Estado Ético y Estado Social: Dos caras de una misma moneda - Razón Pública
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Estado Ético y Estado Social: Dos caras de una misma moneda

Escrito por Luis Sandoval
Luis Sandoval

luis sandovalEl asesor de la campaña del Polo Democrático propone aquí las bases de un entendimiento para el cambio. “La vía regia para una opción de triunfo –dice él– es el entendimiento programático entre partidos políticos y fuerzas sociales, culturales, étnicas y regionales que compartan una decisión de cambio y logren producir en la segunda vuelta un fenómeno de nuevas mayorías en la opinión y en las urnas”.

Luis I. Sandoval M.*

Un cambio de percepción

La ética se convirtió en un acontecimiento político. Asombroso. Hoy existe en Colombia un repudio creciente al "todo vale", que puede traducirse en un cambio cualitativo del régimen político. Ese sentimiento está determinando las preferencias políticas en el curso de una campaña presidencial cargada de sorpresas. El panorama político experimenta un profundo cambio: los viejos partidos se deprimen o se diluyen, el azul y el rojo pierden vigencia, se prefieren los nuevos, ahora sobresalen el verde y el amarillo. Hay tendencia a formar combinaciones multicolores. Pero las mafias están ahí, con todo su poder disolvente, y tienen expresión política, solapada o explícita.

No hay mayorías definidas en ninguna orilla. Quien aspire a triunfar tiene que pensar con quien sumar. La doble vuelta facilita el proceso. En esta reñida y sorprendente contienda por la Presidencia de la República, quizá las cosas se definan en la segunda vuelta mediante el entendimiento entre una minoría grande y una minoría pequeña, o varias minorías pequeñas. Eso posiblemente ocurra en Colombia que es un régimen presidencialista, en forma análoga a como recientemente ha ocurrido en Inglaterra, que es un régimen parlamentario. Cada vez es más frecuente en política que de varias minorías se haga una mayoría.   

Al momento, 24 de mayo, no hay nada definido, ni se puede hacer un pronóstico relativamente seguro de los resultados. A menos de ocho días de los comicios reina la expectativa y la incertidumbre. La persistencia del empate técnico es la característica que más sobresale en los sondeos y encuestas que se producen casi a diario. Ningún triunfalismo se justifica[1].          

Los candidatos Mockus, del Partido Verde, Petro, del Polo Democrático, y Pardo, del Partido Liberal tienen la obsesión del cambio, sin que lo entiendan de la misma manera, pero tampoco en sentidos absolutamente contrapuestos. Mientras Mockus hace énfasis en el Estado Ético, Petro y Pardo lo hacen en el Estado Social. Los tres están afincados en un Estado seguro, constitucional y legal. En sana lógica lo que podría plantearse es que el Estado ético es, per se, Estado social. No podría no serlo. La ética incluye la equidad.

Se supone que esta premisa la comparten no sólo ellos sino muchos otros actores políticos y sociales. Entonces, ¿por qué no ponerle una pizca de audacia a la política y buscar entendimientos que consoliden la posibilidad de triunfo para una opción de cambio en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales?

De la diferencia al entendimiento

Eventuales entendimientos entre los candidatos y partidos mencionados no serían, no podrían ser a la vieja usanza del toma y daca de votos, maquinarias y tajadas burocráticas, propia del desueto país político descrito en su momento por Gaitán y que aún persiste. En realidad, formalmente no se están buscando aún entendimientos. La prioridad, comprensible, es posicionar un perfil, un proyecto y una voluntad política, y ello implica acentuar las diferencias. Pero se observan movimientos que pueden terminar produciendo otra sorpresa en el cambiante paisaje político colombiano. Los contactos entre personas claves de las campañas no han cesado. 

En mi opinión hay que ofrecer elementos y explorar caminos que faciliten dar el paso adecuado en el momento preciso. Considero que la vía regia para una opción de triunfo es el entendimiento programático entre partidos políticos y fuerzas sociales, culturales, étnicas y regionales que compartan una decisión irrevocable de cambio. Un frente amplio por el cambio real porque la perspectiva deseable y posible es la de un gran movimiento que enarbole la bandera de la re-creación de la política en profundidad, junto a la de la equidad y la preservación de la legalidad democrática.

