Finanzas y cultura ciudadana: más vale construir sobre lo construido - Razón Pública
Inicio TemasRegiones Finanzas y cultura ciudadana: más vale construir sobre lo construido

Finanzas y cultura ciudadana: más vale construir sobre lo construido

Escrito por Carmenza Saldías
BOGOTA

El ambiente pugnaz que ha creado el gobierno distrital hace que altos funcionarios incurran en debates demagógicos.  Más valdría analizar objetivamente las actuaciones de dos constructores de ciudadanía: Jaime Castro y Antanas Mockus.

BOGOTA

Afirmaciones discutibles

En estos días se produjeron dos declaraciones de integrantes del movimiento Progresistas que conviene refutar antes de que obstaculicen avances de importancia estratégica para los bogotanos:

  • La primera, del concejal Carlos Vicente de Roux, puso en duda que la ciudad haya avanzado en resolver sus problemas básicos, lo cual sorprende porque los avances son evidentes y por venir de quien lleva años en el Concejo.
  • La segunda, del Secretario de Gobierno, Guillermo Alfonso Jaramillo, según la cual “Mockus no tuvo que hacer clientelismo, porque Jaime Castro le dejó las arcas llenas” – siendo así en la situación fiscal actual, el argumento se vuelve en contra de su autor [1]

Castro y el mito de las “arcas llenas”

Resulta relativo hablar de “arcas llenas” en el contexto de países pobres y de ciudades con enormes rezagos de inversión, casi tantos cuantas causó la primera ola de urbanización — entre 1950 y 1990 — justo antes de la Constitución de 1991 -y también de 1988, cuando comenzó la elección popular  de los alcaldes.

Es cierto que el alcalde Castro entregó a Mockus un fisco en  mejor situación que la que recibió, pero muy lejos de la que han gozado los gobiernos de Peñalosa, Garzón, Moreno y el  propio Petro. Para demostrarlo no hay que recurrir a la ideología, basta con referirse a las cifras oficiales.

Tabla 1 Saldias

Como se observa en la Gráfica 1, Jaime Castro y Antanas Mockus fueron los alcaldes que aportaron más al  fortalecimiento fiscal de Bogotá, pero también quienes pudieron disponer de menos recursos para llevar a cabo sus programas.

También fueron quienes elaboraron una verdadera visión de ciudad, de largo plazo, de intereses colectivos, de institucionalidad y de construcción de ciudadanía. No en vano le apostaron a transformar la ciudad sobre la base del Estatuto Orgánico, de cultura ciudadana y tributaria, en lugar de apuntarse a obras suntuarias, a contratos firmados en volandas o a repartir subsidios irresponsables.


Si bien en 1994 cuando el autoavalúo se aplicó por vez primera se registró un aumento  significativo del recaudo por predial, y de otra parte  por la frecuencia bimensual en recaudar el impuesto de Industria y Comercio (ICA)- se duplicó el ingreso respectivo de ese año, estos recursos apenas significaron algún avance frente a la precariedad histórica de los tributos distritales y suministraron un monto ligeramente superior al de los gastos de funcionamiento, que hasta entonces consumían todos los recursos de la ciudad, según se observa en la Gráfica 2.

 

tabla 2 Saldias 

Ese pequeño superávit contrastaba con el déficit que recibió Jaime Castro y que lo obligó a suspender pagos al comienzo de su gestión.  Pero el cambio auguraba el potencial fiscal previsto en el Estatuto Orgánico, que iba a necesitar un desarrollo normativo y organizacional en el Distrito, como efectivamente se logró.  De aquí a decir que “las arcas quedaron llenas”, hay una gran diferencia. 

Mockus I

 

 
1.4. mockus2  archivo EFE

Foto: Archivo EFE

Durante el primer gobierno de Mockus (1995-1997) no bastó con aumentar los ingresos: hubo que reducir los gastos de la administración central y capitalizar la Empresa de Energía de Bogotá (EEB), operación sin la cual las finanzas distritales se habrían visto seriamente afectadas.

Los recursos que el Distrito habría tenido que invertir para salvar la EEB sin garantizar su sobrevivencia  tendrían que compararse con el costo de dejar de percibir utilidades que han servido para financiar obras como las bibliotecas públicas, los colegios en concesión o la ampliación de cobertura y gratuidad educativas (con mucha antelación al gobierno nacional).

Por su lado los ingresos tributarios fueron objeto de acuerdos del Concejo, como la reforma tributaria de 1995 y la sobretasa a la gasolina en este mismo año. La Dirección de Impuestos Distritales fue fortalecida en términos de personal, de recursos técnicos y tecnológicos, y de planta física.  La política proactiva de cultura tributaria contribuyó de modo decisivo a consolidar el buen comportamiento de los contribuyentes bogotanos-  condición esencial la sanidad de las finanzas públicas.

A medida que avanzaba la actualización catastral hasta completar el mapa predial de la ciudad lo que tomó hasta 2003-2004  fue aumentando el recaudo por este concepto, hasta ser relativamente proporcional a sus valores reales,  medidos en términos catastrales o comerciales. O sea que “llenar las arcas” del Distrito por este impuesto requirió más que establecer  el autoavalúo en 1993 o que aumentar en 70 por ciento el recaudo entre 1993 y 1994.

En relación con el impuesto de Industria y Comercio, para 1995 ya no era posible repetir la doble recaudación de 1994. Se abordó entonces la tributación de los pequeños comerciantes mediante la retención en cabeza de los fabricantes o de los distribuidores mayoristas.

