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¿Mockus cayó en su propia trampa?

Escrito por Bernardo Congote

bernando congoteUn moralismo de estirpe religiosa sustituyó las iniciales convicciones civilistas del candidato del Partido Verde, que pasó del "todos ponen", de su parábola de la pirinola, al "no todo vale, pero todo vale", de su campaña política.

Bernardo Congote*

La trampa

El matemático Mockus habría sido víctima de una trampa filosófica urdida por él mismo. Se dijo por estos días que mucha gente estaba siendo confundida por él, lo que prueba que él mismo está confundido. Veamos: la "sacralidad de la vida", la "sacralidad de los recursos públicos" y el "¡no todo vale!" que fueron hasta ahora las bases de su programa de gobierno, contienen los elementos de su propia trampa[1].

El diccionario define una trampa como "…una táctica prevista para dañar, capturar, detectar, o incomodar a un intruso. Las trampas pueden ser objetos físicos, tales como jaulas, o metafóricos como acertijos o adivinanzas". La trampa mockusiana no sería una que él le haya tendido a un tercero, sino una propia construida sobre el abandono de sus más exitosas metáforas. Puesta en evidencia esa trampa en las plazas públicas, Mockus habría generado confusión entre sus electores induciendo un magro resultado en la primera vuelta. No en vano el propio Elster, en una entrevista radial pre electoral, manifestó que en el ambiente académico existía una sana expectativa por acompañar a Mockus calibrando, al tiempo, de qué manera unos experimentos probados con éxito en Bogotá podrían expandirse a toda Colombia y qué tanto el académico Mockus se podría proyectar como político de perfil nacional[2].

Del Mockus civilista al sacralizado

Antanas Mockus construyó a pulso un sitial de privilegio en la política colombiana en los años 90. Contestatario y convencido del uso práctico de patrones civilistas como la Participación Ciudadana estatuida en la Carta del 91 y sustentada teóricamente en la acción colectiva y el neo institucionalismo de la gran academia, fue primer actor de dos alcaldías cimeras en Bogotá y de importantes logros en la Universidad Nacional de Colombia. Como ejemplo, su poderosa metáfora de "la pirinola" con el resultado del "todos ponen", permitió entender sin rodeos el valor que tiene que cada ciudadano asuma su propia responsabilidad en la vida política y, de contera, le abrió paso a la aplicación de métodos exitosos, entre otros, en el atinado manejo de un Concejo Distrital donde no tenía bancada, en la profundización de un nuevo método que ayudó a modificar un recaudo tributario castrado por la evasión y la elusión, y en la consolidación de la seguridad ciudadana, en la cual Bogotá había sido hasta el momento una de las ciudades más peligrosas en América Latina.

Sin embargo, hacia 2004, en su discurso de aceptación del doctorado Honoris Causa otorgado por Paris VIII, Mockus comenzó a replantear el enfoque civilista, cambiándolo por otro sacralizado. Así, reemplazó "la pirinola" por la imposición de la culpa y el arrepentimiento como herramientas de formación política ciudadana[3]. Una entrevista que le concedió por esos días a Margarita Vidal confirmó sus convicciones. Para él "…la impunidad es también la ausencia de sentimiento de culpabilidad"; "… nuestra sociedad se basa aún más en la autorregulación moral"; y "…los sentimientos de culpabilidad… nos carcomen… mucho más que el miedo a la represión por parte del Estado[4]/[5]. Lo anterior es sólo una muestra de la forma en que el discurso mockusiano comenzó a reemplazar, sin beneficio de inventario, su perspectiva civilista original por supuestos de inspiración religiosa. No compete aquí elaborar la precaria correlación existente entre los patrones de culpabilidad, su esencia religiosa y su operatividad política, pero sí llamar la atención en relación con el hecho de que, tal como ha ocurrido en la campaña electoral que ahora culmina, este "moralismo mockusiano" ha hecho metástasis socavando la prestancia probada de sus más caras convicciones civilistas[6].

¿Una campaña "sagrada"?

