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Energías primarias, dilemas ambientales, sostenibilidad y poder

Escrito por Camilo González
Camilo Gonzalez Posso

Camilo González PossoEl modelo energético mundial, antes que consolidar mejores perspectivas, ha puesto en riesgo el futuro por su alta capacidad disociadora, depredadora y destructora.

Camilo González Posso*

Un asunto muy grave

Central_9_de_Enero_de_2011Mantener el actual modelo energético mundial, que privilegia a los más ricos y a sus multinacionales de la gran minería, para alimentar el insaciable apetito por energías contaminantes, no renovables y depredadoras de la naturaleza, plantea una serie de interrogantes sobre la viabilidad y sostenibilidad de todo y de todos.

¿Por qué se presenta la actual ofensiva de inversión minera y petrolera con presencia de las grandes multinacionales? ¿Cuál es la dinámica de los conflictos globales por energía y su impacto en el ambiente y los derechos humanos? ¿Cuáles son las iniciativas de los actores sociales frente a los impactos de la gran minería y el abuso del consumo de energía fósil?, son algunas de las preguntas que llaman a la reflexión en busca de respuestas.

Panorama global de la energía

La explotación de recursos naturales para la producción de energía es uno de los capítulos más importantes de la minería y de la industria extractiva mundial y, por supuesto, también de la colombiana.

Durante la última década la participación del petróleo y del gas se mantuvo en alrededor de un 59 por ciento del total de la energía primaria consumida por el mundo, aunque se observó que con el choque petrolero de 2008 y la tendencia a la disminución de sus reservas, hubo un incremento en el uso del carbón, que pasó de un 2,2 por ciento en 2002 a un 6,4 por ciento en 2008 y de la hidroelectricidad, que subió también de un 2,2 a un 6,4 por ciento.[2]

Mientras, la participación de otras fuentes no convencionales o alternativas, como la nuclear, la eólica y la de agrocombustibles, continuó siendo baja.

Las proyecciones de consumo de energía en Estados Unidos, Europa y Asia -especialmente China- indican que en los próximos 25 años, esas economías buscarán mantener estas tendencias y se resistirán a cualquier viraje radical que pretenda alterar sustancialmente todo ese andamiaje energético montado en el Siglo XX.

Estados Unidos proyecta mantener la participación del carbón en su consumo energético un 22 por ciento; reducir la energía con base en el petróleo y el gas de un 64,2 a un 59,2 por ciento; y, aumentar ligeramente el uso de la energía generada por biomasa de un 3,2 a un 5,1 por ciento[3]. 

Esos cambios no modificarán lo fundamental y, en cambio, supondrán aumentos en la demanda de energía fósil.

La demanda minero energética de China ha sido determinante en el auge de la industria extractiva en las últimas décadas, como insumo para lograr un crecimiento sostenido desde 1985, que en términos del Producto Interno Bruto (PIB) ha rondado entre un 10 y un 11 por ciento anualmente.

A comienzos de la década de los años ochenta la región Asia – Pacifico consumía menos de la mitad de la energía que usaba Estados Unidos, pero ya para 2010 lo superó y sigue creciendo a altas tasas, mientras que en los países desarrollados de occidente el consumo se ha estancado.

Si bien en el Japón y en los llamados "milagros asiáticos" el crecimiento de la demanda de energía a altas tasas mermó desde mediados de los años noventa, en la China se mantuvo una gran dinámica, convirtiéndose en un gran consumidor, con un 17 por ciento del total de BTU (British Thermal Unit) usados por el mundo.

En 2009 el gigante asiático llegó a consumir el 40 por ciento de la energía originada en carbón en todo el mundo y, según las proyecciones, esa cifra será de un 48 por ciento en 2030. Para entonces, además, absorberá un 14 por ciento de todo el petróleo[4].

Crisis ambiental y cambio climático

El altísimo consumo de energía y la prioridad que dan los países al crecimiento del PIB, de la inversión y del consumo, ha estado acompañado por graves impactos ambientales.

Importantes cumbres internacionales han identificado los problemas ocasionados por ello y han acordado regulaciones o adquirido compromisos, que rápidamente han sido desconocidos por los principales causantes del problema y beneficiarios de la asimétrica distribución de la apropiación de la energía del planeta.

En 1992 en el Principio 8 de la Declaración de Rio se señaló que "para alcanzar el desarrollo sostenible y una mejor calidad de vida para todas las personas, los Estados deberían reducir y eliminar las modalidades de producción y consumo insostenibles y fomentar políticas demográficas apropiadas".  

