Es hora de capitalizar la ventaja de empezar después. - Razón Pública
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Es hora de capitalizar la ventaja de empezar después.

Escrito por Nelson Mariño
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Aplicar una sola dosis o ampliar el tiempo entre dosis de algunas vacunas para algunos grupos y utilizar centros masivos de vacunación podría hacer la diferencia.

Nelson Mariño*

Cerca al primer mes

Cerca de completar el primer mes desde que comenzó la vacunación y a pesar de las dificultades y tropiezos, parece que se completará la segunda meta trazada por el gobierno: alcanzar un millón de aplicaciones en el primer mes. Ahora entre los nuevos desafíos, está aumentar y flexibilizar capacidad, simplificar actividades, lograr más eficiencia y configurar un proceso más veloz, donde el cuello de botella sean las vacunas y no la vacunación. Veamos algunas lecciones por capitalizar.

Aprovechar la ventaja del rezago

Colombia empezó el proceso de vacunación meses después de otros países, incluyendo vecinos como Ecuador o Venezuela. Por eso ha recibido muchas críticas. Pero esta inexistente competencia, donde solo hay perdedores, no se gana iniciando pronto sino terminando más rápido.

Observar con muchos ojos y ópticas el proceso que adelantan otros países, nos permitirá aprovechar el conocimiento y experiencia que nos pueden brindar países que comenzaron antes, así tengan algunas condiciones diferentes. Identificar oportunidades y de manera flexible y audaz romper paradigmas, nos permitirá llevar a cabo un mejor Plan Nacional de Vacunación (PNV).

Si no aprovechamos ese conocimiento, se diluye la ventaja de comenzar más tarde. Es clave identificar las oportunidades que da la nueva evidencia, ser flexible y no aferrarse a todas las indicaciones iniciales sobre la vacunación, pues es una historia que apenas está empezando a escribirse.

Foto: Alcaldía de Bogotá Es urgente mejorar el sistema de agendamiento para acelerar el proceso de vacunación.

Ampliar el plazo de aplicación entre dosis

En diciembre, el Reino Unido comenzó su proceso con la vacuna de Pfizer-BioNTech y rápidamente incorporó las de Moderna y AstraZeneca. Pero, contrario a las indicaciones iniciales del proveedor, amplió el plazo entre la primera y la segunda dosis de 3 a 12 semanas. Esta decisión contribuyó a cubrir en menos de dos meses a cuatro grupos prioritarios y pasar a uno nuevo, que incluye a los mayores de 60 años.

Estos cambios en la forma de administrar las vacunas, osados y criticados en su momento, han sido respaldados por evidencia científica, que viene apareciendo. Recientemente se publicó un artículo en The Lancet según el cual ampliar el plazo entre dosis para la vacuna de AstraZeneca mejoró la eficacia de 55% a 81%.

El gobierno colombiano informó que está contemplando ampliar el plazo entre las dosis de la vacuna Sinovac de 28 a 56 días, también sobre la base de reportes del fabricante.Lo mismo debería hacer con Pfizer-BioNTech, que ha mostrado eficacia superior.

Según cálculos preliminares (ver gráfico adjunto), ampliar a 12 semanas el tiempo entre aplicaciones (línea punteada) podría implicar terminar la primera dosis de la fase 1 —que es la más crítica— unas 6 semanas antes, así como entregar ese escudo protector de la primera dosis a nuevos candidatos de la fase 2. También daría tiempo a que aumente el suministro de vacunas en el país.

Es importante recordar que la decisión de aprobación de una vacuna de emergencia implica que no ha transcurrido tiempo suficiente para hacer estudios en diferentes condiciones, dosificación u otras combinaciones de aplicación que pudieran mantener su eficacia. Tampoco hubo tiempo para ensayar sobre el plazo entre dosis, tal vez con 180 días o más.

Si países como el Reino Unido fueron audaces y se atrevieron a hacer cambios, ¿por qué no hacerlos nosotros, que además ya contamos con más información?

Posponer vacunación de los ya infectados

El PNV indica que los contagiados —más de 2,2 millones en enero— no serían priorizados para las primeras fases y pasarían a una etapa posterior, con mayor disponibilidad de vacunas.

El Ministerio de Salud indicó de manera acertada que la vacunación de este grupo será de una solo dosis, pero serán cautos y se pospone apenas por 90 días. Dada la condición de escasez también sería válido tomar evidencia de otros estudios, como la del artículo de la revista Science —hasta ahora el más citado entre la comunidad científica—, según el cual existe memoria inmunológica hasta 8 meses después de la infección. Valga decir que no ha transcurrido tiempo suficiente para publicar estudios que evalúen un período más largo.

Ampliar el plazo entre dosis para la vacuna de AstraZeneca mejoró la eficacia de 55% a 81%.

