Fuego, quemas e incendios dentro y fuera del Distrito
Tomado del portal FIRMS de la NASA (28 de enero de 2024).

Fuego, quemas e incendios dentro y fuera del Distrito

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Bogotá despierta nuevamente con los cielos cargados de contaminantes. La causa principal son los incendios en los cerros del sur y del oriente. Los fuegos en el resto del país también contribuyen. ¿Cuán grave es la situación y cuáles son los remedios?

Ricardo Morales Betancourt*

La atmósfera capitalina y el origen del fuego

Los bogotanos ya nos hemos acostumbrado a convivir con alertas por la mala calidad del aire durante los meses de enero, febrero y marzo. Estas emergencias ocurren de forma típica durante esta época debido a la confluencia de condiciones atmosféricas predominantes en la época. La razón principal es que la capa de nubes y la precipitación que envuelve al planeta en toda su línea ecuatorial, encargada de mantener a Bogotá con sus cielos grises y lluviosos, hace su mayor excursión hacia el sur justamente en el mes de enero.

Este desplazamiento hace que la capital, y buena parte del centro y norte del país, gocen, por esta época, de cielos despejados, alta incidencia de radiación solar, poca humedad en el aire y baja precipitación. En pocas palabras, tiempo seco y soleado. Mientras que el sur del país (la Amazonía colombiana) y el norte de Brasil y Ecuador, experimentan su temporada de lluvias.

Si fuéramos capaces de controlar de veras la deforestación, además de conservar nuestros bosques megadiversos, disminuiríamos sustancialmente las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas con cambios en cobertura vegetal y, además, disminuir la ocurrencia de estos fuegos, mejorando así la calidad del aire en todo el país.

En Bogotá, particularmente por su ubicación alta en la cordillera, estos cielos despejados y secos hacen que durante la noche la superficie pierda este calor de forma eficiente haca el espacio. De esta manera, además de experimentar altas temperaturas durante el día, se viven las temperaturas más bajas de todo el año en las primeras horas de la mañana.

Este fenómeno ocasiona las llamadas inversiones térmicas, que hacen que los contaminantes del aire no se dispersen y se acumulen en la atmósfera de la ciudad. En adición, estamos cruzando El fenómeno de El Niño, que se repite con una cierta periodicidad cada 3 a 7 años, e implica que las temporadas secas sean un poco más extensas. Esto, por supuesto, exacerba las condiciones típicas que mencioné más arriba.

Durante la época seca de enero a marzo, facilitado por las condiciones atmosféricas, también ocurren miles de incendios en todo el territorio nacional. Sin embargo, contrariamente a lo que suele atribuirse como causa, la inmensa mayoría de fuegos en Colombia están relacionados con la actividad humana.

Las condiciones meteorológicas facilitan la ocurrencia y propagación del fuego, pero, realmente, solo algunos pocos ocurren de forma natural. Miles de estos “puntos calientes” observados por plataformas satelitales corresponden a quemas de agricultura, otros a fuegos en zonas boscosas. En muchos casos, la distinción es difícil de hacer, pues, sobre todo allí en la frontera agrícola del país, los fuegos que comienzan como quemas de agricultura migran a zonas boscosas.

En otras ocasiones, los fuegos están directamente asociados con la deforestación con el propósito de expandir la actividad agropecuaria. Más aún, cuando los bosques ya han sido intervenidos por actividades humanas, o están más fragmentados, se vuelven más susceptibles al fuego, haciendo más difícil que se recupere la cobertura de bosque.

Le recomendamos: La calidad del aire y el día sin carro en Bogotá

Fuego en los cerros orientales

Gráfica 1. Incendios en Colombia y Venezuela
Tomado del portal FIRMS de la NASA (28 de enero de 2024).
Esta gráfica proveniente de los sensores satelitales VIIRS y MODIS muestra la magnitud regional del problema. A la izquierda vemos cómo estas plataformas satelitales identifican los fuegos activos entre el 20 y el 27 de enero en el oriente y sur de Bogotá, así como la magnitud de los fuegos activos en el resto del país y de Venezuela durante el mismo periodo.

De hecho, casi todos los años, inclusive cuando no se presentan incendios en los cerros de la ciudad, son las quemas que ocurren en la Orinoquía, los bosques del sur y el oriente colombianos los que empujan a las ciudades andinas, incluida Bogotá, a experimentar niveles de contaminación del aire por encima de los niveles de alerta.

