
Gaza: Entre la esperanza y la incertidumbre
Compartir:
Solo cuando terceros consideren que los palestinos están en capacidad de dirigir sus asuntos, la autodeterminación será posible, lo que mantiene la incertidumbre no solo sobre el genocidio en curso, sino también sobre el futuro de Gaza.
El llamado Plan Trump vuelve a situar a Gaza y a toda Palestina en una encrucijada entre la esperanza y la incertidumbre. La reciente aprobación, por parte del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, del plan propuesto por Washington para Gaza —que contiene veinte puntos clave, como el alto al fuego, el desarme, la gobernanza internacional y la reconstrucción— marca uno de los giros diplomáticos más significativos en el marco del conflicto palestino-israelí y del genocidio en Gaza. Respaldado por la mayoría de los miembros del Consejo (trece votos a favor y dos abstenciones, de Rusia y China), el plan reabre la conversación sobre el futuro de Gaza y la posición de Palestina en el sistema internacional.
Un alto al fuego frágil
Esta resolución representa el primer gran avance para el plan de Trump desde el alto al fuego del 9 de octubre, considerado la fase inicial del plan de paz de veinte puntos redactado por Washington. Sin embargo, no hay que olvidar que la región ha tenido dificultades para mantener el acuerdo, ya que ambas partes se han acusado mutuamente de violar el alto al fuego.
Israel ha continuado con bombardeos y tiroteos en la Franja de Gaza, según la Oficina de Medios del Gobierno gestionada por Hamás y las Naciones Unidas, que han informado que el país ha rechazado más de cien solicitudes de ayuda, en su mayoría de ONG que trabajan en el enclave.
Por otro lado, Israel acusa a Hamás de incumplir el cese al fuego en diversas ocasiones. Las Fuerzas de Defensa de Israel han denunciado ataques mortales contra sus soldados en Rafah y violaciones de la línea de retirada establecida desde el inicio del alto al fuego. Además, se acusa a Hamás de demoras y entregas incorrectas en la devolución de restos de rehenes, lo que añade tensión a la ya frágil situación.
A pesar de estos incidentes, tanto Hamás como Israel han manifestado su compromiso con la paz, aunque sus acciones no parecen alinearse con el plan respaldado por la comunidad internacional.
A diferencia de iniciativas previas, este plan no plantea un proceso de negociación directa entre israelíes y palestinos. Más bien, se orienta a administrar el conflicto, reducir la violencia y ensayar un modelo de gobernanza internacional, recordando en ciertos aspectos a las misiones en Kosovo o Timor Oriental. Sin embargo, no aborda de fondo la cuestión esencial: la creación del Estado Palestino con todas las condiciones necesarias para su supervivencia.
Una transición bajo tutela internacional
La resolución otorga a Estados Unidos un mandato legal para implementar partes del plan, incluida la formación de una Fuerza Internacional de Estabilización (FIS), un cuerpo militar multinacional encargado de supervisar la seguridad en el enclave. También prevé la creación de un comité que supervise la transición política y de seguridad en Gaza hasta finales de 2027, cuando la Autoridad Palestina debería asumir el gobierno.
El despliegue de la FIS se contempla “bajo un mando unificado”, con fuerzas de los Estados participantes en estrecha consulta con Israel y Egipto. Además, se autoriza el uso de “todas las medidas necesarias” —incluida la fuerza— para cumplir el mandato, siempre conforme al derecho internacional.
Surgen, sin embargo, varios interrogantes: ¿Cómo se llevará a cabo la desmilitarización de Gaza? El plan menciona la destrucción de infraestructura militar y el desmantelamiento de armas de grupos armados no estatales, así como la protección de civiles y la vigilancia de los corredores de ayuda humanitaria. Si bien los detalles son escasos, medios internacionales informan que la fuerza podría contar con unos 20.000 efectivos de distintos países.
A diferencia de planes anteriores, pese a que este menciona la eventual creación de un Estado palestino reconocido internacionalmente, excluye a los locales del proceso, lo que evoca los aires del colonialismo del antiguo protectorado británico, pues representa una forma de tutela internacional que terminaría por socavar la autodeterminación palestina. El texto pide el “establecimiento de la Junta de Paz como una administración transitoria con personalidad jurídica internacional”, sin especificar quiénes integrarán la Junta, ya que solo señala que “establecerá el marco y coordinará la financiación para la reurbanización de Gaza (…) hasta que la Autoridad Palestina haya completado satisfactoriamente su programa de reformas”.
El enfoque es claro: solo cuando la Autoridad Palestina haya avanzado en las reformas y la reconstrucción esté en marcha, se abrirá la posibilidad real de autodeterminación y de un Estado palestino. Mientras tanto, Estados Unidos dirigirá un diálogo entre Israel y los palestinos para definir un “horizonte político” hacia la coexistencia pacífica.
Este diseño responde al reconocimiento, implícito o explícito, de que la Autoridad Palestina no está en condiciones de asumir el control efectivo de Gaza tras años de debilidad institucional y pérdida de legitimidad.

Una incertidumbre que se repite un siglo después
En ese vacío, el plan propone una transición bajo supervisión internacional, en la que actores externos gestionan temporalmente la seguridad y la administración. Sin embargo, no existe aún una hoja de ruta para integrar a la sociedad civil gazatí en la gestión del territorio, buscando legitimidad y gobernabilidad local, para evitar que la transición se perciba como una tutela excluyente
Esta aproximación recuerda el artículo 22 de la Sociedad de Naciones tras la Primera Guerra Mundial, que afirmaba: “Los principios aplicables a las colonias y territorios que han dejado de estar bajo la soberanía de los Estados que los gobernaban se confían a las naciones desarrolladas como mandatarias”. Estas naciones ejercerán esta tutela en calidad de mandatarias y a nombre de la Sociedad de Naciones, supervisando la administración de estos territorios hasta que puedan ser administrados por sí mismos.
Así, en última instancia, solo cuando terceros consideren que los palestinos están en capacidad de dirigir sus asuntos, la autodeterminación será posible; así las cosas, el futuro de Palestina y Gaza continuará estando, como hace un siglo, en manos de las mismas potencias que contribuyeron a crear el conflicto. Lo que mantiene la incertidumbre no solo sobre el genocidio en curso, sino también sobre el futuro de Gaza.
Le recomendamos: ¿El retorno de la Doctrina Monroe? Venezuela y Colombia bajo la sombra del fantasma de Panamá
Acerca del autor
Margarita Cadavid
*Internacionalista de la Universidad del Rosario, especialista en derechos humanos y defensa ante sistemas internacionales de Maestría en Estudios Políticos Internacionales de la Universidad Nacional de
Colombia
1 comentarios






Buenas noches desde Jalisco, México. Muchas gracias a la autora por escribir y hablar de Palestina. Gracias también a Razón Pública por incluir este artículo. Si tuviéramos una Organización de Naciones Unidas que fuera independiente y no tuviera que seguir el mandato arrogante de la autoridad estadounidense, ya se habría terminado el actual genocidio que es un crimen contra Palestina y contra La Humanidad. Afortunadamente, en todos los países de la Tierra, existe desde abajo la Solidaridad con Palestina. Atentamente, Fernando Acosta Riveros