La trampa se puso en evidencia con la propuesta del manejo presuntamente "sagrado" de categorías civilistas como la defensa de la vida y el cuidado en la administración de los recursos públicos. En lugar de mantenerse aferrado al éxito comprobado del "todos ponen", Mockus lanzó la hipótesis de que una etérea "sacralización" de ambos objetivos resultaría más atractiva electoralmente y más eficaz en el ejercicio de un posible gobierno suyo, lo que lo distrajo, además, de poner de relieve que el Partido Verde se presentaba como el primer experimento de acción colectiva en lo político inspirado en la sana metáfora de "los tenores". Pero, tal como se lo hemos advertido algunos críticos, el enfoque moralizante propuesto en la campaña degeneró en un trastrocamiento dañino de su exitosa concepción de lo político (que se basó en la Participación ciudadana, Responsabilidad colectiva, Rendición de Cuentas, Legalidad, Impunidad y Reparación), a cambio de poner en práctica prejuicios sagrados, que como la Culpa y el Arrepentimiento sólo amenazan profundizar "… las ingentes dificultades que sociedades como Colombia enfrentan para construir tejido (y capital) social[7].

El verdadero "salto al vacío"

Al surgir la "marea verde" los opositores de Mockus, asustados por su impacto inicial,  echaron a rodar la especie de que votar por él constituiría una especie de "salto al vacío". Adoptando esta táctica, la oposición se habría equivocado y acertado al mismo tiempo. Se equivocó endilgándole a Mockus un presunto ablandamiento en el manejo del problema de la seguridad, frente al cual no sólo fáctica sino programáticamente el candidato había aparecido, y sigue apareciendo, inclusive "más duro" que Uribe y Santos. Pero acertó abriendo subliminalmente la posibilidad de que sus electores percibieran que Mockus era el que estaba dando un salto al vacío trocando al nunca bien ponderado "todos ponen", por un sacralismo etéreo que al tiempo que rompía con las valiosas pautas civilistas que le había aplaudido Colombia en los años 90, no despertaba expectativas sólidas entre sus posibles electores. Hundido en esta trampa conceptual, el candidato del "Todos ponen" echó por la borda la memoria de haber sido quien rescató a Bogotá de ser una caótica urbe marcada por la irresponsabilidad ciudadana, la evasión tributaria, la inseguridad urbana, el asedio guerrillero y el más caro desamor por lo propio que caracterizaban la sobrevivencia de los bogotanos por los años 90, frustrando, de paso, la posibilidad de lograr algo semejante en toda Colombia.

Por ello unos y otros terminamos sin saber si los mimos continuarían circulando por las cebras urbanas indicando el camino correcto del comportamiento ciudadano o si ahora Mockus instalaría confesionarios en las esquinas para que las personas desnudaran sus presuntas maldades, profundizaran sus culpas y se arrepintieran ante este nuevo "sumo sacerdote". Predicamento frente al cual buena parte del voto autoritario cautivado por Mockus se habría devuelto masivamente hacia Santos porque, a la hora de elegir entre predicadores, resultaba más seguro elegir al monaguillo de Uribe que al proyecto de cura asesorado por el melifluo padre Alirio. Parafraseando nuestros devaneos marxistas del siglo pasado, bien podría haber ocurrido que las esperanzas que despertó el "Joven Mockus" en los 90 hayan sido derrotadas por las confusiones sacralistas del "Viejo Mockus" de los 2000.

¡La paradoja de un ateo sagrado!

Probablemente ésta fue la manifestación plena de la trampa y, al tiempo, de las precariedades del debate electoral. Negándose a ver que su planteamiento es atávicamente moralista, Mockus desperdició la posibilidad de escaparse a la crítica sobre su presunto ateísmo, demostrando que, al contrario, no había sobre la palestra otra propuesta más moralista ni más teísta que la suya. Pero hubo algo peor. También sus contrincantes desperdiciaron la oportunidad de tocar la médula del problema porque reducidos a indagar faranduleramente sobre si Mockus iba o no a misa (¡!) ninguno tuvo la lucidez para poner a Mockus contra las cuerdas mostrándole al electorado que lo inconveniente de su candidatura era su pretensión de imponer precarios patrones moralistas para resolver los problemas políticos que acosan a Colombia.

No hubo quién fuera capaz de denunciar que, más grave que enfrentar con girasoles a la insurgencia, lo que resultó un infundio, el problema de la candidatura Mockus consistía en su pretensión de corregir los efectos perversos que ha producido entre nosotros el lastre de una red de valores católicos proclives al ejercicio violento de la política y de la vida cotidiana en la familia, en la escuela o en el taller y opuestos a experimentar las posibilidades políticas de la acción colectiva y la responsabilidad ciudadana[8].

