
¿Hacia dónde van los libros impresos en un mundo dominado por la digitalización y las tecnologías?
Compartir:
El ecosistema del libro es frágil, requiere una atención especial por parte del Estado y de los distintos agentes que se van encadenando en su producción, circulación y acceso.
En la actualidad el libro se desarrolla en nuevos soportes: el libro digital o eBook, los audiolibros, las plataformas de lectura por suscripción (Scribd o Storytel), plataformas educativas digitales (sistemas de aprendizaje que no son sólo libros, incluyen contenidos digitales, evaluaciones y analítica), contenidos editoriales transmedia (podcast, series, contenidos interactivos, redes sociales), narrativas interactivas y digitales (libros-app, ficciones interactivas, videojuegos narrativos), autoedición digital, contenidos cortos y serializados (newsletters, blogs, publicaciones por entregas) o contenidos asistidos por IA (generación de textos, traducción automática, adaptación de contenidos).
Frente a este panorama, cabe preguntarse cuál es el impacto que tienen la digitalización y las tecnologías de la información en la supervivencia del libro.
El “ecosistema” del libro
Independientemente del formato, ya sea en papel o digital, el libro es el resultado de un ecosistema frágil en el que intervienen actores privados, el sector público y la sociedad en general. Se encadenan en un circuito que no es necesariamente lineal.
El proceso comienza con la creación (autores, traductores o ilustradores), continúa con la actividad editorial (editoriales comerciales, independientes, escolares o universitarias, así como correctores de estilo, diseñadores o incluso inversionistas), sigue con la producción industrial (imprentas, producción y proveedores de papel o impresión digital), se proyecta con la distribución (distribuidores mayoristas, operadores logísticos o plataformas digitales), sigue con la comercialización (librerías, grandes superficies o supermercados, tiendas virtuales o ferias del libro) y cierra el ciclo con el consumo (lectores, estudiantes o bibliotecas).
Es importante destacar el papel de un actor que se ha visto muy afectado por las dinámicas del mercado: los libreros. La riqueza y la variedad de pensamiento y de producción editorial (llamada “bibliodiversidad”) se encarnan en las editoriales independientes, que tienen un espacio por antonomasia: las librerías. Estas no son sólo puntos de venta, las librerías garantizan la diversidad de voces y autores, de géneros, editoriales y perspectivas intelectuales. No existe otro espacio que permita la multiplicidad y la amplitud de ofertas; sin ellas, las editoriales independientes pierden un soporte fundamental para llegar a los lectores. Junto a las bibliotecas, el espacio que permite al lector encontrarse con el libro. Con el que busca, o con el que, por alguna razón, puede atraer su atención hacia temas o mundos insospechados.
En este proceso es fundamental el soporte institucional, así como el de otros actores como docentes, mediadores y promotores de lectura, medios culturales, crítica literaria, bibliotecarios, revistas o premios literarios. Como en un ecosistema, si alguno de estos componentes no funciona, se ve afectado todo el engranaje.

El acceso al libro
En términos de acceso social al libro, tanto las bibliotecas públicas como las librerías requieren de un análisis sobre la grave concentración en las grandes ciudades, y en ciertos lugares de las ciudades.
Hay amplias zonas urbanas e incluso ciudades intermedias y pequeñas que no cuentan con una oferta básica de libros, para no hablar de regiones enteras, que requerirían una mayor atención por parte de las políticas públicas del Estado. Estas diferencias en el acceso al libro contribuyen a profundizar las desigualdades sociales, porque afectan el acceso a la educación, a la información y al conocimiento. En Estados Unidos la participación de estos nuevos soportes en el mercado editorial es cercana al 14%, en Alemania está alrededor del 10%, en España en torno al 11% y en América Latina se estima en cerca del 6%.
Como puede verse, aunque se podría pensar que la fuerza arrolladora de la digitalización y las nuevas tecnologías podría afectar o cambiar sustancialmente la dinámica de la producción editorial, estos nuevos soportes siguen teniendo una participación menor en el sector.
En Colombia, por ejemplo, existe la limitación del acceso de amplios sectores sociales a las tecnologías de la información, así como rezagos en la conectividad. Según la Cámara Colombiana del Libro, los eBooks y audiolibros representan un poco menos del 10% del mercado.
No obstante, presenta un fuerte dinamismo, pues en los dos últimos años la venta de eBooks ha crecido 9,7%, mientras que los audiolibros han crecido 27,3% (los libros impresos, 3,5%). Los libros electrónicos que más se mueven son los técnicos y científicos; en los audiolibros, los de autoayuda, emprendimiento o interés general. Los audiolibros tienen la particularidad de que pueden usarse mientras las personas realizan otra actividad como caminar, manejar o hacer ejercicio. La lectura del texto escrito, en cambio, absorbe toda la atención del que lo lee.
Es importante señalar que el libro en soporte papel es un instrumento tecnológico que hasta ahora es difícil de superar (a diferencia de otras industrias culturales, como la fonográfica y la cinematográfica). Como decía algún viejo video: al libro no se le acaba la pila; si se moja o se cae, no se daña; puede rayarse, subrayarse o escribirse encima sin que se afecte sustancialmente; se “enciende” o “prende” de inmediato, no hay que esperar a que el sistema se active; puede portarse fácilmente; se puede fácilmente retroceder o volver a revisar sin operaciones complejas; sólo con un “papelito” se señala en dónde va la lectura, sin que haya forma de equivocarse; se puede usar por igual en la casa, la oficina, la playa o el desierto. No necesita conexión a internet o a redes.
En su lectura no se tienen distracciones ni interrupciones permanentes por nuevos mensajes, no encandila los ojos. Funciona tanto en el silencio como en medio del ruido de un bar o de un café. No necesita dispositivos como audífonos o cables especiales. Todo esto no es sólo jocoso, el libro en soporte papel sigue superando de lejos, por su facilidad y eficiencia, los diversos soportes digitales y tecnológicos que han ido apareciendo. Así que es posible pensar que habrá libros impresos para rato.
En síntesis, el ecosistema del libro es frágil, requiere una atención especial por parte del Estado y de los distintos agentes que se van encadenando en su producción, circulación y acceso. No es sólo una maravillosa herramienta para la imaginación o el entretenimiento, es un instrumento absolutamente necesario para la apropiación del conocimiento y el desarrollo de los pueblos. Su vulnerabilidad sigue exigiendo una atención especial por parte de las instituciones y de la sociedad en general.
Ahora que estamos en campañas políticas, sería bueno sugerirles a los candidatos la necesidad de desarrollar estrategias y políticas sólidas para impulsar el libro y la lectura en Colombia.
Le recomendamos: Los recovecos de los diccionarios
Acerca del autor
Luis Fernando Sarmiento
*Sociólogo y politólogo. Ha trabajado por casi 20 años en la definición de políticas públicas, leyes y acuerdos internacionales en materia cultural en distintos países Iberoamericanos.
0 comentarios


