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Haití: una larga historia de estancamiento político

Escrito por Anthony Maingot

Revolucionarios haitianos se enfrentan a tropas francesas durante la batalla de San Domingo. Pintura de January Suchodolski (1845).

Anthony MaingotCon dramáticos niveles de pobreza, con tragedias naturales repetidas y con un muy precario régimen político, este  país caribe se encuentra ante un vacío de poder que no se sabe dónde acabará.  

Anthony P. Maingot*

Un problema histórico

En un apéndice de su célebre trabajo sobre la Revolución haitiana de 1791-1804, el marxista de Trinidad C.L.R. James argumenta que lo que tuvo lugar en el Haití revolucionario de comienzos del siglo XIX reapareció en la Revolución cubana de 1959, y que los dos levantamientos son parte de un desarrollo caribeño que tuvo su origen en Haití. Con esta idea James le dio un gran empujón al mito de un Caribe netamente revolucionario.

Desafortunadamente, por más admirable que fuera la Revolución haitiana (acabó con la esclavitud y estableció un país independiente), también acarreó la perversión de su cultura política y las raíces de una demografía insostenible.

Hay que recordar que los heroicos haitianos pelearon contra la esclavitud y el colonialismo francés, pero no a favor de un sistema de gobierno. Y lo que más faltó en Haití desde el principio fue algún sistema de gobierno que no fuese un régimen dominado por caudillos militares.

Sin embargo así quedo fundado el sistema que existe todavía: dominio absoluto del presidente, insignificancia del Congreso, y subordinación de las Cortes y del sistema electoral.

El enredo de las elecciones

Cascos azules de la Misión para la Estabilización de Haití de las Naciones Unidas patrullan un campo de refugiados en Puerto Príncipe.
Cascos azules de la Misión para la Estabilización de Haití de las Naciones Unidas
patrullan un campo de refugiados en Puerto Príncipe.
Foto: Wikimedia Commons

En Haití siempre ha sido cierto aquello de que “el que escrute, elige” y el que elige tiene un derecho “obvio” a las pocas prebendas que existen. Así fue en las elecciones de agosto 2015, que todavía están en disputa.

Después de meses de cabildeos políticos, el Consejo Electoral Provisional aprobó los nombres de 77 candidatos a la Presidencia, 166 partidos políticos, y 1.857 candidatos a las 20 curules del Senado y a los 118 puestos de la Cámara de Diputados.

También aprobó los nombres de 38.000 candidatos a los 1.280 puestos en los consejos municipales. Naciones Unidas calcula que las elecciones anteriores costaron 66 millones de dólares, de los cuales Haití contribuyó con 14 millones.

En Haití siempre ha sido cierto aquello de que “el que escrute, elige”.

Como no hubo resolución en las votaciones de 2015, quedó pendiente una nueva ronda para  marzo de este año. Y mientras tanto, con mediación de la Organización de Estados Americanos se acordó que el presidente del Senado ejerciera el gobierno a título interino.  

Pero a juzgar por las muchas controversias constitucionales que han surgido, no sería prudente anticipar el resultado final de este proceso, pues en Haití hay todavía mucha tela política para cortar.

Condenados por la naturaleza

Mientras tanto, los factores naturales y demográficos siguen afectando a la isla. 2010 fue un verdadero annus horribilus para Haití. Casi toda la ciudad capital quedó aplastada por el terremoto que cobró cerca de 300.000 vidas. Cuando todavía no se había recuperado, en 2012 los ciclones Isaac y Sandy destruyeron el 70 por ciento de las cosechas, y fueron seguidos por una sequía que perdura hasta hoy.

Además, la producción agrícola no se ha recuperado, lo cual ha desatado un gran movimiento hacia las ciudades y hacia República Dominicana, donde no han sido bien recibidos los haitianos.

Haití pasó rápidamente de ser un país rural y agrícola a ser uno donde el sector rural no puede sostenerse a sí mismo ni mucho menos a los muchos que hoy habitan las ciudades. Haití es lo que los franceses llaman une paysannerie parcellaire, un país donde el 72 por ciento de los que trabajan la tierra poseen menos de una hectárea.

A principios del siglo XIX el presidente Alexandre Pétion había decidido que el tamaño mínimo de una parcela debía ser 30 acres por campesino. Pero lo que existe hoy en día es un sistema de minifundio que el antropólogo Paul Moral describió como grapiye, que significa “agarra lo que puedas”.

En Haití hay un círculo vicioso de pobreza. Con tanta presión sobre la tierra no puede haber desarrollo agrícola, y sin desarrollo agrícola no quedan sino dos caminos: migrar e importar comida.

En junio de 2013 la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) dijo que el 60 por ciento de los haitianos llevan a diario una batalla para alimentarse adecuadamente. La Fundación Gates, en su reporte Poverty Matters, describe cómo el haitiano que comía dos veces  al día hace diez años hoy solo come una. La Fundación también revela que hay 1,52 millones de haitianos que viven con malnutrición crónica.

¿Qué hacer?

Jornada electoral durante las elecciones del año 2015 en Haití.
Jornada electoral durante las elecciones del año 2015 en Haití.
Foto: United Nations Photo

Es obvio que el eterno estancamiento de la política haitiana no ha contribuido a resolver o a  mejorar esta situación. Sin embargo, y a pesar de esta historia de inestabilidad política, siempre hay algunos que, con las mejores intenciones, mantienen grandes esperanzas en el desarrollo de la isla.

El expresidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, visitó Haití tres veces durante su gobierno y fue uno de los más importantes promotores del desarrollo del país y de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH).

Hay 1,52 millones de haitianos que viven con malnutrición crónica.

En 2014 Lula escribió un editorial pidiendo más ayuda para Haití y citando proyectos como la planta hidroeléctrica Peligre, en el Artibonite, y la construcción de una planta  ensambladora en la frontera con República Dominicana, llamada Caracol. Pero infortunadamente ninguno de los dos proyectos ha dado los resultados esperados:

  • La deforestación alrededor de la planta hidroeléctrica ha reducido el volumen del agua y ha dañado las turbinas.
  • En Caracol, en lugar de los 60.000 pobladores que iban a trabajar y residir en esa comunidad, solamente se ha establecido una fábrica y la universidad construida con fondos dominicanos ha quedado vacía.

No es fácil cambiar situaciones de subdesarrollo cuando ni la demografía ni la cultura política ayudan a hacer los cambios necesarios.

Finalmente, quedan dos problemas adicionales por resolver:

  1. La ONU tiene que decidir si va a mantener por más tiempo su presencia en la isla. Esta presencia ha ido reduciéndose de manera paulatina y hoy permanecen 2.338 funcionarios de distinta índole que se concentran en tan solo cuatro provincias del país.
  2. Sigue sin solución el enorme tráfico de drogas que está corrompiendo a la Policía, la burocracia, y a buena parte de la política nacional.

¿Podrá la comunidad internacional intervenir positiva y efectivamente sin ofender el nacionalismo haitiano que ha sido uno de los grandes atributos heredados de la Revolución?

 

* Profesor emérito de Sociología, Florida Internacional University, Miami, Florida.

 

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