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¿El Tío Sam al desnudo?

Escrito por Fabián Sanabria
Fabián

Fabián Cuando se hace alarde de lo nuevo, sólo se muestra la última novedad. WikiLeaks simplemente ha constatado lo que todo el mundo de algún modo sospechaba: que Estados Unidos utiliza una diplomacia sobre la mesa y otra bajo ella. Una cosa es lo que el país más poderoso del mundo dice a sus aliados, y otra lo que en realidad practica. Pero, ¿qué ocurre cuando alguien nos señala que “el rey está desnudo”?

Fabián Sanabria*

Un verdadero secreto es un secreto vacío… Un secreto vacío jamás se puede revelar

Georg Simmel.

El gran "oso"

La cultura indisciplinada de cierto lugar virtual, que desde hace meses resultaba amenazante para los "guardianes de la confidencialidad", se ha manifestado en forma contundente. El sitio "WikiLeaks", creado por el australiano Julian Assange para difundir  información secreta de los Estados poderosos del Planeta, transfirió a cinco de los más prestigiosos periódicos de Occidente 251.278 notas electrónicas enviadas a Washington por  más de 250 embajadas y consulados de Estados Unidos en todo el mundo.

Los archivos publicados no buscan satisfacer la curiosidad de quienes conciben la vida social como una "máquina de guerra", o de aquellos que tienen una visión complotista de la historia, pues no revelan conspiraciones o espionajes insospechados.

Esos archivos sencillamente ponen de presente buena parte de lo que piensa y practica la diplomacia norteamericana, a través de sus funcionarios, para alcanzar sus objetivos, lo cual dibuja una cierta ética del Departamento de política exterior estadounidense.

¿Disculpas por anticipado?

Días antes del "escándalo", la secretaria de Estado, Hillary Clinton, empleó buena parte de su agenda llamando a numerosos líderes mundiales para pedirles que no se extrañaran de las revelaciones que perniciosamente saldrían a la luz pública.

No obstante sus esfuerzos parecieron insuficientes pues, tan pronto se conocieron las "infidencias", la jefe de la diplomacia estadounidense expidió un comunicado subrayando que la información suministrada por "WikiLeaks" ponía en peligro la seguridad de personas y países aliados, constituyendo además un delito internacional.

Reacciones

Las reacciones de los Estados involucrados no se hicieron esperar. Desde celebrar la "desnudez del imperio", tal cual lo hizo el presidente venezolano, Hugo Chávez, o condenar -como en el caso del gobierno colombiano- el delito de filtrar información confidencial. Algunos países han ordenado que el sitio "WikiLeaks" sea retirado de inmediato de sus canales, y otros han solicitado la captura de su director, sugiriendo incluso su desaparición. Ciertos involucrados han optado por el desdén y la indiferencia, mientras que numerosas voces no cesan de pedirle al sitio que revele más de lo que en realidad puede publicar.

Poco diplomáticos

Una vez los despachos han sido difundidos, diarios y semanarios del mundo continúan repitiendo algunas de sus informaciones.

En ellas se subraya el miedo de ciertos países árabes por un despliegue nuclear en Irán, se califica a Rusia de "Estado mafioso", se afirma que el ejército de Estados Unidos ignoró que se practicaban torturas en Irak, se subraya que Cuba ha albergado a terroristas de las FARC y de ETA, y así, sobre diversos países, se exponen titulares que sin proponérselo hacen eco de la frase: "no hay nada nuevo bajo el sol".

¿Cómo ven a ciertos líderes los diplomáticos norteamericanos?

Paralelamente, los documentos muestran puntos de vista poco halagadores sobre varios líderes del mundo.

Hablan de la "estrecha relación" entre el primer ministro ruso, Vladimir Putin y su homólogo italiano, Silvio Berlusconi, descrito como "irresponsable e incompetente", además de estar "debilitado" por su afición a "salvajes fiestas nocturnas que no le permiten descansar".

Y descalifican a varios jefes de Estado. A José Luís Rodríguez Zapatero, de España, por sus "ideales de izquierda trasnochada y romántica", Angela Merkel, de Alemania,  por ser "poco creativa y calculadora", a Nicolás Sarkozy, de Francia, por su "sofisticado autoritarismo", y a Muammar al-Gaddafi, de Libia,  por ser un hipocondríaco.

