
El gobierno Petro: oportunidad perdida
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El balance general revela una oportunidad perdida para el primer presidente de izquierda en nuestra historia reciente. En un contexto global marcado por retrocesos democráticos, el presidente debe garantizar la estabilidad institucional y la continuidad de los procesos democráticos en Colombia.
El reto de definir las prioridades
Gustavo Petro fue el primer presidente de izquierda en la historia reciente de Colombia. Como candidato y como presidente, su agenda proponía un quiebre no solo en el paradigma tradicional de gobierno, sino también una reorientación que resaltaba temas de la agenda global como la lucha contra el cambio climático y la búsqueda de mayores garantías de justicia social. A ello se sumaban prioridades de alta sensibilidad nacional como un cese general del conflicto a través de la paz total. Estos temas, sin duda relevantes, tienen un reto intrínseco en la administración pública: su definición. ¿A qué nos referimos con cambio climático, justicia social y paz total?, ¿qué acciones específicas medirían un avance o un retroceso en estos temas? Necesariamente los gobiernos deben, a través de evidencia, formular indicadores que traigan a la realidad conceptos abstractos y decirle a la ciudadanía, por ejemplo, que por lucha contra el cambio climático entienden: aumentar las hectáreas reforestadas, detener el fracking, declarar más áreas ambientales protegidas, promover energías renovables instalando más paneles solares, etc.
Lo anterior deja entrever dos elementos: en primer lugar, lo que un gobierno entiende por justicia social puede ser diferente de la concepción que tiene otro gobierno. Esto no significa, necesariamente, que haya un grupo que esté en lo correcto y otro que esté equivocado, sino que deja ver los paradigmas y escuelas a las que se circunscriben las visiones de los gobiernos. Por ejemplo: para un paradigma el aumento del salario mínimo disminuye el empleo y, para otro, un aumento del salario estimula la demanda y la capacidad de compra y con ello aumenta el empleo. Son debates razonables que llevan años discutiéndose y que es sano que así continúe.
En segundo lugar, son las acciones específicas, expresadas a través de indicadores, las que mostrarán los avances o retrocesos en la materia. Un gobierno debe, sí o sí, medir de tal forma que pueda afirmar que fueron sus políticas, y no otros factores, los que generaron un cambio en las condiciones de bienestar. En plata blanca: no hay otra manera de saber si las políticas contra la pobreza han sido efectivas que verificar si los pobres han disminuido gracias a estas. En ese sentido, un gobierno debe tener perspectiva para definir sus principales temas y problemas para combatir, y estrategia para alcanzar las metas que buscan solucionar estos problemas o, al menos, llevarlos a términos en que sean manejables.

De la ruta clara al desvarío gubernamental
El gobierno Petro perdió perspectiva y abandonó la estrategia. No hay paradigma ni escuela que justifique el actual desvarío gubernamental. Si bien durante el primer año se delineó una ruta clara a través del Plan Nacional de Desarrollo, liderado por Jorge Iván González, y se establecieron hojas de ruta razonables en ministerios encabezados por figuras como José Antonio Ocampo, Alejandro Gaviria y Cecilia López, ese horizonte se desdibujó casi que por completo. El presidente terminó por borrar con el codo lo que escribió con la mano, y su estilo de liderazgo ha mostrado errores graves que comprometen el cumplimiento de sus promesas. La siempre útil excusa del boicot legislativo a sus reformas ha dejado de lado otros factores clave como el constante cambio en el gabinete: ya se han superado los(as) 55 ministros(as) y más de 120 viceministros(as) en apenas dos años de gobierno. Esta alta rotación –como advierte buena parte de la literatura académica– incide directamente en el incumplimiento de las promesas de gobierno, al generar rupturas en la continuidad de las políticas públicas. Además, debilita la capacidad técnica y política de los ministerios, cuya conducción requiere figuras estables, con autonomía relativa y liderazgo propio, capaces de formular, sostener y legitimar las reformas ante diversos actores institucionales y sociales.
Última legislatura: reformas con poco capital político
En el año que queda, durante la última legislatura, curiosamente el Gobierno ha lanzado reformas ambiciosas cuando su capital político está ampliamente desgastado –estrategia que contrasta con la práctica habitual de presentar las reformas más complejas al inicio del mandato. Iniciativas como la reforma a la salud y la reforma tributaria se tramitan hoy con un gobierno de baja popularidad y legitimidad. A pesar de este contexto, el Ejecutivo se retirará con algunos logros como la aprobación de la reforma laboral. Esta, según Juliana Morad, directora del Departamento de Derecho Laboral y del Observatorio Laboral de la Universidad Javeriana, contó con medidas estructurales valiosas, decisiones cuestionables y omisiones lamentables.
En ese sentido, y aunque no todo ha sido un desastre en materia de políticas públicas –como muchos sectores buscan instalar desde ya con fines electorales–, el balance general sí revela una oportunidad perdida para el primer presidente de izquierda en la historia reciente de Colombia. A ello se suma una creciente preocupación por las declaraciones de corte antidemocrático de algunos candidatos del Pacto Histórico, así como del jefe de despacho presidencial, Alfredo Saade, quienes han relativizado la importancia de la Constitución y la separación de poderes, y han llegado incluso a insinuar escenarios de cierre del poder legislativo o reelección indefinida. En un contexto global marcado por retrocesos democráticos, corresponde al presidente Gustavo Petro no solo desmarcarse de estas posturas, sino también garantizar la estabilidad institucional y la continuidad de los procesos democráticos en Colombia.
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Acerca del autor
Felipe Murillo
*Doctorando en Ciencia Política por la Universidad Católica de Chile. Magíster en Ciencia Política y Sociología de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), sede Buenos Aires, Argentina. Politólogo de la Universidad EAFIT, Medellín, Colombia. Amplia experiencia laboral en el sector público y en el campo de la docencia y la investigación académica. Actualmente profesor, investigador y jefe del pregrado en Ciencias Políticas y de la Maestría en Gobierno y Políticas Públicas de la Universidad EAFIT.
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No hay verdades absolutas. Todo depende del lugar de enunciación o, lo que es lo mismo, de la ideología, los intereses, los prejuicios, los miedos, las conveniencias, las ignorancias, de quien lo dice; aquí se incluyen los periodistas (que se autocensuran y de autodefinen como imparciales) y los intelectuales e investigadores (que fingen aséptica racionalidad) . De manera que el autor de este artículo, como muchos de los que despotrican de sus opositores o contradictores o contrarios, desconoce lo que desde la orilla de su lugar de enunciación hace la ultraderecha, los matariferosnarcoparacos, los vociferantes tergiversadores dueños de micrófonos y de medios, y de toda la partida de camaleones oportunistas de la política, la academia y la burocracia.