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Genocidios: gobierno y ciudadanos en los exterminios masivos

Escrito por Armando José Mercado
La UP

La UP

Armando MercadoEste libro explica el papel de los gobiernos y los ciudadanos en perpetrar esas masacres a través de la historia. Entender cómo y por qué ocurren es fundamental en el posconflicto colombiano para evitar tragedias como la de la Unión Patriótica.

Armando Mercado Vega*

Dividir para matar. Una exploración de la mentalidad genocida
Abram de Swann
2015
Semana Libros

Explorando la mentalidad genocida

Exterminar grupos humanos por sus características políticas, étnicas o religiosas, es una práctica aún vigente.

La opinión internacional condena abiertamente al gobierno budista de la premio Nobel de Paz Aung San Suu Kyi en Myanmar, por lo que algunos medios y académicos no vacilan en llamar un genocidio contra la minoría musulmana rohingyas al norte del país.

También en Colombia hay quienes critican al Gobierno nacional por su pasividad frente al asesinato repetido de líderes sociales y defensores de derechos humanos; según la Defensoría del Pueblo, entre 2016 y 2017 van aproximadamente 186 líderes asesinados. El Gobierno y algunos de sus voceros han negado que sean asesinatos “sistemáticos”. Sin embargo, investigadores como Gutiérrez Sanín y su grupo del Observatorio de Restitución y Regulación de Derechos de Propiedad Agraria, han demostrado que la regularidad en los asesinatos los vuelve sistemáticos.   

Experiencias de socialización temprana y sus características neurofisiológicas pueden hacer a una persona más propensa o no a sentir empatía por otros. 

¿Por qué algunos gobiernos -incluidos sus agentes y actores- toleran o recurren al exterminio de grupos sociales? y ¿por qué algunos ciudadanos de manera organizada o individual se prestan para estas labores? Estas son algunas de las preguntas que trata de contestar el sociólogo Abram de Swann en su libro Dividir para matar. Una exploración de la mentalidad genocida.

La obra de Swann se divide en nueve capítulos:

  • En los primeros cuatro desarrolla el marco teórico e histórico donde se aproxima a entender el papel de los gobiernos y ciudadanos en exterminios masivos; define y diferencia los conceptos que se refieren a este tipo de violencia organizada, como democidio, genocidio, politicidio, etnocidio y clasicidio.
  • Del quinto al octavo capítulo analiza cómo los procesos de formación estatal se relacionan con la disminución en la violencia interpersonal, debido a la exclusividad de la violencia por parte del Estado, donde de forma paralela aumenta la letalidad de la violencia organizada. Swann construye una tipología de los exterminios masivos de los últimos tres siglos, ilustrados con varios estudios de casos.  

¿Todos podemos ser genocidas?

Juicios de Núremberg
Juicios de Núremberg
Foto: Wikimedia Commons

Swann hace una revisión crítica de los lugares comunes en los que han caído la cultura popular y muchos académicos para explicar por qué se producen genocidios, o cualquier otro tipo de exterminio masivo.

Swann critica la tesis de la “banalidad del mal” elaborada por Hannah Arendt en Eichmann en Jerusalén; señala que diferentes investigadores -utilizando las mismas fuentes que Arendt- llegan a una conclusión diferente sobre el papel de Eichmann en el Holocausto: ya para 1961 existía bastante evidencia que demostraba que  Eichmann era una fanático y una cazador de judíos insaciable y no un hombrecillo que se limitó a obedecer órdenes.

Basado en una amplia revisión bibliográfica critica las interpretaciones que se generalizaron a raíz de los experimentos de Stanley Milgram en la Universidad de Yale y  de Philip Zimbardo en la cárcel de Stanford. Estos experimentos famosos sugerían con toda claridad que una persona ordinaria es capaz de las acciones más horrendas. 

Las ideas de la banalidad del mal y de que la fuerza de la autoridad lleva a personas comunes a ser violentas hicieron que muchos investigadores supusieran que la situación determina el comportamiento de una persona. Es decir, en la misma situación que los genocidas, “usted y yo hubiésemos hecho lo mismo”; Swann lo llama el enfoque situacional.

Swann considera esta visión incompleta y determinista, un enfoque que no tiene en cuenta la psicología y genética de las personas. Para Swann muchos investigadores han cometido dos grandes errores:

  1. Si bien los experimentos muestran que aproximadamente 60 por ciento de los participantes llegan a ejercer violencia letal contra otra persona, es igualmente interesante preguntarse por qué el otro 40 por ciento en la misma “situación” no lo hizo.
  2. Si bien a todos los participantes les hicieron test psicológicos antes de los experimentos, estos no ahondaron en el pasado de los mismos: su niñez, infancia, adolescencia, relación con sus padres, etc.