Es de esperar que el candidato ético, Mockus, que sin duda está pensando en cómo puede ser social, y los candidatos sociales, Petro y Pardo, que sin duda también se interesan en la ética de la política, liderados por quien pase a segunda vuelta, estén a la altura y sorprendan al país con su aproximación y con una propuesta de reformas básicas que expresen cabalmente el anhelo de cambio y seduzcan a las mayorías en los comicios presidenciales que se avecinan a paso apresurado. Estas líneas contienen nuevas sugerencias y pistas para un entendimiento por el cambio.

Dado que la ética de lo público se ha colocado, por fuerza de los acontecimientos, en el centro de las inquietudes y, por tanto, también de la promesa política, es preciso intentar una clarificación de su sentido y alcance y, sobre esa premisa, construir hipótesis o pistas de entendimiento que abran la posibilidad de conformar un bloque multicolor por el cambio. A presentar esos elementos están dedicados los apartados siguientes de este escrito.     

Ética… ¿eso qué es?

Aproximación elemental.

El bien, lo que es bueno para una persona, puede tomar diversas formas: es bueno, o sea agradable, comerse una fruta; es bueno, o sea generoso, obsequiar a otro algo propio; es bueno, o sea justo, pagar lo que corresponde a quien ha hecho un trabajo; es bueno, o sea responsable, cuidar los árboles que preservan el agua y el aire. No es obligatorio hacer lo primero y lo segundo, mientras que sí lo es hacer lo tercero y lo cuarto. Hay un imperativo íntimo que me dice que las cosas valen, que el trabajo vale y que ese valor no se puede desconocer, ni se puede apropiar sin compensación proporcional. Hay un imperativo íntimo que me dicta que es preciso – deber cívico o social- cuidar lo que es de todos y a todos beneficia.

Ahí precisamente está la ética: en discernir valores y en actuar en consecuencia. La ética es la escala de valores de una persona, es ese ordenamiento interior de criterios y preferencias que permite distinguir lo que es bueno y lo que es malo, a lo que estoy obligado y a lo que no lo estoy.

Pero la ética no es una tabla fría de principios, normas o mandamientos. La ética de una persona está constituida por sus resortes morales, es decir, por aquello que la mueve a actuar, porque al hacerlo está procurando un bien o evitando un mal para sí o para otros. La ética es algo propio de cada uno, pero al mismo tiempo forma parte de la cultura general de un colectivo o sociedad. Cada persona o individuo comparte, o es portador de los elementos éticos propios de su grupo, comunidad, o cualquier otro conjunto mayor, pero cada uno es libre de actuar asumiendo o desprendiéndose de los grandes referentes orientadores que le ha transmitido su sociedad a través de la familia, la escuela, la iglesia o la comunicación. La ética es una construcción humana, cultural e histórica.

Los seres humanos no están determinados a actuar de una manera inmodificable -no por leyes físicas como los cuerpos inertes, no por leyes biológicas como las plantas, no sólo por leyes instintivas como los animales-. En un contexto dado ellos son libres de escoger la forma de actuar según su criterio del bien y el mal. Cuando una persona actúa como tal, esto es, cuando su acto es realmente humano, se constituye en un acto responsable porque con él está haciendo el bien o evitando el mal que debe. Por eso, la ética es ante todo responsabilidad consigo mismo y con los demás. El discernimiento, la palabra, la libertad, la responsabilidad, la conciencia son capacidades inseparables que distinguen al hombre de todos los demás seres y lo hacen ético.

Se aceptan en general como principios éticos o axiomas de una ética básica, entre otros, los siguientes:

  • Reconozco plenamente mi dignidad y la de todas las personas.
  • Mis derechos llegan hasta donde comienzan los derechos de los demás.
  • Yo debo hacer o procurar a los demás lo que considero bueno para mí mismo.
  • Una persona o grupo no puede apropiarse o disponer en forma arbitraria del conjunto de bienes que pertenecen a todos.
  • El primer bien que merece el respeto pleno de todos, es la vida.
  • Los recursos de la naturaleza pertenecen no sólo a las generaciones actuales sino a las futuras.
  • Ante la presencia de dos males, se evitan los dos si posible; si no, se opta por el mal menor.

