
El extremo centro – Segunda parte
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En la columna pasada tratamos de explicar de una manera muy sencilla las diferencias entre izquierda y derecha. No está de más decir que toda conceptualización y clasificación simplifica en demasía la realidad, siendo los fenómenos políticos en ocasiones muy complejos, quedando algunos en zonas grises. Sin embargo, siempre serán útiles los conceptos académicos para tratar de comprender así sea parcialmente la realidad social.
Ahora pasemos a explicar el centro político. Lo primero que hay que señalar es que ha diferencia de la izquierda y la derecha, de las cuales existen autores o tratados que de alguna manera las han explicado, esto no pasa con el centro. No existe ningún gran pensador o un tratado filosófico que se haya encargado de definirlo y explicarlo a profundidad. Ni en los manuales, diccionarios o enciclopedias de ciencia política o filosofía política, se le ha dado un abordaje a profundidad, algunos ni siquiera lo mencionan. En el texto clásico y referente sobre el tema Derecha e izquierda de Norberto Bobbio, el autor nos explica que más que un centro, lo que puede existir es la centro izquierda y la centro derecha. Incluso en un libro de Mauricio Jaramillo recientemente publicado en nuestro país, pese a titularse La izquierda, el centro y la derecha en Colombia, curiosamente no dice nada del centro, ni siquiera en el glosario al final.
Desde el punto de vista histórico, cuando revisamos los partidos que se han autodefinido como de “centro” como el histórico partido Zentrum en Alemania o nuestro Centro Democrático, al revisar sus posturas políticas cualquier ciudadano medianamente informado los ubicaría sin problemas en la centro derecha, o la derecha a secas.
A través del siglo XX existieron intentos por desligarse de los dos polos tradicionales que dominaban la política. Durante la Guerra Fría que enfrentó ideológicamente al Bloque occidental capitalista con el Bloque oriental comunista, surgió el Movimiento de los Países No Alineados, los cuales trataron de tener una política exterior autónoma a estas dos influencias geopolíticas. Pero incluso si revisamos a los integrantes del grupo -que en ningún momento se autodefinieron de centro- encontramos a países con gobiernos tanto de izquierda como de derecha, que más que distanciarse ideológicamente de EE.UU y la URSS, buscaban era cierta autonomía en su política exterior y/o sus modelos de desarrollo.
Igual pasó con el intento de la famosa Tercera Vía en los años 90s que conceptualizó y teorizó el gran sociólogo británico Anthony Giddens y que trató de poner en práctica el primer ministro británico Tony Blair, que más que una posición ideológica novedosa, lo que implementó fue una mezcla de socialdemocracia con neoliberalismo económico. En ese sentido, salvo que hablemos de centro izquierda o centro derecha, parecería que el puro centro estaría vacío conceptual y teóricamente.
En lo que se refiere a Colombia, el hecho de que muchos políticos, líderes de opinión, académicos y ciudadanos se sientan más cómodos identificándose como de centro, considero que tiene que ver más con nuestra historia de violencia política y nuestro histórico bipartidismo. En muchas democracias del mundo los términos izquierda y derecha no tienen necesariamente ninguna connotación negativa. Es normal ver a sus políticos, líderes de opinión, académicos y ciudadanos identificándose como de izquierda o derecha en los debates, sin que esto represente para ellos una descalificación por parte de su interlocutor como estalinista o fascista.
Pero en Colombia, producto de nuestra historia de violencia política, en una buena parte de la opinión pública estos conceptos tienen una fuerte connotación negativa. Reconocerse de izquierda era (¿es?) exponerse a ser tildado de guerrillero o castrochavista, y reconocerse de derecha era (¿es?) exponerse a ser tildado de paramilitar o paraco. Esto es desconocer que tanto en la izquierda como en la derecha hay personas que defienden -como vimos en la columna pasada- las libertades y la democracia, o, por lo menos, tienen puntos en común con respecto a estos temas.
Desde el punto de vista de nuestro sistema de partidos, nuestro longevo bipartidismo liberal-conservador siempre estuvo la mayor parte del tiempo ubicado en la centro derecha y extrema derecha en ocasiones. El Partido Conservador siempre ha sido un partido de derecha, mientras que el Partido Liberal ha sido un partido más ancho, con alas o facciones de derecha y centro izquierda. Pero decir que un partido tiene facciones de izquierda, no hace a ese partido de izquierda, ojo.
Lo interesante es que cuando conversamos y deliberamos con muchos políticos, líderes de opinión, académicos o ciudadanos que se autodefinen de centro, nos damos cuenta de que la mayoría de sus posiciones están en la centro izquierda o en la centro derecha, o en una combinación de ambas. Como vimos es comprensible que haya personas que se quieran reconocer de centro, así sus posiciones luego de un examen juicioso las podamos ubicar en la izquierda o la derecha. Lo anterior no debe ser una justificación para denostar esa posición ideológica con la que muchas personas se sienten cómodas, tildándola de “tibia” o cobarde. Podemos debatirla y confrontarla conceptual y teóricamente, pero no estigmatizarla. Pero de la misma forma, los autoproclamados de centro no deberían suponer que, los que no estén o se consideren de centro, entonces son “los extremos”, puesto que esto es confundir la extrema izquierda y la extrema derecha con la centro izquierda y la centro derecha. Eso también es denostar y estigmatizar.
Y ese creo que es el error que define lo que he llamado en estas columnas el extremo centro. Esa actitud política de superioridad intelectual y/o moral asumida por algunos políticos, líderes de opinión, académicos o ciudadanos que, a todo o casi todo lo que ubican a su izquierda y derecha lo llaman “los extremos”, desconociendo que tanto en la izquierda como en la derecha existen demócratas. Esta actitud los lleva a estigmatizaciones o falacias de falsa equivalencia como la que vemos a continuación, hecha por uno de los analistas más consultados en uno de los principales medios de comunicación del país, analista que por cierto es considerado de centro y moderado:

