Estados Unidos y Turquía, una alianza que agoniza - Razón Pública
Inicio TemasInternacional Estados Unidos y Turquía, una alianza que agoniza

Estados Unidos y Turquía, una alianza que agoniza

Escrito por Carlos Andrés Ramírez
Un obstáculo en las relaciones son sus temperamentos.

Carlos Andres RamirezLa cercanía entre Estados Unidos y Turquía ha sido decisiva para la paz del mundo, pero en el medio de los dos países están el conflicto en Siria, las milicias kurdas y, por supuesto, Rusia.

Carlos Andrés Ramírez*

Los misiles rusos

El pasado 4 de abril de 2019 el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, amenazó con aplicar sanciones políticas y económicas a las autoridades turcas por la compra de un nuevo sistema de defensa antiaérea procedente de Rusia. El hecho profundiza el distanciamiento entre Estados Unidos y Turquía, antiguos aliados y cuya alianza jugó un papel central durante la Guerra Fría.

Sin embargo, este no es un hecho aislado. Hace más de un año el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, anunció la compra del sistema de defensa antiaérea S-400 de fabricación y comercialización rusa. Se trata de un sistema incompatible con los de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), organización a la cual pertenece Turquía desde 1952.

La compra de los misiles rusos es apenas una de las aristas de la complicada relación entre los dos países. ¿A qué se deben las tensiones? La respuesta hay que buscarla en:

  • Los inconformismos y desacuerdos sobre el conflicto en Siria;
  • El talante de los gobiernos de Erdogan y Trump, y
  • La interferencia de actores como Rusia e Irán sobre la relación entre ambos países.

La guerra en Siria

Desde el comienzo de la guerra en Siria en 2011, países como Turquía y Estados Unidos —además de Rusia e Irán— han mostrado interés en las posibles consecuencias de ese enfrentamiento.

Para Turquía, la lucha entre tropas del gobierno de Bashar al Assad y grupos rebeldes y la aparición del Estado Islámico (ISIS) implican una amenaza de expansión del conflicto a su territorio debido a la frontera que comparte con ese país.

Estados Unidos, por su parte, ha condenado las acciones militares de Bashar al Assad, pero se ha concentrado en combatir a ISIS en el territorio sirio. El gobierno de Obama mostró recelo por el uso de tropas de tierra y se inclinó por ayudar a las tropas rebeldes prestándoles apoyo aéreo y logístico en sus incursiones.

Justamente por ello, la expectativa de Turquía de que Estados Unidos actuara más activamente dentro del conflicto luego de la reelección de Obama, acabó en frustración para el gobierno de Ankara, lo que marcó definitivamente la visión de ambos países sobre la cuestión siria. Sumado a esto se encuentra una de las principales causas del distanciamiento entre los países: la cuestión kurda.

Parte del discurso de Erdogan reposa sobre la idea del pueblo kurdo como una amenaza a la soberanía nacional.

Los kurdos son un pueblo que habita la región conocida como Kurdistán, repartida entre el sureste de Turquía, el noreste de Irán y el norte de Iraq y Siria. Tras la caída del imperio otomano, varios países occidentales se comprometieron a aceptar la creación de un Estado kurdo, independiente de Turquía y Siria y con plena autodeterminación.

Erdogan y Trump.

Foto: U.S Embassy & Consulates in Turkey
Erdogan y Trump.

La promesa quedó consignada en el tratado de Sèvres firmado en 1920, pero nunca llegó a hacerse realidad. Tanto en Turquía como en Siria e Irak existen grupos políticos y militares que buscan la independencia o más autonomía de los gobiernos de los territorios que ocupan.

Pero la Turquía que en algún momento estuvo dispuesta a aceptar las exigencias del Tratado de Sèvres ya no es la misma. De hecho, parte del discurso de Erdogan reposa sobre la idea del pueblo kurdo como una amenaza a la soberanía nacional de Turquía y como un foco de terrorismo nacionalista.

Estas milicias kurdas fueron precisamente aquellas con las cuales Estados Unidos selló una alianza para llevar a cabo operaciones militares como la invasión a Irak en el 2003 y el combate a grupos terroristas en Siria, como el Estado Islámico. Estas acciones, por supuesto, no son bien recibidas por Turquía, que teme que los ánimos separatistas de los kurdos se aviven también en su territorio.

Puede leer: Turquía, el referendo y la historia.

Erdogan y Trump

Otra de las causas del distanciamiento entre ambos países pasa también por el talante de sus gobernantes. Erdogan ha logrado mantener el poder en Turquía desde el año 2003 con un perfil conservador y una promesa de retorno a las creencias islámicas más recalcitrantes. En 2017, un referéndum dio nuevas potestades al primer ministro para modificar la constitución y concentrar el poder en su nueva figura de presidente.

