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Grafiti: el arte de la expresión política y social

Escrito por María Marta Gama Castro - Freddy León Reyes
El grafiti se ha usado para plasmar denuncias sociales

Martha GamaHasta hace un año, el alcalde de Bogotá estigmatizaba el grafiti como una forma de vandalismo. Pero con motivo del evento Distrito Graffiti, Peñalosa le ha apostado al arte callejero. ¿Cuál es el grafiti que aceptamos?

María Marta Gama Castro* – Freddy León Reyes**

Bogotá: una ciudad que rechaza el grafiti

En Bogotá conviven habitantes y culturas de todo el país. Es una ciudad multicultural, y por eso hay una gran diversidad de espacios que se abren para todos.

Bogotá es una selva de cemento que, desde hace poco más de una década, se ha transformado en una ciudad completamente diferente. Sus calles lúgubres y sombrías se han transformado en pasillos adornados que atraen la mirada. Quienes admiran a la ciudad, también miran con rechazo los trazos “dementes” de los grafiteros.

En la forma como Bogotá se proyecta a sí misma, no hay espacios dispuestos para que los jóvenes hagan arte. El arte callejero no coincide con “el imaginario de capital”. Hasta hace un año, Enrique Peñalosa afirmaba que el grafiti era sinónimo de inseguridad y que, por lo tanto, traía consigo criminalidad.

La historia del grafiti

Grafiteros en Bogotá
Grafiteros en Bogotá
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá

La palabra graffiti deriva de la palabra italiana graffiare que significa garabatear o rasguñar. Como dice Eva Guill en Graffiti, hip hop, rap, breakdance: las nuevas expresiones artísticas, “los arqueólogos, desde el siglo XIX, denominan graffiti a la escritura ocasional realizada en lugares públicos”. Pero si buscamos aún antes, encontraremos el arte rupestre. Garabateamos y rasguñamos las paredes desde la época de las cavernas.

El graffiti se difundió en los barrios populares de América latina y empezó a ser relacionado con dos eventos: (1) el grafiti como una manera clandestina de expresar la oposición a las dictaduras de los años 70 y (2) el grafiti como uno de los resultados del encuentro callejero de expendedores de drogas.

Fue su falta de significado lo que creó un imaginario de los grafitis como simples actos que destruían la ciudad.

La relación mental entre grafiti y drogas despertó en la sociedad un rechazo hacia ese tipo de expresión artística. El grafiti empezó a relacionarse con actos vandálicos.

El grafiti en Bogotá: un caso diferente

En Bogotá, el grafiti no comenzó siendo precisamente una expresión que, exclusivamente, hiciera frente a las políticas del momento. Los primeros grafitis en Bogotá los encontramos en la década de los 80 y eran rayones anónimos en las paredes.

Los primeros grafitis “levantaron callo” entre los habitantes, pues nadie entendía qué querían decir. Fue su falta de significado lo que creó un imaginario de los grafitis como simples actos que destruían la ciudad.

En 2007 notamos un aumento en el número de grafitis. El auge del grafiti fue de la mano del crecimiento de las llamadas “barras bravas”. Los hinchas de cada equipo se reunían y conformaban grandes “manadas” peligrosas. Justamente por lo grandes que eran los grupos, garabateaban sin miedo cualquier pared de la ciudad.

Es así como nace el sentimiento de rechazo popular hacia los grafitis. Un sentimiento que fue en aumento.

Puede leer: Grafitis en Bogotá: ¿barbarie, arte o política?

El grafiti: ¿una nueva oportunidad?

Con los años, los mismos artistas callejeros y grafiteros se dieron a la tarea de restaurar la imagen que se tenía del grafiti. Desde entonces el grafiti no es sinónimo de vandalismo, sino de resistencia y de expresión social.

La “transformación” del grafiti ha suscitado diferentes reacciones en la sociedad. Por esta razón, los gobiernos han tenido que regular esta actividad.

La alcaldía de la ciudad ha aprobado y cedido espacios a artistas callejeros. El grafiti comenzó a regularse por el Decreto 075 de 2013. El decreto sin embargo no fue muy bien acogido por muchos grafiteros, que argumentaron que la esencia del grafiti está en lo prohibido, en la noche, en el silencio, en huirle a las autoridades y en la vulnerabilidad de los espacios.

