Érase una vez en los noventa: la movida rockera alternativa en Bogotá
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Érase una vez en los noventa: la movida rockera alternativa en Bogotá

Escrito por Margarita Sierra

Un recorrido por el movimiento alternativo del rock que hace treinta años se vivió en Bogotá.

Margarita Sierra*

Los comienzos

Al comenzar la década de los noventa surgieron bandas de rock en la escena underground de Bogotá. Este fenómeno resultó de la marginalización de los rockeros por parte de los medios y la sociedad.

Los jóvenes se apropiaron de lugares y los resignificaron según sus propias experiencias, resistencias y rebeldías. Lugares donde no existían diferencias de clase, sexo, edad o género. La música fue el punto de integración y el centro de todo. A partir de esta sensación, los jóvenes vivieron la ciudad desde otro lugar, apartados del discurso tradicional capitalino.

Los bares fueron puntos de encuentro fundamentales para conocer nuevas tendencias musicales y alternativas, para entretejer una narrativa urbana nueva. Estos lugares normalmente estuvieron ubicados sobre avenidas o calles principales, desde La Candelaria hasta Cedritos.

La Candelaria, por ejemplo, fue el primer espacio de escape rockero debido al primer bar underground en 1990, Barbarie. Sobre esa misma calle existían otros dos bares, La Casona y Estación Central, que podrían considerarse precursores del circuito underground. Ambos bares incursionaron, reservadamente, en nuevas apuestas musicales al invitar a agrupaciones como Distrito Especial, Sociedad Anónima y Hora Local, pioneros de la escena rockera.

De esta manera La Candelaria fue el punto de encuentro principal para las personas que buscaban algo diferente. La Casona y Barbarie fueron un referente y una inspiración para la vida alternativa capitalina.

Héctor Buitrago, dueño de Barbarie e integrante de Aterciopelados, fue una pieza clave para la exploración rockera en la ciudad. Su gusto y pasión por la música lo hizo estudiar y explorar nueva música. Héctor solo ponía música que a él le gustara y que no se encontrara en ninguna otra parte de la ciudad.

Esta puede considerarse como una característica de la escena alternativa, de lo que significó moverse por la ciudad, no quedarse quieto. Esa necesidad de asistir a los bares, a los conciertos, a compartir con las otras personas que vivían día a día bajo la misma premisa y que de alguna manera los hizo simpatizar entre sí, más allá de la música.

Varios grupos latinoamericanos, claves en el desarrollo del rock en español, sonaron por primera vez en bares como Barbarie, Barbie, Kalimán o Transilvania. Allí fueron descubiertos por los djs de las emisoras comerciales quienes se encargaron de darle una movida diferente, con más difusión y masividad.

Foto: Facebook: Mano Negra - La primera vez que Mano Negra, una agrupación franco-española, se presentó en Bogotá fue en el bar Vena Arteria.

El punto de encuentro

Los bares de rock fueron lugares donde se reunían personas de todas partes de la ciudad, de todos los estratos sociales. Aunque los bares tuvieron cortos periodos de vida, entre dos meses a un año y medio, fueron de gran importancia en la resignificación de la escena alternativa local bogotana.

Sin embargo, es evidente que los bares de Héctor Buitrago, entre 1990 y 1994, fueron especiales y únicos por el concepto alternativo y musical. Muchos bares partieron del referente Barbarie para especializarse en ciertas músicas alternativas como el punk, el ska, el funk, el rock en español, el metal industrial o el rock electrónico.

Dos ejemplos de este legado fueron los bares Vena Arteria (1992) y Bol&Bar (1993). El primero estuvo ubicado en la localidad de Santa Fe, en la calle 28 con 4, mientras que el segundo estuvo ubicado en el sector de Chapinero, en la calle 63 con 9.

Vena Arteria apareció luego de un concierto de Mano Negra, una agrupación franco-española, que estaba buscando una locación en la ciudad para tocar, pero no quería que fuera cualquier sitio.

Uno de los socios fundadores del bar decidió arrendar una bodega y adecuar el sitio para el concierto, lo que resultó en un éxito total. El concierto tuvo una particularidad, todo era gratis, desde la entrada hasta la cerveza. Añadiendo que fue la primera vez de Mano Negra en Bogotá, el concierto fue ‘de otro nivel’.

Durante esos primeros años de florecimiento de los bares alternativos se vivió un momento muy intenso porque todas las personas, que de alguna manera estaban conectadas a la escena alternativa bogotana, colisionaron colectivamente para compartir gustos musicales.

Para explicar lo que pasó en los noventas con respecto a la onda alternativa es imprescindible hablar de los bares, de lo que representaron para ese grupo de jóvenes universitarios y profesionales. Lo que se vivió en esa época fue único, muy diferente al surgimiento de rock en otras ciudades de América Latina.

La alternativa a la violencia

Durante estos encuentro no hubo un ápice de violencia porque todos estaban ahí compartiendo un mismo sentimiento y una misma búsqueda. La no violencia fue clave para la escena independiente bogotana.

Fue una contraposición a la violencia que atravesaba el país, a las bombas que casi a diario estallaban en la ciudad. Aunque cabe aclarar que sí hubo conflictos con la presencia de grupos urbanos como los skinheads o los punkeros.

Por lo demás, aún con los pogos, no era un ambiente violento, ya que era un momento de fuga de los acontecimientos cotidianos violentos del país.

Hubo un sentimiento compartido por los miembros de la escena, ‘¡hay que vivir!, vivir el aquí y el ahora’. En contravía a la violencia de la ciudad, más durante las noches, muchos se impulsaban a caminar durante gran cantidad de cuadras para poder llegar a un toque o a un bar.

