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Gustavo Petro o la instrumentalización del feminismo

Escrito por Angélica Bernal Olarte
La decisión de Gustavo Petro de apoyar la candidatura de Holman Morris no fue apoyada por mujeres de Colombia Humana.

Angelica BernalComo líder de la Colombia Humana, Gustavo Petro dice luchar por la igualdad de género. Y sin embargo ahora apoya a un candidato acusado de violencia contra la mujer.

Angélica Bernal Olarte*

Violencia de género

De acuerdo con la Fiscalía General de la Nación, en este año se han presentado 471.188 denuncias ciudadanas, siendo la violencia intrafamiliar, la inasistencia alimentaria y los delitos sexuales tres de los seis delitos más recurrentes. Las mujeres son las víctimas principales de todos ellos.

Por su parte, el Observatorio de Asuntos de Género de la Secretaría de las Mujeres de Antioquia indicó que, en tan solo 17 meses, 263 mujeres fueron asesinadas en ese departamento, lo que significa que, durante ese período, al menos una mujer fue asesinada diariamente.

Discriminación en la vida cotidiana

En 1990 la filósofa feminista Iris Young escribió en La justicia y la política de la diferencia que “las acciones conscientes de muchos individuos contribuyen diariamente a mantener y reproducir la opresión, pero por lo general, esas personas están haciendo simplemente su trabajo o viviendo su vida, y no se conciben a sí mismas como agentes de opresión”.

Dicho de otra manera: ciertos grupos sociales enfrentan enormes injusticias como consecuencia de actitudes y reacciones corrientes, de manera que los actos de opresión suceden en el diario vivir, “en los procesos normales de la vida cotidiana”.

Existe un conjunto de prácticas, reglas, lenguajes y símbolos que reproducen el orden opresivo.

Por eso, cuando un grupo que ha estado en desventaja (por cuestiones de género, raza, clase o preferencia sexual) quiere transformar su situación, no lucha solamente contra personas que ocupan posiciones privilegiadas, sino contra un orden social que mantiene y justifica su opresión.

En ese orden de ideas, para vencer la injusticia histórica no es suficiente superar las barreras de acceso ni la discriminación de manera individual, porque existe un conjunto de prácticas, reglas, lenguajes y símbolos que reproducen el orden opresivo y determinan las interacciones sociales.

Sociedad machista

Los postulados de Young resultan sumamente pertinentes para reflexionar sobre la violencia contra las mujeres en Colombia, pues aunque se trata de un fenómeno profundamente enraizado en nuestra sociedad, muchas personas niegan su existencia basándose en casos particulares en que las mujeres cometen actos de violencia contra sus parejas o hijos.

Holman Morris ha acusado a un supuesto feminismo radical de señalarlo simplemente porque es un hombre.

Foto: Facebook Holman Morris
Holman Morris ha acusado a un supuesto feminismo radical de señalarlo simplemente porque es un hombre.

La teoría feminista entiende la opresión de las mujeres como un conjunto de discursos y prácticas de poder que ubican a los hombres en el centro de la vida social y erigen su forma de habitar el mundo como parámetro de lo humano. Esto ha dado pie a un orden político de dominación donde únicamente los varones blancos, heterosexuales y ricos son considerados ciudadanos. Esta lógica excluye a las mujeres de la esfera pública, pues supone que solo ellos tienen autoridad y, por ende, son capaces de gobernar y representar. Si bien las luchas feministas han permitido que esta situación cambie significativamente, la opresión de las mujeres sigue estructurando nuestras relaciones sociales en gran medida.

Le recomendamos: ¿De qué hablamos cuando hablamos de feminismo?

La polémica

La semana pasada Gustavo Petro, líder de la Colombia Humana (CH), tomó la polémica decisión de apoyar la candidatura de Hollman Morris a la Alcaldía de Bogotá pese al desacuerdo expresado por miembros importantes de su movimiento como María Mercedes Maldonado y Ángela Robledo.

Es posible que esta decisión desemboque nuevamente en la pérdida de la Alcaldía por parte del centro-izquierda, pues una gran parte de la ciudadanía se niega a respaldar a un candidato que ha sido denunciado tres veces por acoso sexual.

