Homenaje a Jesús Antonio Bejarano (1946 – 1999) - Razón Pública
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Homenaje a Jesús Antonio Bejarano (1946 – 1999)

Escrito por Ivan Hernandez Francisco Thoimi
Francisco Thoumi
Ivan Hernandez

Un alumno y un profesor del brillante académico asesinado por las FARC le rinden tributo a su vida y a su trayectoria profesional*

Iván Hernández Umaña**
Francisco Thoumi***

Un homenaje necesario

La Justicia Especial para la Paz (JEP) reveló el pasado 3 de octubre que, por medio de una carta, la cúpula de la extinta guerrilla de las FARC había confesado el asesinato de seis personas reconocidas:

• Álvaro Gómez Hurtado, líder del partido conservador por mucho tiempo y excandidato a la presidencia,
• Fernando Landazábal Reyes, General de la República y exministro de Defensa,
• Jesús Antonio (Chucho) Bejarano, pionero en la historia económica del agro y experto en procesos de paz,
• Hernando Pizarro Leongómez y José Fedor Rey (alias Javier Delgado), disidentes de las FARC, y
• Pablo Emilio Guarín, representante a la Cámara que promovió las autodefensas en el Magdalena Medio.

Esta nota escrita por un alumno y un profesor del maestro Bejarano es un tributo a su recorrido vital y a su prominente trayectoria profesional.

Foto: Alcaldía de Soledad, Atlántico - El trabajo académico de Jesús Antonio Bejarano sirvió para entender el problema de la tierra en Colombia

Trayectoria profesional

Jesús Antonio nació en Ibagué el 24 de diciembre de 1946. César González Muñoz (QEPD, cofundador de Razón Pública cuyo perfil evocamos en julio de 2016), compañero de estudios y amigo de juventud, afirma que los colegios San Simón y Tolimense de Ibagué tuvieron una gran importancia en la vida de Chucho, como se le conocía cariñosamente, porque reconocieron sus capacidades y le facilitaron diversas lecturas de literatura, filosofía e historia que abrieron su mente y lo impulsaron a estudiar y entender la complejidad de la vida.

En el segundo lustro de los años sesenta, Chucho decidió estudiar Economía en la Universidad Nacional de Colombia. González Muñoz recuerda que su amigo se mantuvo alejado de los disturbios de la época y no cayó en las trampas ideológicas de la izquierda ni de la derecha. También recuerda que fue en ese entonces cuando Chucho definió los valores que guiarían el rumbo de su vida personal y profesional: independencia, tolerancia, autocrítica y desdén por el heroísmo. Al terminar el pregrado, viajó a Estados Unidos a cursar una maestría (MS) en Desarrollo Económico en la Universidad de Carolina del Norte, y a su regreso se dedicó a la academia y ocupó varios cargos importantes en el gobierno, en el sector privado y en organismos internacionales.

Chucho fue fundador y miembro de “Número” de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas y profesor de la Universidad Nacional de Colombia, donde llegó a ser decano de la facultad. A lo largo de su vida, escribió sobre temas tan variados como la historia económica del agro, la competencia imperfecta, la violencia y la paz, y la resolución de conflictos. Además de sus valiosas contribuciones académicas, Chucho dirigió la Misión de Estudios del Sector Agropecuario y presidió la Sociedad de Agricultores de Colombia.

Varios pensadores colombianos han reconocido la importancia de su legado. El exministro de agricultura Gabriel Rosas Vega asegura que sus aportes fueron fundamentales para el estudio del desarrollo agropecuario en Colombia. Por su parte, el economista Jorge Iván González señala que Chucho fue uno de los primeros académicos que sostuvo con firmeza que el sector rural no debía estar al servicio del desarrollo industrial, y que podría contribuir a mejorar las tasas de crecimiento económico en Colombia como sucedió en Corea, Malasia, Taiwán, Tailandia y otros países. González afirma que la propuesta de Chucho de explotar el potencial de las regiones para aumentar la productividad y mejorar las condiciones de vida de sus habitantes sigue siendo vigente en nuestros días.

El hombre de la paz

A diferencia de muchos académicos, Chucho no se limitó a pensar desde la torre de marfil, sino que puso sus capacidades y conocimientos al servicio de la resolución de los problemas más importantes que aquejaban al país en ese entonces. Su experticia en la resolución pacífica de conflictos lo llevó a ser consejero para la paz en los gobiernos de Virgilio Barco y César Gaviria, embajador de Colombia en El Salvador y líder de varios procesos de paz en Centroamérica.

En su libro Revelaciones al final de una guerra: Testimonio del jefe negociador del gobierno colombiano en La Habana (2019), Humberto de la Calle reconoce que los estudios de Chucho fueron vitales para comprender el conflicto armado en Colombia y proponer una resolución pacífica. En concordancia con De la Calle, el profesor Humberto Vergara señala que los aportes de Chucho fueron tan importantes para el Acuerdo de Paz de la Habana, que el Comité del Nobel de Paz de 2016 lo mencionó de forma especial.

Un hombre divertido

En el ámbito personal, Antonio Hernández Gamarra recuerda el profundo cariño que Chucho le tenía al Tolima, y el repudio que sentía por el clientelismo que se apoderó de tantos espacios dedicados a la reflexión en Colombia.

Sus seres queridos lo describen como un hombre optimista y con un gran sentido del humor cristalizado en frases célebres como “la consultoría es la forma superior del rebusque”, la alusión a la falta de “reflejos” de los estudiantes “heroicos” que pierden el tiempo en disturbios y la convicción de que hay que hacer ejercicio porque “recuperar la figura es imprescindible”. Nos habría encantado compartir más con el maestro: faltaron clases, tertulias y reuniones para divertirnos con su buen humor y deleitarnos con su gusto por la salsa y los boleros.

En diciembre del año pasado, la Universidad de Ibagué decidió abrir una Cátedra que lleva el nombre de Chucho. Sin duda, se trata de un acto simbólico que busca honrar la memoria de un defensor de la ciencia, la independencia, el rigor y la libertad que perdió la vida a manos de bandidos incapaces de ver más allá de su ideología.

Hoy, más que nunca, necesitamos los valores que Chucho defendió a lo largo de su vida.
Esperamos que este pequeño homenaje sea una invitación a leer o releer la obra de un pensador profundo y humilde cuyos planteamientos permitieron tener una mejor comprensión de la sociedad colombiana y desarrollar herramientas eficaces para la resolución de sus problemas más importantes.

*Razón Pública agradece el auspicio de la Universidad de Ibagué. Las opiniones expresadas son responsabilidad de los autores.

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