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Evolución de los cultivos de coca en Colombia: 1986-2017

Escrito por Sergio Uribe
erradicación manual de coca

erradicación manual de coca

Sergio UribeUna mirada de larga duración demuestra que se han tenido algunos avances y muchos retrocesos.  ¿Sirve o no sirve la fumigación?

Sergio Uribe*

Las mediciones

La gráfica 1 muestra el comportamiento de tres variables interrelacionada y fundamentales para entender la evolución de los cultivos de coca en Colombia:Las series históricas de la Oficina de la Política Nacional para el Control de Drogas (ONDCP) de la Casa Blanca son las más completas y han sido fruto de una metodología única. Por eso utilizaré sus cifras, aunque eso por supuesto no implica que contengan la verdad absoluta.  Desde 1986 se han detectado cultivos de coca en Colombia. En un principio la única fuente para estudiar este tema fue el gobierno de Estados Unidos, el cual, desde la bonanza de la marihuana de los setenta, tenía presencia en el país.  

Laboratorio coca

Foto: Policía Nacional de Colombia
Laboratorio de coca desmantelado.

  • Hectáreas sembradas –línea azul-;
  • Hectáreas erradicadas –línea roja- (ambas relacionadas con el eje de la derecha); y
  • Producción potencial de cocaína en kilos -línea verde, eje de la izquierda-.

Gráfica 1

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Hay múltiples explicaciones sobre las variaciones que presentan las series. Por un lado, están las del contexto histórico, y, por el otro, las de carácter técnico. Para explicar la evolución de los cultivos de coca en un contexto histórico segmentaré la información e intentaré dar una explicación lógica a su desarrollo.

1986-1995

Durante estos años la lucha contra el narcotráfico se basó en la creencia de que los carteles (de Medellín, Cali, Norte del Valle, etc.) importaban base de Bolivia y Perú, la procesaban y exportaban cocaína. Nadie pensaba que en Colombia se estuvieran concentrando grandes plantaciones.

Boom cocalero

Foto: Centro Nacional de Memoria Histórica
Boom cocalero.

Entre 1987 (cuando comenzó la erradicación registrada de la coca) y 1994 nunca se erradicaron más de 1000 hectáreas por año. Pero en 1995 se erradicaron 5.412. Cabe aclarar que no hay información sobre la metodología utilizada para estimar el número de hectáreas cultivadas en este período. La gráfica 2 expone las tendencias de este momento.

Gráfica 2

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1995-2000

Esta segunda etapa se produjo tras la muerte de Pablo Escobar, cuando se hizo evidente que:

  1. El narcotráfico no había disminuido;
  2. Las organizaciones criminales no se habían debilitado;
  3. La política nacional había sido infiltrada por dineros del narcotráfico;
  4. Los esfuerzos de interdicción y erradicación eran insuficientes (se carecía de aviones, helicópteros y pilotos); y
  5. Se estaban consolidando los cultivos de coca en múltiples regiones, las mismas que hasta hoy son las mayores cultivadoras del país.  

La gráfica 3 muestra la evolución de los cultivos, la interdicción y los rendimientos de los cultivos de coca entre 1995 y 2000.

Gráfica 3

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Durante este mismo período se dio un cambio fundamental en el ámbito internacional. Los cultivos de Colombia pasaron de 50.000 hectáreas en 1995 a 137.000 en 2000; pero en Bolivia disminuyeron de 48.600 a 19.200 hectáreas, y en Perú disminuyeron de 104.000 a 31.000 hectáreas.

Entre 1995 y 2000 Colombia se convirtió en el mayor cultivador de hoja de coca del mundo.

O sea que entre 1995 y 2000 Colombia se convirtió en el mayor cultivador de hoja de coca del mundo.

La gráfica 4 permite analizar las tendencias de la producción de cocaína de los países andinos en este período, cuando los traficantes colombianos se convirtieron en autosuficientes cultivando hoja de coca y produciendo base y cocaína.

Puede leer: Los cultivos de coca y las relaciones entre Colombia y Estados Unidos.

Gráfica 4

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El período 1995-2000 también coincide con la creciente participación de los grupos insurgentes en el negocio (FARC, ELN, EPL, así como organizaciones criminales mexicanas). Estos empezaron como protectores de los cultivos y laboratorios de HCL, y como árbitros en el comercio de precursores y base.

Adicionalmente, la situación política interna, las dudas sobre la legitimidad del gobierno Samper, la suspensión de la extradición, la falta de apoyo del gobierno de Estados Unidos y otros factores contribuyeron al aumento de los cultivos en el país.

Un cambio en la manera de medir

Ante el agravamiento del problema en Colombia, al comenzar el gobierno Pastrana (1998-2002) se pensó en redoblar la interdicción, y para ello se procedió a revisar la metodología para medir la extensión de cultivos, los rendimientos y el volumen producido.

Se sabe que, a partir de los hallazgos de uno de esos estudios independientes, el Gobierno de Estados Unidos se vio obligado a revisar sus datos sobre cultivos y rendimientos.

Entonces se iniciaron trabajos de campo para evaluar los cultivos y rendimientos. Para medir los rendimientos se contrataron campesinos/cocineros y personal especializado en el procesamiento de hoja, base y cocaína. La conclusión fue que el “método colombiano” era más eficiente que el boliviano o el peruano, porque aquel permitía extraer más alcaloide que los otros. Entonces, las cifras se revaluaron.

