, y tanto así que hoy dependemos de una clasificación arbitraria: en Occidente son legales el alcohol, el tabaco, estimulantes menores y otros fármacos (por ejemplo metadona) pero estos solo bajo prescripción médica; según las Convenciones mundiales por su parte, son ilegales todos los demás “estupefacientes” y en especial aquellos que se consideran “adictivos” (derivados del cannabis o del cáñamo, metanfetaminas, crack, heroína, morfina, éxtasis, LSD, hongos alucinógenos…).
Cada una de las sustancias actualmente prohibidas tiene (o parece tener, porque también hay controversias al respecto) efectos diferentes sobre la salud física y mental, tiene consumidores distintos y tiene países de origen distintos. Y bajo estas circunstancias legalizar, digamos, la marihuana, la cocaína, el opio o las anfetaminas no se parecen ni remotamente.

Pero “legalizar las drogas” es una idea tan vaga que no conduce a ninguna parte, y tan confusa que el tiro puede salirles por la culata a quienes piden el cambio de políticas.

En segundo lugar, de cuál fase del proceso se está hablando. En el caso de las sustancias de origen vegetal –que son las del problema para América Latina– una cosa son los cultivos de coca o de amapola (en el caso de México, también de marihuana), otra es la producción y exportación de cocaína o de heroína, otra distinta es el narco-menudeo, otra el consumo y aún otras son el tráfico de precursores o el lavado de activos.
Parte importante del absurdo en que nos encontramos es la incongruencia entre la idea del “adicto” —percibido más bien como un enfermo o una víctima— y la del criminal, que “se limita” a darle lo que el consumidor le pide; de esta manera un contrato de “ejecución inmediata y simultánea” (según dice el Derecho Civil) la compraventa de un “bareto” en Colombia al mismo tiempo es delito para uno y no les para el otro.

Y en caso del debate actual: ¿se trata de legalizar el consumo, la producción, el mercadeo, las siembras…?. No da lo mismo que en Estados Unidos (o en Colombia) se permita consumir cocaína a que los cultivadores del Putumayo puedan vender sin problemas sus cosechas, a que los capos guatemaltecos o mexicanos sean reemplazados por empresarios decentes, o que se establezca un corredor para el tránsito libre de cocaína entre el país productor y el país consumidor.

Hernando_Gomez_Buendia_prohibicionismo
El prohibicionismo de Estados Unidos es
más blando que el de la mayoría de los
países votantes: China, Rusia, los asiáticos,
los árabes, son todavía más intolerantes.
Foto: en.trend.az

En tercer lugar, la “legalización” podría significar tanto que el mercado sea libre, o todo lo contrario, que sea monopolio del Estado, o que la cárcel se cambie por terapias o la fumigación por desarrollo rural, o que los médicos puedan recetarla, o que se venda en expendios reservados… ¿de qué estamos hablando en este caso?
Cuando más cambios pequeños…y malos para nosotros

Ante tamañas indefiniciones, los “prohibicionistas” cierran filas alrededor de una idea sencilla: mejor no cambiar absolutamente nada. Mientras el presidente Santos habla tímidamente de “explorar escenarios”, y las salidas de Evo Morales o de Pérez Molina en Guatemala se descartan como “payasadas”, casi todos los miembros de la ONU (incluida Colombia) se atienen por entero al régimen ortodoxo vigente.

Cada una de las sustancias actualmente prohibidas tiene (o parece tener, porque también hay controversias al respecto) efectos diferentes sobre la salud física y mental. 

Es más: el prohibicionismo de Estados Unidos es más blando que el de la mayoría de los países votantes: China, Rusia, los asiáticos, los árabes, son todavía más intolerantes.

En este panorama congelado se ven apenas dos cambios en ciernes. 

Uno sería la despenalización del consumo y tal vez de las pequeñas siembras domésticas de marihuana en Estados Unidos (como han propuesto referéndums en Alaska, Nevada, Washington, Oregón y más famosamente California) o a lo mejor en Europa (hace apenas un mes que el pueblo de Resquera, en Tarragona, España, decidió por 308 votos contra 239 autorizar la siembra en gran escala del cannabis)
El otro es la extensión de los programas de tratamiento médico y reducción del daño para los adictos, al estilo de Holanda (los coffee shops de Amsterdam, el suministro médico de heroína la dicto, el reparto gratuito de jeringas para evitar el VIH…)
Estas medidas podrían tal vez aliviar la situación en los países consumidores y la de los consumidores en Colombia. Pero no tocarían el problema gordo de América Latina: la exportación de cocaína y el trágico dilema entre violencia y captura del Estado que nos tiene destruidos.