También no desconocemos que el posicionarse de centro puede ser una estrategia racional desde el punto de vista electoral, puesto que en teoría la mayor parte de los votantes en una democracia tienden a estar ubicados hacia el centro, que gráficamente si los representamos en una campana de Gauss esta cubriría buena parte del espacio de la centro izquierda y la centro derecha, por lo que muchos candidatos y partidos tendrían incentivos para proponer políticas que coincidan con las preferencias del votante medio.
Obviamente los debates en la historia de las ideas políticas en torno a los conceptos son muchos más complejos de lo planteado aquí. Por ejemplo, en la columna anterior manifestamos que los extremos son antidemocráticos, pero la extrema derecha fascista defendía su modelo de “democracia orgánica” y la extrema izquierda comunista de “democracia popular”. Independiente de estos debates, en nuestras democracias representativas y participativas actuales, está bien que usted se reconozca de izquierda, centro izquierda, derecha, centro derecha, centro, liberal, libertario, conservador, socialista, socialdemócrata, verde, democratacristiano, progresista… y no está mal, no le dé pena, dígalo con orgullo, porque no debería ser objeto de estigmatización por ello. Eso sincera mucho más el debate, enriquece la deliberación y demuestra que en realidad somos una democracia pluralista.
Y por favor en democracia evite los extremos -ideológicos y discursivos- tanto la extrema izquierda, la extrema derecha, como el extremo centro, que, aunque mejor vestido y hablado que sus otros dos primos vilipendiados, igualmente conserva sus aires de familia.
Acerca del autor

Armando José Mercado
*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.
1 comentarios







El mal llamado «Centro» en el caso colombiano, únicamente es hijo y heredero de gente citadina proveniente de la «gente bien» históricamente anclada a los partidos dominantes, incapaces de conectar con las necesidades, problemas y miserias de la gente del común, a la que ven con una mezcla de condescendencia actual y desprecio clasista tradicional pero ahora disimulado. La única intención de esos personajes es llegar a la política al menor costo posible para sus propios intereses.
Dudo que teóricamente exista algo como un Centro en el mundo político. No se puede ser partidario a medias de la libertad civil y partidario a medias de la esclavitud al mismo tiempo, así como no se puede estar medio vivo y medio muerto al mismo tiempo.