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El greenwashing de los verdes en las alcaldías

Escrito por Alejandro Sanchez

Una lección para hoy y mañana: hace cuatro años el Partido Verde ganó las alcaldías de Bogotá y Cali con propuestas ambientalistas, pero esas promesas nunca se cumplieron.

Alejandro Sánchez*

¿Qué es el greenwashing?

Es imposible negar la crisis ambiental ante el actual fenómeno del niño, las elevadas temperaturas y la conciencia de que los fenómenos climáticos ponen en riesgo la calidad de vida. Por eso casi todos los actores sociales reclaman a diversos líderes, acciones alineadas con la sostenibilidad. 

No obstante — y como en todo buen propósito—, siempre hay quienes quieren sacar provecho de las circunstancias. Por ejemplo, hay evidencia contundente sobre las muchas empresas que incluyen en sus informes la relación de actividades supuestamente ambientalistas que en realidad no ayudan a la mejora del ambiente.

También hay evidencia de las muchas empresas que niegan los impactos destructivos de su actividad principal e informan a conveniencia sobre litigios resultantes de los daños que causan a la naturaleza.  Por supuesto lo hacen para mejorar su imagen, elevar el valor de sus acciones y beneficiarse de líneas de crédito verdes, entre otras cosas. 

A estas estas prácticas de encubrir las actuaciones empresariales nocivas para la vida al través de discursos vacíos, se las conoce con el nombre de greenwashing. Greenwashing, del inglés, podría traducirse como lavado ambiental, como la construcción de una apariencia o maquillaje verde que no implica un real compromiso con la sostenibilidad. 

su greenwashing conllevó el desgaste y el desinterés en las agendas ambientalistas por parte de las ciudadanías, porque el electorado acabó por aborrecer todo lo que enarbolaron sus salientes alcaldes.

El término suele estar asociado con las empresas privadas, pero bien puede extenderse al sector público. Por eso lo aplicaré al caso del compromiso ambiental de dos alcaldías “verdes” que acaban de culminar su periodo: la de Jorge Iván Ospina en Cali y la de Claudia López en Bogotá. 

Foto: Alcaldía de Bogotá - Inicialmente se propuso un tranvía para el Corredor Verde en Bogotá, pues además de funcionar con energías sostenibles, dejaría más espacio para el público y zonas verdes.

¿Cali como casa común?

El Plan de Desarrollo aprobado en el 2019 se denominó “Cali, Unida por la Vida”. En su dimensión 3, denominada “Cali, nuestra casa común”, se propuso trabajar líneas estratégicas vinculadas con el Soporte Vital, referido a la gestión sostenible del agua y la conservación de ecosistemas como humedales. Además, se planteó la Movilidad Multimodal, donde se trazaron metas como nuevos kilómetros de ciclo-rutas, las bicis públicas y la integración al MIO. También se proyectó fortalecer la gestión de ecosistemas estratégicos para la ciudad, como los Farallones de Cali. 

Una agenda, en principio, interesante y que parecía apuntarle a hacer de Cali una ciudad más sostenible. 

Pero la administración Ospina concluyó su período con el Río Cali inundado de mercurio y cianuro por la explotación de ilegal de oro en los Farallones, y con dos de los humedales más importantes de la ciudad en estado crítico. Los humedales en cuestión son el de Charco Azul y el Pondaje, en el oriente de la ciudad. 

Esta situación es muy distinta la que había dejado el alcalde Armitage, cuando ambos humedales se convirtieron en punto de parada de aves migratorias y de cientos de turistas que iban a avistarlos en el marco de las Birdfairs que se hacen en la ciudad. 

Ospina tampoco construyó ni un solo metro de los bicicarriles, ni puso a rodar las bicicletas públicas. Es decir, sus metas para una Cali más sostenible se quedaron en ceros. 

¿La Bogotá del S. XXI es la ciudad del cemento?

El Plan de Desarrollo de Claudia López sonaba aún más grandilocuente: “Un nuevo contrato social y ambiental para la Bogotá del siglo XXI”. Un título que evoca a Rousseau y que llama a refundar la sociedad sobre la base de principios ambientalistas. 

Pues bien, según el plan en su propósito 2, había que “Cambiar nuestros hábitos de vida para reverdecer Bogotá y adaptarnos y mitigar la crisis climática”. Para esto en la carrera séptima se haría un corredor verde “en donde se privilegien (sic) a las formas de movilidad limpia, alternativa y sostenible y se recuperen las zonas verdes y espacio público”. 

Al cierre de la administración de Claudia López puede decirse que el corredor verde acabó siendo una propuesta de Transmilenio, muy distinta de lo que se había prometido al principio: un tranvía eléctrico. 

Y aunque la alcaldesa en su momento dijo que los buses que circularían por ahí serían movidos por energías sostenibles, de modo que sería una especie de “Transmilenio verde”, no evitó las quejas de la ciudadanía porque los buses demandaban más espacio para circular que el tranvía lo que se iba a traducir en menos espacio para el público y zonas verdes, es decir, el reverdecimiento no sería como se propuso.

Otro ejemplo de antireverdecimiento fue el proyecto “Lagos de Torca”, que daría   muerte lenta a la reserva Van der Hammen, porque pretende construir cerca de 135.000 viviendas con parques y vías alrededor del humedal. Este proyecto atenta contra la conectividad ecológica y expone a la reserva a vectores de contaminación, como las emisiones de los carros y el ruido que se deriva de semejante urbanización.

La reserva quedará confinada, en medio de toneladas de cemento, a morir después de algunos años, muy seguramente, urbanizada. 

Rumbo ambiental

Tanto las campañas como los planes de desarrollo de los acaldes salientes fueron cantos de sirena para ganar las elecciones o mejorar su imagen al disfrazarse de verdes. Ahora dejan como gran perdedora la sostenibilidad de sus ciudades. 

Además, su greenwashing conllevó el desgaste y el desinterés en las agendas ambientalistas por parte de las ciudadanías, porque el electorado acabó por aborrecer todo lo que enarbolaron sus salientes alcaldes.

Ospina tampoco construyó ni un solo metro de los bicicarriles, ni puso a rodar las bicicletas públicas. Es decir, sus metas para una Cali más sostenible se quedaron en ceros.

Así pues, las situaciones y soluciones ambientales han quedado en un lugar secundario, lo que muy seguramente se verá reflejado en los planes de desarrollo distritales que adoptarán las alcaldías de Alejandro Éder y Carlos Fernando Galán.  

Sin embargo, en estas dos ciudades y el marco de la adjudicación de la sede la COP16, ha resurgido el interés por los temas ambientales en Cali y Bogotá. Así pues, la ciudadanía no debe dejar perder las agendas que de veras apuntan hacia la sostenibilidad y toman en serio el cambio climático, pues con el paso de los días y de las alcaldías, nos va quedando menos margen para corregir el rumbo ambiental.

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