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Estados Unidos: los enredos del sistema electoral

Escrito por Marcela Anzola y Francisco Thoumi
Marcela Anzola
Francisco Thoumi

Cada sistema electoral tiene sus riesgos, y al de Estados Unidos se le han juntado todos esta vez: reelección del presidente, elecciones indirectas, sistemas diferentes entre estados, trabas para votar, Corte politizada, pandemia…y un país polarizado.

Marcela Anzola* y Francisco Thoumi**

El calor de la reelección

Alexis de Toqueville fue el gran observador de la política de Estados Unidos a mediados del siglo XIX, y en La Democracia en América incluyó un capítulo bajo el título “Crisis de la Elección”. Las elecciones son una crisis porque:

“Largo tiempo antes de que llegue el momento fijado, la elección se convierte en el más grande y, por decirlo así, el único asunto que preocupa a todos los espíritus. Las facciones redoblan su ardor, y todas las pasiones artificiales que la imaginación puede crear, en un país feliz y tranquilo, se agitan en ese momento a plena luz.

Por su parte, el presidente está absorbido por el deseo de defenderse. No gobierna ya por interés del Estado, sino por su reelección. Se rinde ante la mayoría y, a menudo, en lugar de hacer resistencia a sus pasiones, como su deber lo obliga, corre delante de sus caprichos. A medida que la elección se aproxima, las intrigas se vuelven más activas, y la agitación, más viva y difundida. Los ciudadanos se dividen en varios campamentos, cada uno de los cuales toma el nombre de su candidato.”

Quisimos transcribir este pasaje de Tocqueville, porque refleja claramente la situación actual: ansiedad, expectativas, sensación de caos y temor por los resultados.

Elecciones anormales

Por ejemplo, en estas elecciones, Trump ha llegado al absurdo de afirmar que Estados Unidos ya pasó la pandemia, siendo así que en estos días se registra el mayor número de contagios en varios estados y están muriendo unas mil personas cada día.

Para asustar a los votantes, Trump ha hecho afirmaciones tan insólitas como esta: “Si votas por Biden, tus hijos no irán a la escuela, no habrá graduaciones, ni bodas, ni Acción de Gracias, ni Navidad, ni 4 de julio».

La misma pandemia ha pasado a un segundo plano, aunque ciertamente ha incidido sobre las votaciones. Ante los riesgos de salud, los estados habilitaron la posibilidad de votar anticipadamente, ya sea en persona o por correo. También prepararon mecanismos para facilitar el registro de votantes.

En Estados Unidos cerca de dos tercios de los estados exigen que los votantes se registren antes del día de las elecciones; el sistema es diferente en cada estado: algunos ofrecen la posibilidad del registrarse en línea, pero otros no. En época de pandemia, este trámite podría interpretarse como una restricción del derecho al voto. Por otro lado, los plazos son distintos; estos plazos vencían en las primeras semanas de octubre.

El 31 de octubre, habían votado más de 90 millones de los 231.884.208 ciudadanos inscritos. Estos datos no dicen mucho: es necesario mirarlos a escala estatal, porque en Estados Unidos un colegio electoral elige al presidente y los votos individuales no tienen el mismo peso. Se trata de un sistema electoral indirecto.

Por ejemplo, en las pasadas elecciones Hillary Clinton obtuvo 2,87 millones de votos más que Trump, que ganó la presidencia; Trump obtuvo 304 votos electorales, contra los 227 de Clinton, ante un total de 531 votos.

El Colegio Electoral

El colegio electoral se compone de 538 compromisarios, incluyendo los tres compromisarios de Washington D. C. Cada estado tiene tantos compromisarios como miembros en el Congreso, contando Cámara de Representantes y Senado.

Con excepción de Maine y Nebraska —estados con 3 y 5 compromisarios, respectivamente, y que aplican un sistema proporcional—, el candidato con la mayoría de los votos en la elección general del 3 de noviembre gana todos los compromisarios del estado.

En realidad, los compromisarios escogen al candidato en diciembre, aunque no están obligados a hacerlo. Por ejemplo, en la elección de 2016, dos compromisarios no votaron por Trump y 5 dejaron de hacerlo por Clinton. Para ganar la elección, el candidato debe obtener 270 votos de los electores. La competencia es por asegurarse los votos que garanticen la victoria.