Al ampliar así el universo de contribuyentes, las arcas nacionales también gozaron de un crecimiento proporcional, no reconocido ni valorado hasta la fecha. El peso creciente de los recaudos de IVA en la ciudad es suficiente para demostrar el efecto a largo plazo de las reformas posteriores al Estatuto Orgánico.

Pero la tarea no se limitó a aumentar los ingresos: se precisó además de una reforma administrativa, de programar el gasto en mantenimiento vial y de repensar los grandes proyectos de inversión. También se dio puso a funcionar un sistema de programación de inversiones: sería la primera vez que Bogotá dispondría de un dispositivo eficaz para adelantar las obras y atender los deberes del gobierno local.

La capitalización de la EEB tomó cerca de tres años: desde el momento mismo en que Mockus fue elegido hasta unas semanas antes de finalizar el gobierno, en cabeza de Paul Bromberg.

El esfuerzo quedó justificado por el éxito de la operación, como atestiguan los recursos ingentes que  la empresa le entrega a la ciudad y la ampliación a nuevos proyectos a lo largo de América Latina, hasta formar un poderoso grupo de talla global.

Como efecto secundario de esta operación, nació otro mito de “arcas llenas” que Peñalosa habría heredado de Mockus-Bromberg, lo que fue apenas parcialmente cierto: nada habría sido más absurdo que gastar apresuradamente más de mil millones de dólares, la suma en que quedó sobrecapitalizada la EEB.

Por lo demás, los recursos que recibió Peñalosa correspondían  sobre todo al ingreso adicional que resultó de la creciente cultura tributaria y de la ampliación de las bases de contribuyentes.

Mockus II

Durante su segundo gobierno (2001– 2003), Antanas Mockus se encontró con una situación de déficit que lo obligó a realizar operaciones de emergencia para cubrir los pagos de nómina de los primeros meses de 2001 y sacrificar las inversiones de su primer año de gobierno para cubrir los faltantes del gobierno anterior.

Además, durante este segundo periodo se profundizaron las reformas: la revisión del POT en perspectiva regional, el establecimiento de la plusvalía y el sistema de cargas y beneficios del desarrollo urbano, y la transformación del Departamento Administrativo de Planeación en la Secretaria de Planeación, en el marco de la reforma general del aparato distrital que se propuso y que apenas logró consolidarse aunque con alcances recortados  durante la administración Garzón.

Como se dice coloquialmente, nadie sabe para quien trabaja, o así paga el Diablo a quien bien le sirve… 

Mejor construir confianza

 

 
1.3. jaime-castro

Foto: www.revistagobierno.com 

Mientras que la gestión fiscal de los gobiernos de Castro y Mockus trataban de servir a una ciudadanía que contribuye responsablemente, han sido otros los gobiernos que se han servido de la buena salud de las finanzas distritales y han desperdiciado su oportunidad, malbaratado los recursos y roto la confianza de la ciudadanía.

En últimas, si de recursos abundantes se trata, son justamente los gobiernos del Polo y de  Progresistas quienes han podido disponer de más holgura: ¿qué necesidad tienen entonces de maltratar a quienes ayudaron a alimentar sus arcas?

Más aun, ¿por qué practicar el clientelismo si tienen recursos suficientes para gobernar? Según indica la ejecución presupuestal de 2012 y lo corrido de 2013, el gobierno  carece de capacidad para gastar el presupuesto que pide. ¿Por qué no hacer sus tareas, en vez de dar pretextos desinformados y tendenciosos?

En cuanto a la razón por la cual Mockus no apeló a las viejas fórmulas clientelistas bajo ninguno de sus dos gobiernos, habría que buscarla en lo obvio: se limitó a aplicar el imperativo ético de sujeción a la ley. Y le resultó bien.

La ciudadanía creyó que era legítimo que se le animara a cumplir con sus deberes y esperó para que sus derechos le fueran atendidos. Eso fue lo que ocurrió. Y ese es el activo más valioso que construyó la ciudadanía en Bogotá: la confianza en sí misma para cumplir deberes, la confianza en el aparato para atender derechos y la certeza del objetivo colectivo de la acción pública.

Destruir este bien público no le conviene a nadie y menos a Bogotá. Conservarlo permite seguir construyendo sobre lo que queda de cimientos.

 

*  Ex Secretaria de Hacienda de Bogotá 1995-1997. 

 

 

Carmenz4__Saldias

Carmenza Saldías Barreneche*

 

 Es cierto que el alcalde Castro entregó a Mockus un fisco en  mejor situación que la que recibió, pero muy lejos de la que han gozado los gobiernos de Peñalosa, Garzón, Moreno y el  propio Petro. 

 

 Jaime Castro y Antanas Mockus fueron los alcaldes que aportaron más al  fortalecimiento fiscal de Bogotá, pero también quienes pudieron disponer de menos recursos para llevar a cabo sus programas.

 

La política proactiva de cultura tributaria contribuyó de modo decisivo a consolidar el buen comportamiento de los contribuyentes bogotanos-  condición esencial la sanidad de las finanzas públicas. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El esfuerzo quedó justificado por el éxito de la operación, como atestiguan los recursos ingentes que  la empresa le entrega a la ciudad y la ampliación a nuevos proyectos a lo largo de América Latina, hasta formar un poderoso grupo de talla global.

 

 

 

Artículos Relacionados

Dejar un comentario

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies