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Haití, un Estado en el limbo

Escrito por María Fernanda Barbosa
María Fernanda Barbosa

Tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse, Haití está en un limbo político a pocos meses de las elecciones presidenciales. Este es un análisis de la tensa situación política que enfrenta ese país.

María Fernanda Barbosa*

El asesinato de Jovenel Moïse

El pasado 7 de julio, 28 hombres armados —de los cuales 26 son mercenarios colombianos— se hicieron pasar por funcionarios de la DEA y asesinaron a Jovenel Moïse, el presidente de Haití, e hirieron a su esposa, Martine Moïse.

Para contextualizar el asesinato de Moïse es necesario remover la historia política y social de Haití. Este episodio dejó en evidencia cómo los tentáculos del crimen internacional organizado están al servicio de los intereses más egoístas de algunos.

Lo primero que encontramos en el pasado es el magnicidio de Vilbrun Guillaume Sam, ex presidente de Haití, quien en 1915 fue asesinado por una turba en el palacio de gobierno.

Ambos magnicidios debilitan las instituciones de Haití y dejan preguntas: ¿quién se beneficia con la muerte de Moïse?; ¿por qué lo asesinaron a dos meses de finalizar su mandato si no tenía permitido presentarse de nuevo?; ¿está Haití a puertas de un caos nunca visto en su historia?; ¿cómo están enlazados los antecedentes que llevaron a este hecho?; y ¿qué implica el asesinato de Moïse para el futuro de Haití y su resquebrajada democracia?

¿Quién era Jovenel Moïse?

Moïse nació en el distrito rural Trou-du-Nord, en el departamento nordeste de Haití. Empezó como negociante del sector agrícola y después fue secretario general de la Cámara de Comercio e Industria de Haití, cargo que lo acercó a Michel Martelly, presidente de Haití en el periodo 2011-2016.

Sus afinidades convirtieron a Moïse en el protegido de Martelly, a tal punto que lo designó como candidato de su partido, el Tet Kale (que significa “cabeza calva» en criollo haitiano).

Las elecciones tuvieron que llevarse a cabo dos veces, la primera vez en octubre de 2015 y la segunda en 2016. La segunda vez apenas participó el 15% de la población habilitada para hacerlo.

El gobierno de Moïse estuvo marcado por jornadas de protestas en las que la población expresaba su inconformidad y pedía su renuncia.

En el intermedio se nombró a un presidente interino y ya en 2017 la autoridad electoral reconoció el triunfo de Moïse.

Moïse gobernó con la mayor parte del parlamento disuelto y con muchos de sus amigos políticos designados como alcaldes, en reemplazo de los que habían sido elegidos popularmente.

Su gobierno estuvo marcado por jornadas de protestas en las que la población expresaba su inconformidad y pedía su renuncia. Algunas de las causas que los convocaron fueron:

  • un escándalo de corrupción en el que presuntamente funcionarios del gobierno malversaron800 millones de dólares en ayudas del programa de asistencia petrolera PetroCaribe;
  • la propuesta de un polémico referéndum para una reforma constitucional —el cual no contaba con el apoyo de la oposición ni de la comunidad internacional—; y
  • el desacuerdo con respecto a la fecha en la que debía acabar su mandato, pues para Moïse su periodo finalizaba en 2022, a cinco años de su posesión, pero para la oposición, tenía que haber dejado el cargo en febrero de 2021, cuando se cumplían cinco años del fin del gobierno de Martelly.

Por su parte, en febrero de 2021 Moïse denunció un intento de golpe de Estado y de un magnicidio. Incluso, acusó a un grupo de familias y empresarios vinculados al sector eléctrico de querer asesinarlo.

A pesar de las diferencias entre Moïse y la oposición, él era el factor común que unía a distintos grupos políticos, pues la lucha en su contra había acercado a sectores muy divididos.

Foto: Ministerio de Comunicaciones de Haití - Claude Joseph, acusado de estar detrás del asesinato del presidente de Haití.

¿Quién queda en el poder?

Tras el asesinato de Moïse, Claude Joseph —primer ministro interino— asumió el poder. Aun así, no es claro que le corresponda a él, pues un día antes del asesinato, Moïse había designado a un nuevo primer ministro que debía tomar cargo en esa semana.

Ni esa confusa designación ni las declaraciones de Joseph, en las que aseguraba que la policía y el ejército de Haití mantendrían el orden en el país, dan tranquilidad.