Por su parte, Donald Trump llegó a la presidencia de Estados Unidos representando al Partido Republicano y a todas las tradiciones conservadoras de Estados Unidos. Su elección, plagada de escándalos como la interferencia rusa en los comicios, ha marcado un cambio en la política exterior estadounidense que ha perdido apoyos importantes y por lo tanto ha llenado de incertidumbre al sistema internacional.

Estas dos personalidades, tan similares en algunos aspectos, pero con prioridades diferentes, han acentuado el distanciamiento que ya se empezaba a crear desde el segundo mandato de Obama. Erdogan profundizó el rompimiento luego del intento de golpe de Estado ocurrido en 2016.

El mismo presidente turco acusó a Estados Unidos de estar detrás del intento golpista tanto por dar apoyo a los golpistas, como por ser el lugar de asilo de Fethullah Gülen, acérrimo crítico de Erdogan y su gobierno. Esta acusación tensó las relaciones entre los dos países y permitió a Erdogan consolidar su poder mediante purgas a políticos y militares que salieron del gobierno apenas semanas después del intento de golpe.

El ideario de Erdogan se basa en el rechazo de las ideas progresistas y laicas occidentales que por años promulgó Mustafá Kemal Atatürk en Turquía, en un claro viraje hacia una visión nacionalista. Sumado a ello, la derrota Erdogan y su partido en las elecciones locales del 1 de abril de 2019, marcarán el aumento de la volatilidad en los discursos y acciones de este país.

La llegada de Trump a la presidencia en 2017 no mejoró en nada las relaciones entre ambas naciones. Por el contrario, como si se tratara de un Déjà vu en cuerpo ajeno, hace un par de meses el presidente norteamericano profundizó las distancias. Trump aprobó numerosos aranceles para la importación de aluminio y acero turco, lo cual produjo un desplome sin precedentes del precio de la moneda turca, la Lira.

Rusia es un nuevo actor que ha complicado las relaciones.

Foto: President of Russia
Rusia es un nuevo actor que ha complicado las relaciones.

Según el gobierno estadounidense, estas acciones se justificaron por la detención en suelo turco del pastor protestante estadounidense, Andrew Brunson. La depreciación de la moneda ha causado inestabilidades económicas que Erdogan ha tenido que sobrellevar con apoyo de varios actores, entre ellos, Rusia.

Lea en Razón Pública: Estados Unidos y la injerencia Rusa.

¿Y Rusia?

Las relaciones actuales entre Turquía y Estados Unidos se explican también por los intereses y estrategias geopolíticas de otros países. El caso más visible es el de Rusia, que se ha embarcado en una política con ambiciones imperialistas mediante el control político, económico y militar en zonas estratégicas del mundo como Asia Central, el Báltico y el mediterráneo.

Por lo mismo, y dado el liderazgo ruso en el conflicto sirio, Turquía ha encontrado en Putin un socio que comparte intereses en la región y que ofrece una alternativa a los planes estadounidenses en temas como la cuestión kurda y la manera de terminar las hostilidades en el vecino país de Siria.

El presidente turco acusó a Estados Unidos de estar detrás del intento golpista.

El 18 de septiembre de 2018 se anunció un acuerdo entre turcos y rusos para considerar la provincia de Idlib, zona fronteriza entre Turquía y Siria, como zona desmilitarizada en aras de evitar un drama humanitario que afectara al país mediterráneo. El hecho muestra una aceptación tácita de Rusia como nuevo actor esencial en las disputas de Medio Oriente. Además, confirma la simpatía de Erdogan por una política más activa en Siria que, sin Estados Unidos en sintonía, sí ha producido Rusia.

Un panorama inestable

Además de lo anterior, la aparición de Arabia Saudita como un actor decisivo en la región ha separado aún más a los dos países. Un ejemplo es el caso del príncipe saudita Mohamed bin Salman, a quien el gobierno turco no vaciló en denunciar por el asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi en el consulado de este país en Estambul.

El hecho, que fue primera plana de la prensa mundial, desmintió la idea de una Arabia Saudita progresista y comprometida con los valores occidentales, como lo había tratado de mostrar uno de sus principales aliados: Estados Unidos. Así, vía Arabia Saudita, Turquía también atacaba a Estados Unidos y su juego geopolítico en el Medio Oriente.

Sin duda, las relaciones entre los dos países pasan por su peor momento desde la Guerra Fría. Abierta esta fisura, países como Rusia aprovecharán para seguir desarrollando políticas imperialistas que tienen además el potencial de desestabilizar el orden mundial que se creó después de la Segunda Guerra Mundial.

En su interés de seguir debilitando a la OTAN como actor militar clave en Occidente, Moscú persistirá en sus acciones diplomáticas, económicas y militares para causar inestabilidad dentro de esta organización.

*Profesional en Política y Relaciones Internacionales. Candidato a Magister en Estudios Políticos.

Artículos Relacionados

Dejar un comentario

*Al usar este formulario de comentarios, usted acepta el almacenamiento y manejo de sus datos por este sitio web, según nuestro Aviso de privacidad

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies