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Escoba nueva barre bien

Escrito por María Victoria Duque

María Victoria Duque LópezEl presidente Santos ubicó su programa social dentro de los contenidos del Informe de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas sobre desigualdad. Las medidas que anunció fueron concretas. Pero falta ver la precisión sobre las herramientas.

María Victoria Duque López *

La desigualdad como discurso

En el acto de posesión de Juan Manuel Santos como nuevo Presidente de Colombia, se escucharon dos discursos de la mayor importancia. El primero a cargo de Armando Benedetti, presidente del Congreso, orientado a develar la enorme situación de pobreza y desigualdad en que se halla sumido el país. El otro, el del presidente Santos, enfocado a trazar los lineamientos principales de su mandato.

Cada uno, de manera directa Benedetti e indirecta el presidente Santos, se refirió a los contenidos del primer Informe sobre Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe, entregado hace pocos días por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, titulado Actuar sobre el futuro: romper la transmisión intergeneracional de la desigualdad.

Este documento, además de dar información rigurosa y reciente sobre la situación de desigualdad y pobreza de la región, hace un aporte conceptual invaluable al resaltar que el enfoque de desarrollo humano −léase la ampliación de las libertades de la gente−, cualifica la formulación de políticas públicas encaminadas a disminuir la desigualdad, pero sobre todo al ponderar el valor del enfoque multidimensional como condición para evaluar el bienestar de las personas y la relevancia de los procesos por medio de los cuales se consiguen los objetivos individuales y colectivos. Vale decir, el aporte del Informe es notable cuando busca establecer los diferentes actores y espacios donde se configuran los determinantes para alcanzar o no dichos objetivos.

La cuestión es histórica

El senador Benedetti hizo alusión a los datos del documento cuando se refirió específicamente al hecho de que diez de los quince países más desiguales del mundo están ubicados en América Latina y el Caribe, y que Colombia es el sexto más desigual del planeta. Eso significa que Latinoamérica es casi 20 por ciento más desigual que el África subsahariana, 37 por ciento más desigual que el este de Asia y 65 por ciento más desigual que el conjunto de los países desarrollados.

Un análisis riguroso sobre los indicadores de ingreso, salud y educación demuestra que la desigualdad no solamente es persistente sino que es histórica, y que afecta el Índice de Desarrollo Humano. Los resultados hablan por sí solos: si se corrige el Índice de Desarrollo Humano teniendo en cuenta la desigualdad, la región en su conjunto pierde más del 10 por ciento de su nivel actual.

Herramientas y núcleo

Otro aporte importante del Informe es el análisis de los mecanismos de transmisión de logros socioeconómicos tales como salud, educación e ingreso dentro de hogares. Todo parece indicar que la inversión en salud y educación en los primeros años de vida, hace la diferencia.

La apuesta del gobierno

Estimula oír las palabras del presidente Santos. Él dice que su empeño será el de proporcionarles a los niños y jóvenes –sin excepción y desde la primera infancia– una nutrición y una educación de calidad en todas sus etapas, que les permita crecer como seres humanos integrales. Su discurso señala que la apuesta del actual gobierno será la de avanzar hacia un bienestar básico, con tranquilidad económica, para cada una de las familias colombianas.

Un análisis integral del discurso muestra que habrá una voluntad política clara para buscar mayor equidad en la distribución de la riqueza y en el acceso a empleos dignos. No obstante, se debe anotar que la voluntad no es suficiente si no viene acompañada de las condiciones sociales, fiscales y políticas necesarias para avanzar en esa dirección.

La nube en el horizonte

El Informe del PNUD sugiere que no se puede ignorar que existen factores sistémicos que perpetúan la desigualdad. Y es aquí donde tal vez el discurso presidencial no es igual de esperanzador. La investigación concluye que para reducir la desigualdad es necesario, entre otras cosas:

  • Elevar la calidad de la representación política
  • Fortalecer las instituciones del Estado
  • Incentivar la participación ciudadana
  • Frenar la corrupción y la captura del Estado por minorías
  • Introducir reformas fiscales que permitan ampliar el gasto público social.

Esos mecanismos no se vieron tan claros en la alocución presidencial.

Volver a la esperanza

La percepción que tienen las personas sobre el sentido de realidad para alcanzar ciertos logros es determinante en la persistencia de la desigualdad. Es así como el Informe insiste en la necesidad de formular políticas específicas que la disminuyan, y en que éstas sean planteadas teniendo en cuenta factores subjetivos presentes en la dinámica de los hogares, relacionados con la esperanza.

Únicamente una esperanza fundada sobre la posibilidad de una vida mejor, hará que las personas se conviertan en agentes de su propio desarrollo. Esa percepción, a su turno, favorecerá la movilidad social.

Movilidad que no se mueve

La baja movilidad social es causa y efecto de la desigualdad y puede explicar sus altos niveles y su persistencia histórica. Para ilustrar esta afirmación, el estudio revela:

  • Que entre 1992 y 2006 en la región no se modificó el tamaño de los estratos alto, medio   y bajo
  • Que somos la segunda región del mundo con mayores niveles de embarazo adolescente
  • Que un joven con excelentes habilidades cognoscitivas pero procedente de un hogar en condiciones de pobreza, tiene sólo un 1 por ciento de probabilidades de terminar la universidad, mientras que uno con las mismas habilidades pero proveniente de un hogar con altos ingresos, tiene una probabilidad de 65 por ciento.

Y ¿cómo se hace?

La desigualdad es importante en sí misma y es diferente de la pobreza. Por ello el Informe plantea que deben existir políticas comprensivas, con elementos que incidan sobre las distintas “restricciones operativas” o barreras que impiden la movilidad intergeneracional; el enfoque consiste en identificar aquellas variables que constituyen “cuellos de botella” para impedir que los jóvenes alcancen niveles adecuados de escolaridad y salud.

Esos “cuellos de botella” pueden estar en la oferta institucional pero también en los hogares. Se necesita diseñar programas y estrategias que aseguren mayores probabilidades de éxito, lo que significa primordialmente entender los mecanismos de transmisión de logros en los hogares e incidir sobre ellos.

El camino a seguir es complejo pero no imposible. Estos serían algunos de sus objetivos mínimos:

  • Definir un nuevo papel del Estado, del mercado y de las familias en la responsabilidad colectiva de la búsqueda de la igualdad
  • Asegurar, mediante el aumento de recursos, la universalidad de las políticas sociales.
  • Crear instrumentos que lleguen de manera eficaz a las poblaciones más pobres
  • Fomentar las aspiraciones y esperanzas de niños, jóvenes y familias, porque sólo una combinación de ellas podrá romper el círculo vicioso de la transmisión intergeneracional de la desigualdad.

Dentro de esta última perspectiva, por ejemplo, podría pensarse en revertir la tendencia según la cual sólo un tres por ciento de jóvenes con padres que no terminaron primaria logran culminar sus estudios universitarios.

Lo anunciado…

No sobra reiterar que la desigualdad es multidimensional y que en su origen interactúan dinámicas propias de los sistemas políticos tanto como de los hogares, la ubicación geográfica, el género y la etnia, entre otras.

En la lucha contra la pobreza y la desigualdad, el presidente Santos se comprometió a:

  • Crear un Fondo de Compensación Regional para cerrar la brecha de desarrollo entre las regiones de la periferia y el centro del país
  • Combatir la corrupción oficial o privada

Se trata de responsabilidades inaplazables si de veras queremos dejar el nada honroso lugar que nos señala como el sexto país más desigual del mundo. Nuestra tarea colectiva puede demorarse algo más, pero el Presidente sólo tiene cuatro años para desarrollarla.

…Y lo que falta

Ahora bien, no sobra anotar que lo anterior tiene implicaciones prácticas. Es ahí donde se verá el talente del nuevo Presidente y de su gobierno. Para que la acción pública en la reducción de la pobreza y la desigualdad sea eficaz, ante todo se requieren dos medidas de emergencia:

  • Reforma de la estructura fiscal del país, con impuestos directos al ingreso y a la propiedad
  • Expansión de la cobertura en educación superior y en la calidad de la educación básica

Sólo así empezaremos a transitar la senda hacia un crecimiento que garantice la inclusión, la justicia social y, por ende, el crecimiento con igualdad. Ojalá el esfuerzo de la Unidad Nacional sirva para lograrlo y no sea otro simple saludo a la bandera.

*Cofundadora de Razón Pública. Para ver el perfil de la autora, haga clic aquí.

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