De manera que ¡no había tal ateo! Colombia se enfrentaba, por el contrario, a los sueños de un civilista vergonzante que, posando de teísta confeso, pretendía reimplantar las cepas de la enfermedad padecida durante dos siglos de vida republicana por un cuerpo social, que, afectado por un moralismo de estirpe católica, no ha podido resolver los retos de la modernidad. Mockus estaba ofreciendo algo así como la posibilidad de huir hacia los brazos del enemigo, pero el electorado rechazó caer en esa trampa animado antes que por los méritos de otro candidato por sus más primarias intuiciones y miedos atávicos.

"Todo vale" ¿sí o no?

Pero, como si lo anterior no bastara, tampoco resultó coherente que Mockus presentara una iniciativa de defensa por la vida pero que al mismo tiempo se hubiera mantenido favorable al endurecimiento de la "seguridad democrática"[9]. Con este otro paso en falso olvidó, y olvidó en materia grave, que esa estrategia se apalancó en el "todo vale" que cobró la vida de ciudadanos inocentes mediante ejecuciones extrajudiciales[10]. La estrategia ya ha sido develada en los estrados judiciales donde se demostró cómo sus precarios éxitos han descansado, en buena parte, en que "todo vale".

Mockus, sin embargo, nunca se zafó de ese enredo. Es cierto que apareció ligeramente crítico de los ajusticiamientos de civiles inocentes por parte de militares, y de las interceptaciones del DAS, pero nada más, porque omitió señalar que el "todo vale" de la seguridad democrática había significado que el arrinconamiento de la insurgencia hacia las fronteras nos costó, de una parte, dañar las relaciones diplomáticas regionales y, de la otra, sólo apaciguar más no derrotar a la insurgencia.

Ahora, tampoco denunció que el "todo vale" de la estrategia convirtió en un éxito mediático una acción de rescate teatralizada mediante el uso ilegítimo de emblemas internacionales y del oficio periodístico. Por acción u omisión, también ocultó el error del gobierno que pretendió diseñar una victoria militar contra guerrillas y paramilitares sin reconocer la existencia del conflicto en Colombia, lo que hizo que la estrategia cayera en una crasa petición de principio militar[11].

El "todo vale", también permitió presentar como democrático un proyecto autocrático. Formalmente amparado en el artículo 2 de la Constitución que compromete a "… todas las autoridades del Estado en la guarda de la honra y bienes ciudadanos…", el Poder Ejecutivo pretendió que él sólo era capaz de lograr ese objetivo, por lo que urdió la deformación de sus relaciones con el Poder Legislativo e irrespetó el fuero del Poder Judicial mediante acusaciones, infiltraciones y seguimientos lo que tampoco ha sido denunciado por Mockus ante el electorado[12].

El "todo vale" de la estrategia también hizo aparecer como permanente, insustituible e indiscutible para Colombia la seguridad democrática, ocultando que estas calidades amenazan antes que fortalecen la solidez del Estado. Mockus tampoco denunció ese riesgo político[13]. En suma, agitando la bandera del "no todo vale" pero defendiendo el "todo vale" de la seguridad democrática, Mockus echó a la basura la llave que hubiera podido ayudarle a zafarse de su propia trampa.

Del "todos ponen" al "todo vale"

Sumados todos esos argumentos parece claro que en la primera vuelta Mockus se quedó con un voto que podríamos llamar "puro", o, peor, "desavisado", y perdió el voto del hastío contra el gobierno Uribe que terminó trasladándose a favor de Santos mediante la aplicación del adagio según el cual "más vale malo conocido que bueno por conocer". El costo de este desperdicio fue elevado. El enfrentamiento que se avisaba definitivo y retador entre la opción guerrerista de los Vulcanos devotos de la seguridad autocrática contra los Eros que profesaban devoción a la posibilidad de concitar la civilidad para construir nación, terminó reducido a que, en asuntos de guerra, Santos es fácticamente mejor que Mockus pero que también lo es en los otros temas porque, habrían dicho muchos, resulta mejor votar por un heredero confeso del todo vale que por un vergonzante huyendo del todos ponen[14].

¿De qué sirven los cálculos?

