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Gaitán y la historia contemporánea de Colombia

Escrito por Juan Carlos Chaparro
Jorge Eliecer Gaitán.

Jorge Eliecer Gaitán.

Juan Carlos ChaparroCuáles fueron las ideas y propuestas concretas de Gaitán y por qué todavía siguen teniendo  vigencia.   

Juan Carlos Chaparro*

El hombre que prometía un nuevo país

Han transcurrido setenta años desde que se produjo el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, ese carismático líder colombiano nacido en 1898, y que desde muy joven descolló como adalid de la renovación política, social y económica que el país reclamaba, ¡y que sigue reclamando! 

A Gaitán le tocó vivir tiempos de agitado trasegar político pero, lejos de arredrarlo, esto hizo que sus ideas se fortalecieran y sus actuaciones tuvieran mayor eco.  

Tenía apenas cincuenta años cuando fue asesinado el 9 de abril de 1948, justo cuando había logrado    posicionar su talante de estadista en el convulsionado escenario de la política colombiana luego de haber divulgado y popularizado sus ideas y proyectos en un país que, aunque mantenía intacta la fisionomía social y política del siglo XIX, empezaba a verse influenciado por el curso agitado del siglo XX.

Un siglo que estaba transcurriendo y signándose por la creciente interdependencia económica, por el notorio crecimiento poblacional, por las paulatinas migraciones del campo hacia la ciudad, por la formación–usualmente no planificada ̶ de grandes urbes; por los incipientes procesos de industrialización y por la reanudación y agudización de la violencia bipartidista que había gozado de una breve pausa luego del fin de la Guerra de los Mil Días.

También, por la emergencia y posicionamiento de nuevos paradigmas y experiencias políticas (comunismo, fascismo y nacionalsocialismo) que tuvieron resonancia en Colombia y por el lugar que este país vino a ocupar en el marco de la reacomodación del orden internacional que devino tras la Segunda Guerra Mundial y con el advenimiento de la Guerra Fría.

A Gaitán le tocó vivir tiempos de agitado trasegar político pero, lejos de arredrarlo, esto hizo que sus ideas se fortalecieran y sus actuaciones tuvieran mayor eco.  

Gaitán, ciertamente, era un gran conocedor de las realidades políticas, sociales y económicas del país y del mundo en que vivía. De ello había dado cuenta tanto en sus escritos académicos como en sus discursos políticos.

Para salir del ostracismo en que el país se hallaba y para vincularse a ese cambiante mundo que transcurría, Gaitán creía que la sociedad colombiana debía encauzarse por la senda de la renovación, cuando no de la revolución, social, económica y política.

Persuadido de la inicua historia que había vivido Colombia desde su constitución como república, signada por la confrontación bélica engendrada y fomentada por la oligarquía liberal-conservadora, por la histórica y creciente separación que se había establecido y mantenido entre gobernantes y gobernados, por las carencias materiales que padecían la mayoría de los colombianos y por la “captura del Estado” por parte de la oligarquía bipartidista, Gaitán no sólo centró sus esfuerzos en la denuncia de tales situaciones, sino que pretendió revertirlas.

Entre la simpatía y la animadversión

Seguidores de Jorge Eliécer Gaitán.
Seguidores de Jorge Eliécer Gaitán.  
Foto: Alcaldía de Puerto Gaitán – Meta

Su diagnóstico sobre las más diversas y anómalas situaciones que vivía el país era categórico y creía que de esa misma factura debían ser las medidas que debían tomarse para reencauzar a Colombia.

Además de su carisma, el contenido de su discurso y de sus propuestas le granjeó gran simpatía entre una buena parte de los colombianos y una manifiesta animadversión entre sus contradictores:

  • La reivindicación del pueblo como sujeto político y como fuente de la soberanía y del orden genuinamente democrático se tradujo en contundentes apoyos a su causa. Las denuncias contra la oligarquía bipartidista que había dividido y ensangrentado a Colombia también le atrajo miles de simpatizantes.
  • La defensa de las causas de los trabajadores contribuyó a legitimar sus propósitos y a asegurar su ascenso político.
  • Sus tesis sobre la mediación o arbitraje entre el capital y el trabajo que debía cumplir el Estado también fueron visionarias. Su defensa de la justicia social y las maneras de hacerla realidad  persuadieron a miles de colombianos que migraron hacia las filas de ese singular fenómeno político que bajo su nombre y su tutela empezó a configurarse en Colombia: el gaitanismo.

Entendido como una forma genuina de movilización política, el gaitanismo fue una congregación de masas populares ansiosas de hacerse un lugar en la escena política de aquella época y – al constituirse como una opción de poder- se convirtió en la más seria amenaza para el orden impuesto por la “oligarquía bipartidista”.

Es cierto que Gaitán provenía del Partido Liberal y que desde allí había abogado por la recuperación de los ideales del liberalismo en su versión renovadora y social, pero también es cierto que su figuración dentro y fuera de ese partido pareció despertar más resistencias que apoyos.

