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¿En el G-20 comenzó el futuro?

Escrito por Diego Cardona

diego cardonaUn nuevo lenguaje comienza a percibirse en el debate económico internacional. En la cumbre del G-20 se abrió paso la idea de que la salida de la crisis implica una política de activación de la demanda.

Diego Cardona Cardona*

Origen y desarrollo

El 26 y 27 de junio tuvo lugar en Toronto, Canadá, la Cuarta Cumbre del G-20. Es esta la más importante Reunión Cumbre en lo que va corrido del año. Los miembros del grupo son los países más industrializados del mundo y algunas de las potencias medias del planeta.

La distribución geográfica es amplia, lo cual le da aún mayor fuerza. En efecto, pertenecen al G-20 los tres países de América del Norte (Estados Unidos, Canadá y México); cinco actores europeos (Unión Europea como tal, Alemania, Reino Unido, Francia e Italia); una potencia euroasiática (Rusia); siete países del Asia (China, Japón, India, Corea, Turquía, Arabia Saudita, Indonesia); dos suramericanos (Brasil y Argentina); uno de Oceanía (Australia); y un africano (Sudáfrica). Así se trate de temas económicos o políticos, la importancia del foro no puede ser soslayada en el mundo contemporáneo.

El G-20 se creó hace sólo una década, en 1999, como una manera de afrontar los efectos negativos de la crisis económica que se desató en Asia sudoriental en 1997, pero que terminó afectando al resto del mundo, por lo menos hasta 2002. Al comienzo se concibió como un foro de ministros de Economía, y de gobernadores de los Bancos Centrales. Sin embargo, desde 2008 ha comenzado a efectuar reuniones Cumbres, es decir de Jefes de Estado y de Gobierno.

Sobre su organización, sería necesario decir que no se da en él la democracia amplia, aunque imperfecta, de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Y que, aunque es cierto que sólo aglutina a representantes de los Estados con exclusión de otros actores internacionales, tiene una gran capacidad de decisión.

Tres asuntos de interés

En relación con el G-20 se deben tener en cuenta tres asuntos de interés:

  1. La importancia del Grupo. La da, en primer término, el hecho de que represente cerca del 75 por ciento del peso económico mundial. Inicialmente se trató de un foro deliberante, pero ha ido evolucionando hacia acuerdos programáticos de importancia. Su énfasis ha sido económico y financiero. Hoy es el foro más importante para el análisis de la crisis global y de los mecanismos internacionales que garanticen una salida de la misma. Es tal el peso del grupo que en sus reuniones participan, como invitados, las cabezas visibles de la ONU, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, y la Organización Mundial del Comercio.
  2. La orientación temática del Grupo. ¿Se trata de un organismo económico o político? Es ingenuo pensar que los Jefes de Estado de los países más importantes del mundo puedan reunirse para hablar sólo de temas financieros o económicos. Por eso es inevitable que los referentes políticos aparezcan en las actuales y futuras reuniones. Parecería que por la vía del G-20 se quisieran concentrar algunas de las discusiones sobre el mundo del futuro, con el fin de hacerlas más operativas y efectivas.
  3. La asimetría del Grupo. Entre países desarrollados y países en desarrollo existe una notable asimetría, que se expresa también en el proceso negociador internacional. En la medida de lo posible, las Cumbres del grupo, son precedidas por reuniones del G-8 (Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Canadá, Rusia). Es cierto que la falencia del G-8 es la ausencia de China, pero pese a ello, su capacidad de concertación e influencia dentro o fuera del G-20 es enorme. Esas reuniones previas de los más desarrollados implican debates y consensos, en lo económico y lo político. Desafortunadamente, no existe por parte de los países en desarrollo un mecanismo semejante de concertación previa que permita la concertación eficaz y cierto equilibrio en el gran foro de los 20. En efecto, el llamado G-24, grupo multilateral previsto para trabajar los temas financieros y económicos generales por parte de los países en desarrollo (,en el cual hay 7 países latinoamericanos, Brasil, México, Argentina, Colombia, Venezuela, Perú, Guatemala), se ha limitado a reuniones técnicas -ministeriales y de otros funcionarios-, sin el peso político que sería necesario para jugar como actor importante en el escenario mundial. El otro Foro posible, el llamado "G-77+China", se limita a algunas actuaciones puntuales en Naciones Unidas, Nueva York, pero no funciona en otros espacios internacionales.

