Inicio TemasConflicto, Drogas y Paz ¿En qué va y para dónde va la guerra interna de Colombia?

¿En qué va y para dónde va la guerra interna de Colombia?

Escrito por Carlos Medina

Carlos Medina GAunque el escenario del conflicto armado cambió bajo el gobierno Uribe, los resultados en realidad fueron mediocres. La salida que queda es la política.

Carlos Medina Gallego*

Política y programa

Cuando la seguridad y la defensa de una nación se definen como Política de Estado, a la que se le buscan propósitos y metas, estrategias y tácticas operativas y planes y programas institucionales, debe seguir adelante en el cumplimiento de sus postulados generales sin que importe cuál sea el gobernante de turno.

Pero no ocurre lo mismo cuando la seguridad y la defensa están atadas a las iniciativas de un gobierno. En tal caso cada gobernante buscará responder desde su propia concepción y desde sus prioridades a los retos y amenazas que puedan tener el Estado y la sociedad.

El talón de Aquiles

La política de seguridad democrática fue iniciativa del gobierno del presidente Uribe, quien le apostó a enfrentar de manera directa el conflicto armado. De esa manera se caracterizó a través de la definición del mismo como amenaza narcoterrorista. Ese señalamiento desconoce las raíces históricas y las causas estructurales del mismo.

Todo el esfuerzo de Uribe durante sus ocho años de gobierno se centró en fortalecer a las Fuerzas Armadas y en derrotar militarmente a las FARC-EP. En efecto, la institución militar salió fortalecida, pero hoy tiene grandes necesidades presupuestales para mantener su efectividad y dar cumplimiento a sus obligaciones salariales, de prestaciones y de seguridad social de cada uno de sus integrantes.

El problema presupuestal es el talón de Aquiles de la política de seguridad democrática.

Se avanza pero…

No obstante los avances que se obtuvieron durante el gobierno anterior y las exitosas operaciones que se realizaron, el conflicto sigue vivo, la guerra continúa y, no se ve un interés real por encontrar un escenario para la solución política negociada, a pesar de la voluntad manifiesta de todos los actores al respecto.

Lo que sí está claro es que el escenario de guerra se transformó, la correlación de fuerzas varió y hoy son las Fuerzas Armadas las que llevan la iniciativa a través de una nueva estrategia de confrontación que les ha resultado exitosa: inteligencia (técnica y humana) en tierra, y combate en el aire (bombardeos y desembarcos operacionales).

Todo ello unido a la coordinación institucional y operativa de las distintas fuerzas bajo un solo mando y a los apoyos de Estados Unidos en materia de acompañamiento y asesoría militar, les permitió avanzar hacia unos mejores resultados.

Pero la victoria militar definitiva es esquiva y seguramente tendremos guerra para muchos años más.

FARC, nueva estrategia

Las FARC-EP han sido el blanco del conjunto de acciones de la política de seguridad democrática y de sus planes operativos. Sin duda sufrieron duros golpes que disminuyeron considerablemente su capacidad de combate y diezmaron parte importante de sus fuerzas, en un adelgazamiento forzado de su cuerpo de tropa después de la obesidad con la que salieron de los diálogos del Caguán.

Bajas, capturas y deserciones las han obligado a replantear su estrategia de guerra. Entre otras reformulaciones pueden mencionarse algunas de importancia:

  • Recogerse en el territorio
  • Ajustar sus medidas de seguridad internas y externas
  • Especializar sus efectivos
  • Darles prioridad a las armas y acciones de combate
  • Hacer invisibles sus unidades guerrilleras
  • Revisar su concepción de zonas de retaguardia estratégica
  • Reconstruir sus relaciones con la población.

