Estudiar ya no es suficiente para ascender en la escala social - Razón Pública
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Estudiar ya no es suficiente para ascender en la escala social

Escrito por Sergio Monroy
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Cada año las universidades gradúan a miles de profesionales que no podrán acceder al mercado laboral ni lograr la estabilidad económica. ¿Por qué?

Sergio Monroy Isaza*

La formación y el trabajo

La gran mayoría de hombres y mujeres que nacimos y nos educamos durante las décadas de los 80 y los 90, crecimos con una máxima: debemos estudiar y ser profesionales para ser mejores personas y ascender en la escala social. Esta creencia se hizo parte del sentido común y casi que diríamos, se convirtió en un proverbio popular.

En todas las capas sociales de Colombia se da por sentado que las y los jóvenes deberían entrar a una universidad y obtener un título profesional. La generación anterior a la de los milennials —aquella que empezó a trabajar en las décadas de los 60 y los 70— vivió cuando predominaba lo que sociólogos como Julio Neffa denominan el “trabajo típico”. Este tipo de empleos se caracterizó por tener una clara relación de dependencia, ser de tiempo completo, a término indefinido, con protección social para el trabajador y su familia y salarios reales con crecimiento lento pero sostenido, y facilidades para el acceso a préstamos con bajas tasas de interés.

Según el Observatorio de Mercado de Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Externado de Colombia, durante la década de 1990 el salario promedio de los trabajadores colombianos con educación superior (técnica, tecnológica o profesional) aumentó progresivamente, como lo muestra la Gráfica 1.

Gráfica 1. Salario de trabajadores con educación superior completa o incompleta

Fuente: Farné, Stefano y Vergara, Carlos Andrés.

Estos elementos moldearon la forma como las personas educaron a sus hijas e hijos. Con las diferencias propias de la diversidad de las familias colombianas, en la primera mitad de los años 80 es probable que un trabajador con treinta años ya hubiera accedido a un crédito hipotecario, tuviera un vehículo y, quizás, ya tuviera descendencia.

En cambio, durante la segunda mitad de la década del 2010, un trabajador con título universitario o incluso con especialización y con treinta años difícilmente habría tenido acceso a un crédito hipotecario, principalmente, por la inestabilidad de su puesto de trabajo. Con cerca de siete a nueve años de experiencia laboral, solo en contados casos ese trabajador habría tenido un vehículo.

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Más profesionales y más precarización

Durante la década de 1990, la internacionalización de las economías llegó a Latinoamérica en la forma de privatizaciones, fusiones empresariales y flexibilización laboral.

Entrado el siglo XXI, la flexibilización laboral les permitió a las empresas reducir sus costos de capital fijo y variable. Con esto descendió el salario real, se consolidó una pérdida sistemática en términos de seguridad social y, en suma, se precarizó el trabajo.

Con la precarización del trabajo, se instalaron los contratos a término fijo, cesaron los pagos de horas extraordinarias, se popularizaron las empresas de trabajo temporal y se amplió la brecha entre los contratos formales y los reales. Todo esto obligó a las y los jóvenes a estudiar cada vez más y a renunciar casi por completo a su tiempo de ocio para ascender en la escala social.

Hoy, acceder a un crédito hipotecario o comprar un carro implica tener dos o más contratos y trabajar cerca de 12 horas diarias, dentro y fuera de la oficina, para lograr la estabilidad económica. Dicho de otra manera, las nuevas condiciones laborales nos obligan a ser empresarios de nosotros mismos.

Sin embargo, llegar a este nivel requiere de decisiones difíciles y de habilidades que no todos tienen, por ejemplo: hacer parte de una red laboral amplia y efectiva, ganar experiencia investigativa o laboral antes de graduarse, e invertir grandes cantidades de recursos y energía. Por supuesto, no son muchos los profesionales que logran hacer todo lo anterior.

Hoy, acceder a un crédito hipotecario o comprar un carro implica tener dos o más contratos y trabajar cerca de 12 horas diarias

Esto quiere decir que las universidades están graduando más y más profesionales que no podrán afrontar las condiciones que impone el mercado laboral. Según el Observatorio de la Universidad Colombiana, entre 2010 y 2018 se ha presentado un aumento en términos absolutos de 1.544.847 profesionales, como lo muestra el Cuadro siguiente. Esto quiere decir que, en este periodo, se han graduado en promedio algo más de 193.000 profesionales por año.

Cuadro 1. Egresados por nivel de formación

Fuente: elaboración propia, basado en los datos del Observatorio de la Universidad Colombiana.

La pandemia

La pandemia no ha hecho las cosas más fáciles. La deserción estudiantil ha aumentado, la calidad de la educación ha disminuido y muchos estudiantes han tenido que lidiar simultáneamente con el trabajo, el estrés, los problemas familiares, etc.

A su vez, las universidades se han visto obligadas a diversificar sus ingresos, virtualizar su oferta educativa, y capacitar a docentes y estudiantes sobre la marcha. Las universidades regionales han tenido retos adicionales para mantener o mejor su su posicionamiento.

Esta nueva realidad implica desafíos importantes en el plano individual, el familiar y el comunitario. El mundo del trabajo no es el mismo que antes y la pandemia lo seguirá transformando tal vez de formas inesperadas. Por eso es importante que las instituciones educativas y los estudiantes estén atentos para advertir los cambios alrededor del mundo del trabajo, y para cultivar la capacidad de construir nuevos relacionamientos y nuevas actitudes.

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