Antes de Toronto

Ahora bien, para precisar cuáles fueron los resultados que se lograron en la Cumbre de Toronto, sería necesario examinar los antecedentes y el marco general de la reunión.

En el año 2008 se inició la grave crisis económica de Estados Unidos, seguida de dificultades en Europa, y de repercusiones variables, aunque siempre negativas, en el resto del mundo. Fue así como, por iniciativa europea, en noviembre de ese año se efectuó la Cumbre de Washington, la cual logró resultados importantes, entre ellos la decisión de que los países tratarían de evitar el proteccionismo nacionalista; también se insistió en que cada país pondría en marcha las medidas que considerara necesarias para paliar la crisis, y se efectuarían reuniones de seguimiento e impulso de las decisiones allí tomadas.

La Cumbre de Washington fue consciente de que la crisis que se enfrentaba en ese momento era la más fuerte que había sufrido el mundo desde 1929, y la que había producido la mayor declinación del comercio desde entonces. Un año más tarde, en Pittsburgh, y dada la dimensión que había tomado el problema, se decidió incorporar en los consensos a los más importantes países en desarrollo, y se comenzó a desplazar el debate económico del G-8 al G-20. En Pittsburgh se demostró que existía el ánimo de propiciar un marco general para el crecimiento balanceado y sostenible.

La crisis, tema central

La Cumbre de Toronto se preocupó por la forma como se debería afrontar la crisis económica global. Los jefes de Estado y de Gobierno insistieron en que la recuperación es aún frágil, por lo cual se requiere un trabajo arduo que no disminuya los actuales estímulos. En especial resaltaron que se deben crear las condiciones para una demanda robusta. Los estímulos pueden tener, como es obvio, un componente neo-keynesiano.

A ello añadieron consideraciones sobre las líneas de acción que deben darse en los próximos meses:

  • En la parte financiera y empresarial, la necesidad de una reforma y fortalecimiento de los sistemas financieros, y la búsqueda de un crecimiento que tienda a ser sostenible y balanceado.
  • En cuanto al ámbito geográfico de crecimiento, se reconoce que sólo puede ser global, no sólo de unos pocos países, lo cual tiene importancia indudable para los análisis que se puedan efectuar desde el mundo en desarrollo sobre el sector industrial y financiero;
  • Se fijaron además, varias tareas importantes:
    • Propiciar el incremento del ahorro nacional;
    • Mantener las economías abiertas;
    • Ampliar la competitividad exportadora;
    • Reconocer que en los próximos años el crecimiento sostenible (nótese que se habla de "crecimiento" y no de "desarrollo") se debe basar más en las fuentes domésticas que en la demanda externa.

    En el componente laboral se insistió en la necesidad de crear y aumentar una oferta de trabajo de calidad, reafirmando también la importancia de tres tareas fundamentales:

    • Profundizar las estrategias acordadas por la Organización Internacional del Trabajo con la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo, OCDE;
    • Recoger las conclusiones de la reunión de Ministros de Trabajo en abril de 2010;
    • Tener como propósito básico el "crecimiento del trabajo y la protección social de los trabajadores".

    El gran reto

    El desafío más importante que surgió de la Cumbre gira en torno al hecho de que los países no pudieron ponerse de acuerdo en la creación de un fondo de estabilización, financiado con las tasas a las transacciones financieras, tal como lo solicitaban Estados Unidos y algunos de los países europeos, en especial Francia. Tampoco se lograron acuerdos concretos sobre cuáles serían las regulaciones apropiadas frente al sector financiero, y qué intensidad tendrían algunas medidas eventuales. Pero parece que se dio un acuerdo para reducir el déficit fiscal a la mitad en cada país hasta el 2013, y de reducir la deuda en relación con el PIB.