Peor todavía: la liberalización que se logre en Estados Unidos o en Europa si acaso aumentaría los despachos desde América Latina… y el dilema crecería. Por eso digo a los progresistas, que desde aquí reclaman la “legalización de las drogas”: el tiro bien podría salirles por la culata.
* El perfil del autor lo encuentra en este link.

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Comentarios  

Gart Valenc
0 # Gart Valenc 21-05-2012 10:24
Me opongo sin reservas a la Prohibición y la Guerra contra las Drogas. Por eso, estoy totalmente de acuerdo con la descriminalizac ión de la demanda y cualquier otra medida que busque garantizar que el consumo de drogas sea tratado como un asunto de salud pública y no como una actividad criminal.

Sin embargo, como ciudadano europeo me resulta abominable la actitud esquizofrénica, hipócrita y autocomplacient e que los grandes países consumidores tenemos sobre la demanda y la oferta de drogas: descriminalizac ión del consumo por un lado, y criminalización de la producción y la distribución por el otro.

En mi opinión, esta actitud es una muestra flagrante de la falta de empatía y solidaridad de nuestros países hacia quienes se han visto más afectados por la Prohibición y la Guerra contra las Drogas: los países productores y distribuidores. Y quizás más importante aún, dado que estamos entre los mayores consumidores de drogas en el mundo, qué tan acomodada y denigrante resulta nuestra posición con respecto a la oferta.

Primero, nos permite darnos el lujo de criminalizar la oferta ya que no tenemos que vivir en carne propia las desastrosas consecuencias que ha tenido y continúa teniendo la ejecución de las políticas Prohibicionista s en países productores y distribuidores.

Segundo, nos permite lavarnos las manos en cuanto a nuestra responsabilidad por apoyar, imponer y ejecutar esas políticas con el argumento de que las Convenciones Internacionales que regulan actualmente el mercado de drogas ilícitas nos permiten legalizar la demanda, pero no la oferta.

Finalmente, al tratar el problema de la droga como debe ser; es decir, como un problema de salud y no como una actividad criminal nos permite presentarnos ante el mundo entero como sociedades progresistas que se preocupan por el bienestar de nuestros ciudadanos.

El contraste con las condiciones imperantes en países productores y distribuidores netos, en este caso Latinoamérica, no podría ser más dramática y contundente. Para estos países, la legalización de la demanda y la penalización de la oferta es el peor de los dos mundos: no sólo tienen que pagar los costos económicos y sociales del consumo, sino que acrecienta enormemente los costos asociados con la ilegalidad de la producción y la distribución.

Por un lado, va a fortalecer las organizaciones criminales que han controlado y continuarán controlando el mercado de las drogas que, vale la pena insistir, permanecería ilegal.

Por el otro lado, al tratar de satisfacer la demanda interna (que es ahora “cuasi legal”), lo más probable es que se introduzcan nuevos incentivos para que las organizaciones criminales acudan a la violencia para resolver violentamente las inevitables disputas por el control de los canales de distribución que, de nuevo, permanecerían ilegales.

Lo que hay que entender es que el problema no es el consumo de drogas per se, sino la Prohibición & la Guerra contra las Drogas. Entender que al declarar ilegal la producción y el consumo, lo único que se ha logrado es convertir un asunto de salud pública en una actividad criminal.

No podemos olvidar que es la ilegalidad la que les permite a las organizaciones criminales tener control total del mercado de drogas, que es la ilegalidad la que hace posible las enormes ganancias del narcotráfico, y que es la ilegalidad la que genera y promueve la violencia, la corrupción y la destrucción de la vida civil, institucional y democrática.

Después de décadas de políticas fallidas, la única alternativa para manejar racionalmente el así llamado problema de las drogas es un modelo que busque al mismo tiempo Legalizar & Regular toda la cadena del mercado de drogas; es decir, tanto el consumo como la producción y distribución de todas las drogas.

