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Un guiño desde el más allá: el nuevo texto inédito de Jorge Luis Borges

Escrito por Ana María Ferreira
Ana María Ferreira

“Desde el momento de nacer contraje una deuda, asaz misteriosa, con un desconocido que había muerto en la mañana de tal día de tal mes de 1871”.

Ana María Ferreira*

“En víspera perpetua de aventura / no salió nunca de su biblioteca”

Desde que tengo memoria siempre he sido una lectora ávida; a veces, también una lectora sin mucho criterio, una de esas que lee todo lo que le cae en las manos. Recuerdo perfectamente pasar de Dostoievski a Corín Tellado sin pestañear.

Jorge Luis Borges, sin embargo, no fue un amor a primera lectura. Los cuentos me parecían pretenciosos, como si la forma fuera más importante que la historia, como si el escritor estuviera burlándose de mi ignorancia.

De niña traté de leer un par de cuentos, pero no sentía que me acogieran, y simplemente los dejé de lado; continué con mis lecturas desordenadas y un tanto caóticas. Pero Borges siguió persiguiéndome, y, cuando empecé a estudiar literatura, fue imposible evitarlo: es un escritor favorito de escritores y estudiosos de la literatura.

En casi todas mis clases, los profesores se referían a La biblioteca de Babel o a El Aleph, pues los libros y las bibliotecas fueron algunos de los personajes y espacios preferidos de J. L. Borges, y no hay nada que nos guste más a los que nos dedicamos a la literatura que las tiendas de libros y las bibliotecas.

Decidí entonces comenzar a leerlo nuevamente, y ahora su obra es una adicción de la que todavía no me recupero del todo; no hay nada de Borges que no me guste. Una de las claves para amar a Borges es darse cuenta de que la erudición de sus textos no es presunción —o tal vez sí, un poco—, pero es sobre todo un juego y una trampa.

Ambos personajes pueden ser uno solo; ni el lector, ni nadie, puede juzgarlos

La pasión del lenguaje

Los cuentos de Borges muchas veces parecen poemas, ensayos, biografías, estudios filosóficos y mucho más. Están llenos de notas a pie de página; citas de otros autores; referencias a tratados, traducciones y enciclopedias. Estos textos citados, sin embargo, no son siempre verdaderos; si bien aparecen en su obra autores y libros canónicos, también menciona textos que solo existen en su imaginación.

El autor nos pone zancadillas aquí y allá, y los textos de Borges son al mismo tiempo un despliegue de conocimiento libresco y una burla de este mismo conocimiento. Al final, todos podemos parecer eruditos inventándonos las referencias que usamos.

Un ejemplo de este juego: en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, toda la historia gira en torno a Tlön, un país imaginario regido por distintas leyes filosóficas, físicas, lingüísticas, etc. Este mundo lo encuentra Borges no como escritor del cuento, sino como uno de sus personajes.

Tlön —cuyo origen es un texto escrito— se escapa de la escritura y se infiltra en la realidad, cuando Borges —protagonista del cuento— menciona un par de objetos avistados en este lado del universo: una brújula y un cono de metal provenientes de Tlön.

Tratar de resumir el cuento cabalmente —apenas ahora me doy cuenta— es una tarea imposible.

Así como los objetos de Tlön empiezan a colarse en nuestro mundo, la irrupción de la fantasía o de lo imposible en lo cotidiano es uno de los motivos recurrentes en la obra de Borges. Eventos inesperados, personajes misteriosos, leyes físicas y temporales se rompen en su obra y nos sumergen en laberintos circulares, en donde los personajes —y muchas veces los lectores— se pierden y no pueden escapar. No es raro que, al final, muchos de sus cuentos vuelvan al comienzo de la historia.

Foto: Ministerio de Cultura Argentina - El breve texto recién publicado de Borges, es un lindo guiño póstumo de Borges.

“Una aventura que linda con la noche”

Otra de las características en la narrativa de Borges es que los personajes no son lo que parecen: son mujeres y hombres con historias oscuras de muerte y traición, en narraciones laberínticas donde no sabemos quiénes son víctimas y quiénes victimarios; quiénes amigos y enemigos, ni quiénes son los asesinados ni los asesinos. Al final, nos enteramos de que ambos pueden ser uno solo y de que ni el lector, ni nadie, puede juzgarlos.

