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Idioma y visibilidad de la mujer

Escrito por Rafael Ballén
Rafael Ballen

Rafael BallenEl lenguaje incluyente intenta hacer más visible a la mujer mediante el recurso de duplicar los sustantivos para hacer explícito un femenino, que casi siempre está implícito. Reflexión amable y sin asomo del menor machismo, para insinuar prudentemente que tal vez no sea necesario.

Rafael A. Ballén Molina *

Lenguaje no sexista… ¿realmente necesario?

La celebración del Día del Idioma, y el artículo Sexismo y visibilidad de la mujer, escrito por Ignacio Bosque y firmado por 26 académicos de la Real Academia Española (RAE) aguijonean la conciencia a cavilar sobre los dos temas que desvelan a los artesanos de la lengua castellana en ese ensayo: la mujer y el lenguaje.

Rafael Ballen mujeres trabajadoras

Dice el articulista que durante los últimos años se han publicado en España numerosas guías de lenguaje no sexista, que contravienen no sólo normas de la RAE, sino también varias gramáticas normativas, así “como numerosas guías de estilo elaboradas por muy diversos medios de comunicación”.

En relación con la discriminación de la mujer, hay verdades que no se pueden ocultar. Salvo ciertas sociedades matriarcales, durante siglos y milenios la mujer fue silenciada, escondida, negada, excluida. Como si no tuviese historia, fue confinada a la reproducción de la especie y a los trabajos domésticos.

Textos paradigmáticos y virtudes reales

El paradigma que se aplicó en las sociedades antiguas fue registrado en textos como los siguientes:

  • Leyes del Manú: “Debe tratarse sobre todo de asegurar a las mujeres contra las malas inclinaciones, aún las más ligeras; si no estuvieran vigiladas, harían la desgracia de dos familias”;
  • el Eclesiastés: “Ligera es toda maldad comparada con la maldad de la mujer; caiga sobre ella la suerte de los pecadores”;
  • el de Pericles: “Las mujeres, los esclavos y los extranjeros no son ciudadanos”;
  • el de Eurípides: “Una mujer debiera ser buena para todo dentro de la casa e inútil para todo fuera de ella”.

Pese al oprobio de esas culturas, y, sin recurrir a investigaciones empíricas de cuantificación, ni a galanteos simplistas, se puede decir que la mitad de las cosas que existen en el universo fueron descubiertas o creadas por la mujer, y la otra mitad fueron descubiertas o creadas por el hombre…inspirado en la mujer.

Además de la función natural de conservar la especie, la agricultura, el avance sedentario de cazadores y recolectores, el rechazo a la guerra son obra de la mujer. La literatura, la ciencia, la poesía y el arte, los inspiró ella.

No obstante la discriminación, esa realidad sociológica hizo de la mujer un símbolo del trabajo, del talento en la educación de los niños, de la abnegación, de la bondad y de muchas otras virtudes.

Los cristianos le atribuyen a la mujer, de manera especial la virtud de la lealtad, y sustentan su creencia en el testimonio final, cuando al pie de la cruz sólo un grupo de mujeres acompañó a Jesús hasta la muerte. Mientras que todos los hombres, incluyendo a sus discípulos, emprendieron la huída del Monte de los Olivos para ocultar su identidad, tres mujeres, con su sola presencia se enfrentaron al mundo masculino del poder, de la guerra y de la destrucción, para dar su testimonio de lealtad: María Magdalena, María madre de Santiago y de José, y Salomé.

En cambio, para muchos, sin bases científicas comprobadas, que por lo mismo se quedan en el mito y la leyenda, la mujer es una diosa o criatura aventurera, con poderes mágicos para desentrañar los secretos que se hallan en aquel fragmento intangible del mundo, que el cerebro del hombre no ha logrado descubrir.

Las mujeres se están tomando el mundo

Cuando la mujer irrumpió en las filas ejecutivas de la empresa privada y de la administración pública, en una segunda división natural del trabajo, apenas dos décadas después de la Segunda Guerra Mundial, el mundo supo que a los puestos de comando habían llegado la transparencia y la rectitud moral.

Aún no había interiorizado su condición de género, y vestía pantalones formales y camisas para traje. Veinte años más tarde, cambió su actitud: dejó de imitar al hombre y buscó parecerse más a sí misma, cambió el austero maletín por el bolso y mandó hacer la ropa de corte masculino, pero ajustado a su bella anatomía.

Estudios recientes indican que el mundo se lo están tomando las mujeres. En el imperio que nos tocó por suerte –Estados Unidos– manejado por machos, unas cuantas estadísticas señalan que los hombres están cediendo terreno a las mujeres:

  • Más del cincuenta por ciento de los puestos de trabajo lo ocupan las mujeres;
  • más del cincuenta y uno por ciento de las empresas son de mujeres;
  • el cuarenta y cinco por ciento de los socios de oficinas de abogados son mujeres;
  • de cada cuatro títulos universitarios otorgados, tres los reciben las mujeres;
  • el ochenta por ciento de las personas que quedan desempleadas son hombres,
  • de los quince sectores económicos en ascenso, trece se hallan dominados por mujeres.

