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En las elecciones de Francia se juega la suerte de la Unión Europea

Escrito por Jorge Gaitán
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jorge gaitanLa primera vuelta en las elecciones presidenciales arrojó resultados previsibles, pero también sorpresas muy significativas. Hollande reemplazará con alta probabilidad a Sarkozy, que dejó a su paso un país casi arruinado, dividido y desencantado con la democracia y con la Unión Europea.

Jorge Gaitán Villegas *

Los franceses comienzan a decidir

Sobre la base de resultados aún parciales, pero seguramente muy próximos a las cifras definitivas, ya es posible intentar descifrar el significado de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia, un primer paso en el complejo proceso de reflexión que la sociedad francesa inició hace meses: en medio de una profunda crisis europea, Francia vive su propia crisis en clave electoral.

Las encuestas sobre intención de voto habían detectado desde octubre de 2011, por lo menos, la confrontación directa entre Sarkozy y Hollande, candidato del Partido Socialista, excluido del poder desde hace diez años.

De otra parte, se venía registrando una presencia notoria y creciente de la extrema derecha, representada por el Frente Nacional, a cuya cabeza se izó Marine Le Pen, hija y heredera política del líder histórico de esta tendencia.

Lo que sí resultó una auténtica sorpresa fue el rápido ascenso de Jean-Luc Mélenchon, candidato del Frente de Izquierda, una alianza entre el Partido Comunista Francés y otras formaciones de izquierda.

En fin, el candidato del centro, François Bayrou, se jugaba sus restos políticos con buenas perspectivas, hasta bien entrada la campaña electoral.

Qué dicen las cifras de hoy

En la gráfica siguiente, se observa cómo en el último mes Sarkozy alcanzó y aún superó a Hollande, Mélenchon también alcanzó el mismo nivel de Marine Le Pen, para finalmente perder el impulso, y Bayrou terminó desinflándose.

 

Jorge Gaitan elecciones

Los resultados para la primera vuelta son los siguientes:

Jorge Gaitan Francois Hollande

Estos resultados en sí mismos son elocuentes y relativamente inesperados:

  • Hollande obtuvo una victoria brillante, con un porcentaje muy elevado para un candidato socialista, solo superado por Mitterrand en 1981 (34,1 por ciento), y por encima de las estimaciones más optimistas de las encuestas, que giraban en torno al 27 por ciento.
  • Sarkozy es el primer presidente de la Vª República que pierde en la primera vuelta, habiendo obtenido un porcentaje algo inferior a lo previsto por las encuestas sobre intención de voto.
  • Sin duda, el palo de la jornada es el resultado obtenido por Marine Le Pen, del partido Frente Nacional de extrema derecha, superando los resultados de su padre en 2002 (16,8 por ciento).
  • El candidato de la coalición de extrema izquierda, Jean-Luc Mélenchon, finalmente decepcionó, pues tras una brillante y sorprendente campaña, se había propuesto superar a la extrema derecha.
  • Otro candidato que se hunde definitivamente es el centrista François Bayrou, a pesar de haber recogido el 9,1 por ciento de los votos, pues no le permitirán pesar ni sobre la izquierda ni sobre la derecha.
  • La tasa de participación, algo más del 80 por ciento, es significativamente alta.

Pronósticos para la segunda vuelta

El 6 de mayo se realizará la segunda vuelta para las elecciones presidenciales de 2012. Durante las próximas dos semanas tendrá lugar un auténtico drama, cuyos protagonistas serán los electores “libres”, es decir, quienes tendrán la oportunidad de volver a barajar las cartas de sus preferencias.

Los dos candidatos buscarán las mejores estrategias y harán uso de todas las tácticas a su alcance para atraer esos votos “volantes”. El cuadro siguiente da una idea aproximada de cómo operarían las decisiones de los electores en un complejo juego de vasos comunicantes, sobre la base de encuestas realizadas una vez conocidos los resultados de la primera vuelta:

Jorge_Gaitan_encuesta

Fuente: Le HuffPost | Par Geoffroy Clavel

  • En primer lugar, se confirma la tendencia registrada desde antes de la primera vuelta: Hollande tiende a ganar en segunda vuelta en todas las encuestas, con un margen holgado del orden de 8 puntos.
  • Los votos de Le Pen irán a respaldar a Sarkozy en su mayoría, pero un volumen no despreciable del orden del 25 por ciento votarán por Hollande, mientras cerca de otro 20 por ciento no ha definido aún su posición.
  • En cuanto a los votos obtenidos por Mélenchon, una gran mayoría superior — al 80 por ciento — se inclinará por Hollande, otra proporción del orden del 10 por ciento aún no han resuelto qué piensan hacer, e incluso un pequeño pero sorprendente margen – entre el 3 y el 5 por ciento – votará por Sarkozy.
  • Finalmente, los votos de Bayrou se repartirán más o menos equitativamente entre ambos candidatos, por lo cual aparentemente no tendrán un peso significativo en uno y otro sentido, aunque cerca del 30 por ciento parecen indecisos.
  • Cabe destacar que en general se observan porcentajes importantes en la distribución de los votos de Le Pen, Mélenchon y Bayrou que reflejan una cierta perplejidad: los electores todavía pueden ser receptivos a los planteamientos y a los debates de la segunda vuelta.
  • La abstención probablemente disminuirá con respecto a la primera vuelta.

