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Hip Hop en Colombia: no es violencia, es cultura de paz

Escrito por Juan Antonio Carulla
Celebración de Hip Hop al Parque.

Celebración de Hip Hop al Parque.

Juan CarullaA raíz del festival que acaba de pasar – y aunque algunos asocien la cultura hip hop con la marginalidad social y la criminalidad- es bueno revisar sus orígenes en Colombia y rescatar los logros que ha obtenido en el ámbito musical del país.

Juan Antonio Carulla*

El hip hop como plataforma para la paz

Entre el 21 y 22 de octubre de este año se llevó a cabo el festival Hip Hop al Parque.

En este evento presentaciones de leyendas internacionales del rap como EPMD y Bahadamia, y otros destacados nacionales como Realidad Mental, Da Steez Brothaz o CHRAM, lograron convocar a más de 50 mil personas en el Parque Simón Bolívar.

A pesar de la gran acogida, el evento gratuito tuvo el infortunio de acabar con 14 lesionados tras una riña entre algunos asistentes. No hubo ningún herido grave, pero la situación puso sobre la mesa una de las preguntas más recurrentes: ¿es el hip hop una cultura violenta?

Históricamente el hip hop ha estado estrechamente ligado a los sectores marginales de las ciudades, desde el Bronx en Nueva York hasta Compton en Los Ángeles. Y en Colombia desde Ciudad Bolívar hasta las comunas de Medellín. El hip hop también ha sido una cultura relacionada con la criminalidad y las drogas.

Pero vale recordar que desde sus inicios el rap –el canto- también ha sido mensajero de paz. Afrika Bambaataa, A Tribe Called Quest o Common, han sembrado e impulsado este mensaje en el hip hop.

De esta manera la violencia y la criminalidad de la cultura hip hop no ha sido más que un estigma. Hechos como el ocurrido en hip hop al Parque no son más que desafortunadas coincidencias. Estamos viviendo un momento crucial en el rap colombiano, que ha enriquecido y definido lo que es la cultura, la cual es más que una riña callejera.

La evolución del hip hop en Colombia

Cantante de rap, Kase O.   <
Cantante de rap, Kase O.   
Foto:  Wikimedia Commons

Vivimos en un país donde las malas noticias son el pan de cada día. Este fue el mejor argumento para volver a Colombia un país fértil en cultura hip hop. Aquí tenemos a:

  • La Etnnia, quienes describían “la vida en el ghetto”;
  • Clan Hueso Duro con un contenido más político;
  • Crack Family, que describe de manera cruda y sin censura la vida en las calles de Bogotá;
  • Gotas de Rap que alcanzaron a citar la Constitución en su canción “Militares”;.
  • Asilo 38 y Flaco o Flow y Melanina, quienes tenían una aproximación más narrativa frente a las vivencias de los jóvenes de bajos recursos. Ése fue el génesis del rap en Colombia.

La lista es extensa y cubre toda la geografía colombiana.

Estamos viviendo un momento crucial en el rap colombiano, que ha enriquecido y definido lo que es la cultura, la cual es más que una riña callejera. 

Aun así, el rap en Colombia ha evolucionado mucho más allá de estas agrupaciones. Como parte de esa evolución la temática de sus letras ha cambiado, allí queda un poco de lado la crítica social y los artistas comienzan a hablar de problemas personales, realidades singulares que resultan comunes a los seres humano.

En los últimos años el rap se ha vuelto más que un mensajero de paz o un reflejo del día a día “del colombiano de a pie”. Una nueva camada de artistas innovadores han logrado darle un espacio más amplio al rap en Colombia. La nueva ola de hip hop nacional está logrando un impacto significativo entre su público, debido a que habla de realidades que son propias de todos.

Bogotá: casa del hip hop

N. Hardem nos sorprendió en 2014 con su álbum “Cine Negro”, una exploración del lado más jazzero del rap con hábiles rimas que contenían citas de grandes escritores y directores de cine. En su último trabajo “Lo que me eleva” dio un giro y se acercó más a la introspección, hablando sobre el equilibrio mental, la depresión y la inconformidad frente a la vida.

