Giro a la derecha en las elecciones regionales | Razón Pública 2024
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Giro a la derecha en las elecciones regionales: la normalización de Alemania en el contexto europeo

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Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, un partido de extrema derecha, Alternativa para Alemania (AfD), se ha convertido en la fuerza política más votada.

Ralf J. Leiteritz* & Solveig Richter**

Triunfo de la extrema derecha alemana

El 1.º de septiembre se celebraron elecciones para los parlamentos regionales de Sajonia y Turingia -dos estados de Alemania—. Atrajeron gran atención y conmoción más allá de las fronteras alemanas: por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, un partido de extrema derecha, Alternativa para Alemania (AfD), se ha convertido en la fuerza política más votada.

¿Cómo entender y explicar este resultado electoral?, ¿significa realmente un giro a la derecha en todo el país?, ¿qué consecuencias tiene para la estabilidad política en Alemania?

Sajonia y Turingia: lucha por estados orientales

Sajonia y Turingia formaron parte de la República Democrática Alemana, bajo control soviético, hasta 1990. Ambos estados federales son relativamente pequeños: 2,1 millones (Turingia) y 4,1 millones (Sajonia) de habitantes; Alemania tiene una población total de 84 millones. Por lo tanto, representan alrededor del 7 % de la población total.

No obstante, los gobiernos de los estados federados son importantes en el sistema federal de Alemania, ya que tienen una gran influencia en la política educativa, interior, cultural y económica, y pueden influir en la política federal a través de la segunda cámara del Parlamento alemán, el Bundesrat. 

En estos dos estados la AfD se ha radicalizado. Incluso, la Oficina Federal de Protección de la Constitución la clasifica como de extrema derecha. Los resultados de las elecciones confirmaron la tendencia al fortalecimiento de la AfD que se viene observando desde hace varios años: uno de cada tres votos en Turingia y algo más del 30 % de los votos en Sajonia fueron para la AfD. Sin embargo, contrariamente a lo que se temía, la AfD no ganó en Sajonia, sino que quedó justo por detrás del ganador de las elecciones, el Partido Cristiano Demócrata (CDU).

Aquí, la victoria electoral de la AfD se vio impedida por una fuerte y exitosa movilización de las fuerzas democráticas, que se expresó sobre todo en una de las mayores participaciones electorales de los últimos años y en el voto táctico: los ciudadanos distribuyeron deliberadamente sus votos de modo que la CDU se convirtió en la fuerza más fuerte y pequeños partidos como el Partido de la Izquierda o los Verdes también entraron en el parlamento regional.

Caída de los grandes partidos

Además del ascenso de la AfD, hay resultados electorales relevantes:

  • Los tres partidos que componen el actual gobierno federal alemán —los socialdemócratas (SPD), los Verdes y el Partido Liberal (FDP)— obtuvieron unos resultados dramáticamente malos: juntos solo llegaron al 13,3 % (en Sajonia) y el 12,1 % (en Turingia) de todos los votos.

El actual gobierno federal es muy impopular entre amplios sectores de la población y luchará por mantenerse en el poder hasta las próximas elecciones federales en septiembre de 2025. Esta alianza tripartita, conocida como Die Ampel (‘el semáforo’) por los colores de los partidos, no fue desde el principio un matrimonio de amor y se ha caracterizado por las constantes rencillas entre sus socios. Por lo tanto, es muy poco probable que en Alemania haya otro “gobierno del semáforo” a escala nacional y en un futuro cercano.

  • BSW, un partido nuevo, quedó de tercero en las dos elecciones. Este partido lleva el nombre de su fundadora Sahra Wagenknecht, que aún formaba parte del Partido de la Izquierda hasta finales del año pasado y no fundó su propio partido hasta hace nueve meses.

El BSW se centra por completo en la carismática personalidad de Wagenknecht. Su programa combina una mezcla de posiciones de la izquierda radical en política social con otras de la derecha radical en política migratoria.

Sin embargo, el BSW debe su singular éxito electoral en Sajonia y Turingia sobre todo a su postura pacifista sobre la guerra entre Rusia y Ucrania, así como a su llamado a negociaciones de paz inmediatas entre ambas partes —un deseo especialmente fuerte entre los ciudadanos de la antigua Alemania Oriental—.

No obstante, esta cuestión de guerra y paz tiene poca relevancia práctica en la región, ya que la política exterior y de seguridad está dirigida por el gobierno federal en Berlín.

Alemania, de nuevo dividida 

La clara mayoría de ambos estados siguió votando a favor de partidos del espectro democrático. La fuerza de la AfD y del BSW refleja algunas tendencias políticas, sociales y culturales importantes en Alemania y similares en otros países europeos. Por lo tanto, es posible hablar de una cierta convergencia entre Alemania y el resto de Europa, sin descuidar el contexto histórico de la época del Tercer Reich.

Entre Gobierno federal y regiones

En primer lugar, los resultados de las elecciones muestran el profundo descontento de los ciudadanos con la labor del actual gobierno, pero también la falta de arraigo de las políticas del gobierno federal en estas dos regiones de Alemania.

La alta participación electoral del 74,4 % (Sajonia) y el 73,6 % (Turingia) demuestra que los ciudadanos están definitivamente interesados en la política, pero no sienten que sus intereses estén representados.