Según la Constitución, si el primer ministro no puede reemplazar al presidente lo debe hacer el presidente de la Corte Suprema. Sin embargo, hace unas semanas, falleció su presidente, Rene Sylvestre, por la COVID-19.

La siguiente directriz ordenaba que el mandato quedaría en manos del presidente de la asamblea nacional, pero sin asamblea, esta tampoco era una opción viable.

Finalmente, el Senado designó a Joseph Lambert, antiguo titular de la Cámara alta del Congreso haitiano, como mandatario provisional.

Autores intelectuales y materiales 

Noticias Caracol presentó un reportaje en el que acusó a Claude Joseph de ser uno de los autores intelectuales del magnicidio. Sin embargo, la Policía de Haití aseguró que esa información es falsa.

Las principales declaraciones se tomaron de tres colombianos que hicieron parte del magnicidio. Según los testimonios, el plan inicial era secuestrar a Moïse para que Claude Joseph subiera al poder.

Las investigaciones también señalan a otros dos autores intelectuales: el exsenador Jhon Joel Joseph y a Christian Emmanuel Sanon, un médico de 63 años que vive en Florida desde hace más de 20 años, y quien ya fue capturado por la justicia haitiana.

Se cree que Claude Joseph dio la orden de asesinar Moïse con la promesa de proteger y dejar en libertad a los autores materiales. Aunque la Policía de Haití desmiente el posible vínculo de Joseph con el magnicidio de Moïse.

¿Qué está pasando en Haití?

La historia del primer país de América Latina en independizarse ha encarnado inestabilidad, corrupción, esclavitud, golpes de Estado, dictaduras y violencia. Sin olvidar la ocupación por parte de Estados Unidos y su deuda de independencia con Francia.

De los 11,5 millones de habitantes que tiene esa nación, un 60% vive en el rango de la pobreza con menos de dos dólares al día y el 24% en la pobreza extrema. Como consecuencia directa de esto, una quinta parte de la población, alrededor de 2 millones de personas han migrado.

Según la Constitución, si el primer ministro no puede reemplazar al presidente lo debe hacer el presidente de la Corte Suprema, pero falleció su presidente, Rene Sylvestre, por la COVID-19

Para completar este panorama, Haití está justo sobre la falla entre las placas tectónicas de Norteamérica y el Caribe y en la pista de huracanes de la región. Una casualidad desafortunada que ha causado tragedias tan devastadoras como el terremoto de 2010 que dejó 316 mil muertos.

Las pérdidas materiales fueron de 7,900 millones de dólares, el 120% del PIB del Estado. Además, 1,5 millones de personas perdieron sus hogares.

En 2016, el huracán Matthew arrasó con el suroeste del país y dejó a millones de damnificados y 573 personas muertas. Mientras que en agosto de 2020 el huracán Laura dejó a miles de personas más sin techo.

No conforme con esta historia apocalíptica, la COVID-19 tiene colapsado el sistema de salud.

Además, en Haití ha aumentado la violencia por parte de las bandas criminales. Las pandillas se han vuelto una amenaza para el gobierno mismo porque algunos de sus líderes son ex jefes de la policía que están atacando tanto a la población civil como a la fuerza pública.

El Centro de Análisis e Investigación en Derechos Humanos (CARDH) informó que en junio de 2021 más de 150 personas fueron asesinadas y otras 200 secuestradas en la zona metropolitana de Puerto Príncipe.

En 1994, las fuerzas militares fueron eliminadas para evitar golpes de Estado. Durante ese periodo, fuerzas de Brasil, Uruguay y otras naciones patrullaron la isla, a través de la llamada Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití. Las tropas cumplieron su función de mantener la estabilidad, pero trajeron la epidemia de cólera y fueron acusados de violar a cientos de mujeres y niñas.

En 2017 el cuerpo militar fue restituido. Actualmente, el ejército tiene apenas 500 miembros que no tienen la capacidad ni la experiencia para hacer frente a esta situación.

¿Cuál es la salida?

Este magnicidio se llevó a cabo a dos meses de las elecciones presidenciales programadas para el 26 de septiembre en las que Moïse no podía ser candidato.

La profunda división política no da esperanzas de una transición pacífica. Aun así, es importante que se lleven a cabo las elecciones legítimas.

Es momento de darle un significado real a la “comunidad internacional” y exigirles a los países influyentes como Canadá, Estados Unidos, Francia, y a las organizaciones no gubernamentales, en especial la OEA y la ONU, ayudar a Haití.

Apoyar a Haití en este momento es lo mínimo teniendo en cuenta su larga historia de colonialismo y abusos.

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