Gualajo: el gran maestro de la marimba tradicional del Pacífico colombiano - Razón Pública
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Gualajo: el gran maestro de la marimba tradicional del Pacífico colombiano

Escrito por Manuel Sevilla
Fue homenajeado en la edición 2009 del Petronio Álvarez.

Manuel SevillaEl pasado 16 de mayo falleció José Antonio Torres Solís, el intérprete de marimba más importante del Pacífico colombiano. ¿Cuáles son las principales enseñanzas que nos dejó su trayectoria artística?

Manuel Sevilla*

El hombre de las marimbas encantadas

El 31 de diciembre de 1940 nació un niño a las orillas del río Guapi. Aunque lo bautizaron como José Antonio Torres Solís, todos lo llamarían “Gualajo”, el sobrenombre que le dio su padre evocando un pez solitario y recio del Pacífico colombiano.

Este artista, compositor, constructor de instrumentos, profesor e intérprete de la marimba de chonta, falleció el pasado 16 de mayo en Cali. Su velación duró dos días y estuvo acompañada de tambores y voces que, con fervor y entusiasmo, hicieron que el evento se asemejase más a un currulao que a un velorio. Gualajo se fue con 78 años a cuestas.

El maestro tuvo una extensa carrera musical llena de logros y penurias como muchos músicos tradicionales de Colombia. Los detalles de esa trayectoria, que pasó por Buenaventura, Cali, Bogotá y decenas de países de distintos continentes, fueron narrados por el poeta Alfredo Vanín en el libro “El hombre de las marimbas encantadas”.

Más allá de la mirada a su biografía (que sin duda amerita más libros, documentales y programas de radio), aquí propongo una breve reflexión sobre lo que significó el maestro Gualajo en un proceso con el cual debemos comprometernos como nación: la salvaguardia de las músicas tradicionales del Pacífico colombiano.

Patrimonio cultural

Fue homenajeado en la edición 2009 del Petronio Álvarez
Fue homenajeado en la edición 2009 del Petronio Álvarez
Foto: Secretaría de Cultura y Turismo de Santiago de Cali

En julio de 2010 las músicas de marimba y cantos tradicionales del Pacífico sur fueron inscritas en la Lista Representativa del Patrimonio Inmaterial del Ámbito Nacional (LRPCI), un mecanismo de salvaguardia del patrimonio cultural.

En noviembre del mismo año, músicas y cantos ingresaron a la lista de la UNESCO, que persigue el mismo objetivo, pero con un espectro más amplio: se habla allí de patrimonio inmaterial de la humanidad. En ambas instancias se elabora un documento (que en Colombia se llama Plan Especial de Salvaguardia o PES) en el cual las comunidades portadoras de la manifestación identifican -entre otros asuntos-, las amenazas a la práctica cultural y las medidas necesarias para que esta pueda continuar vigente.

En el caso de las músicas de marimba y cantos tradicionales, el PES señala varias áreas que requieren atención prioritaria. Al revisarlos y al ver la trayectoria de Gualajo, vemos que su figura cobra mayor relevancia.

Lea en RP: Patrimonio cultural e industria musical: ¿como el agua y el aceite?

Un sabedor integral

El PES identifica los distintos actores que se relacionan con la manifestación cultural, incluyendo músicos, cantadoras, gestores culturales, sabedores y constructores.  Sobre estos últimos dice que muchos son músicos, pero que existe una tendencia a la especialización en el oficio de la construcción, debido a la alta demanda de instrumentos que hoy existe en Colombia y en el resto del mundo.

Gualajo nació en una familia de constructores de instrumentos; en registros fotográficos de los años 60 aparecen sus hermanos mayores vaciando troncos monumentales para hacer tambores. El Instituto Popular de Cultura de Cali conserva esas fotografías recolectadas en una “expedición cultural” liderada por Delia Zapata Olivella a lo largo del litoral.

Desde muy joven, el maestro aprendió el arte de cortar la madera a tiempo y prepararla para hacer marimbas afinadas a oído. Pese al reconocimiento que alcanzó como intérprete, nunca dejó de desempeñar esta labor.  De hecho, hasta la década pasada fabricó marimbas que eran muy apetecidas por sus discípulos en Cali.

Gualajo encarnó la figura del sabedor musical integral, pues construía, componía e interpretaba.

Una vida de viajes

Uno de los factores que, según el PES, hizo posible el desarrollo de las músicas tradicionales fue la llamada migración circular, en este  caso las oleadas migratorias de doble vía que se iniciaron en el Pacífico a partir de los años sesenta. Ellas consistieron en la entrada y salida de poblaciones que traen a esta región nuevos sonidos y visiones de mundo.

