¿Liquidar a Colciencias?: Ciencia, Tecnología e Innovación en Colombia - Razón Pública
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¿Liquidar a Colciencias?: Ciencia, Tecnología e Innovación en Colombia

Escrito por Julio César Zuluaga
cesar zuluaga razonPublica

cesar zuluaga razonPublicaEn 50 años de vida Colciencias tiene poco que mostrar, pero esto se debe sobre todo a la precariedad o inexistencia de una política pública de CTI. Hay que consolidar la institución, hacerla independiente, y dotarla de herramientas eficaces.

Julio César Zuluaga*

Frustración y sensatez

El pasado 3 de junio El Tiempo publicó una columna de Arturo Argüello titulada “¿Y si liquidan a Colciencias?”. La pregunta no parece tan descabellada: decenas de investigadores y estudiantes de doctorado hemos sufrido el dolor de cabeza de lidiar con una entidad rezagada, esclerótica y raquítica que, paradójicamente, está a cargo de la innovación, la ciencia y la tecnología. Para mencionar solo algunos de los inconvenientes, hemos sufrido la odisea de actualizar nuestras hojas de vida (los “CvLacs”), hemos criticado la clasificación de las revistas académicas y de los grupos de investigación, y hemos padecido las muchas horas frente al computador intentando subir los documentos para aplicar a las convocatorias. Más recientemente, la ambigüedad respecto de la convocatoria para financiar estudios doctorales de este año — “que no sale”, “que se nos olvidó”, “que ya es menos plata que el año pasado” — llevó a un nivel muy alto nuestra insatisfacción con el funcionamiento de Colciencias.

Pero decir que “si Colciencias no se reinventa, no se redefine y empieza a mostrar agilidad y resultados prontamente, será mejor que la liquiden y que empecemos a construir de cero”, resulta un exabrupto que poco o nada ayuda a la discusión y a mejorar el diseño de las instituciones de ciencia de Colombia.

Afirmar que “sin duda alguna es mejor borrón y cuenta nueva…” es simplemente equivocado en el caso de Colciencias. Paso a explicar por qué.

Un llamado como ese no hace más que erosionar la confianza que merece Colciencias porque trabaja a pesar de sus instalaciones viejas e inadecuadas, de contar con una planta de personal reducida y burocratizada, y de disponer de un presupuesto insuficiente, casi ridículo frente a su misión.

Afirmar que “sin duda alguna es mejor borrón y cuenta nueva…” es simplemente equivocado en el caso de Colciencias. Paso a explicar por qué.

Dos errores comunes

 

Julio Zuluaga Ayuda Colciencias Investigadora agricultura laboratorioFoto: CIAT   

En materia de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) en Colombia, deben evitarse dos errores:

· No evaluar cómo va la política y pretender que todo marcha bien, como parece hacer  el actual director de Colciencias frente a los reclamos.

· Evaluar a la ligera y no aprender lo que debemos aprender de la experiencia acumulada en el diseño de las instituciones de fomento de la ciencia y la innovación.

Estos dos errores se cometen cuando se adopta una visión estrecha de la política de CTI, que a su vez resulta de una concepción de la política pública forjada por la teoría neoclásica: la creencia errónea de que aquella existe para corregir “fallas de mercado” y que es ejecutada por  agentes racionales que no aprenden y que cuentan con toda la información para tomar sus decisiones. Por eso es necesario explicar brevemente qué se entiende por políticas de CTI desde la perspectiva del “policy learning”.

Los países en desarrollo — e inclusive los desarrollados — siguen aprendiendo. Lo único claro es que los gobiernos tienen un papel clave en la formación de un sistema nacional de innovación. 

Aprendizaje e incertidumbre

La política pública es un curso de acción que una autoridad escoge para afrontar un problema. Esta política se plasma en un conjunto de leyes, reglamentos, decisiones, planes, programas, proyectos, herramientas, incentivos y acciones.

Las políticas públicas — como las organizaciones y las instituciones — en realidad no son óptimas ni tienden hacia el óptimo o hacia el equilibrio. Por el contrario, pueden tener largos períodos de inercia y funcionar bajo normas poco eficientes. Muchas políticas de CTI — como la colombiana — han quedado atrapadas en situaciones de baja eficiencia y de baja capacidad para lograr sus objetivos.  

Por eso la política debe evaluarse también en términos del potencial de aprendizaje y de innovación en los sectores público y privado, de su capacidad de mejorar las prácticas e introducir nuevas rutinas en las organizaciones públicas y privadas.

En otras palabras, la formulación de política es un proceso donde los agentes experimentan, por ensayo y error, procesos interactivos de aprendizaje y de cambio. Dado que las economías son sistemas sociales que contienen diferentes tipos de organizaciones y de instituciones, el desempeño de la política de CTI resulta difícil de predecir, de evaluar y de corregir.

La política de CTI es promovida por agentes racionales limitados. Esta racionalidad limitada — conocimiento y capacidad de cálculo limitado, en la tradición de Herbert Simon y de Daniel Kahneman  — explica la existencia de una gran variedad de estrategias en la elaboración de políticas de CTI por parte de gobiernos diferentes.  

Esto también ayuda a entender por qué existen las instituciones y las organizaciones especializadas en CTI: son básicamente dispositivos para reducir la incertidumbre frente al cambio científico–tecnológico.

La racionalidad limitada también explica por qué el aprendizaje es fundamental en la formulación de la política de CTI.

En ninguno de los dos modelos de desarrollo que ha tenido Colombia — el de sustitución de importaciones y el neoliberal de apertura económica — el fomento a la ciencia y a la innovación ha sido una preocupación real o una variable importante.

