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El gobierno colombiano desprecia la ciencia

Escrito por Diego Alejandro Torres
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El nombramiento de Tito Crissien como ministro de Ciencia y Tecnología es otra prueba de que la clase política no reconoce la importancia del progreso científico.

*Diego A. Torres

Maltrato de Vieja Data

Le pido a la lectora o el lector que imagíne un futuro en el cual el hidrógeno del agua es el combustible de uso corriente para proveer de energía al mundo, reemplazando totalmente el petróleo. Un mundo en el que la computación cuántica le da un equipo de cómputo que nunca tendrá que volver a renovar. En donde robots microscópicos que usted ingiere en un café monitorean posibles rastros de enfermedades como el cáncer, le dan una alerta, un tratamiento inicial y se comunican con su doctor. Una sociedad con acceso global a internet con una velocidad de un gigabyte por segundo. Ciudades en donde disfrutamos de transporte instantáneo por medio de teleportación cuántica, y los trámites burocráticos como declaraciones de renta los hacen por usted módulos de inteligencia artificial.

Este mundo, que puede sonar imposible, es un futuro por el cual grandes colaboraciones científicas alrededor del globo están trabajando, pero es un futuro al cual los colombianos estamos condenados a nunca poder disfrutar debido a la forma como el gobierno ha maltratado a la comunidad científica a lo largo de varias décadas en nuestro país.

La razón y origen mismo de este maltrato es simple, nuestra clase política no ha entendido la extrema importancia para la comunidad científica de valores como la excelencia académica, la reputación científica, el reconocimiento internacional y el respeto al método científico; además de el rechazo sin excepción a prácticas despreciables como el plagio, la falsificación de datos, la manipulación de resultados, el conflicto de intereses, la duplicación de resultados, la manipulación de autores y títulos, entre otros.

Mientras para nuestra clase política estos valores son un obstáculo menor al cual no vale la pena el prestar la más mínima atención, para la comunidad académica estos son los valores que cimientan el ascenso mismo del hombre desde ser un simple primate que caminaba en la estepa africana, a ser el único animal sobre la tierra capaz de conquistar el sistema solar.

El Plagio y la Mentira no le Importan a Nuestra Clase Política

Y es que mientras el más mínimo indicio de plagio y el mentir sobre títulos académicos han costado y seguirán costando las carreras de políticos y mandatarios europeos, en Colombia esos “detalles” parecieran no ser importantes para la clase política. Solo basta recordar al ex-alcalde, y ahora candidato a la presidencia, Enrique Peñalosa y sus títulos de maestría y de doctorado, los títulos de “especialización” de Harvard del actual presidente, o el más reciente escándalo del designado ministro de CTeI, el administrador de empresas Tito Crissien, relacionado con su participación en artículos científicos lejanos a su área de experticia, y hasta la retractación de artículos por posibles plagios.

Es un futuro al cual los colombianos estamos condenados a nunca poder disfrutar debido a la forma como el gobierno ha maltratado a la comunidad científica

Tito Crissien se defiende diciendo que fue incluido sin su consentimiento debido a que su reputación académica aseguraba la publicación de los trabajos. Una explicación inverosímil para cualquier persona que tenga relación con el mundo académico.

En nuestra clase política y en nuestro gobierno estos son simples “malentendidos o confusiones menores”, pero son pecados imperdonables para una comunidad científica madura y consolidada, con gran relacionamiento internacional, relacionamiento que llega incluso a la misma clase política y empresarial de países estratégicos para el gobierno colombiano. El gobierno ha desperdiciado una gran oportunidad con el enorme relacionamiento internacional que tiene la comunidad científica, aunque al parecer la política exterior tampoco ha sido la prioridad de este gobierno.

Foto: Gobernación de Boyacá - Nuestra clase política no entiende el valor de la ciencia, la menosprecia y la utiliza para acomodar sus favores

Maltratos y Decisiones Desastrosas

Esas decisiones han tenido resultados desastrosos, como el recorte del presupuesto de Colciencias y la reasignación a construir vías terciarias de 1,3 billones de pesos originalmente destinados a financiar proyectos de Ciencia, Tecnología e Innovación bajo el gobierno Santos.

De esa época nos quedaron frases célebres como “los científicos colombianos no saben escribir proyectos de investigación” de la entonces directora de Colciencias Yaneth Giha, y “en Colombia los científicos pueden hacer mucho con poco dinero” del ministro de hacienda Mauricio Cárdenas. Las desastrosas decisiones del gobierno Santos despertaron el descontento de la comunidad científica que Moisés Wasserman resumió en una frase: “lo que debería ser manejado por científicos terminó manejado por políticos”.

