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El evangelio según Popeye

Escrito por Omar Rincón

Omar RinconObituario inmerecido de un criminal que fue espejo

Omar Rincón*

 

Cero y van tres

Este texto no debería existir.

Peor aún, este es mi tercer escrito sobre Popeye. Primero dije que Popeye era la metáfora de Colombia.

Después escribía que alias Popeye, el sicario de Pablito es la ‘celebrity’ que los medios explotan.

Y es que escribir sobre Popeye, ponerlo en los medios, hacerlo noticia es dignificar la memoria de un ser humano cuyo único atributo fue matar y rematar, odiar y vengar, delinquir y mofarse de los colombianos.

Ahora que se murió, pues, otro escrito. Un escrito cada vez más corto. Esta vez para resumir cómo nos vemos en su espejo y reconocernos como parte de su maldad.

El espejo

¿Qué dice Popeye de nosotros, los colombiches?

Que los colombianos tenemos una ética de billete mata cabeza, venganza derrota justicia, odio diluye convivencia.

Que andamos mal de la cabeza. No se entiende por qué tanto revuelo mediático y político por la muerte de un tipo cuya única virtud fue su maldad: trescientos asesinatos reconocidos y ordenar tres mil ejecuciones.

Que nuestra legalidad anda desquiciada. Tan mal andamos de humanidad que el comandante del Ejército de Colombia, Eduardo Zapateiro, dijo, a nombre de los colombianos y del gobierno Duque que representa, «Lamentamos mucho la partida de ‘Popeye’, somos seres humanos, somos colombianos” (ojo, somos humanos, somos colombianos… ¿hay dudas sobre si los colombianos somos humanos?) y agregó que «hoy, como comandante del Ejército, presento a la familia de ‘Popeye’ nuestras sentidas condolencias». Raro que estos mensajes de solidaridad y empatía no se hagan con los líderes sociales asesinados, pero si con los criminales.

Que los colombianos pensamos vía el matoneo moral (y ahora virtual), cuya guía es el señor Uribe y su discípulo Popeye quien oficialmente se afilió al uribismo. «Malditos petristas. Denuncien mi twit. Los odio. si no me puedo expresar, mi fusil hablará por mí, cuando empiece el dolor y el llanto no lloren que no habrá compasión», tuiteó el discípulo. Amenazar, matonear, insultar, mentir en público es un deporte o, tal vez, la religión nacional.

Que los medios colombianos elevamos a héroe mediático a quién nos genere likes, clics, morbo sin importar cosas tales como su biografía de maldad, odios y delincuencia. Los medios, y este escrito más, lo convertimos en “modelo” telenovela, noticia, celebrity de redes. Así Caracol le celebró en forma de telenovela; él se creyó youtuber y jugó al twitter.

Que los colombianos llevamos un narco en el corazón. Por eso somos un poco Popeye: Él es como nosotros. Esa Colombia que adora y alaba al billete, el aparentar, cree en un dios perdona todo y la moral de Ud no sabe quién soy yo.

Popeye deberíamos servirnos para hacer catarsis sobre nuestra oscuridad, barbarie y farsa nacional: reconocer la maldad de los buenos y pasar a pensar de otro modo la ética nacional.

Insisto: este texto no debería existir. Demasiadas palabras malgastadas para explicar este esperpento que debería perder toda visibilidad pública por cínico y matón. Menos mal ya fue. Fin de emisión.

*Profesor asociado del Centro de Estudios de Periodismo de la Universidad de los Andes. orincon@uniandes.edu.co
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