Relación entre ética y política

Según la premisa que se acaba de exponer, es obvio que la ética tiene que ver estrecha y directamente con la política. Hagamos una referencia explícita al segundo de dichos elementos: la política. Esta, que surge en el campo plural de las personas, las comunidades y los pueblos, es la actividad mediante la cual se toman decisiones libres sobre asuntos, problemas y proyectos comunes entre sujetos diferentes, individuales o colectivos.

  • La política constituye un campo específico de responsabilidad consigo mismo y con los demás: el campo del poder público.
  • La política implica asumir responsabilidad en relación con derechos, intereses y proyectos comunes.
  • La política no podría orientarse con sentido humano si no obedece a una escala de valores concientemente construida.
  • La política en cuanto ejercicio del poder público tiene su primera responsabilidad en el respeto y cumplimiento de la Constitución y la ley.

Relación entre ética y ley

La ética es más amplia que la ley. En una sociedad no hay una sino múltiples éticas, de diverso origen e inspiración. Entre las múltiples éticas y la ley median acuerdos y consensos. La ley misma es fruto de la deliberación y el acuerdo en el seno de una sociedad plural. El acuerdo fundacional, o acuerdo sobre lo fundamental, se expresa en una ley básica o Constitución.

La ciudadanía tiene potestad para plantear exigencias a los gobernantes tanto en el campo de la ética como en el de la ley. La ciudadanía no sólo constituye el poder público sino que lo controla, no sólo elige gobiernos y autoridades sino que participa cotidianamente en el gobierno. Una nueva ética de lo público renueva la representación e inspira prácticas innovadoras en el ejercicio de la democracia participativa, la democracia deliberativa y la democracia directa.

El ejercicio de la política es el campo en el que surgen y maduran los actores o sujetos políticos que en el plano individual son los ciudadanos, y a nivel colectivo las organizaciones de la sociedad civil, los movimientos sociales y los partidos políticos. Los sujetos políticos, individuales y colectivos son sujetos éticos si sus decisiones se toman según escalas de valores concientemente asumidas o construidas en un determinado tiempo y lugar. Afortunada y feliz la sociedad que  determina una escala de valores y se esfuerza en ser coherente con ella.    

Más allá de la transparencia

En el cruce entre ética, ley y política hay varios referentes que son ya de aceptación general y constituyen pistas seguras de orientación para los actores o sujetos políticos: 

  • La ética en sí misma no es un proyecto político, pero sí es una condición básica de toda política.
  • Los ciudadanos pueden hacer todo lo que la ley no prohíbe, los gobernantes sólo pueden hacer lo que la ley les permite.
  • Los ciudadanos crean las instituciones para el servicio de los ciudadanos mismos. En una democracia ellos no están en ningún caso al servicio de las instituciones, mandatarios o funcionarios. Si así no fuera habría siervos y no ciudadanos.
  • Quienes ejercen autoridad y poder institucionales, que es una facultad en función del interés común, público o colectivo, tienen el deber moral de cumplir las funciones para las cuales han sido elegidos o nombrados.

Por eso no basta que alguien anuncie que va a gobernar sin robar o sin abusar del poder o sin mezclarse con las mafias. El compromiso básico que debe adquirir y la capacidad fundamental que debe demostrar el candidato a gobernante es que va a gobernar fundado en la Constitución y la ley, legítimamente establecidas, y lo primordial de su quehacer radicará en cumplir con los fines del Estado social de derecho. De ahí que el compromiso ético en la política no se reduce a términos de transparencia, sino que va mucho más allá buscando involucrar el inmenso y urgente tema de la capacidad para avanzar en justicia y equidad social. Ese es el compromiso que se adquiere cuando se jura cumplir la Constitución. El compromiso ético de hoy se traduce no sólo en respetar y mantener la democracia dentro de la legalidad sino en empeñarse seriamente en la democratización en pos de la equidad. Si así no fuere, la ética pública se estaría reduciendo a la administración limpia de un sistema inicuo.