La elevada pérdida de confianza e importancia de los partidos tradicionales (con la excepción de la CDU) se debe también a la difícil experiencia de la reunificación, en la que los ciudadanos del este de Alemania se sintieron en parte menospreciados y en parte abrumados.

Además, los vínculos con los partidos son allí menos pronunciados, y prevalece un cierto distanciamiento respecto al Estado, como consecuencia de la experiencia de la dictadura bajo el comunismo. Esto también fue evidente durante la pandemia por el coronavirus, cuando muchos opositores a la vacunación se movilizaron y radicalizaron, sobre todo en el este del país.

Entre centro y periferia

En segundo lugar, como en muchos otros países europeos, existe una división muy clara entre zonas urbanas y rurales, entre el centro y la periferia.

Las ciudades universitarias como Dresde, Jena y Leipzig se desarrollan bastante bien, prosperan y la mayoría de la población ahí vota por partidos del espectro de centroizquierda; pero las diferencias económicas entre el este y el oeste son especialmente notables en las zonas rurales. Los salarios y los ingresos en los estados federados del este siguen siendo mucho más bajos que en el oeste, hay relativamente pocas empresas medianas y una gran escasez de mano de obra cualificada, como los médicos.

Entre “élite” y “gente común”

En tercer lugar, la AfD, (y en cierta medida el BSW) supo capitalizar muy bien este estado de ánimo social, presentándose como un partido cercano a la gente y que se toma en serio las preocupaciones y temores de los ciudadanos.

A diferencia de las elecciones anteriores, ya no pudo ganar votos con una retórica puramente populista, sino que también se anotó puntos con las preocupaciones actuales de la gente, ya sea en política migratoria o en política social y educativa.

La AfD se ha erigido como “el partido del hombre común y corriente”. Pero lo paradójico es que el programa electoral de la AfD se opone en muchos aspectos a los intereses de este hombre común y corriente: por ejemplo, se pronuncia en contra de subir los impuestos a los ricos.

Entre etnias

En cuarto lugar, entra en juego el factor de la política de identidad. Como en muchos otros países europeos, el éxito de la AfD como partido de extrema derecha refleja un rechazo a la globalización y al intercambio intercultural, así como a la Unión Europea. 

Algunos votantes están claramente resentidos por el cambio social y la apertura económica, y han adoptado actitudes racistas y xenófobas profundamente arraigadas. Estas actitudes de extrema derecha, a veces fascistas, se han introducido en el espectro político y se han hecho socialmente aceptables a través de políticas populistas, como la muy controvertida cuestión del lenguaje de género, el miedo a la infiltración extranjera y el rechazo a toda migración.

Foto: Wikipedia: Ampelkoalition Es muy poco probable que en Alemania haya otro “gobierno del semáforo” a nivel nacional en un futuro cercano.

Entre generaciones

En quinto lugar, el apoyo a la AfD entre los jóvenes es sorprendente y esencial para el futuro.

La AfD se convirtió en la fuerza electoral más importante en el grupo de 18 a 29 años. Con una amplia campaña digital, la AfD fue el partido que dominó las redes sociales como TikTok, muy por delante de los demás partidos, por lo que captó a los votantes más jóvenes en su vida cotidiana.

El líder de la AfD en Turingia Björn Höcke, por ejemplo, se escenificó en vídeos cortos en zapatillas de deporte sobre una moto de marca Simson —el símbolo de la juventud rural en el este del país—.

Según la investigadora Charlotte Meier de la Universidad de Leipzig, esto revela también un “populismo generacional”: entre los jóvenes, la AfD ha explotado como ningún otro partido el miedo generalizado al futuro y la actitud antisistema hacia la élite. En el espectro de la derecha en particular, se observan preocupantes tendencias a la radicalización.

¿Qué queda?

Un partido de extrema derecha se ha establecido firmemente en los dos parlamentos regionales y puede bloquear muchas decisiones con sus votos, aunque no vaya a (co)gobernar en ninguno de los dos estados.

En consecuencia, será un reto para la mayoría democrática de ambos estados crear coaliciones de gobierno estables entre los distintos campos políticos. Por ejemplo, Björn Höcke, un ultraderechista de probada eficacia, ha adquirido una influencia y un poder político considerable en la AfD y en la política federal.

Esto refleja un claro giro a la derecha en el este de Alemania, así como una polarización y radicalización de la sociedad difícil de asimilar, como en muchos países europeos.

No obstante, también hay rayos de esperanza: el “muro de fuego” que se levantó contra la AfD como táctica electoral, al menos en Sajonia, y muchos ciudadanos se han movilizado para votar contra la AfD. Si los partidos tradicionales consiguen, posiblemente con la ayuda del BSW, abordar y resolver las preocupaciones y temores de la población en general y de los jóvenes en particular, privarán a la AfD de un apoyo crucial.

Acerca del autor

Ralf Leiteritz
rleiteritz@razonpublica.org.co | + posts

* Politólogo e Internacionalista, profesor titular de carrera de la Universidad del Rosario

Solveig Richter

* Profesora de relaciones internacionales y políticas transnacionales en la Universidad de Leipzig en Alemania

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