 Lea en Razón Pública: Coca, violencia y sustitución de cultivos.

2001-2012

La primera década del siglo XXI reflejó el impacto de una política consistente y sostenida en el tiempo.

El Plan Colombia fortaleció la erradicación de los cultivos de coca, aun en medio de las conversaciones de paz del Caguán. La aspersión poco a poco afectó la extensión de los cultivos (disminución de hectáreas cultivadas) y además redujo el rendimiento de hoja y alcaloide de las matas que sobrevivieron a la fumigación.  

La fumigación con glifosato tuvo varias consecuencias:

  • La muerte de un porcentaje importante de las matas fumigadas.
  • En algunas regiones los cultivadores optaron por soquear sus cultivos para salvarlos; pero las matas soqueadas necesitan hasta 24 meses para recuperar su productividad.
  • Las plantas asperjadas que no recibieron una dosis letal perdieron su capacidad para producir hojas al ritmo de antes. Y hay quienes alegan que también disminuyó el contenido de alcaloides.

La gráfica 5 muestra la evolución de la productividad (hojas por hectárea y por año) entre 2003 y 2017, años para los que se tiene información del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (SIMCI). Mis propios cálculos demuestran el impacto, a largo plazo, de las fumigaciones y el cambio que provocó su suspensión.

Gráfica 5

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La gráfica 6 muestra la evolución de los cultivos siguiendo la metodología que mencioné al principio. Durante las conversaciones del Caguán, disminuyeron tanto las hectáreas como los rendimientos de la cocaína. Después de 2002 se aceleró la aspersión y los rendimientos siguieron bajando, pese al aumento en la cantidad de hoja por hectárea en 2004. Seguramente esto tiene que ver con el uso de fuentes diferentes.

Por otra parte, hasta 2002, debido al Plan Colombia, las actividades de erradicación, aunque limitadas por la zona de despeje, estaban en ascenso. Tras la ruptura de las conversaciones en 2002, la erradicación aumentó y afectó tanto al número de hectáreas cultivadas como al rendimiento por hectárea (hoja/base/cocaína).

La información de la ONDCP muestra que hasta 2006 los cargamentos interceptados tenían una pureza del 85 por ciento en promedio. A partir de esa fecha y hasta 2016 los cargamentos rara vez pasaron del 70 por ciento.

Gráfica 6

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2012-2017

El último período analizado permite ver los efectos de un cambio radical en la política contra los cultivos, pues la aspersión fue reducida y eventualmente suspendida.

El “método colombiano” era más eficiente que el boliviano o el peruano.

La gráfica 7 presenta la evolución de actividades de erradicación tras el comienzo de los diálogos de paz en 2012. La caída de estas cifras se explica por la firma de los primeros acuerdos entre las FARC y el Gobierno colombiano. Poco a poco se abandonó la política de aspersión aérea hasta que en octubre de 2015 se prohibió del todo por orden de las cortes.

Gráfica 7

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La gráfica 8 vuelve al formato que presenté antes. El abandono de la campaña de aspersión es evidente. Una vez disminuye y se acaba la aspersion aérea, los rendimientos de los cultivos y la produccion de cocaína empiezan un rápido ascenso que no necesariamente se puede relacionar con la expansion de los cultivos.

Tomando en consideracion que para llegar a su máximo rendimiento la mayoría de las variedades necesitan 24 meses, no es un misterio que el potencial de cocaína producido llegara a los niveles de 2017, pues seguramente las plantaciones datan de 2015. Lo más probable es que para 2018 el potencial de produccion de cocaína aumente una vez mas y sobrepase las 1.000  tonledas métrica.  

Gráfica 8

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Lea en Razón Pública: El problema de la coca empeora…y no lo quieren ver.

Conclusiones

Los datos presentados aquí permiten entender la evolución del cultivo de hoja de coca en Colombia y su relación con las políticas de los gobiernos de turno.

La falta de una política única y las ambiguas posiciones de los gobiernos de turno han favorecido y fortalecido tanto a los campesinos cultivadores como a las organizaciones que los explotan.

Mientras que los dineros de la droga alimentan la corrupción política; la droga invada las ciudades y los gobiernos evitan compromisos a largo plazo para ganar popularidad en el corto plazo, no se podrá desarrollar una política antinarcóticos seria.

La estrategia de políticas de corto plazo permite ganar batallas, pero no la guerra, y trae más muertos y conflictos que soluciones.

Las políticas para enfrentar de veras el problema exigirían un gobierno fuerte que frene los cultivos, la producción y la comercialización de drogas ilícitas.

Finalmente, hay que cambiar el discurso: los cultivos de coca no son “de uso ilícito”, son ilícitos. Quienes defienden la expresión “de uso ilícito” deberían aclarar cuál es el uso que tienen los 1.200.000.000 kilos de hoja de coca o el 1.000.000 de kilos de cocaína que aproximadamente salen de las 200.000 hectáreas de coca sembradas actualmente en Colombia.

*Licenciado en Ciencia Política de la Universidad de los Andes, Máster en Economía y Política Internacional de Johns Hopkins University, profesor de la Universidad del Rosario y consultor Internacional.

 

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