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Gaza repite tragedia

Escrito por Carlos Alberto Patiño

​Mientras el mundo mira con horror, la incursión de Israel en la Franja de Gaza deja más y más víctimas. Y sin embargo, irónicamente, esta acción militar deja como  ganador político e internacional al grupo más radical de Palestina.

Carlos Alberto Patiño Villa*

Un guion conocido

Durante el verano de este año, los habitantes de la Franja de Gaza se encuentran sometidos de nuevo a la brutal experiencia de una guerra que enfrenta a los milicianos del Movimiento de Resistencia Islámico (Hamás) contra la Fuerza de Defensa de Israel.

Los relatos de los medios de comunicación son contundentes, y las fotografías y videos que circulan en los noticieros, periódicos y redes sociales dan cuenta de lo cruenta que ha resultado la confrontación para los gazatíes, lo que ha llevado a que Israel sea duramente criticado por la opinión pública internacional.

Sin embargo, la realidad es mucho más compleja de lo que dejan traslucir los relatos periodísticos y, quizás, como señaló Charles Tilly en su libro “Violencia Colectiva”, lo que sucede se puede entender como un guion conocido.

Para Hamás la destrucción de Israel es un imperativo irrenunciable, y por ello mismo reclama el derecho a poseer una armamento adecuado a sus objetivos.

La actual confrontación se produjo después de que fueran encontrados los cadáveres de tres jóvenes israelíes secuestrados y asesinados, al parecer, por milicianos pertenecientes a las organizaciones armadas de Hamás.

La respuesta de Israel fue “contundente”, tal y como anunció el primer ministro Benjamín Netanyahu el 30 de junio en la noche. Un elemento que acabó de agravar la confrontación fue el secuestro y asesinato de un joven palestino, en lo que hasta ahora parece ser una acción de venganza perpetrada por extremistas israelíes.

A partir de esta situación Israel inició una operación de castigo contra Hamás el día 1 de julio, que luego llevó a la toma terrestre de Gaza a partir del 18 de julio, operación militar que aún continúa.

Ante la escalada de las operaciones y los ataques, y el alto número de palestinos civiles muertos o heridos, especialmente la escandalosa cifra de niños, mujeres y ancianos afectados por acción directa de las armas israelíes, se han emprendido varios esfuerzos internacionales para establecer una tregua, llegar a un alto al fuego definitivo y retomar los nexos diplomáticos rotos.


El Primer Ministro Palestino Ismail Haniyeh.
Foto: Joe Catron

Conflicto inevitable

Pero lo que está detrás de toda la operación es algo más complejo: la actual operación, denominada por Israel “Escudo Protector”, y que fue antecedida por las operaciones “Plomo Fundido” en 2009 y “Pilar Defensivo” en 2012, tiene como motivo básico el hecho de que Israel y Hamás se encuentran en una confrontación ineludible e inevitable, pues para la organización islamista palestina Israel es un Estado ilegítimo, resultado de una ocupación ilegal y una política imperialista.

En este sentido, para Hamás la destrucción de Israel es un imperativo irrenunciable, y por ello mismo reclama el derecho a poseer una armamento adecuado a sus objetivos, algo que ha ido alcanzando poco a poco, como lo deja ver la sofisticación tecnológica de los misiles que actualmente lanza contra territorio israelí, que incluso llegan a lugares a más de 100 kilómetros de distancia de la Franja de Gaza.

A diferencia de Al-Fatah (el partido político que se remonta a Yasser Arafat) y de los otros grupos seculares que integran la OLP (Organización para la Liberación de Palestina), Hamás es un movimiento islamista apoyado de modo directo por los Hermanos Musulmanes, que ha establecido relaciones con grupos internacionalmente considerados como terroristas.

Hamás ha logrado establecer una forma de control social, y a la vez de apoyo político, a través de redes eficaces de acción educativa, alimenticia y apoyo laboral, que además le permiten desplazar a aquellos gazatíes que no se siente seguros bajo un gobierno islamista, según han denunciado organizaciones internacionales de derechos humanos, entre ellas Human Rights Watch y Amnistía Internacional. 

De esta forma, la acción de Israel contra Hamás puede traerle pérdidas irreparables en términos militares a la organización, pero le asegura una victoria política y mediática.

Y si bien Hamás es la organización objetivo de las Fuerzas Armadas israelíes, para ella misma la confrontación con Israel es una parte de su disputa contra Al-Fatah, con la cual  se ha disputado el poder desde la victoria electoral de 2006. Hamás también ha expresado su desprecio público hacia Yasser Arafat, a quien califican de dictador y gobernante corrupto.