En fin, en la gráfica siguiente se registran los resultados acumulados de una encuesta sobre intención de voto para la segunda vuelta, hasta el jueves pasado, 19 de abril, donde se observa la brecha creciente a favor de Hollande, tendencia que seguramente crecerá impulsada por los resultados de la primera vuelta.

Pronósticos para la segunda vuelta

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Quién es Hollande y qué representa

Más allá de las cifras, este primer resultado es portador de un mensaje todavía confuso que parece enviar la sociedad francesa: no soporta más improvisaciones, tras cinco años de sarkozismo, caracterizado por un protagonismo excesivo en el frente externo de un presidente arribista, ambicioso y superficial, que se ufana de ser amigo de millonarios, marcado por el “atlantismo”, es decir, la alineación con los intereses de Estados Unidos y habiendo desplegado una cierta figuración en el escenario europeo, con una evidente dependencia frente a Alemania, pero ejerciendo un bajo liderazgo real en Francia, país que sufre hoy un cierto desencanto democrático, como lo califica Erik Izraelewicz, en Le Monde, por culpa de un gobierno irresponsable.

La sociedad francesa vive la crisis de confianza más profunda desde 1929. Ni siquiera la ocupación nazi, ni los años de miseria y reconstrucción de la post-guerra habían suscitado tantas dudas sobre su futuro, su identidad y sus verdaderos valores.

La tentación de refugiarse en la extrema derecha, cargada de xenofobia, de resentimiento ante una decadencia sórdida en contraste humillante con el progreso evidente en otras regiones del mundo, se vio matizada durante la campaña por acentos de nostalgia revolucionaria, que tampoco convencieron a la mayoría.

En fin, todo parece regresar a una cierta normalidad republicana: la sensatez aburrida de los enarcas, tecnócratas profesionales formados por el propio Estado para garantizar una administración pública de calidad.

Hollande encarna precisamente a esa casta de origen meritocrático que fue desplazada ostensiblemente del poder por Sarkozy. Pertenece a un círculo elitista y restringido, que se familiarizó con el poder poco antes de la llegada de Mitterrand a la presidencia en 1981, pero a cuya sombra todos prosperaron: su exmujer, Ségolène Royal, Martine Aubry (hija de Jacques Delors, presidente de la Comisión Europea), Dominique Strauss-Kahn, Laurent Fabius, Jack Lang, todos cercanos, todos rivales, amparados bajo la sombra protectora del Partido Socialista, en las buenas y en las malas: la gauche caviar.

Sin ser particularmente brillante, ha sabido esperar su turno, mientras sus rivales van cayendo uno tras otro. Su formación profesional — HEC, Sciences Po, ENA — era la senda dorada hacia el poder. Y está a punto de alcanzarlo.

¿Se juega el futuro de Europa?

Sin embargo, nada garantiza que Francia disponga aún de los recursos morales para superar la crisis. Los enarcas estaban admirablemente bien adaptados para conducir la nación en medio de las circunstancias propias de las post–guerra, los “30 años gloriosos” de crecimiento económico acelerado en medio de la Guerra Fría y la construcción de la Unión Europea.

Pero las nuevas circunstancias derivadas de una crisis profunda — que estalla en 2007 y parece eternizarse — no son propicias para un liderazgo de rasgos tecnocráticos. La campaña electoral es un claro ejemplo: los candidatos realizaron todas las piruetas imaginables para evitar tocar los temas sensibles y profundos.

Fue una campaña sin contenidos profundos. Temas serios como el desempleo de los jóvenes, el financiamiento de las pensiones a largo plazo, la productividad y la competitividad de Francia en el nuevo contexto mundial, la adaptación al cambio climático, incluso los problemas insolubles del euro y de la propia Unión Europea, todos fueron cuidadosamente evitados. Para no molestar a un electorado hipersensible.

Desde España, se preguntan si en estas elecciones francesas se estará jugando su suerte la propia Unión Europea, herida de muerte, pero sostenida por el eje Berlín–París. De entrar en una lógica franco–francesa, buscando desacoplarse de Alemania para salvar los muebles del desastre, es posible que Francia precipite efectivamente el fin anunciado del euro y la demolición de la laboriosa construcción europea.

 

* Ingeniero industrial, Máster en Administración Pública Internacional, Ph.D. (Cand.) en Análisis y Política Económica, Consultor especializado en Pensamiento Estratégico Aplicado y Competitividad Sistémica Comparada.

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