Guerra en Apure entre las FARC y Venezuela - Razón Pública
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Guerra en Apure entre las FARC y Venezuela

Escrito por Jorge Mantilla
Jorge Mantilla

El combate entre Venezuela y el Frente Décimo de las FARC ha dejado más de cuatro mil desplazados y ha aumentado la hostilidad entre ambos países. Este es un análisis de las posibles causas y consecuencias del nuevo enfrentamiento.

Jorge Mantilla*

Fin de la paz mafiosa

El combate entre el ejército venezolano y el Frente Décimo de las FARC ha dejado más de cuatro mil desplazados. Además, el ataque le dio un sacudón a la guerrilla y representa un punto de inflexión para la “paz” mafiosa en la frontera colombo-venezolana.

Durante los últimos años, las guerrillas colombianas, los grupos armados de ambos países y las autoridades venezolanas habían llegado a arreglos medianamente estables para la repartición de rentas ilegales y el control político militar de la frontera y de las rutas del narcotráfico en el Táchira, Apure y el Amazonas venezolano.

Sin embargo, la disidencia del Frente Décimo se ha convertido en un jugador incómodo debido al aumento de su capacidad económica, a la ambición de su jefe de finanzas, alias Ferley, y a su intención de la Segunda Marquetalia (el grupo de Iván Márquez) de consolidar su posición en el Apure venezolano.

Disidencias dentro de las disidencias

La ofensiva del ejército venezolano fue contraintuitiva debido a las alianzas entre este ejército y las disidencias. El escalamiento del conflicto puede estar relacionado con la fragmentación de las FARC y demuestra la dificultad que está teniendo Gentil Duarte para mantener el liderazgo de las disidencias que se opusieron al proceso de paz.

El combate entre el ejército venezolano y el Frente Décimo de las FARC representa un punto de inflexión para la “paz” mafiosa en la frontera colombo-venezolana.

Esto quiere decir que hay grupos, como el propio Frente Décimo, que piden más autonomía dado el aumento de su capacidad económica y militar. Lo anterior implica que hay disidencias dentro de las mismas disidencias que pueden llevar una trayectoria similar a la que en su momento llevó a los Caparros a separarse del Clan del Golfo.

A lo anterior se suma el comunicado reciente del Bloque Magdalena Medio que agrupa las disidencias de cuatro frentes (incluido el 33), y donde el Bloque condena las acciones del Frente Décimo. En su comunicado, le pide al Frente Décimo que no combatan contra el ejército venezolano.

Lo hechos antedichos también muestran que la Segunda Marquetalia al mando de Iván Márquez está dispuesta a pelear por el liderazgo de los grupos que se han rearmado. Márquez está usando sus contactos en el gobierno de Venezuela para dejar el lugar marginal que hasta ahora ha tenido en términos militares.

Aunque la relación entre la Segunda Marquetalia y las disidencias de Gentil Duarte han sido tensas, no podían catalogarse como una confrontación abierta. Sin embargo, esto está cambiando. Los habitantes del Catatumbo, en donde ambos grupos habían convivido, han reportado presuntos enfrentamientos en el municipio de Sardinata entre las disidencias del Frente 33 y el Frente 45. Este último supuestamente adscrito a la Segunda Marquetalia.

Las operaciones militares contra el Frente Décimo parecen entonces obedecer al castigo concertado entre grupos armados y las fuerzas de seguridad venezolanas contra el Frente Décimo. Las pretensiones de este frente de aumentar su poder económico y territorial se han salido del formato de paz mafiosa acordado por el Gobierno de Maduro, el ELN y la Segunda Marquetalia.

¿Qué hará el ELN?

Es posible que el conflicto escale debido a que la región de Sarare ha sido un territorio tradicional del ELN. O sea que, aunque el conflicto actual es entre el Décimo Frente de las FARC, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y las Fuerza de Acciones Especiales (FAES), el actor dominante en la zona es el Frente Domingo Laín del ELN.

Cabe recordar que entre 2005 y 2007, el ELN y las FARC-EP se enfrentaron de manera sangrienta en Arauca cuando el ELN negociaba con el gobierno Uribe.

