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En los zapatos de Camilo Torres

Escrito por Juan Biermann
Teatro La Candelaria en el centro de Bogotá.

Teatro La Candelaria en el centro de Bogotá.

Juan BiermannEl Teatro La Candelaria concluyó la primera temporada de la obra Camilo con éxito total, y muy pronto volverá a programar nuevas funciones. ¿Por qué siguen resonando el ejemplo y las enseñanzas del sacerdote casi 50 años después de su muerte?

Juan Biermann*

La victoria es la paz

“Desgraciado el país que necesita de héroes” afirma uno de los trece actores que ofrecen su cuerpo para representar a Camilo Torres Restrepo en la más reciente obra del Teatro La Candelaria.

En esta obra se mezclan la danza, la música y el teatro, para dar vida a uno de los personajes más importantes de la historia colombiana, cuya sola mención despierta aún suspiros, sospechas e incluso acusaciones.

Esta obra es una invitación a ponerse en los zapatos de Camilo Torres.

Han pasado casi 50 años de su muerte. La misma cantidad de años que lleva el Teatro La Candelaria trabajando sin interrupción. A lo largo de estas cinco décadas han cambiado muchas cosas en Colombia, y otras tantas parecen permanecer, como el alto grado de desigualdad o el conflicto armado que todavía nos desangra.

En este sentido, esta obra de teatro nos viene a refrescar la memoria, sin intenciones revanchistas, pero sí afirmando que la victoria es la paz, que la guerra solo daña a los más débiles y no a los más poderosos.

El legado de Camilo

El Padre Camilo Torres rodeado de estudiantes.
El Padre Camilo Torres rodeado de estudiantes.
Foto: Wikimedia Commons

No es fácil llevar a las tablas la vida de un personaje tan complejo.

Camilo Torres Restrepo fue un sacerdote católico colombiano, reconocido por su intención de articular los principios del trabajo religioso con los principios de la acción revolucionaria, en un momento cuando desde el Vaticano –específicamente con el papa Juan XXIII y el Concilio Vaticano II– se trataba de adaptar la doctrina católica a las exigencias sociales de la segunda mitad del siglo XX.

Pero por otra parte, Camilo Torres desarrolló su actividad cuando la revolución socialista en América Latina se veía como algo inminente, en particular a partir de lo ocurrido en Cuba a finales de la década de 1950. Torres reconoció en el pensamiento de la izquierda y en l marxismo herramientas para hacer eficaz la doctrina cristiana.

El contexto colombiano donde se desarrolló la actividad política de Camilo Torres Restrepo es el del Frente Nacional, un pacto entre los partidos Conservador y Liberal, que limitaba el acceso al poder político y ordenaba que fueran solo estos dos partidos quienes compartieran por mitades y por turnos –durante al menos 16 años– los puestos de poder político del Estado colombiano.

Este acceso limitado al poder político fue frecuente preocupación de Camilo Torres, en particular tras su regreso de Lovaina a Bogotá, en 1959. Denunció al Frente Nacional públicamente como sistema corrupto y excluyente, y llegó incluso a motivar a la gente a no acudir a las urnas.

Ante tal bipartidismo excluyente, Torres apareció como una ‘tercera voz’, que podría definirse como la de ‘los no-alineados’ que, según él mismo, eran mayoría popular y diversa. Aprovechando su visibilidad pública, que tomó forma a través del periódico Frente Unido, dio a conocer sus doce mensajes, cada uno de ellos dirigido a un sector de la población colombiana.

Los doce mensajes estaban dirigidos a: (1) Los cristianos; (2) Los comunistas; (3) Los militares; (4) Los no alineados; (5) Los sindicalistas; (6) Los campesinos; (7) Las mujeres; (8) Los estudiantes; (9) Los desempleados; (10) Los presos políticos; (11) El Frente Unido del Pueblo; y (12) La oligarquía.

Las palabras que dirige a cada uno sirven para inferir aspectos de la relación de Camilo Torres con la sociedad. Cada uno de estos mensajes (salvo el último) señalaba los principales problemas de cada subpoblación,  y asignaba labores específicas para cada una a la luz del ideal revolucionario y del programa del Frente Unido.