Como era de esperarse, el pronunciamiento de Petro provocó reacciones diversas en las redes sociales. Una de las posturas que más ha llamado la atención es la de aquellos que respaldan la decisión del exsenador afirmando —como el propio Morris— que hay un feminismo radical que lo inculpa simplemente por ser hombre. Pero este argumento pasa por alto que, en este caso, ser hombre no es una cuestión biológica, sino una posición de poder y que, independientemente de su género, sus presuntos comportamientos hacia las mujeres son inaceptables.

Es absolutamente reprochable que Morris se victimice, pues en Colombia la impunidad en casos de violencia y acoso sexual se acerca al ciento por ciento.

Es importante recordar que en los casos de violencia de género prima la presunción de inocencia de los hombres, lo que implica que las denuncias de las mujeres sean puestas en duda en el plano legal. Pero aun entonces es absolutamente reprochable que Morris se victimice, pues en Colombia la impunidad en casos de violencia y acoso sexual se acerca al ciento por ciento.

Los partidarios de esa postura acusan a Maldonado y a Robledo de dividir a la Colombia Humana y favorecer a los candidatos de derecha. Sobre este argumento, es necesario señalar que, en realidad, fueron Petro y Morris quienes dividieron al electorado al pasar por encima de los estatutos del partido y tomar una decisión que no contaba con el aval de todos sus miembros.

Puede leer: Gustavo Petro y la puja por la alcaldía de Bogotá.

¿Bandera electoral o postura de fondo?

Petro, Morris y aquellos que respaldan su candidatura parecen no haber entendido que el feminismo no es una bandera que sirve para ganar votos, sino un movimiento político y social que no va a traicionar sus principios por una coyuntura electoral. Apoyar a un candidato acusado de violencia contra la mujer implica negar que la violencia de género sea un asunto sustantivo del cambio social y no una lucha ornamental.

Se ha dicho también que el feminismo divide la lucha de clases que caracteriza a la izquierda, y que por tanto subordina el cambio estructural a ciertas susceptibilidades burguesas. Ese argumento olvida que feministas políticas como Nancy Fraser, comunistas como Angela Davis, materialistas como Colette Guillaumin y antirracistas como Ochy Curiel y Yuderkys Espinosa han repetido una y otra vez que la dominación por razones de género no se puede entender sin la explotación capitalista y la violencia racista, por lo cual, es un equívoco dividir las subordinaciones. Todas ellas han dejado claro que para lograr una sociedad justa debemos luchar contra el racismo, el capitalismo y el sexismo de forma simultánea.

Ángela MAría Robledo y a María Mercedes Maldonado

Foto: Facebook Ángela María Robledo
Se acusa a Ángela María Robledo y a María Mercedes Maldonado de dividir la CH; sin embargo fueron Petro y Morris quienes se saltaron lo acordado en el partido.

Es importante recordar que en estos doscientos años de lucha contra el colonialismo, las y los oprimidos nunca han tenido el poder político institucional y aun así han obtenido victorias en medio de la guerra y de la muerte.

Por eso, más allá de ganar esta contienda electoral, es necesario que los movimientos progresistas luchen por valores radicales como la igualdad, la justicia social, la libertad, el respeto y la reparación de los grupos que históricamente han sido víctimas de discriminación por razones de género, raza, clase y preferencia sexual. Lejos de ser recursos retóricos o exigencias de la corrección política, todos ellos son asuntos estructurales que deben ser confrontados con el fin de construir una democracia real. Aplazarlos es equivalente a decir que, en realidad, importa más el fin que los medios.

Con su decisión, Petro y Morris parecen haber olvidado que una fuerza política verdaderamente feminista lucha por la equidad de género así eso implique afrontar unas cuantas derrotas más. Tristemente, en este caso, la Colombia Humana prefirió satisfacer ambiciones personales en vez de perseguir el bien común.

*Politóloga, Ph. D. en Filosofía, investigadora y feminista, especialista en el estudio de mujeres y su relación con el poder político, la democracia y la ciudadanía, profesora del Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

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