No hay ninguna duda de que la legalización del consumo es un avance importante en la disminución de las desastrosas consecuencias del régimen prohibicionista , pero es claramente insuficiente, ya que poco se logrará mientras la oferta continúe siendo ilegal.

Finalmente, hay que entender que a pesar de lo difícil que pueda resultar para los países productores y distribuidores rechazar las políticas prohibicionista s, el precio a pagar por rechazarlas nunca podrá ser superios al que han pagado y continuarán pagando por apoyarlas.

Gart Valenc
Twitter: @gartvalenc
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JAQG
0 # JAQG 24-05-2012 04:41
El principal problema aca es la ignorancia y la desinformacion, que impulsa a que gran parte de la sociedad, tenga un miedo irracional a las sustancias psicoactivas. Lo primordial es impulsar una campaña de educacion para adultos, jovenes e inclusive niños, y dar a conocer los VERDADEROS efectos a corto, mediano y largo plazo de cada droga, narcotico o psicoactivo, incluyendo las que ya son legales como el alcohol, la nicotina, la cafeina y los farmacos de venta libre.

En segundo lugar, se podria legalizar el consumo, produccion y venta de la marihuana. Segun numerosos estudios cientificos, el THC, es menos adictivo que el alcohol y la nicotina. Ademas esta sustancia presenta otras ventajas como la facilidad para el autocultivo por parte de sus consumidores, y la gran cantidad de subproductos que se pueden obtener del cañamo como biocombustible, fibras, aceite y otros.... sin aun nombrar su facil y rapido crecimiento en gran variedad de condiciones climaticas. Su amplio uso industrial representaria una excelente alternativa para erradicar el uso de otros cultivos, por ahora ilicitos. Sin embargo, uno de los mas importantes usos de esta planta que aun permanecen escondidos y prohibidos para gran parte de la sociedad, es su uso MEDICINAL. Asi pues, no hay razon logica, aparte, de los oscuros intereses belicistas y farmaceuticos privados, para no dar nuestro primer paso hacia una solucion de este conflicto sin sentido. La llave no la tiene ningun politico, la llave la tiene el pueblo y su voluntad para cambiar las cosas.

Progresivamente, podremos hacer lo propio con las demas drogas, de acuerdo a su nivel de adiccion y su tendencia al sindrome de tolerancia. Asi podemos dejar de centrar los esfuerzos en coartar la voluntad y el libre derecho de eleccion de cada ser humano, y podemos enfocarnos en que la poblacion aprenda, a traves del autocontrol, los riesgos y posibilidades de cada sustancia.

No es acaso coherente, que una sociedad cuya filosofia de trabajo esta basada en el libre mercado, viva su vida a traves de la libre eleccion? Esta seria una leccion que puede ayudar a nuestra decadente e intolerante sociedad a mejorar otros aspecto de nuestras vidas.
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Gart Valenc
0 # Gart Valenc 24-05-2012 12:40
@JAQG,

Yo entiendo que mucha gente abogue por la legalización de la marihuana, ya sea por razones pragmáticas o por consideraciones tácticas. Lo que no hay que perder de vista, sin embargo, es que las consecuencias devastadoras de la Prohibición y la Guerra contra las Drogas es independiente de si se trata de marihuana, cocaína, o cualquier otra droga.

Apoyar o repudiar la Legalización Regulada del mercado de las drogas (de toda la cadena del mercado y de todas las drogas) no debe ser cuestión de posiciones ideológicas, prejuicios o una clase de droga u otra; debe ser el resultado de una evaluación racional de los costos y beneficios que la Prohibición & la Guerra contra las Drogas, le han generado a quienes han tenido que padecerla, eso incluye no sólo a Colombia sino también al resto de países productores y distribuidores (México, Guatemala, etc.)

Es VITAL que todos los colombianos — tanto los que tienen alguna inversión afectiva o emocional en su país, como aquellos que tienen algún poder, simbólico o real, intelectuales, académicos, científicos, profesionales, empresarios, etc.— participen activa y racionalmente en el debate.

Gart Valenc www.stopthewarondrugs.org
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