    Es cierto que dichas reducciones no se dan en números absolutos sino proporcionales. Pero ello implica que existen tres alternativas: o se reducen los gastos, o se paga la deuda, o se incrementa el PIB. Una reducción en abstracto del gasto fiscal, provocaría complejos problemas sociales en Estados Unidos, Europa, Japón y en los países de mayor desarrollo relativo del mundo no industrializado, y tendría un impacto desastroso en los países de menores ingresos. El pago de buena parte de la deuda sólo sería posible con un enorme incremento de los ingresos y de las reservas nacionales, lo cual no procede en tiempos de crisis.

    Los miembros del G-20 aspiran, al parecer, a un aumento de la producción, el comercio y el consumo, con lo cual se produciría un incremento importante del PIB. Tomando como datos de referencia los de 2009, ese propósito podría ser posible en algunos casos, pero de cualquier manera no estaría garantizada para todas las economías. La realidad en 2013 podría ser diferencial, según los países que se analicen. Por otra parte, dada la crisis, el costo social podría ser también diferencial por estratos socio-económicos, con lo cual un incremento del PIB no necesariamente se expresaría en un mejor reparto interno.

    Urgencia de las metas sociales

    Por lo anterior, y teniendo en mente la reactivación de la demanda, la reunión de Toronto insistió en que debe otorgarse la mayor importancia a algunos de los temas sociales y sus relacionados, entre los cuales se citan:

    • Lograr las Metas del Milenio de las Naciones Unidas para el 2015. El problema, como se ha dicho, es que si, en tiempos de prosperidad mundial un avance en esa dirección sería lento, en tiempos de crisis será todavía más complejo y requerirá que cada país tome medidas especiales. No se trata de que los recursos mundiales lo impidan: se trata de que se afinen las políticas para tomar en consideración metas que representan parte de los más nobles ideales de la dignidad humana.
    • Tener consideración especial con los llamados "Países Menos Adelantados". Es este el Grupo de una veintena de países ubicados en la escala de los índices más bajos de desarrollo. La mayor parte se encuentra en África, y solo Haití forma parte del mismo en el continente americano. Este ítem requeriría un impulso a la cooperación para el desarrollo. El problema, en tiempos de crisis, es que la presión interna en cada país desarrollado o mediano, será la de atender a sus propios ciudadanos, y desviar hacia "adentro" recursos que en otras condiciones hubieran podido fluir "hacia afuera".
    • Mayor responsabilidad en las explotaciones petroleras, y atención a los proyectos energéticos. El incidente del Golfo de México ha tenido un gran impacto en la conciencia ambiental de Estados Unidos, lo cual puede producir algunos cambios, si bien muy puntuales y no estratégicos, en la política energética del futuro próximo.
    • Importancia del desarrollo mediante crecimiento de la demanda. Se decidió establecer un "Grupo de Trabajo sobre el Desarrollo" con tareas concretas, tales como la promoción del desarrollo económico, una agenda del desarrollo, y planes de acción multi-anuales. Este tema es de la mayor importancia porque implica el primer reconocimiento global de que la salida de la crisis, si se quiere que sea sostenible, requiere no sólo algún grado de regulación, sino una política de activación de la demanda. En ese sentido, es un reconocimiento formal a las limitaciones del neoliberalismo de los noventa, y a la necesidad de poner en marcha medidas cercanas al neo-keynesianismo. El grupo de trabajo no significa que se regrese al Estado benefactor. Se trata más bien, en la visión del G-20, de una especie de promoción neo-keynesiana de las iniciativas individuales.

    ¿Vino viejo? ¿Vino nuevo?

    La Cumbre ha traído, en consecuencia, tanto elementos nuevos como tradicionales.