Concuerda la reflexión del profesor Marti Makary de la Johns Hopkins University School que apunta en esa misma dirección. Liberar 2 millones de cupos —y muchos más si se identificaran algunos de los no diagnosticados— permitiría salvar más vidas y brindar el escudo protector de la vacuna a más personas, en particular aquellas susceptibles de primer contagio que son más vulnerables.

Aplicar una sola dosis

Recientemente han salido a la luz resultados preliminares que muestran una eficacia superior al 50% —y del 100% para casos severos— con una sola dosis de la vacuna.

Por ejemplo, un estudio publicado en el New England Journal of Medicine (NEJM) con resultados preliminares de Israel, muestra una efectividad del 57% (superior a la eficacia reportada de Sinovac) para una primera dosis con la vacuna de Pfizer-BioNTech. Explorar una dosis —al menos en población con menor vulnerabilidad—, brindaría una oportunidad de mayor protección a más población.

Los razonamientos contra estas medidas tal vez obedecen a los principios de “precaución” y al “deber ser” de garantizar al ciudadano su derecho pleno a la salud, siguiendo las condiciones “estándar” o recomendadas, propias de una situación “normal” y de suficiencia. Adecuados para una condición de salud individual, no la de una pandemia donde debe primar la salud colectiva. Además, comprender la realidad de escasez e incertidumbre que rodean el suministro de vacunas, en el corto a mediano plazo y que implica esforzarse por alcanzar mayor eficiencia en el uso de este escaso recurso que es la vacuna.

Por ahora sabemos que existe memoria inmunológica al menos hasta 8 meses después de la infección.

Hay que tener en cuenta que algunos de los países que han tomado este tipo de decisiones lo han hecho sin sufrir la escasez en el suministro que tiene Colombia, e incluso han asegurado dosis suficientes para vacunar 2 o más veces al total de su población. Dadas nuestras condiciones, debemos ser más audaces y administrar más eficientemente las preciadas dosis.

Agendamiento: aplicar criterios simples.

Dejando de lado aspectos de la ciencia médica que pueden ser discutibles, otros elementos de la logística de vacunación deben mejorar rápidamente, para alcanzar la velocidad y capacidad requerida.

Es claro que hay que respetar la prioridad en el acceso a la vacuna del personal de salud y los grupos etarios, comenzado por los de mayor edad. Pero en Colombia la ejecución del proceso pasa por un complejo cruce de bases de datos que va y vuelve entre el gobierno, las EPS y las IPS.

Ningún sistema masivo de identificación de ciudadanos estará 100% actualizado, y el de salud nuestro no será la excepción. Por eso el sistema de asignación y agendamiento no podrá ser ágil y exitoso si continua con este recorrido tortuoso e improductivo.

Para ciudadanos del común un criterio simple por edad —indicada exactamente por su número de cédula— un sistema similar al aplicado en Chile será más eficiente; para personal de salud, el reportado por cada institución cubriendo en lo posible la totalidad del centro hospitalario, según el suministro de vacunas.

Centros de vacunación

Imágenes de todo el mundo muestran centros masivos de aplicación, pero aquí la mayoría son puntos tradicionales de IPS, con baja productividad y algunos ocasionan aglomeración. Como afirmó Fernando Cardona de Nueva EPS, “están concebidos para vacunar 6 personas / hora por vacunador”. Estos lugares no obedecen a la necesidad actual. Aumentar lugares de vacunación para llegar al volumen requerido tampoco es solución, pues hace más complicada la administración, asignación y control y da pie para el desorden y el desperdicio.

Lo que se necesita son “fábricas de vacunación” muy productivas, con tareas simples y separadas, procesos rediseñados y agilidad, que vacunen cientos de personas por hora, facilitando el control y minimizando la pérdida. El complejo y sofisticado proceso de desarrollo de vacunas se redujo de años a meses, debemos estar a la altura y reducir el tiempo del pinchazo de 10 minutos a 1 minuto.

Además, los centros de vacunación deberían depender de y servir al municipio sin barreras de instituciones. Por supuesto, hay que aprovechar e integrar las fortalezas de cada actor (EPS, IPS, alcaldías, gobernaciones), pero trabajando sincrónicamente en un modelo solidario y libre de la burocracia que le resta agilidad.

Aumentar lugares de vacunación para llegar al volumen requerido tampoco es solución

No dilapidemos la ventaja, desenredemos el sistema actual y simplifiquemos el proceso. Es necesario convocar masiva pero ordenadamente a la vacunación y tomar acciones contundentes y audaces para superar el desafío. Colombia podría convertirse en ejemplo para países con ingresos medios y bajos que, como el nuestro, por ahora no tendrán vacunas suficientes para todos.

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