De todas formas el pensamiento en general era: “el que me va a robar se encarta porque no tengo nada, no le debo nada a nadie, si me toca, me toca, pero yo no tengo de qué preocuparme”.

Esta puede considerarse como una característica de la escena alternativa, de lo que significó moverse por la ciudad, no quedarse quieto. Esa necesidad de asistir a los bares, a los conciertos, a compartir con las otras personas que vivían día a día bajo la misma premisa y que de alguna manera los hizo simpatizar entre sí, más allá de la música.

Bol&Bar lo fundaron un grupo de amigos que, aburridos de no encontrar algo que les gustara, decidieron montar un bar para hacer amigos, para poder reunirse a compartir algo en común, pero sobre todo para tener un espacio en donde los grupos pudieran tocar.

Como era un bar muy pequeño, la barra se convirtió en el escenario. Uno de los dueños explica que para los conciertos montaban unos andamios para que el grupo tocara sobre ellos y, sin miedo, la gente bailaba debajo ellos.

Las 1280 Almas fue el primer grupo en tocar allá y en una de sus múltiples presentaciones en ese bar, uno de los andamios se soltó. No hubo heridos, se esperó a que se limpiara el sitio y el público volvió a entrar y a seguir disfrutando del concierto.

También tocaron los Aterciopelados en sus inicios y otras agrupaciones que permanecieron activas hasta mediados de los noventas, como Carpe Diem, MarloHábil, Yuri Gagarín, Zut y Catedral.

La fragmentación

Los bares aparecieron en el centro de la ciudad y se fueron desplazando hacia el norte por los barrios de Teusaquillo y Chapinero, pasando por la Zona Rosa, hasta llegar al barrio de Cedritos en la calle 145 con carrera séptima.

Es importante mencionarlo puesto que, en un principio, el público amante de lo alternativo podía desplazarse a pie entre los bares del centro y Teusaquillo —entre las calles 10 y 45—, incluso se podía llegar caminando hasta algunos bares de Chapinero —calles 50 a 60—, pero la distancia comenzó a acrecentarse a medida que la ciudad y los bares se extendían hacia el norte.

Lo que produjo la creación de circuitos de bares entre los mismos barrios y el desplazamiento comenzó a ser más corto, solo entre unas pocas cuadras de diferencia. Las personas empezaron a elegir a donde ir, si al centro, o a Chapinero, o a la Zona Rosa, o si por el contrario se aventuraban a ir hasta Cedritos, donde quedaba Barbie, el segundo bar exitoso de Buitrago.

La distancia ocasionó una fragmentación en la forma en que se vivía la noche alternativa. Sin embargo, la misma fragmentación suscitó resignificaciones espaciales de los mismos bares y de las calles principales en donde estaban ubicados.

También, la distancia entre los barrios y los bares eran producto de la expansión de la ciudad y, a partir de ello, se manifestaron nuevas formas de identificarse con los lugares alternativos ‘tradicionales’ y ‘nuevos’.

Además, hay que apuntar que este fenómeno no fue cronológico, Barbie, el bar más al norte de la ciudad, abrió sus puertas a finales de 1990. Este bar lo pusieron en el norte, en la parte más play y moderna de la ciudad, entonces ya no lo llamaron Barbarie, sino que le llamaron Barbie.

Los otros dos bares de Buitrago, Transilvania (1993) y Kalimán (1994), estaban ubicados en la calle 59 con carrera 7, en la localidad de Chapinero, y en el centro de la Zona Rosa bogotana, en la calle 82 con carrera 14, respectivamente.

Héctor Buitrago, dueño de Barbarie e integrante de Aterciopelados, fue una pieza clave para la exploración rockera en la ciudad. Su gusto y pasión por la música lo hizo estudiar y explorar nueva música. Héctor solo ponía música que a él le gustara y que no se encontrara en ninguna otra parte de la ciudad.

Kalimán fue una casa de familia que se adaptó a las necesidades del bar. Por eso la peculiar tarima con un árbol gigante en la mitad. Buitrago y sus socios decidieron no tumbar el árbol sino que adaptaron el espacio para que pudiera convivir junto con la música.

El bar exploró varios género músicales, se ponía ska, hip-hop, punk, rock mexicano y argentino, y al final de la noche música electrónica. De una u otra manera ahí empezó a nacer la escena electrónica en Bogotá.

En enero de 1995, el alcalde de Bogotá Antanas Mockus decidió implementar una ley que obligaba a los establecimientos de esparcimiento a cerrar a la 1 de la madrugada. La ‘Ley Zanahoria’ buscó bajar las tasas de criminalidad y homicidios en la ciudad.

Si bien dichas tasas sí decrecieron, la vida nocturna de la ciudad se vio interrumpida. Los bares comenzaron a abrir más temprano, pero ya no se podía amanecer en la calle. La rumba y vida nocturna se transformó y se dio inicio a los crossovers o fiestas clandestinas a las afueras de la ciudad.

Las personas migraban a media noche del bar alternativo o de la discoteca hacia los crossovers y lo que se vivía ya no era lo mismo a como era en el primer lustro de la década de 1990.

La música electrónica desplazó en cierta medida al rock alternativo, pues aparece como el nuevo género alternativo del momento, además de que muchas bandas locales se separaron, sus integrantes buscaron trabajos ‘más serios’, algunas bandas viajaron fuera del país y unas muy pocas lograron permanecer y prosperar más allá del circuito local y nacional.

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1 Comentario

Mauricio Pulido enero 22, 2024 - 6:17 pm

Barroco en los 80’s, lugsr donde confluían Iván y Lucía, Jorge Terrén …

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