El papel del Estado

El avance de la ciencia y de la innovación no resulta automáticamente del mercado ni de políticas de gobiernos omniscientes.  Por eso es importante comprender los mecanismos específicos que han operado en otros países para romper la dinámica viciosa del bajo desarrollo tecnológico.

Son relativamente recientes las instituciones diseñadas para impulsar el avance de la ciencia y de la tecnología y para fomentar la innovación — diferentes además de las instituciones encargadas de la política industrial —: sus primeros elementos aparecieron en el siglo XIX, con la inversión pública en la investigación universitaria en Alemania y los laboratorios de investigación agrícola en Estados Unidos.

La legislación sobre patentes es precursora de las políticas de CTI actual. Por eso, hoy en día el mundo se da un debate intenso sobre qué tipo de instituciones — y cómo construirlas — fomentan de veras la innovación. El debate sobre patentes es solo un tema más entre muchos.

Los países en desarrollo — e inclusive los desarrollados — siguen aprendiendo. Lo único claro es que los gobiernos tienen un papel clave en la formación de un sistema nacional de innovación: sólo los gobiernos pueden definir las reglas de juego entre las organizaciones que lo integran, tienen los recursos suficientes para crear las organizaciones necesarias y pueden orientar la totalidad o parte del sistema hacia la creación de sectores innovadores.

La Dirección de Colciencias no debería ser de libre nombramiento y remoción presidencial ni constituir una cuota partidista.

¿Ciencia por un lado, innovación por otro?

 

10.2 Julio Zuluaga Ayuda Colciencias Laboratorios UCooperativa estudiantesFoto: Universidad Cooperativa de Colombia 

La ineficiencia de las instituciones de fomento a la ciencia y a la innovación en Colombia no es un problema de Colciencias: es un problema estructural del Estado colombiano, estrechamente relacionado con los modelos de desarrollo bajo los cuales se ha diseñado la política de ciencia e innovación del país.

En ninguno de los dos modelos de desarrollo que ha tenido Colombia — el de sustitución de importaciones y el neoliberal de apertura económica — el fomento a la ciencia y a la innovación ha sido una preocupación real o una variable importante: parafraseando a un exdirector de Colciencias, la ciencia ha sido la cenicienta del Estado colombiano.

La política errática de gobiernos anteriores y del actual ha minado y restringido los avances durante los 50 años de existencia de Colciencias. Un ejemplo reciente es la creación de INNpulsa Colombia, la nueva agencia estatal encargada de impulsar el emprendimiento y  la innovación.

Con los recursos destinados a esta institución, ¿por qué no se fortaleció más bien a Colciencias? ¿Por qué no se amplió su campo de trabajo hacia la innovación y el emprendimiento — temas estrechamente relacionados — y se reestructuró de veras como la agencia nacional encargada de la política de CTI, ya que se había mejorado su status al convertirlo en Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación?

Los casos internacionales más exitosos en el diseño y la puesta en marcha de un sistema nacional de innovación han demostrado que se requiere una agencia central encargada de la formulación de toda la política pública, teniendo en cuenta las especifidades regionales y sectoriales.

Pero como los políticos en general están más interesados en los votos del siguiente periodo electoral, la creación de una rimbombante institución en materia de innovación y de emprendimiento podría tener más rédito político que fortalecer el campo científico y tecnológico: vender recetas se ha convertido también en una especie de “emprendimiento”, plagado de “start ups” y de “spin offs”.

Mejor consolidar a Colciencias

En Colciencias no todo está mal, aunque me sienta tentado a decir que las cosas van “más mal que bien”.  Por eso, para terminar me permito hacer algunas sugerencias que podrían ayudar a consolidar a Colciencias y a elevar a esta entidad a la medida de las enormes demandas del desarrollo científico y tecnológico del país:

· La Dirección de Colciencias no debería ser de libre nombramiento y remoción presidencial ni constituir una cuota partidista. Debe ocuparla alguien independiente, con experiencia gerencial, pero sobre todo con conocimiento profundo — ojalá una formación de nivel  doctoral —  en el diseño, la formulación y la gestión de la política de CTI a nivel internacional. 

Encontrar este perfil en un solo hombre o mujer resulta difícil, sí, pero el país se lo merece y lo necesita.  ¿O acaso no existen muchos doctorados en política de CTI?  Por ejemplo, uno excelente es el de la Universidad de Sussex (Gran Bretaña) donde — bajo la orientación de Christopher Freeman — se impulsó el campo de la economía de la innovación y de los sistemas nacionales de innovación. 

· Necesitamos formar una tecnocracia profesional y meritocrática en todas las áreas relacionadas con la política de CTI, que no esté sujeta a cambios de ministros ni a caprichos del gobierno de turno: es preciso dar una oportunidad al aprendizaje organizacional de los funcionarios públicos y diseñar los incentivos necesarios para que den lo mejor de sus capacidades. 

· Esto enmarcado en que el Estado colombiano debe comprometerse y garantizar una inversión mínima del 1% del PIB (al 2012 era del 0.4%) para actividades de investigación científica y tecnológica (como ya lo comenzó aplicar México) y la creación de una ley de ciencia y tecnología con objetivos estratégicos, hoy inexistente (en un horizonte de largo plazo, superior a los planes de desarrollo de 4 años de los periodos de gobierno).    

El complejo manejo de las regalías regionales para ciencia, tecnología e innovación ha puesto en evidencia las carencias estatales en esta materia.

* Historiador de la Universidad del Valle, estudiante de doctorado en Administración de la Universidad de los Andes e investigador visitante en el Jackstädt Center for Entrepreneurship and Innovation Research, University of Wuppertal (Alemania), ha sido profesor en las universidades Javeriana, Tadeo Lozano, de los Andes y el Colegio de Estudios Superiores en Administración (CESA). juliocesarzuluaga83@yahoo.com

twitter1-1@JulioZuluaga83

 

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