Otra encuesta internacional, de reciente aplicación, nos demuestra que los empresarios prefieren una mujer en la dirección de sus compañías, si estas entran en crisis.

En Colombia las cifras nos dicen que la mujer labora once horas semanales más que el hombre, sin remuneración. Tenemos que creerle a las estadísticas, porque los hechos hablan por sí solos. Hay mujeres que trabajan dieciocho horas diarias en mil oficios para mantener unida y activa a la familia urbana de hoy.

En sociedades como la nuestra la mujer es la primera en levantarse y la última en acostarse. Entre cuatro y cinco de la mañana comienza su jornada para preparar los alimentos y alistar el vestuario de los demás miembros del núcleo familiar, mientras éstos despiden plácidamente las últimas horas de la noche. Es el trabajo sin remuneración, sin reconocimiento y sin estímulo.

Vendrá luego el trabajo subordinado: en la fábrica, en el comercio, en la oficina, en la gerencia, en la alta dirección del Estado. Y luego el regreso a casa, a revisar tareas escolares, servir comida, asegurar puertas y apagar luces. Después de las diez o doce de la noche podrá dormir cuatro o seis horas. Y, al día siguiente, otra vez el trajín.

Esta familia urbana de aquí y ahora, no difiere mucho de la rural, ni tampoco de la de otros meridianos y otros tiempos. Y en ese devenir de los tiempos y de las sociedades, la mujer ha jugado un papel esencial, aunque en esa inmensa masa de mujeres, sólo a muy pocas se las recuerde, generalmente cuando los pueblos están urgidos de justicia y de paz.

De remesas y cuotas

Todos sabemos que el mundo atraviesa por una gran crisis económica, de la cual no saldrá mientras la especulación y la avaricia no sean vencidas o atenuadas por otros valores menos mundanos y narcisistas.

También sabemos que si bien esa crisis afecta especialmente al mundo desarrollado, nos alcanza a tocar a todos. Un punto sensible para todos los países latinoamericanos ha sido el de las remesas que, en euros o en dólares, quienes están fuera les envían a sus familias. Pues nuestro país, prácticamente ha sido invulnerable en esta variable, hasta el punto de que sólo se ha disminuido en menos del uno por ciento.

¿Dónde está el secreto? En el trabajo que en esos países desarrollados realizan nuestras mujeres, quienes se desempeñan en labores domésticas, en el cuidado de niños, en el acompañamiento de personas solas y en otros oficios menores.

Mientras a los expertos de esos países les parece extraño que nuestras compatriotas no hayan perdido su empleo, así se trate de lo que ellos denominan trabajos sucios, aquí todavía se discute sobre las cuotas burocráticas y políticas que les corresponde por ley a las mujeres. Son los hombres públicos los más interesados en que los porcentajes se cumplan, para posar de generosos, incluyentes e innovadores. 

Visibilidad y lenguaje incluyente

Pero así como no se puede negar la discriminación de que ha sido objeto la mujer, tampoco se pueden ocultar otras verdades. El discurso por la inclusión de la mujer en la dirección del Estado no comenzó en los años cincuenta del siglo pasado. Platón (siglo IV a. c.) decía que prescindir de la mujer en la conducción del Estado era desperdiciar la mitad de la inteligencia humana.

Rafael Ballen mujer trabajadora

Los logros alcanzados por las mujeres en los escenarios internacionales, tal como lo señalan las estadísticas citadas, no son obra del discurso feminista. Y que en Colombia la mayoría de jueces y fiscales sean mujeres y que más de seiscientas empresas medianas y pequeñas sean de propiedad de mujeres, tampoco es una visibilidad que se halle en deuda con el discurso de quienes se atreven a decir “los miembros y las miembras”.

Aquí y allá, las mujeres han ganado espacios y poderes con su inteligencia y su batallar perseverante, junto a los hombres –no contra ellos– en un proceso sociológico natural en el devenir del tiempo.

Contrario sensu, cientos –quizá miles– de millones de mujeres mueren de hambre, también al lado de sus compañeros de viaje por la vida, sin que el discurso mágico de “nosotras y nosotros” haya hecho el milagro de salvar a unas y otros.

El idioma no es el culpable de las injusticias sociales que los grandes bandidos de la historia han cometido, no sólo contra las mujeres, sino contra muchos otros componentes de la sociedad.

Los simples cantares y discursos no han sido suficientes para lograr que las mujeres dejen de ser discriminadas y negadas. Si así fuese, bastaría arrancar de las bibliotecas los millones de poemas que se han escrito en reconocimiento de la mujer, de su belleza, de su inteligencia, de su aducía y de su ternura para que ella encontrara su paraíso.

Finalmente, dos reflexiones más. De continuar doblando los sustantivos, llegará el momento en que se afee tanto el lenguaje que será imposible hablar. Y, como los animales también tienen dignidad de género tendremos que terminar diciendo: “las serpientes y los serpientos”, “las hormigas y los hormigos”, “las luciérnagas y los luciérnagos”…  
 

* Doctor en derecho público de la Universidad de Zaragoza, profesor universitario y escritor.

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