El incremento del salario mínimo en Colombia, una lectura alternativa
Foto: Alcaldía de Villavicencio

El incremento del salario mínimo en Colombia, una lectura alternativa

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El debate sobre el salario mínimo no es solo laboral: revela cómo una economía con rentas, informalidad y una inversión débil, distribuye —o bloquea— su excedente.

El debate sobre el incremento del salario mínimo en Colombia suele presentarse en términos binarios: o mejora el ingreso de los trabajadores o destruye empleo y genera inflación. Esta lectura resulta incompleta para una economía caracterizada por una alta informalidad, fuertes diferencias regionales y estructuras productivas con economías de escala. Más que un simple precio del trabajo, el salario mínimo es una institución que interviene en la forma como se distribuye el ingreso generado en el sector formal de la economía.

Este artículo propone una lectura alternativa: el salario mínimo debe entenderse como un instrumento que actúa sobre un mercado laboral segmentado y una economía en la que los precios y los salarios no reflejan estrictamente las productividades marginales, sino relaciones de poder, rentas y estructuras de mercado.

Un mercado laboral segmentado: formal e informal

El mercado laboral colombiano no es homogéneo. Al menos dos grandes segmentos coexisten con dinámicas muy distintas.

Por un lado, el sector formal agrupa empresas medianas y grandes, con el cumplimiento del salario mínimo, prestaciones sociales y parafiscales. En este segmento se concentra una parte sustancial del valor agregado urbano y se definen las condiciones estructurales del funcionamiento del capitalismo colombiano: organización del trabajo, fijación de precios, escalas de producción y distribución del excedente.

Por otro lado, el sector informal está compuesto por unidades productivas pequeñas, de subsistencia o de baja productividad, en las que el salario mínimo no opera como restricción efectiva. Allí, los ingresos laborales se ajustan principalmente a la cantidad de empleo, subempleo o autoempleo, y no a las instituciones salariales.

Como señalan Ortiz, Uribe y Badillo, existe una segmentación inter e intrarregional profunda en el mercado urbano colombiano, lo que implica que el salario mínimo incide casi exclusivamente en el sector formal.

Productividad marginal, precios y el problema del excedente

En el modelo neoclásico estándar, bajo competencia perfecta y rendimientos constantes a escala, los factores productivos reciben exactamente su productividad marginal. En ese caso, la suma de los salarios y los ingresos del capital agota el ingreso total generado en la economía.

Sin embargo, esta igualdad depende de supuestos que rara vez se cumplen en la práctica. En presencia de economías de escala, rendimientos crecientes, diferenciación de productos y poder de mercado —rasgos comunes en sectores urbanos como el comercio, los restaurantes, la logística y los servicios—, la suma de las productividades marginales no agota el producto. Aparece un excedente económico.

Ese excedente se materializa en rentas, utilidades extraordinarias, márgenes de ganancia elevados o rentas de localización. Su distribución depende menos de la productividad individual y más de la estructura del mercado, de la organización empresarial y del poder de negociación.

Poder de mercado en el sector formal

Muchas empresas del sector formal colombiano operan con economías de escala, marcas consolidadas y posiciones dominantes en mercados locales o nacionales. Estas características les permiten fijar precios con márgenes positivos sobre el costo marginal y capturar parte del excedente generado por la escala y la localización urbana.

En este contexto, los salarios no son simplemente el reflejo de la productividad marginal del trabajador, sino el resultado de una negociación implícita entre empresas, trabajadores e instituciones. El salario mínimo interviene precisamente en este espacio institucional, redefiniendo el reparto del excedente dentro del sector formal.

Ejemplos visibles se encuentran en cadenas de comercio, restaurantes y grandes superficies, donde el volumen de ventas, la eficiencia logística y la organización del trabajo permiten absorber incrementos salariales mediante menores márgenes, mayor productividad laboral o reducción de la rotación del personal, sin necesidad de destruir empleo.