De la Euforia a la Decepción

En un principio, dos hechos dieron luces de esperanza: la elevación del Departamento Administrativo Colciencias a la categoría de Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, y la conformación de la Misión Internacional de Sabios de 2019. En ambos casos, el gobierno nombró académicos de primer nivel que contaban, además, con experiencia administrativa (por ejemplo, los profesores Diego Hernández y Sonia Monroy).

La Misión de Sabios logró unir a prestigiosos expertos con la Vicepresidencia de la República, el Ministerio de Educación, Colciencias, ICETEX y 10 universidades que respaldaron el proceso de las 8 comisiones conformadas por 46 expertos, entre quienes figuraba un premio Nobel.

El nivel académico y científico de la Misión era tan alto, que las universidades abrieron semilleros académicos y nombraron profesores y alumnos destacados como secretarios técnicos y relatores para apoyar el proceso.

Tito Crissien se defiende diciendo que fue incluido sin su consentimiento. Una explicación inverosímil para cualquier persona que tenga relación con el mundo académico

Pero de la euforia pasamos con rapidez al escepticismo y del escepticismo a la decepción, pues la figura del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación trajo consigo más politización y repartición burocrática. Nuevamente, los valores científicos fueron pisoteados por políticos irresponsables.

De esta forma nos encontramos de nuevo en la misma situación en la que hemos estado desde hace décadas. Con la diferencia de que esta nueva crisis llega en el peor estallido social en décadas en Colombia, y dada la obsesión de nuestra clase dirigente por repetir los errores del pasado, errores que juraron nunca cometer, tendremos un ministro que tomará posesión, y con ello la ruptura entre la comunidad científica y el gobierno estará formalizada de nuevo.

Sin embargo, esta ruptura rutinaria entre el gobierno y la comunidad científica, cada vez se convierte en una roca que va a impedir que los gobiernos sean tomados en serio a nivel internacional, algo de lo cual el gobierno nunca se ha percatado. La comunidad científica colombiana es respetada internacionalmente, gracias a una diáspora de alto nivel académico y a una comunidad local con grandes conexiones y colaboraciones internacionales. Esto nunca ha sido ni medido ni aprovechado por el gobierno nacional. En nuestra sociedad globalizada, el desprecio y burla hacia una comunidad científica trae como inevitable consecuencia la mirada recelosa y el desprecio oculto de supuestos aliados internacionales, que sí que saben el valor de la Ciencia y la Tecnología para el futuro y bienestar de una sociedad.

Algunas Alternativas

Aunque está claro que no podemos esperar mucho del actual gobierno, debemos encontrar alternativas para que la ciencia tenga un lugar relevante en Colombia.

El primer paso es exigirles a los candidatos que aspiran a la presidencia, al Senado y a la Cámara que reconozcan la importancia de la ciencia para el progreso económico y social del país. Debemos exigir que haya científicos entre los asesores del gobierno y que se pongan en práctica las recomendaciones de la Misión de Sabios.

También importa que la comunidad científica actúe como un cuerpo coherente, salga de la comodidad de los laboratorios y le muestre a la sociedad la importancia de su labor. Para lograr este objetivo se necesitan estrategias de divulgación que acerquen el saber y la naturaleza del quehacer científico a las y los ciudadanos de Colombia, que los llenen de emoción y orgullo.

Es hora de que tengamos ciudadanos que entiendan, valoren y promuevan los valores de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación basada en conocimiento en el poder ejecutivo y en el legislativo, pues solo así será posible que el gobierno reconozca la importancia de la ciencia. Necesitamos llevar la ciencia a la política, y evitar llevar las malas prácticas politicas a los organismos e instituciones encargadas de la CTeI.

La comunidad científica debe también buscar cada vez una mayor empatía con la ciudadanía. Dentro de sus avanzados estudios y resultados, ocultos a la vista de todos, están tanto las soluciones pragmáticas basadas en evidencia, como las respuestas sin utilidad a preguntas emocionantes que los colombianos necesitan y buscan con desesperación y curiosidad vibrante. Necesitamos que la ciencia nos ayude a construir un mundo que vaya más allá de las pasiones e intereses de unos cuantos, pues de otro modo no será posible forjar un país con oportunidades para todos.

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