Según el texto de Vanín, Gualajo recorrió extensivamente su región empleándose en el floreciente campo de los aserraderos y otras faenas de río; a sus cuarenta años se mudó a Buenaventura como profesor de percusión y luego, cuando se acercaba a los cincuenta, se radicó en Cali como docente del Instituto Departamental de Bellas Artes.

Pese a los numerosos viajes que realizó –llegó, entre otros destinos, a Rusia y a Corea con su marimba–  el maestro regresó muchas veces a su natal Guapi. En este caso, lejos de menguar el interés por la música, los viajes y las nuevas visiones del mundo fortalecieron su motivación y contribuyeron a su producción artística.

Una escuela intergeneracional

Gualajo en el escenario del Festival Petronio Álvarez en 2014.
Gualajo en el escenario del Festival Petronio Álvarez en 2014.
Foto: Carlos Miguel Varona

Por otra parte, el PES señala que uno de los principales factores de riesgo para la supervivencia de la música tradicional es la falta de diálogo intergeneracional producto del poco interés de los jóvenes por aprender de sus mayores y la poca insistencia de los mayores para ganar la atención de los jóvenes.

Esto, sumado la preponderancia que los medios de comunicación les conceden a otros tipos de música más comercial, amenaza con aniquilar esta práctica.

En Cali, Gualajo amplió su rango de influencia más allá de las aulas de Bellas Artes al recibir estudiantes en su casa. Las sesiones combinaban historias y anécdotas con un repaso del repertorio tradicional desde su propia perspectiva: “El maestro le explicaba a uno el bordón del berejú (variedad de currulao) y a la semana siguiente le decía que eso era un pango (otra variedad). Entonces uno terminaba menos preocupado por el nombre del género y más por la esencia de la música”, recuerda uno de sus pupilos, hoy percusionista y profesor universitario.

Esta aparente ambivalencia, incomprensible para los conservatorios y academias occidentales, es apenas lógica dentro un sistema de transmisión de saberes basado en la oralidad y la sensibilidad. El método híbrido de Gualajo permeó de tal manera a sus estudiantes, que en la actualidad muchos de ellos insisten en plantear alternativas que permitan a las nuevas generaciones de músicos establecer puntos de diálogo entre la academia y la tradición de los ríos. Entre ellos están el reconocido intérprete Hugo Candelario González Sevillano y los profesores Héctor Tascón y Alejandro Martínez Carvajal.

Ciudad y tradición

Un reto y compromiso que debemos asumir como nación ante la humanidad, es la salvaguardia de las músicas de marimba y cantos tradicionales del Pacífico sur y de otras manifestaciones musicales inscritas en la LRPCI nacional como los cantos de trabajo del llano, la música vallenata tradicional y los cantos de ritos mortuorios del Chocó.

Ahora bien, por razones que valdría la pena discutir en otro espacio, las nociones de música tradicional y de patrimonio cultural inmaterial son asociadas casi de forma exclusiva con los espacios rurales, como si solo en selvas, manglares y playones remotos pudiese mantenerse viva una práctica musical alternativa a los sonidos comerciales.

Esto no solo es una falacia –pues hay músicas tradicionales que se hacen en contextos urbanos–  sino que impone sesgos enormes en el momento de idear acciones para fortalecer las músicas tradicionales. Sin estas acciones, no solo no podremos cumplir nuestro compromiso, sino que pondremos en riesgo la diversidad cultural de Colombia.

El maestro Gualajo no fue el único intérprete y constructor. Aún quedan varios en Valle, Cauca y Nariño, como Baudilio Cuama que será homenajeado en el próximo Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez. Tampoco fue el primer migrante a Cali que tocó marimba de chonta.

Sin embargo, el viejo Gualajo merece un reconocimiento especial porque gracias a su mística e ingenio logró impulsar el florecimiento del patrimonio cultural en espacios urbanos. Demostró que las grandes ciudades no necesariamente se oponen al sonido ancestral, sino que allí también puede sonar la marimba, transmitirse saberes milenarios y mantener viva la tradición.

En un país cada vez más urbano y donde, por fortuna, se están superando poco a poco las brechas de comunicación que aíslan y limitan a los habitantes de muchas comunidades rurales, la relación dinámica entre ruralidad y urbanidad y tradición e innovación que inauguró Gualajo, es un ejemplo digno de imitarse.

*M.A. y Ph.D en antropología de la Universidad de Toronto, comunicador social de la Universidad del Valle, profesor asociado de la Universidad Javeriana Cali y miembro del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural.

 

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