Francisco en Colombia: una oportunidad para el reconocimiento de los derechos de las mujeres - Razón Pública
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Francisco en Colombia: una oportunidad para el reconocimiento de los derechos de las mujeres

Escrito por Sandra Mazo

Visita del Papa Francisco a Colombia.

Sandra MazoLa visita del papa a Colombia reabre el debate sobre el papel de la Iglesia católica en la defensa de los derechos de las mujeres y al mismo tiempo hace un llamado para que esta institución reconozca y defienda la diversidad de género.

Sandra Mazo*

Una oportunidad para acabar con la discriminación

La llegada del Papa Francisco a Colombia es una buena oportunidad para que distintos sectores de la sociedad católica expongan las deudas históricas que no han sido atendidas por la jerarquía católica en muchos años. Entre esas deudas se encuentran el respeto y el reconocimiento de los derechos de las mujeres, especialmente los derechos sexuales y reproductivos.

No hay motivo ni razón de ninguna índole que sustenten la discriminación que se sigue ejerciendo contra un poco más de la mitad de la población del mundo. Discriminación que solo se sustenta en odiosas preeminencias reclamadas por intereses oscuros, cuyas raíces están hundidas en la historia.

El Papa Francisco podría ser artífice de la abolición de las injusticias medievales aún vigentes contra las mujeres, y contribuir a la construcción del cielo en la tierra para hombres y mujeres, todos y todas por igual, como hijos e hijas de la misma deidad, hecha del principio inescindible de esta naturaleza que nos comprende en toda su diversidad.

El pontificado del papa Francisco ha significado un nuevo aire para la Iglesia Católica. Se ha esforzado por conectar su prédica con las fuentes del Evangelio de Jesús,  y con ello revitalizar el mensaje profético de servicio y justicia en la Doctrina Social de la Iglesia. El Obispo de Roma ofrece una posición más compasiva y comprensiva por parte de esta influyente institución con la situación de las mujeres.  

La Iglesia en Colombia: un tropiezo

Papa Francisco junto a multitud de mujeres.
Papa Francisco junto a multitud de mujeres.
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá

Aun así, la jerarquía de la Iglesia colombiana es la primera en oponerse, obstruir y juzgar avances normativos, expresados en proyectos legislativos en torno a temas como el aborto, la eutanasia y la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo, entre otros. Derechos ante los que insiste en perpetuar anacronismos de injusticia y exclusión.Ese regreso a las raíces que tanto reitera, es un llamado a la jerarquía eclesiástica para que sea más respetuosa y humilde, en un momento cuando a la Iglesia le urge sintonizarse con las necesidades del mundo actual.  Francisco afirmó que: “el primer deber de la Iglesia no es repartir condenas o anatemas, sino proclamar la misericordia de Dios”.

  • Hace más de una década, cuando la Corte Constitucional despenalizó en tres situaciones la interrupción voluntaria del embarazo, la Iglesia se dedicó a excomulgar y juzgar a magistrados que apoyaron la sentencia, a médicos que cumplieron su deber y a mujeres que se encontraban en una de las causales despenalizadas.
  • Otro caso significativo se presentó cuando el cardenal Rubén Salazar, amparándose en la “ideología de género”, respaldó las marchas contra las cartillas de educación sexual en las que trabajaban las Naciones Unidas y el Gobierno Nacional.

Y así podríamos hacer un largo listado de acciones en los que la Iglesia católica se ha dedicado a condenar y obstaculizar el avance en los derechos de las mujeres, en vez de proclamar el respeto y la misericordia de Dios.

Un llamado a la jerarquía eclesiástica para que sea más respetuosa y humilde, a la Iglesia le urge sintonizarse con las necesidades del mundo actual.

La visita del Papa es una oportunidad para poner en evidencia la deuda histórica de la Iglesia católica con las mujeres; en especial su acceso a “Techo, Tierra y Trabajo” y la garantía de sus derechos sexuales y reproductivos. Es un reto para que la mayoría católica del país supere la divergencia entre el progreso del que habla Francisco y la lenta reacción a ese llamado de la jerarquía eclesial católica en Colombia.

La Iglesia debe ser un apoyo y no un tropiezo en el avance de los derechos de las mujeres. Por eso esta visita permite que el progreso de la Iglesia vaya de la mano con la igualdad de condiciones para las mujeres y el reconocimiento de la pertinencia de su lucha por la igualdad. Porque “una fe sin obras es una fe muerta” (Santiago 2;17).