En la Convención sobre Cambio Climático y en el Protocolo de Kioto se definió la urgencia de las medidas para reducir el efecto invernadero y las emisiones de CO² y otros gases causantes del calentamiento global.

Todas las advertencias sobre las perspectivas catastróficas por el abuso de la energía fósil y la reproducción del modelo de sociedad depredadora, han sido pocas frente a la posición de los grandes contaminadores del planeta con Estados Unidos, Europa y China a la cabeza.

Una muestra de ello ha sido el fracaso del Protocolo de Kioto y de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que en 1998 conminó a los Estados a tomar medidas graduales para conjurar los riesgos del calentamiento global.

Asimetría de las ganancias y pérdidas con la industria extractiva

Las ganancias y las pérdidas de la sociedad contemporánea están amarradas a la evolución de la explotación, producción y consumo de energía primaria y en particular de petróleo, gas y carbón.

La sociedad actual se diferencia de la del Siglo XIX, en buena parte, por el uso que ha dado a esas energías fósiles y por sus formas de producción y encadenamientos de valor.

Si se construye una función de bienestar entre las variables a considerar, la "E" de energía fósil tiene uno de los coeficientes más elevados y la pregunta, difícil de responder, es si ahora es negativa o si el aporte a la calidad de vida es mayor que todos los costos ambientales, culturales, sociales y por los conflictos violentos generados que significa.

Otra manera de ver el asunto es asociando la correlación entre el consumo de energía fósil y el bienestar de la sociedad con una parábola; de esta manera, se puede suponer que hasta un momento dado del desarrollo de la civilización fósil, un aumento en el consumo de petróleo y carbón significó que el balance entre destrucción y bienestar fue positivo. Y a partir de ese punto crítico, el aumento marginal ha sido negativo y la sociedad involuciona (Gráfico 1).

Hay que advertir que la parábola de la frontera del bienestar y su relación con el consumo de energía, es un agregado de trayectorias desiguales entre los países más poderosos y grandes consumidores, que sostienen niveles de consumo y de contaminación a costa de la inequidad con respecto a países cuyas economías se sustentan en la exportación de materias primas, sin mucha transformación y poco valor agregado industrial.

La paradoja es que con el paso a la fase de hiperconsumo de energía fósil las sociedades pierden más de lo que ganan y, entretanto, la curva de réditos de las multinacionales minero energéticas sigue con pendiente positiva.

Así, los costos ambientales y sociales son asumidos en forma creciente por los países más pobres y el reparto de las utilidades marcha cada vez de manera más desigual, en favor de los grandes inversionistas.

Lo que se evalúa a nivel global tiene efectos desiguales también al interior de los países y las hipótesis más sustentadas llevan a mostrar que, a la tendencia de un reparto desfavorable para los países pobres se agrega el que en éstos, las comunidades directamente impactadas por las actividades extractivas, registran un saldo negativo desde el inicio de las operaciones hasta el final del ciclo de explotación.

Gráfico 1

 Energa

Por regla general la llegada de la gran minería a una región modifica radicalmente la situación de las comunidades y las relaciones sociales en el entorno inmediato a la explotación.

Los impactos negativos comienzan desde la fase preliminar de estudios sísmicos y geológicos y se hacen mayores desde la concesión de la exploración al inicio de operaciones extractivas.

En la lista de impactos están los cambios poblacionales, el aumento de los precios, la presión por la tierra y el acaparamiento de agua, el aumento de la renta, el empobrecimiento, el desempleo o el subempleo de la población local con baja calificación, los desplazamientos, la ruptura del tejido social y cultural, las divisiones, pugnas y la contaminación ambiental de diverso tipo.

Promeseros y sus desastres

Para una comunidad local, y más aún si son campesinos o grupos étnicos, la llegada de la gran minería es como un terremoto o la caída de un meteorito en la mitad de la casa con sus efectos destructivos, que son considerados y aceptados, de antemano, por quienes toman las decisiones a nivel central y creen que todos los sacrificios tienen justificación en un supuesto "interés general", que será recompensado con planes de mitigación de impactos,  impuestos y regalías.

En las regiones en las que se ubican las comunidades directamente impactadas, las expectativas se alimentan con promesas de vinculación laboral, encadenamientos productivos, demanda de insumos o servicios y el reparto de regalías, los planes de desarrollo y ahora, con los planes de inversión a título de Responsabilidad Social Empresarial.

Todas estas expectativas chocan con las luchas de poderes, legales e ilegales, por la pequeña parte alícuota que dejan las explotaciones para el reparto nacional.

