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Ética y promesas electorales

Escrito por Jorge Mora

Jorge R Mora ForeroEn vez de encuestas y de marketing, necesitamos que los candidatos sencillamente nos digan su verdad.
 

Jorge R. Mora Forero*

No es fácil  hablar de estas cosas en medio del bochorno que producen las encuestas. Calientes a cada momento. Quemantes para unos; favorables para otros. Configuran rostros alegres y rostros tristes. Hunden y levantan, ensalzan y aporrean. Pareciera que van convirtiéndose en el Digitus Index Magnus, o sea, en el Señalador Supremo de quienes, ¡oh maravilla!, representan la voluntad popular que los está seleccionando para ocupar la Primera Magistratura del Estado.

De acuerdo con lo anterior, ¿no se podría hablar, entonces, de "encuestocracia"? No. Se diría que las encuestas sólo reflejan la voluntad del pueblo. "El Pueblo", ese fabuloso invento del mundo moderno que legitima todos los regímenes políticos. Sincera o mentirosamente. Es lo de menos. Lo demás es la legitimidad.

Sólo nos resta esperar que las encuestas no distorsionen, a tal grado, la realidad política, que anulen o minimicen a los actores de ella, obligándolos a diluirse o a buscar refugio entre los "hiperencuestados", con lo cual se diluye, a la vez, la identidad programática, elemento esencial de un juego auténticamente democrático, para dar paso al "todo vale" y al "todos caben", porque, para unos, importa no perder-se y, para otros, ganar, a como dé lugar, buscando el triunfo como un fin en sí mismo, sin ser conscientes de los medios utilizados ni de la magnitud de la tarea que espera en la dirección del Estado frente a la cruda realidad que vive el país.

Porque, no nos digamos mentiras, en este campo, Colombia se lleva casi todos los campeonatos negativos. Y a ellos debe responder el próximo presidente, sea oficialista o no oficialista. Por razones que hemos oído, no hablo de "no uribista", ya que todos los candidatos, hasta donde me he informado, le reconocen al presidente el trabajo desarrollado en el campo de la seguridad. Y parece que a medida que se acercan las elecciones, mayor es el reconocimiento.

De todas maneras no sobra recordar que mientras más valemos por el parecido con otros, menos valemos por nosotros mismos. Cuando los candidatos compiten por parecerse al presidente Uribe, parecería que él tenía razón al buscar la segunda reelección.

Continuando con el tema, el desafío del nuevo presidente, será gigantesco. Germán Vargas Lleras, quien ha apoyado al gobierno, lo dice: "No va a ser fácil gobernar los próximos cuatro años. Este gobierno ha comprometido enormes recursos a través de la expedición de vigencias  futuras, que afectarán el manejo fiscal de los dos próximos gobiernos; se ha deteriorado el orden público en muchas zonas; la guerrilla ha recuperado el control en zonas donde ya no estaba. Las dificultades en la salud las tendrá que enfrentar el próximo gobierno, como las relaciones con Venezuela y Ecuador, como el control a las chuzadas, o de los contratos y puestos parlamentarios. También la inseguridad que nos deja Uribe"[1].

En caso de que gane un candidato no oficialista, el desafío, por supuesto, sería mucho mayor[2]. Entonces:

En el tiempo que resta de este mes, y, si es necesario, en parte del próximo; en contravía de lo que pregone y exija el marketing para exhibir provocadoramente al candidato-producto que va a ser consumido como única posible "salvación del país", el 30 de mayo o el 20 de junio; en nombre de un compromiso de responsabilidad ciudadana y, asumiendo que la ética no tiene dueños innatos, les pido a los candidatos, no que "parezcan", como decía Maquiavelo[3], sino que "sean", que muestren sus rostros como son, y no como quieren que los vean, y que nos digan, lo más honestamente posible, sin que tengamos que tragar entero, cómo van a abordar, para tratar de resolver, los principales problemas de Colombia.