El auge del grafiti fue de la mano del crecimiento de las llamadas “barras bravas”.

Aún son muchos los grafiteros que realizan sus actividades en cualquier espacio, provocando el descontento de la sociedad.

Alrededor del grafiti giran diferentes opiniones: unos ven con agrado el que las paredes se utilicen como un medio que hace posible la libertad de expresión, otros, por el contrario, se oponen y rechazan estos actos que consideran “vandálicos”.

El grafiti y el activismo político

El grafiti se ha usado para plasmar denuncias sociales.
El grafiti se ha usado para plasmar denuncias sociales.
Foto: FBI

No importa cuál sea la opinión del grafitero, el activismo es el punto en común, aunque sea un activismo difícil de clasificar. Además, el grafiti carga sobre sus hombros la ilegalidad. Por ser ilegal es que raya con ser “antisocial”.

Sin embargo, cada día vemos que la sociedad en la que vivimos hoy está dispuesta a expresar sin tapujos sus opiniones. Por lo mismo es más permisiva con los grafitis. Incluso, cada vez es más común la idea de que se trata de un arte sumamente estético e innovador. El arte callejero propone nuevas estéticas, pues puede ser producto de una obra colectiva.

Algunos grafitis, justamente por estar en espacios públicos, permiten difundir denuncias sociales, mientras que otros dialogan con nuevas formas de entender el arte. Por lo tanto, además de la capacidad de comunicar mensajes, las imágenes tienen la posibilidad de influir sobre el modo como entendemos la creación cultural.

Para quienes se dedican al arte callejero, el grafiti no solo hace parte de una subcultura, sino que representa un estilo de vida. El grafitero no solo ve en sus murales una forma de expresas sus emociones, sino un posible camino para rebelarse de manera sutil pero a la vez contundente ante la autoridad represiva.

Le recomendamos: El graffiti y la piel de nuestras ciudades.

No en todos los casos es una manifestación egocéntrica de vandalismo, como muchos creen. Por el contrario, es una herramienta legítima para un oficio digno en la ciudad.

El grafiti está siendo visto con nuevos ojos. El arte callejero ha pasado de ser considerado un acto vandálico a ser un eje fundamental de la ciudad. Las diferentes obras grafiteras en Bogotá son una actividad cultural marginal. En concreto, el grafiti, la gráfica urbana o las intervenciones de calle producidas por grafiteros, artistas urbanos o activistas culturales o sociales contribuyen a la construcción y definición de la imagen pública del área urbana. El grafiti altera la imagen tradicional de estos espacios.

Con los grafitis, Bogotá no es ya la ciudad fría que aturde, sino la ciudad que emociona. Los grafitis ya no son solo garabatos. Por el contrario, son imágenes, color y formas: son arte. Si bien no siempre intervienen en política, el solo hecho de salir a la calle es un gesto político y una postura social para el grafitero.

Como dice Christian Uribe en El arte urbano y la producción de sentidos políticos juveniles: “no aspiran a cambiar el mundo por medio del arte urbano puesto que su aspiración política es diferente: controvertir las percepciones socialmente instituidas, cambiar la apariencia de la ciudad, incitar una reflexión, burlar las normas, cuestionar la situación presente, escandalizar”.

Una sociedad que ha vivido durante más de medio siglo bajo un estado de caos y miedo permanente debe comenzar a ceder, a ser más tolerante y a aceptar nuevas formas de arte y de cultura.

Por algo debemos comenzar. No podemos simplemente estigmatizar a cualquiera que hace grafitis o arte en la calle. El grafitero es un artista desde las entrañas que entrega su vida al arte y que incluso expone su vida por el arte.

La tierra es de todos, así que ¿por qué poner límites? El espacio es público y por ello citamos entrañablemente las palabras de García Márquez: “Yo creo que todavía no es demasiado tarde para construir una utopía que nos permita compartir la tierra”.

Nosotros también lo creemos.

*Magister en Comunicación Educación. Docente Asociada Universidad Militar Nueva Granada. E-mail: maria.gama@unimilitar.edu.co

**Magister en Educación. Docente Asistente Universidad Militar Nueva Granada

E–mail: freddy.leon@unimilitar.edu.co

 

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