Camilo fue sacerdote, fue sociólogo, fue docente universitario, fue activista político y fue guerrillero. Fue, para muchos, precursor de la Teología de la Liberación y, al mismo tiempo, responsable de que muchos jóvenes –y no tan jóvenes– se hayan tomado en serio eso de hacer la revolución, eso de clamar por otro sistema político y económico, eso de hacer eficaz el amor al prójimo.

Camilo en tablas

Pero la obra no es un recuento biográfico estricto. En palabras de su directora, Patricia Ariza, “es una resignificación de la memoria de Camilo Torres, así como un relato, desde el arte, del conflicto en Colombia”.

Es un emotivo recorrido por escenas de su vida, por los conflictos y contradicciones que tuvo que enfrentar, en una sociedad profundamente dividida en clases sociales y donde Camilo tuvo que debatirse entre ser obediente a una Iglesia que no estaba dispuesta a negociar sus privilegios, y una causa revolucionaria que prometía un mundo nuevo a la vuelta de la esquina.

El mensaje que nos da esta obra de teatro: es Camilo, mejor vivo que muerto.

Me atrevo a afirmar que esta obra es una invitación a ponerse en los zapatos de Camilo Torres, a sentir como propias las tribulaciones de un hombre cuya sensibilidad social lo llevó primero al sacerdocio, luego a la sociología y, de ahí, a la militancia política, a la guerrilla y a la muerte en combate.  

Un hombre con un sueño de país, más preocupado por la mortalidad del hambre, que por la inmortalidad de Dios. Un hombre que clamó por la unidad de los sectores menos favorecidos, en contra de una oligarquía que no deja nada para los demás.

Escenas de una vida

El cura Camilo Torres.
El cura Camilo Torres.
Foto: Biblioteca Luis Ángel Arango

Hay varias escenas de la obra donde quisiera detenerme, para quienes no alcanzaron a conseguir boletas para las funciones ofrecidas. La obra comienza con el rumor de una canción: la versión en español del clásico de Bob Dylan “The times (they are changing)”.

Son varias las piezas tomadas para ambientar la época en que trascurre la vida de Camilo. Así mismo hay  una escena donde la muerte representada declama las “Coplas a la muerte de su padre”, del español Jorge Manrique: Despierte el alma dormida / avive el seso y despierte/ contemplando. / Cómo se pasa la vida / cómo se viene la muerte / tan callando. / Cuán presto se va el placer / cómo, después de acordado, / da dolor. / Cómo, a nuestro parecer, / cualquier tiempo pasado / fue mejor”.

Otra escena que me llamó la atención fue aquella donde uno de los actores, representando a Camilo con sotana, se acerca a una mujer descalza, la abraza y le ofrece sus zapatos. Así como la obra invita a ponernos en los zapatos de Camilo, así mismo permite entender que Camilo quería estar en los zapatos de quienes sufren la pobreza en todo su rigor.

Una última escena que quisiera mencionar –con la esperanza de que próximamente haya una nueva temporada de funciones, para todas las personas que no alcanzaron a verla en su estreno– es donde un personaje ataviado como cardenal de la Iglesia (representando al cardenal Luis Concha Córdoba, quien obligó a Torres a detener su actividad política si deseaba seguir siendo sacerdote), hace caso omiso de los alegatos de Camilo, quien afirma: “¿Qué espiritualidad puede haber cuando hay hambre, cuando hay rabia, cuando hay pobreza? Primero el pan…”

Quién sabe qué habría sido de Camilo Torres de no haber muerto en aquel febrero de 1966 en Patio Cemento. Quizás habría corrido la misma suerte que Jaime Arenas, Víctor Medina Morón, Heliodoro Ochoa o Julio César Cortés, acusados de traición al ELN por criticar el ansia guerrerista de Fabio Vásquez (comandante del ELN hasta 1973). Quizás no.

Lo que sí está claro es el mensaje que nos da esta obra de teatro: es Camilo, mejor vivo que muerto.

 

* Historiador de la Universidad Nacional, investigador, escritor y docente, está adelantando una investigación sobre el poder icónico de Camilo Torres Restrepo. juanbiermannlopez@gmail.com.

 

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