En cuentos como Emma Zunz, Borges y yo o —uno de mis favoritos— El jardín de los senderos que se bifurcan, los personajes están sumergidos en destinos trágicos, donde la verdad y la justicia son difusas y esquivas. Al final, hay un solo ganador: el cuento mismo, y tal vez el lector, que no puede dejar de sentirse frente a una obra maestra.

Los cuentos de Borges muchas veces parecen poemas, ensayos, biografías, estudios filosóficos y mucho más. Están llenos de notas a pie de página

Silvano Acosta

El texto recientemente encontrado de Borges se inscribe en esa línea narrativa de personajes que no son lo que parecen. El periódico argentino La Nación publicó el pasado primero de noviembre un breve texto inédito de Borges: Silvano Acosta. Lo encontró María Kodama, la segunda esposa del autor y férrea ejecutora de su propiedad intelectual después de su muerte. Borges se lo dictó a la propia Kodama en 1985, poco antes de morir.

En Silvano Acosta, Borges habla sobre un hombre del que no tiene casi información; lo poco que sabe es que fue un desertor del ejército argentino que se pasó a pelear del lado de los montoneros por allá en la década de 1870. Acosta tuvo la mala suerte de ser capturado por el coronel Francisco Borges —abuelo del autor— que lo sentenció a muerte.

Borges —el escritor— nació 30 años después de esta muerte, y se sabe ligado al coronel y al desertor; de hecho, se siente en deuda con el segundo. Según el texto recién encontrado, casi asume la responsabilidad de su muerte, por lo que estas últimas palabras son un intento, fallido de antemano, de enmendarla.

“El pasado es arcilla que el presente / labra a su antojo”

Borges no logra desagraviar la muerte de Acosta, pero no deja de ser asombrosa la casi obsesión del autor con las relaciones entre los asesinos y sus muertos, entre los perseguidores y sus perseguidos. Es fascinante que la historia real consignada por Borges en Silvano Acosta haya sido uno de los motivos de su obra, como si la realidad de la vida de Borges estuviera copiando a su literatura.

En el Tema del traidor y del héroe —publicado en 1944 en el libro Ficciones—, Fergus Kilpatrick es descubierto como un traidor de la rebelión. Sin embargo, por ser Kilpatrick un hombre adorado por sus compatriotas y un símbolo de la lucha, deciden asesinarlo para que muera como un héroe de la causa y, al mismo tiempo, para que pague por su traición.

Ryan, uno de los descendientes de Kilpatrick, cuenta la historia: descubrió que su bisabuelo no fue un héroe, sino un traidor. Al final, decide publicar un libro que mantenga la reputación heroica de su antepasado, para no perturbar la delicada trama de la Historia.

“Soñando en el crepúsculo dudoso”

En Silvano Acosta, es realmente premonitorio que Jorge Luis Borges —el nieto del asesino— descubra la orden de ejecución de Acosta y se sienta como el bisnieto de Fergus Kilpatrick. Como su personaje, concluye que la historia que relatamos no es siempre la que nos hace justicia o la que es fiel a la verdad; contamos simplemente la historia que debemos contar.

La historia de Acosta casi que aumenta el carácter casi mítico de Borges, cuya vida parece también parte de una de sus historias. Uno de los aspectos de leyenda del Borges escritor es que, en un desenlace casi de ficción, Borges —el lector, el escritor, el director de la Biblioteca Nacional en Buenos Aires— acabó de quedarse ciego a los 55 años. Sobre esa paradoja escribió el autor en el Poema de los dones: “Nadie rebaje a lágrima o reproche / esta declaración de la maestría / de Dios, que con magnífica ironía / me dio a la vez los libros y la noche”.

El breve texto recién publicado de Borges es un lindo guiño póstumo del escritor; también es apenas un detalle del inmenso legado que este autor argentino nos dejó hace muchos años. Recordando a Borges hoy, pienso que él no me juzgaría por mis lecturas desordenadas y sin criterio. Basta agregar que, al igual que él, yo también me imagino el Paraíso como una biblioteca.

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