Que Gaitán se hubiera distanciado del oficialismo liberal, que hubiera conformado su propia organización política – la Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria (UNIR)-, que después regresara al seno del partido, que se hubiera postulado como candidato a la presidencia en 1946 desafiando a sus propios copartidarios y que hubiera acabado por tomarse la Dirección Nacional del partido, fueron todos argumentos o motivos para aumentar la desconfianza de sus contradictores.

La contención de un despertar político por una opinión pública sesgada

Por eso, aunque Gaitán había trazado claras líneas divisorias con el Partido Comunista, los conservadores, la iglesia católica y algunos liberales lo acusaron de comunista para infundir temor y desvirtuar sus ideas. Valiéndose de la prensa y de los púlpitos, estos sectores crearon una “opinión pública” que veía al caudillo popular como amenaza para la propiedad privada y – peor todavía-  como una amenaza para la ‘sana moral cristiana’ que distinguía a la sociedad colombiana.

Los conservadores y la dirigencia eclesiástica elaboraron y divulgaron este discurso sesgado en contra de Gaitán, de los comunistas y hasta de los propios liberales, en su afán de contener el ascenso político y electoral que aquel caudillo estaba obteniendo a pesar de las barreras que le interpusieron sus opositores.

Pero en el fondo de aquella postura no estaba apenas el deseo de contener el avance político de Gaitán. Aunque no actuaran de manera conjunta, liberales y conservadores coincidían en la necesidad de defender el orden económico y político que ellos habían construido o ayudado a construir. Creían, por demás, que, si este orden  iba a ser modificado, el cambio debería darse bajo su tutela, desde su perspectiva y por supuesto  a favor de sus intereses.

Por ejemplo en materia de reforma agraria –¡una cuestión central en nuestra historia y piedra angular de la violencia que hemos vivido!- liberales y conservadores distorsionaron y controvirtieron con dureza las propuestas de Gaitán sobre la necesidad de llevarla a cabo esa reformas garantizando la propiedad y la función social de la tierra (una cuestión que ya había recogido la ley 200 de 1936, pero que los terratenientes y la derecha política empresarios de la tierra).

Su diagnóstico sobre las más diversas y anómalas situaciones que vivía el país era categórico y creía que de esa misma factura debían ser las medidas que debían tomarse para reencauzar a Colombia.

Por el contrario, insistían, por claro interés y conveniencia particular, en promover, si acaso, la titulación de tierras baldías carentes –por lo menos para entonces- de toda posibilidad de explotación dada la inexistencia de vías y capital que se requerían para producir y extraer riquezas.

Así, mientras que Gaitán abogaba por una inclusión de campesinos y colonos pobres dentro del sistema productivo generador de riqueza, sus adversarios propendían por el mantenimiento, expansión y protección del latifundio (productivo o improductivo) y por alejar las amenazas que contra este pudieran presentarse: en primer lugar, colonos y campesinos y, en segundo lugar, la eventual expropiación e indemnización tal y como lo contemplaba la ya mencionada ley 200.

También en Razón Pública: De la política en tiempos de Gaitán a la de hoy.

Un legado vigente

Muerte de Jorge Eliécer Gaitán.
Muerte de Jorge Eliécer Gaitán.  
Foto: Red Distrital de Bibliotecas Públicas  de Bogotá

Este y otros tantos asuntos de interés público fueron el eje de las discusiones entre Gaitán y sus adversarios. Debido a sus propuestas y maneras de hacer política, sus contradictores lo tildaron de demagogo y populista en aquella época y durante los años que siguieron a su asesinato. Sin duda se trató de otra de las tantas campañas propagandísticas que pusieron en circulación sus enemigos para desvirtuar sus ideas y proyectos y para intentar disminuir y desprestigiar la importancia y necesidad de sus propuestas. 

Reflexionar sobre lo que fue y significó Jorge Eliecer Gaitán es una gran oportunidad para pensar en la sociedad colombiana de nuestro tiempo, esto es, en los problemas sociales, políticos, económicos e institucionales que hemos heredado como nación y que aún no logran y no quieren ser resueltos.

Si Gaitán como sujeto y el gaitanismo como experiencia de masas ya no están presentes, sus legados tienen plena vigencia, no sólo porque nos ponen de presente las carencias, las posibilidades de la democracia colombiana y la pervivencia de la injusticia social, sino porque nos advierten sobre la reanudación de las formas y los contenidos que siguen impidiendo el avance del país.  

En estos tiempos, cuando el sectarismo político, adosado con tintes religiosos y mesiánicos ha pretendido moldear –infortunadamente con cierto éxito- la opinión pública y la política de un país carente de genuina ciudadanía y de conciencia histórica, cuando la violencia tiende a ser legitimada por intereses electorales y revanchismos acomodados, cuando la mentira se impone  sobre cualquier regla ética, y cuando, la propagación del miedo -¡del miedo al cambio, a la justicia, a la verdad y a la paz!- se impone como premisa política y electoral, aquel histórico fenómeno y proceso político ha de servirnos para buscar algo de luz en medio de tanta y tan confusa oscuridad.

*Historiador y profesor de la Universidad Nacional.

 

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