Resta saber cómo califican los numerosos documentos clasificados a otro de sus "incondicionales aliados" en la región, el ex presidente Álvaro Uribe, pues si tan mal han hablado de líderes de talla mundial como los principales gobernantes de Europa, ¿qué no dirán de un mandatario populista que pretendía perpetuarse en el poder en otro de los "patios traseros" de los Estados Unidos, como tradicionalmente ha sido Colombia?

Sobre Latinoamérica

Con respecto a América Latina, la información filtrada habla de numerosos "esfuerzos para aislar al venezolano Hugo Chávez", así como de las permanentes presiones que se ejercen sobre diferentes gobiernos para favorecer los intereses comerciales o militares de Estados Unidos. 

Igualmente se refieren a las sospechas que despierta la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, en Washington, al punto de que la secretaria de Estado ha solicitado información precisa sobre su salud mental.

En cuanto a Colombia

En medio de los cables, se especula sobre el contenido de numerosos archivos que podrían referirse a la violación de Derechos Humanos en Colombia, a la complicidad del gobierno anterior con fuerzas paramilitares, y a lo catastrófico que podía resultar un tercer mandato del presidente Álvaro Uribe.

Hasta el momento la prensa sólo ha reproducido integralmente la conversación de una funcionaria estadounidense con el ministro de Defensa de Brasil, Nelson Jobim, donde éste reconoce la presencia de las FARC en Venezuela, ofrece sugerencias sobre cómo reconstruir la confianza entre Ecuador y Colombia, y manifiesta su inquietud por el acuerdo para habilitar el uso de bases colombianas por parte de militares norteamericanos -pues malinterpretando ese convenio puede configurarse un "potencial centro de inestabilidad en la región".

¿A quién pareciera "dañar" WikiLeaks?

La sensación que deja la información difundida no radica en la novedad de su contenido, sino en la forma como -rayando en la caricatura-  hace patente el abismo entre lo que dicen los diplomáticos estadounidenses a sus interlocutores, y lo que luego éstos escriben en sus telegramas.

"WikiLeaks", superando en difusión al antiguo escándalo del Watergate, que en 1974  obligó a Richard Nixon a renunciar a la presidencia de Estados Unidos, no le ha hecho tanto daño a las personas o a los Estados que descalifica, pues sólo ha revelado "secretos vacíos" o infidencias que todo el mundo sospechaba, sino que ha pretendido poner en tela de juicio la gestión de Hillary Clinton y de Barack Obama, al exponerlos como "incapaces de guardar los secretos de su país", justamente cuando la buena imagen de los demócratas es crucial para recuperar el prestigio de Estados Unidos en el mundo.

Aunque es bien sabido que "la hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud", a renglón seguido se debe subrayar que las relaciones internacionales se basan en el secreto y en la confidencia.

Pues bien, el escándalo de "WikiLeaks", más que atentar contra la "seguridad internacional" puede vulnerar la confianza en la diplomacia norteamericana, corroborando -en un gobierno de demócratas- lo que todo el mundo de algún modo imaginaba: que para mantenerse como imperio, los Estados Unidos han tratado de combinar durante décadas diplomacia y espionaje.

¿Cómo queda la diplomacia internacional tras el "escándalo"?

Frente a las "revelaciones" publicadas, cabe subrayar que si el país que se jacta de ser el "más democrático del mundo" asume el papel de "policía internacional" (como se desprende de la correspondencia filtrada por el portal de WikiLeaks), todas su opiniones deberán ser conocidas por la comunidad internacional y ninguna de ellas tiene por qué quedar protegida por "secretos". Tal es el asunto ético que se desprende del "escándalo".

Falta imaginar ¿cómo se "protegerán" en el futuro los mensajes diplomáticos? Quizá sea necesario acudir al terreno de la ficción para fantasear "nuevos métodos" de comunicación entre los responsables de las relaciones internacionales del mundo, de modo que la diplomacia vuelva a cumplir la misión que aparentemente ha sido vulnerada: proteger la confidencialidad entre las naciones.

* Antropólogo y Doctor en Sociología de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París. Profesor asociado de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá, donde dirige el Grupo de Estudios de las Subjetividades y Creencias Contemporáneas -GESCCO.

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