Salvo la Costa y Cundinamarca

  • Pero es evidente que las FARC están lejos de la derrota. Aún controlan partes importantes del territorio:
  • En el suroriente del país (departamentos de Nariño, Cauca y Valle del Cauca), la intensidad del conflicto parece no haber cedido;
  • En los departamentos de Tolima, Huila, Caquetá y Putumayo, sede del Estado Mayor del Bloque Oriental, EMBO;
  • En el nororiente del país en Arauca, Norte de Santander y Santander;
  • En el Magdalena Medio, Sur de Bolívar y el bajo Cauca Antioqueño;
  • Tienen presencia en Meta, Casanare y Antioquia…

Es decir, con excepción de la costa norte y de Cundinamarca, donde fueron reducidos significativamente, actúan en gran parte del país con diferentes niveles de capacidad de confrontación y organización.

Se estima que actualmente las FARC pueden tener entre nueve y doce mil hombres en armas. Pero lo que resulta más sorprendente es que la organización entiende los golpes como parte de la rutina de confrontación, y sin bien los inquieta, no se preocupan ante ellos con la idea de que “vendrán mejores tiempos”.

Con el ELN, estrategia inédita

El ELN por su parte es una organización que desarrolla una modalidad de guerra centrada en la política. Su fortaleza no está en la relación hombres/ armas, ni en el conjunto de acciones militares que realiza, sino en lo social y en lo organizativo. Eso tiene otras connotaciones, construye otras legitimidades, donde la debilidad o derrota están determinadas por otras variables y, obliga a una estrategia de guerra que aún no ha sido diseñada por el Estado y que se inscribe en un modelo de recuperación social y política del territorio.

Mientras las FARC afrontaron la ofensiva institucional, el ELN recibió todo el peso de la acción paramilitar y no precisamente en sus unidades de combate.

Los muertos que vos matáis…

Las estructuras del ELN no han recibido grandes golpes. Al igual que las FARC han tenido bajas, capturas y deserciones… pero se sostienen en zonas de operaciones tradicionales, como Arauca, Norte de Santander, Santander, Boyacá, Casanare, algunas regiones de la costa, Antioquia, Risaralda, Chocó, y en el suroccidente del país en los departamentos de Nariño, Cauca y Valle del Cauca.

La organización puede tener en todo el país entre 3.500 y 6.000 hombres en armas. La idea es que la lucha armada es el camino que debe seguir el país para resolver de manera definitiva sus conflictos.

Lo que no ha muerto no puede resurgir

Lo que algunos analistas llaman BACRIM (Bandas Criminales) y otros más innovadores conocen como neo-paramilitarismo se ha venido fortaleciendo en torno a 18 “razones sociales” (Rastrojos, Águilas Negras, Urabeños, Paisas…) que actúan en distintas regiones del territorio, principalmente en las zonas de frontera, de cultivo de hoja de coca y de producción de cocaína, de extracción minera y presencia de transnacionales, en las grandes y medianas ciudades…, articuladas a todo tipo de práctica criminal y de economía ilegal.

Este proceso no constituye un resurgir del paramilitarismo, que como fenómeno nunca dejó de existir, sino de la violencia articulada a ese tipo de organizaciones, generada por el reactivamiento de bandas criminales en muchos casos en connivencia con las autoridades.

La última oportunidad

En desarrollo de la enrarecida y degradada guerra que padece el país, la atención debe volcarse ahora hacia la espiral de violencia que ha comenzado a crecer en el interior de las ciudades.

En definitiva, a comienzos del gobierno del presidente Santos la situación no es sencilla. La guerra no está como él mismo lo señaló cuando era ministro de Defensa en el fin del fin y en el umbral de la victoria. Todavía queda mucho camino por recorrer.

Se necesita que la sociedad de un país castigado con una guerra interminable crezca y madure si quiere encontrar la única posibilidad que tiene de alcanzar la victoria colectiva y de ponerle fin de manera permanente al conflicto.

Esa posibilidad es la de hacer lo que hacen todos países civilizados con sus conflictos armados cuando se vuelven insostenibles: devolver la guerra al escenario de la política y encontrar en ella la solución política negociada.

* Licenciado en Ciencias Sociales, Magister en Historia y Doctor en Historia de la Universidad Nacional de Colombia. Miembro del grupo de Investigación en Seguridad y Defensa de la Universidad Nacional especializado en conflicto armado. Profesor Asociado adscrito a la Facultad de Derechos y Ciencias Políticas y Sociales.

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