Edición del lunes 24 de junio de 2019

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Turismo en aumento

Colombia es sin duda un país líder en cuanto a biodiversidad. Sus paisajes y sus riquezas naturales hacen palidecer destinos más populares, como los centroamericanos, los neozelandeses, los australianos e incluso los africanos.

Los distintos ecosistemas, con sus fauna y floras respectivas, han hecho de Colombia uno de los territorios más ricos del planeta en cuanto a condiciones para la diversificación de las formas de vida. Esto ha llevado a que también tengamos una infinidad de formas para relacionarnos con estos ecosistemas únicos, lo cual ha dado como resultado un país megadiverso, no solo en fauna, flora y ecosistemas, sino en culturas.

Este hecho ya de por sí nos ubica como un destino privilegiado dentro de la oferta mundial de lugares turísticos relacionados con la naturaleza. A esto se suman la mejoría en las condiciones de seguridad, el cambio favorable en la manera como es percibido el país, las mejoras en la infraestructura y unos procesos muy activos y efectivos de promoción de Colombia como destino turístico.

Todo esto ha resultado en el aumento acelerado en el número de turistas que llegan al país en busca de una experiencia única, la mayoría de las veces motivada por el contacto con la naturaleza y las culturas colombianas.

Turismo y conservación

Parque natural El Cocuy.
Parque natural El Cocuy.  
Foto: Parques Nacionales Naturales de Colombia

Este aumento en la demanda no ha pasado desapercibido para los empresarios ni para los entes gubernamentales y autoridades ambientales. Tampoco para la academia. Todos los que de alguna manera estamos involucrados en el asunto hemos notado claramente esta explosión de interés en el turismo, y especialmente en el turismo relacionado con la naturaleza.

Esta forma de turismo ha crecido de manera sostenida en los últimos años y se perfila como una herramienta para el desarrollo económico del país, especialmente en las regiones donde los atractivos naturales han logrado subsistir a pesar de las presiones para transformarlos que vienen, entre otros, de la minería, de la ganadería, de la agricultura y de las grandes obras de infraestructura.

Si queremos aprovechar la biodiversidad lo primero que debemos hacer es asegurar su conservación. 

Esta oportunidad no se puede convertir en una fuente adicional de daños ambientales. Ha de tenerse en cuenta que el estado de conservación de la naturaleza es la clave del éxito de la actividad turística: no al revés. Esta debe ser una premisa clara cuando se decide permitir o promover el turismo de naturaleza.

El interés en lograr el éxito de un destino turístico no debe convertirse en la causa del deterioro de ese lugar. Es más, si queremos aprovechar la biodiversidad lo primero que debemos hacer es asegurar su conservación.

Por esta razón, el turismo debe incorporar principios conservacionistas claros, con objetivos definidos, que garanticen la inversión de recursos para preservar los bienes naturales que sustentan esta actividad. La industria turística debe sumarse a los esfuerzos de conservación, de manera que aumenten las áreas dedicadas a ese propósito, que las especies estén más protegidas, que el conocimiento sobre nuestra biodiversidad mejore y que la educación ambiental se multiplique.

Cuando se piensa en el turismo de naturaleza, como el ecoturismo o el avistamiento de vida silvestre, es normal asociarlo con Parques Nacionales Naturales de Colombia, así como con otras figuras similares de áreas protegidas. Sin embargo el objetivo principal de estas áreas es la conservación, aunque en zonas específicas se puedan realizar algunas actividades productivas de turismo.

Hay una buena noticia: que la biodiversidad no está solo en las áreas protegidas. Los parques naturales (nacionales, regionales y municipales) y las reservas privadas albergan una amplia variedad de especies de flora y fauna, pero no son los únicos espacios donde pueden encontrarse. La biodiversidad puede aprovecharse para el turismo de naturaleza en lugares que estén fuera de las áreas protegidas. Del mismo modo, las tareas de conservación deben extenderse a los territorios que están más allá de estas áreas.

Empresarios del turismo en todo el mundo han construido sus empresas en los bordes de las áreas protegidas, en lugar de edificar sus hoteles e infraestructura dentro de los parques. Así han ampliado las áreas de interés para los turistas y, al mismo tiempo, se han convertido en negocios rentables y coherentes con principios conservacionistas, pues allí también se llevan a cabo ejercicios de conservación y educación ambiental. De este modo contribuyen a cuidar y mejorar los bienes naturales que sustentan sus negocios.

Al hospedarse cerca de las áreas protegidas, los turistas pueden acceder fácilmente a los recorridos por las áreas de los parques naturales dispuestas para tal fin, pero también pueden llevar a cabo actividades que no están permitidas dentro de las zonas protegidas. Ejemplo de este tipo de actividades sería el acceso a zonas de entretenimiento, como piscinas y restaurantes, o actividades deportivas o de aventura que no son permitidas dentro de las zonas protegidas.

Cabe esperar que, por beneficiarse del turismo de naturaleza y del turismo sostenible, los hoteleros que tienen sus negocios cerca de áreas protegidas presten atención a las recomendaciones de los expertos en conservación. De este modo se evitarían los impactos negativos que sus actividades podrían tener sobre la biodiversidad, como serían los casos del ruido, las basuras, los cambios de comportamiento de la fauna y, por supuesto, la captura, manipulación o tráfico de vida silvestre.

Todos ganamos

Turismo ecológico en el Parque Nacional Natural, El Tayrona.
Turismo ecológico en el Parque Nacional Natural, El Tayrona.  
Foto: Parques Nacionales Natural de Colombia

La relación entre turismo y áreas protegidas debe ser beneficiosa para ambas partes. Si esto ocurre las áreas protegidas contarían con socios que causan poco impacto sobre la naturaleza y que no solo contribuyen al desarrollo económico de las regiones, sino que aumentan el número de visitantes a dichas áreas, donde podrán realizarse actividades para la conservación ambiental y la promoción de valores conservacionistas.

Y los empresarios del turismo podrán beneficiarse de la múltiple oferta de atractivos naturales que ofrecen los ecosistemas de Colombia. Incluso, esto podría facilitarles los procesos de certificación, ya que si actúan adecuadamente podrán demostrar avances en la responsabilidad ambiental, social y económica de sus operaciones. Más aún, si construyen reservas privadas y restringen su actividad al turismo de naturaleza podrían recibir beneficios tributarios interesantes y aumentar la competitividad de su negocio.

La industria turística debe sumarse a los esfuerzos de conservación.

Por último, es importante reflexionar sobre la importancia de mantener una biodiversidad saludable. El turismo basado en la apreciación de la naturaleza –que ha sido identificado como uno de los negocios a los cuales Colombia debe dedicarse– no es el único beneficio directo que obtenemos de la biodiversidad.

Los alimentos, materiales, fibras, medicinas, tintes, polinización, productividad del suelo, la provisión y regulación de agua y la salud mental son solo algunos de los beneficios que recibimos de manera gratuita de la naturaleza. Por eso, pensar las áreas protegidas en relación exclusiva con el turismo es tener una visión incompleta del potencial que estas áreas tienen y que aún conservan gracias a que se han evitado las intervenciones a gran escala en estos territorios.

La conservación muchas veces se ha visto como un obstáculo para el desarrollo. Nada más alejado de la realidad. Si se entiende bien, la conservación puede convertirse en uno de los grandes aliados del desarrollo.

 

* Biólogo, maestro en Manejo y Conservación de la Vida Silvestre y doctor en Estudios Ambientales y Rurales de la Universidad Javeriana; profesor e investigador  del Departamento de Ecología y Territorio de la Universidad Javeriana en Bogotá.

 

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