La tendencia, difícil de contrarrestar, es a la disipación, a la entropía, medidas por la corrupción y la violencia, o por la inequidad sustentada en instituciones capturadas por mafias o poderes extraños y externos a las comunidades, complacientes con las multinacionales.

El balance local y regional a largo plazo de estos megaproyectos extractivos los llamó Gabriel García Márquez "la hojarasca", comparándolos con el paisaje desolador que queda después de un vendaval o un huracán.

Medidas a medias y dificultad del cambio de paradigma

Hoy en el mundo aumentan las discusiones sobre las políticas y estrategias que deben asumir los países frente a la crisis e insostenibilidad de una sociedad basada en el consumo de energía fósil. Se discuten opciones para regular la minería, reducir el "extractivismo" y proyectar el desarrollo humano en este siglo teniendo en mente a los nietos de los nietos de hoy.

La reducción del consumo de energías fósiles implica cambiar la cultura del automóvil o transporte familiar y privilegiar el transporte colectivo, e introducir motores eléctricos ahorradores o con otra fuente de potencia, que signifique la reducción efectiva del uso de la energía fósil.

Semejante revolcón sólo puede partir de acuerdos globales en los que se obligue a ceder, a perder utilidades, a las grandes compañías minero-energéticas.

La respuesta, un pacto inteligente con la naturaleza

Los problemas de las comunidades y de los países frente a los dilemas de la demanda de energía y la crisis de la energía fósil en todos los continentes son abordados con una perspectiva global o "LocBal" (local – global).

A esta mirada contribuyen las declaraciones pactadas por la comunidad de naciones sobre el desarrollo sostenible y humano, el cambio climático, la seguridad alimentaria, los derechos al agua y a la tierra, y los derechos de los pueblos y de los grupos étnicos, que se fundamentan en principios que son el punto de partida para dar las respuestas urgentes que se requieren ante un modelo de desarrollo autodestructor. 

Todas esas declaraciones y sus protocolos han conformado una plataforma de derechos y un mínimo ético que, sin embargo, no han logrado revertir las prácticas impuestas por los poderes que ordenan las inversiones, los mercados y las instituciones desde lo global a lo local.

Con estos presupuestos se están conformando en América Latina movimientos y alianzas por un mundo responsable con la naturaleza y, desde los pueblos indígenas, se ha propuesto trascender los derechos humanos y enmarcarlos en los Derechos de la PachaMama.

La propuesta de la Declaración de Cochabamba, de octubre de 2009, es  partir de la Madre Tierra, como sujeto de derechos y de los derechos humanos, lo que implica deberes humanos para con la naturaleza y los demás seres.

En la búsqueda de respuestas al choque entre la actual civilización y la naturaleza confluyen también movimientos ambientalistas y sociales, que llaman a adoptar medidas radicales.

Además, con planteamientos transaccionales desde las sociedades que concentran la mayor parte del consumo de energía fósil, surgen voces, cada vez más fuertes, que llaman a ubicar la transición energética y la innovación, como una prioridad en los programas de los gobiernos y en la responsabilidad empresarial.

Por ahora, el reto más grande es la ampliación de los consensos sobre el agotamiento del paradigma de la actual sociedad, caracterizada por el desaforado consumo de energía fósil y la necesidad de pasar la cuenta ética y de descrédito a los responsables por los costos ambientales y sociales de los planes e inversiones que se oponen o retrasan la necesaria transición energética.

Las respuestas desde las comunidades comienzan con la ubicación de los planes regionales y locales y los planes de vida, en sintonía con los reclamos de una globalización alternativa, que sea coherente con la sostenibilidad ambiental y un desarrollo humano integral e intergeneracional.

* Presidente del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz – INDEPAZ.

Notas de pie de página


[1] Apartes del texto del autor "Reflexiones sobre energía primaria y dilemas ambientales" presentado en la segunda sesión del Diplomado Minería y derechos de las comunidades indígenas, en el marco del Proyecto Fortalecimiento de la sociedad civil en manejo de conflictos y protección de derechos humanos en proyectos de explotación de recursos minerales, que adelanta Indepaz con el apoyo de International Alert y de la Unión Europea en asocio con ECOLEX (Ecuador) y Socio Perú (Perú) y la UAIIN, realizado en  agosto de 2010.

[2] Datos tomados de Nelson Hernández en 2008 con fuentes de la EIA.

[3] Ibidem

[4] García, Carlos: "China su larga marcha hacia la globalización". Ed. Universidad Javeriana. Bogotá. 2009.

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