Y, por favor, no se trata de que nos digan lo de siempre: que van a impulsar la educación, que van a luchar contra el desempleo y contra "la corrupción" (mejor sería que lucharan contra los corruptos), que van a mejorar los sistemas de salud, que habrá atención integral para los campesinos, que van a entregar miles de viviendas de interés social, que van a asentar a los desplazados, que van a privilegiar la niñez, que transformarán la justicia, que conservarán nuestras selvas y páramos, esas reservas ecológicas que están siendo destruidas a pasos de barbarie; que defenderán al país en el exterior, que van a acabar con la exclusión social, que van a respetar el Estado de Derecho (esto último jura hacerlo cualquier gobernante).

Estas son promesas vagas que se repiten cada cuatro años. Y que se repiten porque no se cumplen.

Está bien lo del Estado de Derecho. Porque ya dejó de ser "Social". Pero, con el 50%, o más, de la población en la pobreza, y buena parte de ellos en la miseria, necesitamos ahora, y esto va para todos los candidatos, un Estado Social de Hecho. Un Estado que construya, no que destruya, tejido social.

En ese orden de ideas:

Necesitamos que nos digan, en palabras que todo el mundo entienda, cómo van a afrontar los problemas que se presentan en cada uno de esos campos, cuáles son los mecanismos y recursos que van a utilizar, con qué cronograma y a qué nos atendremos los ciudadanos en caso de incumplimiento. Que no sea tampoco lo de siempre: esperar al próximo presidente.

Lo de los recursos es sumamente importante. Si no hay recursos, las promesas serán sólo palabras que se lleva el viento.

Que no valgan como disculpas: que la realidad es peor de lo que pensaron (seguramente así será); que la situación se complicó porque sigue la crisis en los mercados mundiales (es muy probable); que el tiempo no alcanza (ningún tiempo alcanzará), o que una cosa es ser candidato y otra ser gobernante (en ese caso no prometan nada).

He dejado fuera de la lista muchos temas, entre ellos, temas  "duros" como el narcotráfico,  y la seguridad. Parece que ahí no hay mucho qué decir en la campaña, pero sería bueno oír que la seguridad no tendrá exclusivamente una respuesta militar-policíaca, sino también y, mayoritariamente, una respuesta social por parte del Estado. Y decirlo en qué campos y cómo, según lo expresado arriba.

La mejor propaganda para un candidato será la honestidad con que presente propuestas creíbles y la manera limpia con que juegue en la competencia democrática. No habrá ética desde el Estado, si no ha habido antes ética en la lucha política. Porque la política es lucha, no hay que olvidarlo. Pero lucha que se desarrolla de acuerdo con unas reglas de juego emanadas de un referente que se llama Constitución y que es nuestra garantía de convivencia. Y esa  convivencia, garantizada por la Constitución, cuando puede garantizarla, está teñida por la ética. Porque no hay convivencia sin respeto al Otro, lo que implica juego limpio, así la ley no regule cada jugada.

El ex-ministro Camilo González nos dice que "En Colombia estamos ante la posibilidad de una revolución ética…"[4]. Y es cierto. Hay ansias de cambio por todas partes, sobre todo en la juventud. Pero, en este campo, creo yo que, aunque parezca un contrasentido, hay que racionalizar las esperanzas. Ni el candidato no oficialista, cualquiera que sea (si gana), va a poder borrar, sin más, la herencia del gobierno anterior, ni el candidato, o candidata oficialista (si gana), va a poder ignorar este movimiento que pugna por adecentar la política.

Esperemos que del proceso electoral salga algo bueno. Ojalá nos resulte un gobernante con un equipo de personas lo suficientemente capaces para manejar los intereses tan contradictorios que se mueven en el país, y que puedan encauzarlos con un sentido de sociedad.

Como decía, alguna vez, el finado general Omar Torrijos, "nadie puede caminar más largo de lo que tiene las piernas". Pero también es cierto, que puede caminar lo mejor posible.

*Doctor en Historia de El Colegio de México, Pedagogo de Excelencia de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia.

Notas de pie de página


[1] "No estoy buscando chanfa si no soy elegido", entrevista con Yamid Amat, en eltiempo.com,  2 de mayo de 2010.

[2]Ver Germán Ayala Osorio, "Los retos de Mockus", semana.com, 5 de mayo de 2010.

[3] El Príncipe, Medellín, Colombia, Editorial Bedout, 1976, p.113.

[4] "Acuerdo Mínimo de Paz y Reconciliación", eltiempo.com, 1 de mayo de 2010.

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