Según su población, unos estados tienen más compromisarios que otros, por lo que pueden ser decisivos en la elección. Es el caso, por ejemplo, de California (55 compromisarios), Texas (38), Nueva York (29) y Florida (29). Esto obliga a los candidatos a un cuidadoso análisis de las tendencias en los estados con mayor número de compromisarios.

La campaña también debe identificar cuáles estados son seguros —aquellos que son tradicionalmente republicanos o demócratas— y cuales son indecisos —aquellos que pueden inclinar su balanza hacia uno u otro partido—. Por ejemplo, los estados de California y Nueva York han sido tradicionalmente demócratas, y Florida ha sido republicano, aunque hoy es indeciso.

Lo anterior explica la importancia que Trump le ha dado al voto colombiano en Florida. Se han identificado otros “indecisos” para estas elecciones: Arizona, Georgia, Iowa, Michigan, Minnesota, Nevada, New Hampshire, North Carolina, Ohio, Pennsylvania, Texas y Wisconsin.

Foto: Nhpr Para ganar la elección, el candidato debe obtener 270 votos de los electores. La competencia es por asegurarse los votos que le garanticen la victoria.

Restricciones del derecho al voto

A este complejo sistema de elección se suman las restricciones al voto en cada estado: por haber sido condenado a prisión; por no tener una dirección clara, en el caso de habitantes de zonas rurales, o no tener residencia a nombre propio para lo cual deben presentar un contrato o pagos de servicios públicos.

En relación con estas elecciones, también se ha hablado de amenazas e intimidaciones.

Este sistema se creó cuando el voto se limitaba a los hombres blancos propietarios de finca raíz. Después de que el gobierno federal liberara a los esclavos en 1865, los estados sureños pusieron muchos obstáculos para impedir o limitar el voto de los ciudadanos afroamericanos y otras minorías.

El gobierno federal ha expandido paulatinamente este derecho al resto de la ciudadanía; pero los estados —que son soberanos— no han dejado que el gobierno federal establezca el derecho al voto universal o directrices para los sistemas electorales estatales; tampoco han permitido que haya una tarjeta de identidad nacional. Estas prácticas se han mantenido y se reflejan en la elección actual.

La Corte Suprema y las elecciones

Por consiguiente, el derecho al voto lo otorgan los estados, y difiere mucho de uno a otro. Por lo general, su aplicación suscita controversias legales, que deben resolver las cortes estatales; en algunos casos interviene la Corte Suprema.

En estas elecciones un número significativo de casos ha llegado a la Corte Suprema: impugnan los procedimientos electorales estatales y el escrutinio de votos en todo el país antes del día de las elecciones.

Las decisiones de la Corte han sido contradictorias:

  • En el caso de los votos por correo, con respecto a Alabama, la Corte sostuvo la obligación de tener un testigo; pero aprobó la suspensión de este requisito en Rhode Island.
  • La semana pasada rechazó una solicitud para extender el plazo para recibir votos por correo en Wisconsin, pero permitió la extensión en Pensilvania y Carolina del Norte.

Esta situación ha agravado el estado de zozobra de Estados Unidos. En caso de controversia en el conteo de votos —cosa probable, considerando cómo se ha hecho la elección—, es muy posible que la Corte Suprema dirima el conflicto, como ocurrió en el año 2000.

Este pudo ser el motivo para que Trump acelerara la confirmación de la juez Amy Barrett en la Corte Suprema; más que completar el número de jueces, buscaba quién lo respaldara en caso de que perdiera las elecciones y decidiera demandarlas.

¿Volverá la calma?

Es probable que el próximo martes haya un resultado provisional y que apenas el viernes se sepa quién es el ganador. Esperemos que este proceso se caracterice por la calma que describía Tocqueville:

“En el mismo momento, es cierto, en que la fortuna ha decidido, ese ardor se disipa, todo se calma y el río, un momento desbordado, vuelve apaciblemente a su cauce. Pero ¿no es sorprendente que la tormenta haya podido desencadenarse?”

Esto se escribió hace 185 años; su validez actual sugiere fallas de fondo, que se han agravado con la obsolescencia del sistema. Esperemos que las lecciones aprendidas en esta elección —cualquiera que sea su resultado— sirvan para emprender las modificaciones y, por fin, garantizar un verdadero derecho al voto.

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