Mecanismo de transmisión de un aumento del salario mínimo

El incremento del salario mínimo puede entenderse como un choque institucional con múltiples canales de transmisión:

Primero, eleva el piso salarial legal para los trabajadores formales cercanos al mínimo, lo que incrementa el costo laboral total para las empresas.

Segundo, las firmas responden ajustando por distintos márgenes: precios, márgenes de ganancia, organización del trabajo, intensidad laboral o, en algunos casos, empleo.

Tercero, los trabajadores que conservan su empleo experimentan un aumento de su ingreso disponible, lo que puede traducirse en un mayor consumo local, especialmente de bienes y servicios urbanos.

Cuarto, el traslado a precios es parcial y heterogéneo. En sectores con poder de mercado o con rentas elevadas, el ajuste puede darse principalmente a través de márgenes. En sectores frágiles o altamente competitivos, el traslado a precios o la reducción del empleo es más probable.

Foto: Canal Capital

Informalidad y límites del salario mínimo

El principal límite redistributivo del salario mínimo en Colombia no es su nivel, sino la magnitud del sector informal. Los trabajadores informales no se benefician directamente del aumento y pueden verse afectados indirectamente por los aumentos de precios.

Esto implica que el salario mínimo, por sí solo, no corrige las desigualdades estructurales del mercado laboral. Su efectividad depende de políticas complementarias orientadas a elevar la productividad, reducir los costos de formalización y cerrar la brecha entre sectores.

Salario mínimo, pleno empleo e inversión: una lectura macroeconómica

Una forma útil de ordenar el debate es preguntarse si la economía colombiana se encuentra o no en pleno empleo. Esta distinción no es menor, pues define la naturaleza de los efectos esperados del salario mínimo.

En una economía con pleno empleo, el aumento del salario mínimo enfrenta un límite claro: si no existe capacidad productiva ociosa ni mano de obra disponible, el ajuste solo puede darse vía precios o desplazamiento de otros trabajadores. En ese contexto, la inflación se convierte en el fenómeno central, y el salario mínimo opera como un choque inflacionario.

Sin embargo, Colombia no se encuentra en esa situación. La economía presenta desempleo persistente, subempleo, elevada informalidad y capacidad ociosa en numerosos sectores. Esto sugiere que el problema macroeconómico dominante no es el exceso de demanda, sino la insuficiente utilización del trabajo y del capital existentes.

Desde esta perspectiva, el aumento del salario mínimo no debería, en principio, traducirse en una inflación generalizada. Si existen trabajadores disponibles y capacidad productiva sin utilizar, un mayor ingreso laboral puede estimular la demanda y justificar una expansión de la producción. 

Cuando esta expansión no ocurre y el ajuste se manifiesta principalmente en los precios, ello revela una falla más profunda: la debilidad de la inversión productiva. Como sugieren Morales Martínez y Dathein, el desarrollo industrial colombiano requiere un análisis que considere las limitaciones estructurales para lograr un crecimiento sostenido.

 ¿Dónde está la inversión?

Aquí resulta crucial precisar el concepto de inversión. En términos económicos, invertir significa aumentar el stock de capital productivo: maquinaria, infraestructura, tecnología y capacidades organizativas. No equivale a la compra de activos financieros ni a la especulación a corto plazo.

En la economía colombiana, buena parte del excedente generado en el sector formal y urbano no se transforma en inversión productiva. Existen actividades con alta rentabilidad que no requieren ampliar capacidad ni absorber más trabajo: comercio concentrado, servicios urbanos protegidos, y, de manera central, la renta del suelo urbano asociada a la localización, la infraestructura y la aglomeración.

Esta situación permite la coexistencia de utilidades elevadas con bajo dinamismo del inversor. El excedente se captura como renta o margen, pero no se reinvierte en actividades intensivas en empleo. Cuando hay inversión, esta suele ser defensiva —automatización o sustitución de trabajo— más que expansiva.