    Entre los primeros:

    • Presencia de los temas sociales por la vía de la necesaria activación de la demanda.
    • Urgencia de un marco regulatorio sólido, con medidas que garanticen su cumplimiento y la búsqueda de niveles mínimos de transparencia.
    • Necesidad de supervisión efectiva del mundo financiero (aunque no se especifica el cómo ni el quién).
    • Necesidad de trabajar en la búsqueda de soluciones de mediano y largo plazo por la vía de las instituciones sistémicas (ruptura interesante con la vieja idea de que el mercado se regulaba por sí solo).
    • Llamado a la cancelación de la deuda de Haití, comenzando por la del FMI, y a lograr provisiones para la reconstrucción del país. Este aparte (Haití es el único caso citado en la Declaración Final), no deja de señalar un camino para acciones futuras.

    En cuanto a los temas tradicionales:

    • Se reforzó la importancia del FMI, el cual, según la Declaración de Toronto, tendría hoy una fuerte legitimidad, credibilidad y efectividad.
    • Las iniciativas sobre seguridad alimentaria se limitan al impulso de la innovación en el sector privado.
    • Se otorga importancia a continuar las negociaciones de la Ronda Doha, y a tratar el tema en la próxima reunión del G-20 en Seúl, si bien nada se dice sobre los subsidios a la producción en el mundo desarrollado.
    • Se insistió en que "la corrupción afecta la integridad de los mercados, la competencia leal, distorsiona la localización de los recursos, destruye la confianza pública y mina el rol de la ley". La Declaración hace un llamado a que todos los miembros del G-20 ratifiquen la Convención Mundial de las Naciones Unidas contra la corrupción.

    Francia, México… ¿y Colombia?

    Será necesario estar atentos a los desarrollos de la Cumbre de Seúl el próximo noviembre. El G-20 será dirigido por Francia en el 2011, y por México en el 2012. No olvidemos que un ExCanciller mexicano ya preside la OCDE. Para Colombia quedarían tres caminos posibles: Uno, el autista, que consistiría en dejar pasar el proceso y estos temas, como si no tuvieran nada que ver con el país. Otro, el umbilical, considerando que el G-20 y la OCDE son un asunto de los países poderosos y por ende van sistemáticamente en contra nuestra. Y finalmente, lo que debería ser lógico, el camino de la inserción activa, tratando de participar conscientemente en estos procesos globales. Colombia tendrá que desarrollar las gestiones diplomáticas de rigor, con el fin de incorporarse gradualmente a la OCDE, y hacerse invitar a las reuniones futuras del G-20, tal como sucedió con la de Toronto. Para cualquier país en desarrollo, las posibilidades diplomáticas de presencia y de "lobby" son formidables. Pero también lo son las oportunidades de pensar en una inserción más activa  y eficaz, que no puede negar ni al vecindario, ni al mundo en general.

    Glosario

    • G-8: Compuesto por los siete países más industrializados del mundo, más Rusia. Ausente, China.
    • G-20: El G-8, más buena parte de las llamadas potencias medianas, y la Unión Europea como tal. Por distribución geográfica:

    – Países americanos: Estados Unidos, Canadá, México, Brasil, Argentina.

    – Europeos: Rusia, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Unión Europea como tal.

    – Asiáticos: China, Japón, India, Corea, Indonesia, Arabia Saudita, Turquía.

    – Africanos: Sudáfrica.

    – De Oceanía: Australia

    • G-24: Agrupación de países en desarrollo, dedicada a temas financieros:

    – Países americanos: Brasil, México, Argentina, Colombia, Venezuela, Perú, Guatemala, Trinidad-Tobago

    – Asiáticos: China, India, Pakistán, Filipinas, Sri Lanka

    – Del Medio Oriente: Egipto, Irán, Argelia, Siria, Líbano

    – Africanos: Sudáfrica, Nigeria, Costa de Marfil, Ghana, Congo, Gabón, Etiopía

    • Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCDE): Agrupa a 31 países, entre ellos quince de los más desarrollados del mundo. De América Latina sólo están México y Chile. El ingreso a la OCDE constituye una de las prioridades de política exterior de la próxima administración colombiana.

    * PhD, Analista internacional. Profesor de Relaciones Internacionales, Universidad del Norte, Barranquilla, Colombia.

     

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