A Mockus lo habría derrotado la confusa urdimbre de preceptos moralistas sacralizados que desdibujaron al prometedor político civilista que conocimos, para bien, en los años 90. El problema puede ser ahora de tal magnitud y la trampa auto inducida hallarse tan celosamente armada, que, inclusive, las mejores alianzas programáticas o ciudadanas, impidan hacerles cosquillas a las mayorías santistas obtenidas de forma incuestionable. Si se tratara ahora, como se suponía comenzando este trimestre, de apuntalar una opción civilista libertaria que se opusiera al continuismo de la seguridad autocrática, habrían "caído de perlas" en esta segunda vuelta los votos producidos por alianzas que elevaran  la opción presidencial de Mockus. Pero el asunto ha adquirido una dimensión que supera el simple cálculo electoral, dado que el estropicio no podría solucionarse sólo mediante algoritmos numéricos cuando la enfermedad demuestra que al paciente le habrían hecho metástasis tumores estructurales que afectarían su perspectiva de lo político en general y de lo conveniente para Colombia en particular.

* Investigador socio político independiente con Maestría en Ciencia Política y Pregrado en Economía.

Notas de pie de página


[1] Mockus, Antanas "Juntos podemos demostrar que sí se puede", carta abierta post-electoral, 31 de mayo de 2010, vía electrónica a través de MasterBase® ST por Partido Verde, www.partidoverde.org.co.

[2] Elster, John. Extracto de una entrevista directa formulada por WRadio en la semana corrida entre mayo 24-29 de 2010.

[3]  Su discurso de aceptación fue reseñado a espacio en UNPeriódico, Bogotá, 1 ero de agosto de 2004.

[4] Mockus, Antanas,  Entrevista concedida a Margarita Vidal, Lecturas Dominicales, El Tiempo, 22 de junio de 2004.

[5] El autor amplió esta reseña y desarrolló una crítica a espacio en su artículo "El moralismo mockusiano", Le monde diplomatique, Edición Colombia, septiembre 2004, Pp 10,11.

[6] Dos notas periodísticas de junio 6, El Editorial y la columna de María Elvira Samper de El Espectador confirman este sesgo sacralizado del antaño político contestatario y civilista (www.elespectador.com, Junio 6 2020)

[7] Congote, Cit., 2004, Pg. 10. En relación con el capital social, hacemos referencia, entre otras, a Thoumi, Francisco "Seguridad, justicia social y legalidad una falsa escogencia", Razón Pública, edición del 31 de mayo de 2010, www.razonpublica.com Ver el siguiente link: http://www.razonpublica.com/index.php?option=com_content&task=view&id=1064&Itemid=159

[8] Esta es la hipótesis fuerte demostrada en la tesis magistral del autor: "Anatomía religiosa de la guerra", Departamento Ciencia Política, Universidad de los Andes, 2004.

[9] En reunión con el presidente Uribe Mockus afirmó sobre ella: "Le pregunté al Presidente si creía que yo le podía cuidar los huevitos (seguridad democrática…)" En: Diario El Tiempo, Bogotá, 3 de junio de 2010, Pg. 1-4.)

[10] Mockus ha insistido en que actuará militarmente inclusive adoptando "… en algunos aspectos (una política) más dura que la del presidente (Álvaro) Uribe…" (Evento en Manizales reseñado en www.eltiempo.com, Mayo 10 2010. Notas entre paréntesis del autor de este artículo).

[11] Uribe, Álvaro, 2002, "Programa de los Cien Puntos". "Punto 26. Colombia sin guerrilla y sin paramilitares. La autoridad legítima del Estado protege a los ciudadanos y disuade a los violentos. Es la garantía de la seguridad ciudadana durante el conflicto y después de alcanzar la paz… Nota 2. Conserve este manifiesto. Si ganamos la Presidencia haga que lo cumplamos". (Fuente: www.presidencia.gov.co).

[12] Uribe, Álvaro, 2002, "Programa de los Cien Puntos" ("Punto 30. El Presidente dirigirá el orden público como corresponde en una sociedad democrática en la cual la fuerza pública respeta a los gobernantes de elección popular…") (Fuente: www.presidencia.gov.co).

[13] Según Nietzsche existe el riesgo de que el Estado como institución destinada a proteger a unos individuos de otros "… si se exagera en ese refinamiento es en aras de (concentrarse en proteger al) individuo debilitado… por lo que el objetivo originario del Estado queda radicalmente aniquilado." (Nietzsche, Friedrich "Humano, demasiado humano", Ed. ME EDITORES SL, España, 1993. Pgs.169, 170. Nota entre paréntesis del autor de este artículo).

[14]  Congote, Bernardo "Aplastó Vulcano", Cartas de nuestros lectores, 1 ero de junio de 2010 www.elespectador.com

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