Aunque es difícil saber qué partido tomará el ELN en esta confrontación, es poco probable que apoye al Frente Décimo. En primer lugar, el ELN es un ejército binacional cuya agenda ha transitado de la toma del poder en Colombia a la defensa de la Revolución Bolivariana en Venezuela. Eso significa que, aunque el ELN ha respetado a los grupos residuales en la frontera tanto en Arauca como en Norte de Santander, es improbable que arriesgue sus buenas relaciones con las altas esferas del gobierno de Maduro.

Es posible que el Frente Domingo Laín permita que sus competidores indirectos en la acumulación de rentas ilegales se debiliten mientras que la confrontación no represente una amenaza para su posición hegemónica en la zona fronteriza. Esta posición le ha permitido integrarse de manera efectiva en la defensa nacional bolivariana como un componente desestabilizador en Colombia y como una línea de contención del gobierno de Maduro.

Aunque las características geográficas de la región nororiental en Colombia hacen difícil entender el escenario geopolítico fronterizo del lado venezolano, Apure es además la correa de transmisión entre el Táchira y Amazonas. Amazonas es un estado donde el ELN se ha convertido en un jugador clave de la explotación de minerales como el oro y el coltán del arco minero venezolano.

En este sentido es inevitable que la confrontación que se viene registrando en la zona fronteriza de Arauca afecte el ecosistema armado de la región del Catatumbo, donde además del ELN y otros grupos armados como los reductos del EPL y los Rastrojos, tienen presencia frentes de las FARC.

Gobierno de Venezuela Fuerzas Armadas Especiales de Venezuela

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La Intervención de la FAES

La intervención de la FAES en Apure tiene un peso significativo si se tiene en cuenta que además de ser un cuerpo policial, se ha convertido junto con el SEBIN en el brazo de la represión social y política que ha ganado la confianza de Maduro.

En primer lugar, demuestra la falta de confianza de Maduro en las capacidades de la Región Estratégica de Defensa Integral (REDI) y de los comandantes de la Guardia Nacional en la zona fronteriza. Aunque tienen a su disposición equipamiento militar de primera línea esta es la primera vez que se enfrentan a una situación de combate.

En segundo lugar, señala que desde la burbuja de Maduro en Caracas quieren información de primera mano sobre los arreglos criminales que se habían pactado en la región. Este es un intento del gobierno central de poner orden a una paz mafiosa que seguirá operando una vez se “domestique” o se elimine por completo a la disidencia del Frente Décimo.

Fue justamente la FAES, una fuerza acusada de llevar a cabo ejecuciones extrajudiciales, la que lideró la Operación Liberación del Pueblo que en el año 2015 desplazó a miles de colombianos del Táchira. Dicha incursión fue clave para que el dominio paramilitar en la frontera en Norte de Santander pasara a manos del ELN.

Guerras de proximidad

Los combates entre las FARC y el ejército venezolano han dejado más de cuatro mil personas desplazadas hacia el casco urbano de Arauquita. Además, la operación Escudo Bolivariano contra el Frente Décimo perpetúa el ambiente de hostilidad entre ambos países.

Así lo deja ver el comunicado de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en el que acusan al presidente Duque y a la CIA de auspiciar las actividades del Frente Décimo en la región y clasifican el incidente como un acto de agresión externa.

Desde la burbuja de Maduro en Caracas quieren información de primera mano sobre los arreglos criminales que se habían pactado en la región

Si bien la evidencia muestra lo contrario y para la comunidad internacional es claro que el régimen de Nicolás Maduro ha delegado funciones constitucionales como el control fronterizo a grupos irregulares, esta narrativa va sobre todo dirigida a las bases del chavismo, incluido el ejército venezolano.

Con ello, se abre un nuevo capítulo de la guerra de proximidad que se libra entre ambos países desde hace varios años, pero cuyas repercusiones están aún por verse –sobre todo en el caso de que este nuevo capítulo suceda de manera paralela a una confrontación entre antiguos grupos de las FARC en territorio colombiano—.

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