¿En qué quedaron los partidos políticos? - Razón Pública
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¿En qué quedaron los partidos políticos?

Escrito por Miguel García
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Miguel_Garcia_RazonPublicaExplicación convincente y novedosa de por qué los partidos han perdido importancia en Colombia y de por qué la opinión da bandazos.

Miguel García Sánchez

Los ciudadanos deberían contar

Durante las últimas semanas los medios de comunicación han registrado la ocurrencia de interesantes movimientos en el panorama partidista: el Polo Democrático Alternativo (PDA) termina de desarticularse, el liberalismo parece gozar de una lenta recuperación, se anuncian movimientos en la U y en Cambio Radical, y la derecha más recalcitrante intenta organizarse en torno al mal llamado “Puro Centro Democrático”.

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En 1973, el 82 por ciento de los colombianos se identificaba con algún partido político.  En 2010, apenas el 37 por ciento declaró tener una identidad partidista.
Foto: colombia.com

Sobre esas movidas partidistas se ha dicho, por ejemplo, (a) que las opciones electorales de la izquierda se verán seriamente afectadas, (b) que el gobierno Santos enfrentará un panorama complicado en el Congreso ante el debilitamiento de la Unidad Nacional, o (c) que la inestabilidad de los partidos afecta directamente la calidad de la representación política.

En cambio brillan por ausencia los análisis sobre el posible impacto de esas movidas sobre las opiniones y el comportamiento de los ciudadanos. En otras palabras ¿qué pasa del lado de la ciudadanía cuando los partidos políticos son tan volátiles como los colombianos?

Cada vez más lejos

Producto de la recurrente aparición y desaparición de movimientos y partidos, algo que viene ocurriendo desde hace décadas es simplemente que los ciudadanos se han ido alejando de las colectividades políticas:

  • En 1973, el 82 por ciento de los colombianos se identificaba con algún partido político.
  • En 2010, apenas el 37 por ciento declaró tener una identidad partidista.
  • Además, la minoría que se declara simpatizante de alguna colectividad no posee una identidad política estable.

Tal vez Bogotá constituye uno de los casos más dramáticos para ilustrar el último fenómeno. Según datos de una encuesta tipo panel conducida por el Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes, del total de bogotanos que dijeron tener una afiliación política, el 51 por ciento cambió de partido durante las cinco semanas anteriores a las elecciones locales de 2011.

Miguel_Garcia_partidos_identidadSi en otras latitudes la identidad partidista es la pista que usan los ciudadanos para guiar sus decisiones electorales, en nuestro caso la clave se reduce a la personalidad y el carisma de los líderes.
Foto: Presidencia

En síntesis, dada la ambigüedad, inestabilidad y carencia de contenido de los partidos políticos, los ciudadanos ya no se toman el trabajo de identificarse con ellos. Así, los movimientos recientes de los partidos políticos sólo contribuyen a alejar aún más a los ciudadanos de estas organizaciones.

 

Moldeando la opinión

Ahora bien, el debilitamiento e inestabilidad de las identidades partidistas tiene efectos reales sobre las opiniones y la conducta. Si en otras latitudes la identidad partidista es la pista que usan los ciudadanos para guiar sus decisiones electorales, en nuestro caso la clave se reduce a la personalidad y el carisma de los líderes. Así, ante la desaparición de un electorado partidista, los políticos saben que su supervivencia depende del efectismo político, de mantener entretenido al público.

De la mano del alejamiento ciudadano se produce otro fenómeno bastante interesante: la inestabilidad y maleabilidad de la opinión pública.

Cuando los partidos son fuertes y cuentan con un electorado relativamente estable, es poco probable que la opinión pública sufra cambios muy dramáticos. Si existe un electorado relativamente fiel a unos partidos, los políticos se ven obligados a seguir los mandatos del electorado y a mantenerse fieles a los partidos.

En nuestro caso sucede todo lo contrario: los ciudadanos siguen los mandatos de sus líderes, de tal forma que los partidos importan muy poco.

Un claro ejemplo de la maleabilidad de la opinión pública es la desderechización de los colombianos tras el cambio de gobierno que tuvo lugar en 2010. Según datos del LAPOP, en 2011 los colombianos se declararon menos derechistas de lo que se habían declarado hasta 2010. La siguiente gráfica ilustra ese movimiento.

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Lo interesante de este movimiento es que tuvo lugar justamente después de que Uribe dejó la presidencia. Al oído de los colombianos empezó a hablar otro líder y consecuentemente la opinión sufrió un cambio.

Así pues, los movimientos recientes de los partidos colombianos se dan en un contexto donde los políticos saben que sus maniobras les costarán muy poco en términos del apoyo ciudadano.

Los colombianos hemos terminado por seguir a nuestros políticos a donde ellos quieran llevarnos y, lo más dramático, han terminado por moldear nuestra opinión.

Ph.D. en Ciencia Política de la Universidad de Pittsburgh, magister en Estudios Políticos del IEPRI de la Universidad Nacional y profesor de la Universidad de los Andes.

 

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