A partir de estas diferencias estalló la llamada “guerra civil palestina” entre organizaciones armadas pertenecientes a cada grupo. Estas confrontaciones abiertas se dieron entre 2008 y 2011, cuando se llegó a un acuerdo de unidad nacional para zanjar las diferencias y sumar los esfuerzos para consolidar un Estado palestino de cara a Israel.

Durante este proceso Hamás pasó a ser el gobernante absoluto de la Franja de Gaza, gracias en mucho al derrocamiento de Hosni Mubarak en enero de 2011 y al consecuente protagonismo de los Hermanos Musulmanes en el vecino Egipto, cuando accedieron al poder con la elección de  Mohamed Morsi el 30 de junio de 2012.

Israel cercó a de Gaza desde la operación militar de 2009, cerrando sobre todo los pasos claves para el ingreso de armas, y en 2012 reafirmó su control militar, cuando los Hermanos Musulmanes llegaron al poder en Egipto.  

Desde febrero de este año los partidos políticos palestinos, principalmente Al-Fatah y Hamás, reiniciaron negociaciones para formar un gobierno de unidad nacional. Este nuevo gobierno inició plenamente sus labores a comienzos de junio. Pero un paso así implicaba el  fortalecimiento público, político e internacional de Al-Fatah, que además había logrado el reconocimiento de la Autoridad Nacional Palestina como Estado Observador de la ONU, en cabeza de Mahmud Abbas.

El conflicto presente supone entonces un revés para Al-Fatah, porque impide el gobierno de unidad nacional y porque muchos palestinos lo ven como un parido débil y contemporizador con Israel, como lo han dicho dirigentes de Hamás en varias ocasiones.  

De esta forma, la acción de Israel contra Hamás puede traerle pérdidas irreparables en términos militares a la organización, pero le asegura una victoria política y mediática, apoyada, entre otros, por el emirato de Qatar y su cadena de televisión Al-Jazzera.


Khaled Meshaal, actual líder de Hamas.
Foto:  Wikimedia Commons

Gaza: doblemente prisionera

Un elemento esencial de la confrontación es el hecho de que la Franja de Gaza sea una zona cerrada y con fronteras casi inexpugnables, contralada de manera inflexible y desde adentro  por una organización islamista, y al mismo tiempo sea una zona altamente urbanizada, con muy poco territorio rural, por eso mismo dependiente de los recursos acuíferos y la energía eléctrica que viene de Israel.

Calificar a los gazatíes de islamistas por extensión de Hamás es un error, al igual que creer que cientos de miles de palestinos son fanáticos identificados con las brigadas de terroristas y yihadistas que pretenden acaparar la versión pública de la identidad palestina.

Dicho de otra forma, los gazatíes se encuentran doblemente prisioneros de una situación política caótica pues, por un lado, habitan en un lugar con fronteras cerradas, y por el otro, están gobernados por el islamismo extremista.

Peor aún, este drama se produce cuando los Hermanos Musulmanes han sido declarados terroristas por el gobierno del general Al-Sisi, quien en julio de 2013 derrocó a Morsi, lo cual explica la incapacidad de Egipto para influir de veras sobre la negociación entre Hamás e Israel.

Y además los ataques se dan en medio de la guerra de Siria, donde los sunitas se enfrentan al gobierno de Bashar Al-Assad, y de la renovada guerra en Irak, con el protagonismo del  llamado Estado Islámico, que se ha fortalecido de forma sorprendente y ha empezado a tomar el control de un territorio importante entre Irak y Siria.

Lo que sigue se ceñirá seguramente al guión ya conocido: pacto de una tregua, limitación de las acciones de castigo a cada una de las partes, y discusión sobre las  responsabilidades políticas respectivas.  

No existe pues ni siquiera el comienzo de un consenso internacional sobre cómo actuar, entre otras cosas porque han aparecido nuevos escenarios, donde el conflicto palestino-israelí adquiere otros significados: por ejemplo, Hamás es considerada una “organización terrorista” por los países occidentales, pero no así por países como Turquía o Rusia. 

Lo que sigue se ceñirá seguramente al guión ya conocido: pacto de una tregua, limitación de las acciones de castigo a cada una de las partes, y discusión sobre las  responsabilidades políticas respectivas.  

Empero, la solución de fondo pasa por creare un Estado palestino que sea gobernado con responsabilidad, que reconozca de forma plena, como lo hizo Arafat en su momento, que Israel tiene derecho a su existencia, y que se gobierne con responsabilidad pública frente a asuntos como el uso de la violencia y el terrorismo.

Esta negociación, como lo han planteado varios intelectuales israelíes, implica que el gobierno de Tel Aviv también respete las fronteras y los territorios palestinos, y adopte   una política de integración y no de segregación.

 

* Profesor titular y director del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional de Colombia

 

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