Salario mínimo, renta urbana e inversión

El vínculo entre el salario mínimo, la inversión y la renta urbana es particularmente relevante en un país urbano como Colombia. Las ciudades generan economías de escala, externalidades y valorización del suelo, lo que produce excedentes significativos. Sin embargo, estos excedentes se concentran en propietarios de activos y localizaciones, más que en procesos de acumulación productiva.

En este contexto, el salario mínimo actúa como un mecanismo que disputa una porción del excedente urbano, trasladándola parcialmente a los ingresos laborales. Si este mayor ingreso no se traduce en expansión productiva, la causa no reside en el salario, sino en la estructura de rentas y en la ausencia de canales que transformen esos excedentes en inversión.

Un contraste de enfoques: ortodoxia y Keynes en Colombia

Desde una visión ortodoxa, el salario mínimo es un precio que, si se fija por encima de la productividad marginal, genera desempleo o inflación. Esta lectura presupone mercados competitivos, pleno empleo y una respuesta automática de la inversión a los precios relativos.

El enfoque keynesiano y estructural, en cambio, parte de una economía con desempleo involuntario, poder de mercado y decisiones de inversión guiadas por expectativas, no solo por costos. En este marco, el salario mínimo puede fortalecer la demanda efectiva sin generar presiones inflacionarias, siempre que exista capacidad ociosa y la inversión responda.

Aplicado a Colombia, este contraste sugiere que el problema central no es un salario mínimo excesivo, sino una economía capaz de generar excedentes, pero con serias dificultades para convertirlos en inversión productiva y empleo formal.

Implicaciones de política pública

Las implicaciones de este análisis van más allá del debate anual sobre el porcentaje de aumento del salario mínimo. Si el salario mínimo incide en la distribución del excedente en una economía segmentada y con rentas, entonces su efectividad depende de políticas complementarias que eviten que el ajuste se traduzca en inflación o en informalidad.

En primer lugar, resulta central articular la política de salario mínimo con una política activa sobre el suelo urbano y las rentas de localización. Buena parte del excedente generado en las ciudades proviene de economías de aglomeración e inversiones públicas en infraestructura. Capturar estas rentas —a través de instrumentos como contribuciones por valorización, plusvalías o impuestos prediales bien diseñados— permitiría aliviar la presión sobre el costo laboral y financiar la inversión productiva.

En segundo lugar, el salario mínimo debe integrarse a una estrategia explícita de formalización y de productividad. Reducir los costos no salariales para las pequeñas y medianas empresas, mejorar el acceso al crédito productivo y fortalecer la infraestructura urbana y logística son condiciones necesarias para que los mayores salarios se traduzcan en más empleo formal.

En tercer lugar, es indispensable recuperar una noción estricta de inversión. En una economía con desempleo y capacidad ociosa, el problema no es la falta de ahorro, sino la incapacidad para transformar excedentes y rentas en capital productivo. Sin este puente, los aumentos salariales chocan contra estructuras rentistas que responden con precios y no con expansión.

Le recomendamos: Cuando el tablero es desigual: el salario mínimo en el juego de la economía colombiana

Acerca del autor

Alex Smith Araque Solano
asaraque@razonpublica.org | + posts

*PhD en Estudios Políticos de la Universidad Externado de Colombia. Magister en Economía universidad Nacional de Colombia, Investigador Asociado (I) de MinCiencias.

2 comentarios

Alex Smith Araque Solano

Escrito por:

Alex Smith Araque Solano

*PhD en Estudios Políticos de la Universidad Externado de Colombia. Magister en Economía universidad Nacional de Colombia, Investigador Asociado (I) de MinCiencias.

2 comentarios de “El incremento del salario mínimo en Colombia, una lectura alternativa”

  1. Si de aquí a mitad de año la economía empeora, los inversores privados tendrán responsabilidad por omisión improductiva, el gobierno por calentar la economía vía gasto público cuyos aranceles a importaciones no te instalan capacidad productiva y al BanRep por mantener la tasa de referencia alta. Culpo más a los primeros, no se puede estar eternamente buscando rentas…

    Creo que no hemos comprendido el problema estructural, sin producción de valor agregado, estamos perdidos.

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