Por la ubicación de los cerros, con su topografía compleja y de pendientes pronunciadas, se dificulta enormemente la actuación de los cuerpos de bomberos, y casi se hace imposible desplazar los equipos necesarios. A pesar de los esfuerzos y de la utilización de helicópteros y aeronaves de ala fija para asperjar grandes cantidades de agua sobre el frente de llama y así tratar de mantenerlo bajo control, ha sido difícil controlar las llamas.

Consecuencias y soluciones

Entre las consecuencias más notorias para el ciudadano, por supuesto, se encuentra el rápido deterioro de la calidad del aire.

Entre los días 24 y 27 de enero de este 2024, fechas en las cuales estuvieron activos uno o varios fuegos en la capital, todas las estaciones de la Red de Monitoreo de Calidad del Aire de Bogotá (RMCAB) registraron promedios diarios al menos 40% más alto que durante el resto del mes de enero.

Las estaciones más afectadas por la emisión de los fuegos en los cerros, es decir, aquellas con corredor entre las localidades de Chapinero y Teusaquillo hacia Fontibón, experimentaron un aumento de entre el 90% y el 100% en la concentración en este mismo periodo. La estación MinAmbiente, ubicada frente al Parque Nacional en Bogotá, por ejemplo, ha tenido un promedio de 45 µg m-3 durante los días 26 y 27 de enero, cuando en el resto del mes este valor fue de 16 µg m-3.  Esto no es algo menor. Las evidencias epidemiológicas compiladas por la OMS muestran que un aumento de 15 µg m-3 en la concentración promedio diaria de PM2.5 puede significar un 1% de incremento en la mortalidad en ese mismo periodo.

Dado este problema recurrente del país, hay que pensar en acciones para mitigar su incidencia.

En el caso de los fuegos en los cerros orientales de la ciudad, debe plantearse una gestión ambiental más efectiva en los bosques, identificando aquellas épocas con mayor riesgo de conflagraciones, y tomando medidas preventivas. Por ejemplo, en algunos lugares, se realizan quemas controladas (previamente a la época de incendios) para tratar de reducir la cantidad de combustible disponible para los fuegos (hojarasca y otro material vegetal seco en los suelos).

Adicionalmente, valdría la pena el esfuerzo de reemplazar la cobertura de bosques de los cerros orientales por especies vegetales nativas, que son menos susceptibles al fuego que aquellas como pinos y eucaliptos que, actualmente, representan la mayoría de la cobertura en esa zona.

Foto: Facebook: Cuerpo Oficial de Bomberos de Bogotá - Cuando los bosques han sido intervenidos por actividades humanas, se vuelven más susceptibles al fuego.

Las condiciones meteorológicas facilitan la ocurrencia y propagación del fuego, pero, realmente, solo algunos pocos ocurren de forma natural. Miles de estos “puntos calientes” observados por plataformas satelitales corresponden a quemas de agricultura, otros a fuegos en zonas boscosas.

En el plano nacional, el panorama es aún más retador. Una parte del problema pasa sí o sí por lograr un control más efectivo de la deforestación y la expansión descontrolada de la frontera agrícola. Si fuéramos capaces de controlar de veras la deforestación, además de conservar nuestros bosques megadiversos, disminuiríamos sustancialmente las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas con cambios en cobertura vegetal y, además, disminuir la ocurrencia de estos fuegos, mejorando así la calidad del aire en todo el país.

En cuanto a las quemas de agricultura, se necesita una gestión más efectiva del fuego. Este puede permitirse bajo unas condiciones adecuadas que deberían requerir permisos para evitar, entre otras cosas, una propagación excesiva del fuego o la concentración de muchas quemas en las mismas zonas. Es decir, no deberían ocurrir de manera descontrolada o al capricho individual de agricultores, sino, que deberían ser gestionadas.

El reto de mejorar la calidad del aire para nuestros ciudadanos está estrechamente relacionado con las acciones encaminadas a mitigar el cambio climático. Si reducimos las emisiones contaminantes en nuestras ciudades, por ejemplo, electrificando una porción mayor de la flota vehicular, atacaremos efectivamente ambos retos.

De manera similar, en el caso de los fuegos en bosques causados por la deforestación y otras actividades humanas, si logramos preservar estos ecosistemas y evitar que se talen y quemen, estaremos atacando estos dos grandes retos ambientales que enfrentamos actualmente y que deberemos enfrentar durante décadas por venir.

Lea en Razón Pública: El Niño avanza pese a las lluvias

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Ricardo Morales

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