De golpes de estado blandos y otros perros-gatos - Razón Pública

De golpes de estado blandos y otros perros-gatos

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En las últimas semanas y en varios momentos de su gobierno, el presidente Gustavo Petro ha manifiesto que en su contra se estaría gestando un golpe blando, orquestado por la extrema derecha, representada en algunos sectores empresariales, terratenientes y medios de comunicación. A qué se refiere el presidente con esta expresión.

El golpe de estado blando, o también llamado golpe de estado suave, es supuestamente un tipo de golpe que se caracteriza porque busca desplazar a un mandatario de sus funciones, mediante prácticas en apariencia legales y no violentas, como investigaciones judiciales, juicios políticos, denuncias de escándalos de corrupción o mala gestión, etc, las cuales crean de manera artificial una matriz mediática contraria al régimen, llevando a la movilización de una parte de la sociedad y actores claves de esta, hasta el punto que el presidente se ve forzado a renunciar o es destituido por medios judicialmente cuestionables. En teoría es un golpe “blando” o “suave” porque se diferencia de las prácticas “fuertes” o “violentas” de los golpes del pasado, como las intervenciones militares.

Pero en realidad las prácticas “blandas” siempre han estado presentes en la definición de los golpes de estado, si los entendemos como el proceso mediante el cual un mandatario es desplazado del poder por otro actor institucional mediante mecanismos no constitucionales y/o la amenaza o el uso de la fuerza. En ese sentido, es tanto un golpe de estado cuando los militares sacan a un presidente del poder a la fuerza, como cuando el congreso o los jueces lo destituyen mediante procedimientos de dudosa legalidad o abiertamente ilegales, con apoyo de sectores empresariales o medios de comunicación.

Consideramos que el uso de adjetivos como “blando” o “suave” en vez de aclarar lo que hace es confundir conceptualmente. La aparición innecesaria de estos “golpes de estado con adjetivos” en los últimos años, se debe a un fenómeno que los politólogos Leiv Marsteintredet y Andrés Malamud apoyados en la psicología han llamado “cambio conceptual inducido por prevalencia”: cuando un concepto se vuelve menos prevalente porque el fenómeno al que hace referencia ocurre menos, la interpretación del concepto se expande para abarcar otros casos que antes excluía.

Paradójicamente, como ocurren actualmente menos golpes de estado en América Latina que en los 70s, 80s o 90s, ahora tendemos a llamar a otros fenómenos “golpes” cuando en realidad pueden ser, por ejemplo, juicios políticos legales, destituciones en el marco de la ley o renuncias de mandatarios para evitar a la justicia, procesos que pueden estar acompañados o no de movilizaciones populares. Nada nuevo. Si efectivamente un mandatario es destituido por el legislativo o el judicial de manera arbitraria, es un golpe de estado, si se quiere “judicial” o “legislativo”, pero lo de “blando” creo que sobra.

El golpe de estado blando puede ser un ejemplo de lo que el politólogo Giovani Sartori llamó “perros-gatos”: conceptos teóricamente confusos y/o empíricamente imprecisos. Conceptos perros-gatos son, por ejemplo, castrochavismo, feminazi, o el oxímoron acuñado recientemente por Bukele, democracia de partido único. Pero otros perros-gatos tienen más apoyo en parte de la academia, existe literatura sobre ellos y son frecuentemente usados en análisis políticos, como guerra jurídica o revolución molecular disipada.

Si a casi cualquier crisis política que viva un presidente usted le llama intento de golpe blando, o a casi cualquier investigación judicial que se le abra a un mandatario usted le llama guerra jurídica, o a casi cualquier movilización popular masiva le llama revolución molecular disipada, posiblemente está usando un perro-gato.

Pero queremos ser claros en tres puntos. El primero es que en ningún momento estamos negando la importancia para el análisis político de la invocación conceptual, la creación de neologismos o el uso de adjetivos calificativos. Si un fenómeno político es nuevo y amerita crearse un concepto para nombrarlo, se debe hacer. Si un fenómeno político ha mutado con el tiempo y tiene una nueva faceta que lo diferencia de otras clases de ese fenómeno, el uso de adjetivos calificativos para definirlo y diferenciarlo es totalmente válido en las ciencias sociales. De hecho, así es como se crean las clasificaciones y tipologías.

El segundo punto tiene que ver con el gobierno de Petro. Sabemos que es un gobierno que incomoda a un sector importante del establecimiento, por su ideología de izquierda y las reformas que quiere impulsar. Incluso hubo algo de ruido de sables durante la campaña, cuando el entonces Comándate del Ejercito, el General Zapateiro, opinaba abiertamente en contra de Petro siendo el candidato más opcionado para ganar. También es cierto que buena parte de los medios hegemónicos no son del todo imparciales en el cubrimiento de su gobierno. Así como también la rama judicial y el congreso han sido contrapesos, en ocasiones exagerados. Pero, de ahí a decir que existe un intento de golpe, o de golpe “blando” hay mucho trecho.

Y el tercero. No estamos restando importancia a los riegos de violencia política latentes en Colombia. Nuestra historia por desgracia tiene los suficientes magnicidios y genocidios políticos como para que estemos subestimando estos temas. Si existen pruebas de posibles conspiraciones o atentados, las autoridades deben actuar.

El gobierno de Petro implica una prueba importante para nuestra democracia, una situación de profunda alternancia partidista e ideológica en el poder. Tanto el gobierno como la oposición deben ser responsables y no radicalizar ni sus acciones con tácticas constitucionales duras, ni su lenguaje, con fantasmas de inminentes golpes blandos por un lado e inevitables dictaduras castrochavistas por el otro.

Acerca del autor

Armando José Mercado
Armandomercado@razonpublica.org.co |  + posts

*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.

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Armando José Mercado

*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.

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