Deuda histórica sin resolver

El Concilio Vaticano II afirmó  que  “ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud, la hora en que la mujer adquiere en la sociedad una influencia, una irradiación, un poder jamás alcanzados hasta ahora. Por eso, en este momento en que la humanidad conoce una mutación tan profunda, las mujeres impregnadas del espíritu del Evangelio pueden hacer tanto para ayudar a la humanidad a no decaer”.

Más de cincuenta años después de este mensaje, las mujeres seguimos esperando que esas conclusiones se hagan realidad. En efecto, si consideramos que la Iglesia es una comunidad de fe, queremos tener la capacidad de participar en ella, opinar y decidir en igualdad de condiciones, con plenos derechos y reconociendo nuestra autonomía moral.

Si bien el papa Francisco creó una comisión para estudiar la posibilidad de que las mujeres puedan volver a ser diaconisas en la Iglesia, como ya lo fueron en el pasado, ha preferido refugiarse en la retórica que avanzar hacia la igualdad real y la justicia social a las que nos invita el Evangelio.

El diálogo interreligioso  y  la superación  de los conflictos internos para ayudar al cuidado de la casa común y la erradicación de la pobreza, no serán posibles sin la participación de las mujeres desde el mismo seno del catolicismo.

A las mujeres católicas nos gustan los mensajes que trae el Papa a nuestro país. Especialmente el relacionado con la paz y las víctimas. Pero para lograrlo, es necesaria la incorporación de todos los actores como las mujeres en sus diversas identidades, dados los motivos relacionados con el conflicto armado colombiano y las múltiples violencias que padece Colombia.  

Los números de la injusticia

Manifestación por los derechos de las mujeres
Manifestación por los derechos de las mujeres
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá

Es primordial aprovechar la visita del Santo Padre para comprometer a las colombianas y colombianos en la lucha por garantizar los derechos de la mujer. Ya que:

Queremos tener la capacidad de participar en ella, opinar y decidir en igualdad de condiciones, con plenos derechos y reconociendo nuestra autonomía moral. 
  • Solo el año pasado, 731 mujeres fueron asesinadas;
  • Durante el primer quinquenio de esta década, 875 mil colombianas fueron víctimas de algún tipo de violencia.
  • Las mujeres corren mayor riesgo de ser víctimas de violencia intrafamiliar, un evento que durante 2016 se presentó en  49.712 casos registrados.
  • Para completar, las mujeres devengan 20 por ciento menos que los hombres, incluso en labores similares.

Según el Registro Único de Víctimas (RUV):

  • 3.780.677 mujeres son víctimas del desplazamiento,
  • los feminicidios han dejado 458.781 víctimas,
  • 77.100 fueron desaparecidas forzosamente,
  • 47.627 perdieron sus bienes o inmuebles y  
  • 40.231 han sido afectadas por actos terroristas, atentados, combates y hostigamientos.
  • El nivel de impunidad es de más del 98%.

Un panorama ante el cual la Iglesia y la comunidad católica del país no pueden ser indiferentes. Máxime cuando Francisco ha abogado explícitamente por esta causa, planteando por ejemplo que “Muchas mujeres no son suficientemente reconocidas en sus derechos, en el valor de las tareas que realizan regularmente en muchos sectores de la vida social y profesional, en sus aspiraciones dentro de la familia y de la sociedad”.

Un camino por recorrer

Para avanzar en el respeto y la garantía de los derechos de la población colombiana es justo y necesario que la sociedad, incluidos los católicos y católicas se comprometan con un mensaje de no violencia en contra de las mujeres. Si el Papa Francisco da el primer paso por la paz, en Colombia debemos dar el siguiente: tener una iglesia progresista, que acompañe y no condene; que piense el mundo como una casa común, en la que entremos todas las personas en toda su dignidad y diversidad.

Esperamos que la jerarquía eclesiástica acoja durante la visita del Papa Francisco el mensaje por la igualdad de derechos, el cese de la violencia y discriminación de las mujeres; ya que las causas más sentidas, históricas y actuales de las mujeres, siguen incumplidas y continúan siendo una deuda insoluta.

El reto es para la Iglesia Católica: La renovada doctrina social de la Iglesia debe ponerse en práctica y reconocer a más de la mitad de la población del mundo que tiene vida, cuerpo, sentimiento, pensamiento y espíritu de mujer. Es necesario que en la práctica cotidiana de la Iglesia Católica, la igualdad de condiciones y derechos derrote la misoginia patriarcal que sustenta las violencias contra las mujeres.   
 

*Licenciada en lingüística y literatura, magister en estudios políticos y relaciones internacionales, directora de Católicas por el Derecho a Decidir – Colombia, movimiento autónomo de personas católicas y feministas.

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