Ética como sustento de un Estado Social

Además de la ética procedimental como transparencia, el país necesita que se instaure la práctica intensa y extensa de una ética sustantiva capaz de asegurar el cumplimiento de los fines del Estado social de derecho, avanzando decididamente en el campo de los derechos, la equidad y la calidad de vida. No basta la ética que se reduce a no matar, no robar, no desaparecer, no secuestrar, no comprar ni coaccionar el voto, no abusar del poder, no transgredir la separación de poderes. No puede un gobernante presumir de ético y al mismo tiempo continuar con políticas de empobrecimiento y exclusión.

La gente no quiere solamente oír que nos van a gobernar con honradez y sin mafias sino que todos, en todas las regiones, en los diferentes contextos socioculturales, queremos estar seguros que vamos a vivir mejor, con más amplias posibilidades para hacer realidad nuestros proyectos de vida. El compromiso ético de hoy se traduce no sólo en respetar y mantener la democracia dentro de la legalidad, sino en empeñarse seriamente en la democratización en pos de la equidad, el ejercicio de derechos y la realización de las aspiraciones individuales y colectivas.

En nuestros días, es un hecho, dolorosamente comprobado, que la economía capitalista de mercado, dejada al curso de su propia lógica de acumulación, sin la intervención del Estado democrático, sólo produce depredación y miseria para las mayorías, y las generaciones actuales y futuras. 

En este país, inscrito en un capitalismo dependiente, periférico y neoliberal, se registra periódicamente el crecimiento imparable de la desigualdad social, al tiempo que se constatan las ganancias enormes de la economía, en particular, las exorbitantes del sector financiero. Esto indica que ciertamente hoy en Colombia hay que separar la política y el ejercicio del poder público del crimen, la corrupción, la violencia y la mafia, pero al mismo tiempo, con igual o mayor empeño, como la otra cara de la moneda, hay que encaminar la acción de los partidos políticos, la de las empresas y la de las instituciones públicas a la realización de los derechos de todos, la justicia social y los intereses de la nación. Es preciso hacer de la equidad la mejor garantía de seguridad. 

Colombia necesita entusiasmarse con un proyecto ético, ambiciosamente humano, guiado por la obsesión de conservar la libertad y avanzar en igualdad, proyecto que incluya a todos, que dignifique la vida de todos y que abra horizontes de prosperidad colectiva. Ya es tiempo de que las relaciones entre colombianos dejen de ser depredadoras y pasen a ser relaciones constructivas y estéticas. Sin duda somos un país en el cual lo tenemos todo para que cada uno se proponga hacer del otro -sus vecinos, sus prójimos, sus conciudadanos- la mejor de sus obras. Crear las condiciones culturales y materiales para ello es el papel del gobierno.    

Un decálogo para el entendimiento

Es preciso expresar en proyectos de gobierno el concepto de Estado Seguro, Democrático, Ético y Social de Derecho. Mínimo diez temas o asuntos centrales de política pública se corresponden con ese criterio. 

  1. Legalidad democrática. Un Estado al servicio de los ciudadanos y no lo contrario.
  2. Cultura ciudadana y sentido ético de lo público.
  3. Los avances en seguridad y los nuevos retos en este campo.
  4. Necesidad de profundizar la democracia participativa.
  5. La política económica para el desarrollo humano, el trabajo, la inclusión, los derechos en un contexto de integración continental y de comercio justo con el mundo. .
  6. Política integral hacia los desplazados y víctimas del conflicto interno. 
  7. La reforma de las instituciones (Congreso, Partidos, Registraduría, Consejo Electoral, Órganos de Control, Ordenamiento Territorial) y de las costumbres políticas.
  8. Mínimos en la vía ciudadana para la paz. 
  9. La transformación de las relaciones internacionales para abrir el país al mundo con lealtad a los intereses de la nación.
  10. Nueva política frente a los cultivos de uso ilícito y el tráfico de estupefacientes.

