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Feminicidios: crímenes de odio hacia las mujeres

Escrito por Ana Patricia Pabón
Ana Pabon razón Pública

Los feminicidios son crímenes de odio, no de amor. La violencia de género está en las raíces de nuestra cultura y es nuestro deber hacer cambios para disminuir las cifras de feminicidios en 2021.

Ana Patricia Pabón*

Violencia contra la mujer en 2021

A finales del año pasado, la colombiana Yesica Gómez fue asesinada en Piedecuesta (Santander) por su expareja, Esneider Lozada. Lozada fue a la casa de Yesica, su familia lo conocía y le permitió entrar hasta el cuarto donde ella descansaba en compañía de su hija de dos años. Lozada la asesinó al frente de su hija y después se suicidó.

Este mes, Maira Alejandra Orobio, una niña de 11 años desapareció en el municipio de Guapi, Cauca. Al día siguiente su cuerpo fue encontrado sin vida, con muestras de tortura y violación. Las autoridades no han encontrado al responsable.

A esta lista se suman Rosmery Castellón, Daniela Patiño, Edilma y, mientras escribía este texto, Lucy Yaneth Landázuri. En lo que va corrido del año, distintas fuentes han mostrado que entre 15 y 25 asesinatos podrían ser tipificados como feminicidios. Es prácticamente un feminicidio diario. Mujeres, mujeres trans y niñas han sido asesinadas principalmente por sus parejas, exparejas o familiares.

Se suma la violencia que viven las mujeres y niñas en la esfera doméstica. Las cifras no caben en los reportes oficiales de las instituciones. En ocasiones los propios funcionarios públicos son quienes ejercen violencia de género por omisión o por acción.

El pasado 14 de enero, Fabián Gonzalo Canal, comisario de familia en Bucaramanga golpeó a una usuaria en la Comisaria de Familia, una institución que tiene entre sus funciones velar por los derechos de mujeres y niñas.

Estereotipos de género

¿Qué hay detrás de la violencia de género? ¿Por qué los códigos penales, los procedimientos, los despachos, las instituciones del Estado son ineficaces? La violencia de género es el resultado de distintos factores, pero especialmente de dos:

  • Una visión estereotipada de lo femenino, de lo que es “ser” mujer, de cuáles deben ser los papeles que desempeñan las mujeres y sus capacidades. Esta visión estereotipada trae una serie de expectativas alrededor de lo que debe “ser una” mujer.
  • Tanto se ha desvalorado y menospreciado lo femenino que dichos estereotipos se traducen en prejuicios y estos en discriminación y violencia.

En lo que va corrido del año, distintas fuentes han mostrado que entre 15 y 25 asesinatos podrían ser tipificados como feminicidios

Los distintos tipos de violencia se han normalizado a tal punto que no los reconocemos en la vida diaria. Las relaciones de poder en materia de género afectan a las mujeres y niñas en la esfera de lo doméstico sin importar la escolaridad, los ingresos, la etnia, la posición política o religiosa.

La violencia se traduce en la falta de reconocimiento simbólico de su identidad, dignidad y derechos humanos. Resaltan los siguientes tipos de violencia:

  • violencia económica, que se ha agravado por el confinamiento, pues las mujeres son quienes han perdido en su mayoría sus ya precarios puestos de trabajo;
  • violencia psicológica;
  • violencia sexual, y
  • violencia física, que puede llegar al feminicidio. En algunos casos, el agresor ataca a las hijas o hijos de las mujeres para lastimarlas.

La discriminación de género esta enraizada en la sociedad y en las instituciones. Los estereotipos se reproducen en la cultura por distintos medios, como a través de la música. Para poner un ejemplo, la canción “Mala mujer” de Sonora matancera incita al feminicidio cuando dice “Mala mujer, no tiene corazón. Mátala, mátala, mátala, mátala.”

Las instituciones que deberían velar por la garantía de los derechos toman decisiones basadas en estereotipos de género.

Para citar otro ejemplo, los jueces y juezas toman decisiones basadas en expectativas de género. Esto ha obligado a que se ordene por vía de decisión judicial que los funcionarios incorporen el enfoque de género en sus decisiones mediante la sentencia T-338-18.

Feminicidios: crímenes de odio

El feminicidio es un crimen de odio, no es una demostración de amor. El amor no puede admitir un milímetro de violencia, pese a que muchas de las imágenes y narraciones comerciales con las que se “adiestra” a niñas y niños en las películas hablan de mujeres débiles y héroes que las salvan por amor, y a quienes deben estar eternamente agradecidas.

La sociedad ha alimentado una visión distorsionada de las relaciones de pareja, y sobre todo de las relaciones entre hombres y mujeres. Mientras esas relaciones no se transformen y no se deconstruyan esos imaginarios estereotipados que fundan prejuicios que matan, no importa lo que digan el derecho, los protocolos y las líneas de atención.

Si no llevamos a cabo cambios de raíz, Yesica, Mayra, Rosmerly, Daniela, tu madre, tu hermana, tu hija, tu amiga y yo podemos ser víctimas de feminicidio, por no llevar puesta la falda que “correspondía”, por ir por la calle equivocada, por no amar para siempre a la pareja, por no ser lo que “debíamos ser”.

El feminicidio es un crimen de odio, perpetrado generalmente por hombres del círculo familiar de las víctimas, muchas de las cuales ya han vivido violencia por parte de sus homicidas y que en muchos casos ya han acudido a las autoridades sin encontrar una respuesta oportuna.

Foto: Cortesía Liliana Rodríguez García El feminicidio es un crimen de odio, el amor no puede admitir un milímetro de violencia.

La sociedad sigue despreciando y discriminando a la mujer y sigue alimentando las expectativas de género. Las relaciones de poder desequilibradas se traducen en injusticias contra las mujeres, que son quienes tienen menos recursos económicos y por lo tanto mayor dependencia para la manutención.

A lo cual viene a agregarse el hecho de que las mujeres tienen menos acceso al poder, pues hay “techos de cristal” que les impiden ascender y por lo tanto tienen más barreras para acceder a esos cargos, aunque las leyes aparentemente aseguren la equidad laboral y aunque ellas cuentan con las capacidades y méritos suficientes.

Además, la sociedad no reconoce el valor de las mujeres como personas diversas, con proyectos de vida propios, con autonomía sexual y reproductiva, con plena ciudadanía. La sociedad no está viendo a la mujer más allá de su capacidad reproductiva.

La sociedad ha alimentado una visión distorsionada de las relaciones de pareja, y sobre todo de las relaciones entre hombres y mujeres.

Los estándares legales son importantes, tener legislación y jurisprudencia que reafirme el compromiso del Estado con la eliminación de la violencia contra la mujer es un avance, pero no es suficiente, pues los cambios deben ser de raíz.

Las medidas de confinamiento para cuidar la salud han llevado a un retroceso de los derechos de las mujeres. Por eso está en aumento la violencia de género durante la pandemia.

La violencia contra las mujeres no es un asunto privado, es un problema de salud pública que también reclama acciones. Mientras el dolor y la indignación de un feminicidio dure lo que dura la nota de prensa, seguiremos en mora de erradicar la discriminación hacía la mujer que da lugar a esas distintas formas de violencia.

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