En la misma línea de N. Hardem se encuentra el colectivo INDIO, un sello fundado por el beatmaker (productor musical) Hobbz y MC Saga Uno. Estas personas buscan explorar el lado más experimental del rap con una nómina de productores y rappers entre los cuales están Cultura Americana, Las Hermanas, Skore 999, Ruzto y el mismo N. Hardem.

El grupo 1703 en Suba es una muestra de las variaciones que puede tener el rap capitalino. La dupla de Kal Vokalez y Tripa hicieron uno de los álbumes más bizarros e incómodos este año: “Cero Stress”. Este álbum ha sorprendido a más de uno debido a sus temáticas oscuras y las vívidas imágenes de lo que podría ser un cuento de terror en las calles de Bogotá.

Por otro lado, tenemos a TSH Sudaca, quien lanzó este año su segundo disco titulado “Equilátero”, un homenaje a las matemáticas y a la geometría de la naturaleza. De igual manera, el dúo Rap Bang Club ha demostrado ser una de las propuestas más refrescantes de la escena rapera nacional, componen pistas más modernas interpretadas por la voz desgarradora de Pezcatore y la profunda voz de Karin, sus dos integrantes.

En Kennedy encontramos a La Caverna Del Calvo y La Fábrika Subterránea, quienes han publicado discos destacables como “Desconocido” de Stailmic, “Lealtad A LA Tribu” de Idem Ignoti Tribu y “Funk en el Ático”. Este último tuvo edición en vinilos de colores que se agotaron en tan solo dos semanas.

Medellín: escenario de talentos

Simpatizantes del rap en Bogotá.
Simpatizantes del rap en Bogotá. 
Foto: Idartes

La ciudad Medellín, a la que no podemos dejar de mencionar en este asunto, hoy por hoy es uno de los puntos focales más importantes del rap de habla hispana. Con los ojos en el sello Moebiuz (MBZ), grandes personajes como Kase O. han decidido mudarse para vivir en la ciudad de la eterna primavera y exprimir el talento local.

La nueva ola de hip hop nacional está logrando un impacto significativo entre su público, debido a que habla de realidades que son propias de todos.

Zof Ziro, Granuja, Mañas, Métricas Frías y Crudo Means Raw han sido catalogados como “la voz de la nueva generación”. Lo anterior le da un giro de 180 grados al rap nacional. MBZ ha realizado ya tres shows con boletería agotada en Bogotá, donde convocó a más de mil personas de todas partes de la ciudad.

Discos como “Tinto” de Frank Jhonson y Al-Baro o “Aspectos” de Sr. Pablo también se han destacado en la escena paisa. Este año se publicó “K.E.P.L.E.R.” del MC Buhodermia que, con un estilo oscuro y nocturno, ha hecho que más de uno se rinda ante el ritmo.

Similar a INDIO en Bogotá, este año Medellín vio el nacimiento de Afterclassmates Records, un sello de beatmakers liderado por el rapero Vic Deal y su aka (alias) Bopscat. El sello publicó este año un beattape de The Equation Beats y el disco debut de Bopscat.

La talentosa Mabiland y su neosoul, Rendon, Luis 7 Lunes, Después del Viernes, B. Brain, D. Jones, Thomas Parr, entre otros, hacen parte de una larga lista de nombres que han hecho de Medellín una de las ciudades más fértiles para el rap nacional.

El hip hop es una cultura fantástica y compleja cuyo trasfondo va mucho más allá de la violencia o de lo marginal. Esto es lo que Colombia ha demostrado en los últimos años con sus artistas, discos y conciertos.

La riña de Hip Hop Al Parque no fue más que una desafortunada coincidencia, la cual alimenta el estigma popular sobre esta cultura. Pero esto no invalida la afirmación de que  estamos en un momento muy importante para el rap colombiano, cuando producimos arte como nunca antes.

*Músico frustrado, fundador del medio musical El Enemigo. Diplomado en Music Business.

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