Estos temas se enuncian tomando en cuenta la percepción de problemas por solucionar que tiene la sociedad colombiana de hoy, pero al mismo tiempo atendiendo a contenidos explícitos de la oferta programática de los tres candidatos mencionados. Y se hace de manera simple, sin entrar en una prolija explicación o sustentación, porque no es necesario. Ya habrá lugar para ello.

Todo indica, según mi apreciación, que hay un contenido o sentido básico de tales puntos que es compartido por los candidatos Mockus, Petro y Pardo. No podría ser de otra manera porque ellos están orientados a traducir en realidades el tipo de Estado y de vida social que promete y trata de encauzar la Constitución Política.

Un eventual acuerdo podría producirse sobre todos los temas o sobre aquellos que se consideren prioritarios para desatar un auténtico proceso de cambio. El cambio necesario tiene dimensiones culturales, institucionales, económicas y de relacionamiento internacional, acerca de las cuales las diferentes propuestas hacen diferente énfasis. Las competencias asentadas en cada proyecto son también diferentes porque distintas son las trayectorias y las motivaciones.

Puede también asumirse que si la adhesión de los tres candidatos no es igual a cada uno de los 10 temas enunciados, no hay, sin embargo una resistencia invencible hacia ninguno por parte de cualquiera de ellos. Cabe, entonces, resaltar que, en principio, existe un margen amplio para el diálogo y muy posiblemente para el acuerdo que sirva de fundamento a una eventual acción compartida desde el gobierno. Podrían surgir también, a falta de acuerdos explícitos y formales, modalidades de apoyo crítico condicionado como es usual en política.    

Los actores y sujetos del cambio

Colombia necesita una reestructuración del poder político para que acceda al poder un bloque de fuerzas, políticas y sociales, decidido a hacer realidad el proyecto incluyente de país contenido en la Constitución Política de 1991. El próximo período de gobierno debe ser una oportunidad para avanzar en esta perspectiva. Puesto que no existe un partido con mayoría posible a corto plazo, sino una constelación de minorías grandes y pequeñas, el horizonte de desarrollo de un proyecto político de esta naturaleza está necesariamente vinculado a la conformación de alianzas entre fuerzas afines. Este es el único camino de futuro para la propuesta de cambio.

El acuerdo de fuerzas que hoy se logre en función de conformar las mayorías por el cambio y así convertirse en gobierno de transición, puede desatar un proceso de hegemonía expansiva y quizá, más temprano que tarde, quizá el próximo 7 de agosto, se cree la posibilidad de conformar un gobierno nacional que signifique, en el curso de los próximos años, el advenimiento jubiloso de la paz en democracia y compromiso con la equidad.

En mi opinión en el movimiento social que se expresa en la ola verde por la legalidad democrática, en la ola amarilla por la seguridad con equidad y en la ola roja por una Colombia justa, está dada la oportunidad y la posibilidad de un nuevo comienzo para el país. Pero, es obvio, todo depende de la amplitud de visión y generosidad con que actúen a raíz de los resultados del 30 de mayo los candidatos Antanas Mockus, Gustavo Petro, Rafael Pardo y sus respectivos partidos políticos. Estamos en tiempos de innovación y audacia política.

 

 *Integrante de Redepaz, columnista de El Espectador, Director Ejecutivo de la Asociación de Estudios y Acción Política Democracia HOY – Demhoy. lucho_sando@yahoo.es

 Nota de pie de página


[1] La información que CNN está trasmitiendo al mundo en relación con las últimas encuestas es que en la primera vuelta Juan Manuel Santos del Partido de la U, tendría el 35 % de los votos, y Antanas Mockus del Partido Verde el 34%, mientras que en la segunda vuelta las cosas se invertirían para un 45% a favor de Mockus y un 44 a favor de Santos. A los otros candidatos ya no los menciona esta cadena. Sabido es que Noemí Sanín, del Partido Conservador, continúa en un descenso pronunciado y que Gustavo Petro del Polo Democrático muestra un ascenso lento pero consistente, protagonizando un segundo empate técnico alrededor del 7 % de la votación en la primera vuelta.

 

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