Swann opta por un enfoque donde, sin desconocer la influencia de las situaciones sobre las conductas, tiene en cuenta las disposiciones psicológicas de los actores, las cuales se forman en etapas tempranas de la vida y son moldeadas en esferas de socialización primarias y secundarias.

Situaciones como revoluciones, guerras civiles, crisis económicas, entre otras, pueden influir sobre la mentalidad colectiva de las sociedades, y por extensión sobre sus disposiciones individuales. Asimismo, sus experiencias de socialización temprana y sus características neurofisiológicas pueden hacer a una persona más propensa o no a sentir empatía por otros.

Este tipo de procesos de “identificación y desidentificación social”, son rastreados por  Swann en la historia desde las pequeñas tribus nómadas de cazadores- recolectores, pasando por grupos sedentarios más numerosos, hasta los procesos contemporáneos de identificación social más amplios no basados en el parentesco o cercanía territorial, como la nación, raza o clase social.

Definición y tipos de exterminios masivos

Los tres criterios que definen un exterminio masivo para Swann son: cantidad, asimetría y contexto complaciente. Los genocidios son asesinatos masivos que se presentan en situaciones de asimetría entre un gobierno o actores armados que exterminan un grupo indefenso, generalmente no combatiente. Solamente existe en un contexto institucional o cultural favorable para al asesinato masivo y sistemático por un periodo de tiempo.

Los genocidios son asesinatos masivos que se presentan en situaciones de asimetría entre un gobierno o actores armados que exterminan un grupo indefenso.

Swann identifica cuatro tipos de exterminios masivos a través de la historia:

  1. El frenesí conquistador, cuando un ejército victorioso extermina a los habitantes del territorio conquistado. Esto ocurrió en los procesos de colonización de Bélgica en el Estado Libre del Congo, Holanda en la región de Aceh en Indonesia, Alemania contra el pueblo herero en Namibia y Japón en territorios chinos o coreanos.
  2. La política de terror, cuando un gobierno emprende una campaña de persecución y asesinato sistemático contra un grupo poblacional dentro de su propio Estado. Este es el caso de la URSS y China contra los opositores del régimen comunista.
  3. El triunfo de los perdedores, cuando un gobierno al percatarse de su inminente derrota en una guerra, intensifica el exterminio de poblaciones indefensas que puede “derrotar”. Así sucedió con el exterminio judío por parte de los Nazis al ser conscientes que la URSS no podía ser derrotada y que el rumbo de la guerra había cambiado; o el genocidio armenio por parte de los Turco Otomanos al finalizar la primera guerra mundial.   
  4. Los megapogromos. Aquí el papel del gobierno es más pasivo o encubierto. Los actores armados locales son los encargados del exterminio, y pueden o no recibir el apoyo del gobierno; son desorganizados y espontáneos. Así ocurrió con la división de la India y Pakistán, en la cual, indios en territorio pakistaní empezaron a ser exterminados, así como los pakistaníes en territorio indio.

Crítica y consideraciones finales

Abram de Swaan, sociólogo holandés autor del libro en reseña.
Abram de Swaan, sociólogo holandés autor del libro en reseña.  
Foto: Wikimedia Commons

La obra de Swann es un interesante análisis de este actual y por desgracia doloroso tema que todavía acompaña la historia. Conviene hacerle una observación pertinente para el caso colombiano.

Al igual que otros autores que tratan del asunto, la definición de exterminio masivo de Swann tiene un sesgo de “cantidad”. Es decir, solo son exterminios “masivos” los que implican miles o millones de muertes. Esto podría dejar por fuera los análisis de casos locales y de baja intensidad, los cuales nadie llamaría “masivos” dadas las cifras, no obstante que por la proporción que representan respecto del total de integrantes del grupo sí  serían “masivos”.

Ejemplo de lo anterior es que en Colombia algunas organizaciones de víctimas y ONGs han hablado del politicidio del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), guerrilla que se desmovilizó en 1991, de la cual hasta el momento han sido asesinados aproximadamente 50 de los 200 integrantes desmovilizados, según cuentan los propios sobrevivientes.

Producto de los Acuerdos de Paz con las FARC, esta guerrilla inició su tránsito de insurgencia armada a partido político. En Colombia tenemos experiencias de exterminios como el politicidio de la Unión Patriótica. Conocer, entender y tratar de prevenir cualquier asomo de exterminio, ya sea de alta o baja intensidad, o sistemático como el de nuestros líderes sociales, es un compromiso para construir una paz estable y duradera.

 

* Politólogo con estudios de Maestría en Conflicto Social y Construcción de Paz, investigador del Grupo Regional de Memoria Histórica de la Universidad Tecnológica de Bolívar.

 

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